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This is a print version of story Metiendo cuernos a mi esposo (primera vez) by Anitaslut44 from xHamster.com

Metiendo cuernos a mi esposo (primera vez)

Esa noche Víctor tenía ganas de coger; pero yo no.
Por la tarde me había encontrado por casualidad en la calle con Francis y él me había arrastrado a un telo, donde estuvimos garchando hasta el cansancio. Por eso a la noche todavía me ardía la concha y sabía que mi esposo iba a notar lo dilatada y humedecida que me había dejado Francis.

Durante la cena con Víctor tomé un poco de vino de más y eso me soltó un poco. Al acostarnos, mi adorado esposo me preguntó si tenía ganas, pero entonces le dije que estaba cansada para coger, pero si él quería, podía pajearse y acabar en mis tetas.

La idea le encantó a Víctor y comenzó a meneársela frente a mis ojos. Se puso encima de mis tetas y yo comencé a aburrirme mientras esperaba. Finalmente le solté, sin darme cuenta:
“Dale, Fran, acabame de una buena vez…”

Víctor en ese momento se tensó y me llenó las tetas con su leche tibia.
Entonces me miró fijamente, preguntando:
“Cómo me llamaste???’”

Comencé a tartamudear, mientras recogía el semen con mis dedos y me los metía en la boca, tratando de cambiar de tema y distraer a Víctor.
Pero él insistió y tuve que contarle la verdad.

“Me estás metiendo los cuernos con ese pelotudo de Francis?’
Me preguntó con cara de desesperación.
Le confesé que no era la primera vez.

Todo había empezado un año atrás; cuando Víctor y yo habíamos pasado una semana de vacaciones en el mar, compartiendo una casa con Francis, su mujer y otras dos parejas amigas.

Una noche después de cenar, Francis se me acercó mientras yo estaba sentada en el balcón mirando el mar y me dijo sonriendo:
“Hoy en la playa me di cuenta de que me mirabas el bulto…”

Antes de que pudiera decirle que era un perfecto idiota, sacó la pija de los pantalones y me la mostró de cerca. Yo di vuelta la cabeza haciéndome la ofendida, pero él insistió para que la mirara de cerca.
En parte tenía razón; el turro usaba una zunga diminuta y la verga se le marcaba bien bajo la tela. Ahora al aire libre, parecía todavía más grande.

Francis tomó mi mano y me obligó a agarrarle la verga. Comencé a acariciarla despacio mientras miraba hacia el grupo que estaba dentro de la casa, escuchando alguna anécdota que les contaba mi esposo.
Me calenté yo también y empecé a pajearlo con más intensidad.
Francis me preguntó si se la podía chupar, pero me negué. Entonces me dijo que yo era una puta histérica y mal cogida.
Eso me dio bronca y sin soltarla ni por un segundo, empecé a pajearlo con todo, hasta hacerlo acabar entre mis dedos. Se tuvo que agarrar a la barandilla para no perder el equilibrio.
Me limpié mis dedos en su camiseta y volví adentro.

Por la noche me levanté sedienta y fui hasta la cocina por un vaso de agua. De repente sentí unas manos que me agarraban las tetas por detrás. Intenté gritar, pero una de esas manos me tapó la boca.
“Vayamos al baño…” Me dijo la voz de Francis.

Me empujó hacia adelante y pude sentir esa poderosa verga presionando contra mi culo. Cerró la puerta del baño detrás de nosotros y me metió sus dedos por debajo de mi tanga.
Su otra mano me volvió a tapar mi boca para evitar que gimiera y sus dedos comenzaron a pajearme, buscando mi clítoris.

El hijo de puta me hizo acabar como una perra en celo; mientras su mano me amordazaba, impidiendo que mis gritos despertaran a todos los demás.
Cuando notó que yo había tenido un orgasmo brutal, Francis me obligó a ponerme en cuclillas frente a él y, antes de que yo pudiera protestar, hundió su verga dura en mi boca…
“Ahora me calentaste mal y me la vas a chupar, Anita…”

Acabó entre mis labios y me hizo tragar toda su leche. Después me acarició la cola y dijo que la próxima vez me rompería el culo directamente…

Volví a la cama temblando de calentura y me acosté junto a Víctor. Lo abracé, sintiendo todavía el sabor del semen de Francis en mi boca…

Al día siguiente todos fuimos a la playa; pero una hora después me sentí mareada y le dije a Víctor que volvía a la casa para recostarme. Se ofreció gentilmente a acompañarme, pero le dije que no hacía falta y que él podía quedarse a disfrutar el sol y la playa un rato más.

Al llegar me acosté en la cama y apenas había cerrado los ojos, cuando una mano tapó mi boca. Francis estaba sentado a mi lado en la cama, totalmente desnudo. Me tomó por los pelos y me obligó a sentarme. Enseguida me puso en cuatro y me bajó mis shorts y desató las tiras de mi tanga amarilla, dejándome desnuda de la cintura para abajo.
Intenté debatirme, pero fue inútil. Francis era un tipo corpulento y me dominó, dejándome totalmente a su merced.

Antes de que yo pudiera darme cuenta, su enorme y dura verga penetró entre mis labios vaginales, mientras él me sostenía por las caderas y me empujaba la cabeza contra la almohada. Grité de dolor, pero a él no le importó nada. Comenzó a bombearme y en menos de dos minutos la sacó de mi concha humedecida y dilatada. No llegué a tener un orgasmo…

Pensé que él había acabado adentro y entonces iba a dejarme tranquila, pero me equivoqué. Me había metido su pija por la concha solamente para
dejarla lubricada con mis propios jugos antes de comerse el plato principal.

“Te dije que iba a romperte el culo, nena…” Me dijo riendo.

Esta vez intenté bajarme de la cama para escapar de su lascivia; pero Francis fue más rápido y se abalanzó sobre mi cuerpo; aplastándome contra el colchón. Enseguida sentí su verga dura abriéndose paso a través de mi estrecho esfínter. Grité como loca, pero esta vez de dolor. Hacía mucho tiempo que Víctor no me daba por el culo y por eso sentía que mi ano estaba muy estrecho. Seguí gritando hasta que comencé a sentir placer, a pesar del ardor en mi culo.
Francis acabó rápido y me llenó el culo de semen tibio. Se salió y me dio un par de palmadas en los cachetes, para después dejarme tranquila.

Antes de irse, me advirtió que a partir de ese momento yo sería su perra y que me cogería cada vez que a él se le antojara; especialmente por atrás.
Apenas me dejó sola, abrí mis piernas al máximo y hundí mis dedos a fondo en mi vagina, comenzando a masturbarme furiosamente hasta acabar. Ese hijo de puta había metido su verga en todos mis orificios, pero no me había hecho acabar en ningún momento…
Casi terminé desmayada luego de acabar. Al despertarme, mi adorado Víctor estaba sentado a mi lado, ofreciéndome un té caliente y preguntándome si me sentía mejor.
Le sonreí a mi esposo y le agradecí su atención, pensando que Francis volvería al ataque en cualquier momento en los próximos días…
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