This is a print version of story Las Aventuras de Carla 3 by lamedor65 from xHamster.com

Las Aventuras de Carla 3

Carla y Luis volvieron al hotel.

Allí le aguardaba a Carla una sorpesa. Dos deliciosas muchachas orientales estaban en su habitación, que siguiendo las instrucciones de Don Mario la habían convertido en un lugar relajante y tibio. Las persianas tamizan suavemente la luz del atardecer y manchas rosadas, violetas y doradas se proyectaban sobre la sábana de la cama más grande que Carla hubiera visto nunca. Ardían varitas con aroma a sándalo y la cama estaba rodeada de velas... --Lo más difícil de organizar -- dijo Don Mario, semioculto en la penumbra--- ha sido que la administración del hotel haya permitido cambiar la cama de la habitación. Convencer a Luis fue mucho más fácil...Pero con dinero...Por favor, pasa a la ducha para quitarte la arena de la playa; Bhajji, que es hindú, está aquí solo para ayudarte y relajarte. Preparaos para la cena; Satori, la japonesa, atenderá a Luis en mi habitación. Os espero fuera.

Bhajji le abrió la puerta del baño, que también estaba perfumado, y Carla se duchó, preguntándose en qué iría a parar todo. Cuando salió, envuelta en la toalla, se encuentró a Bhajji de rodillas en la cama, con una camisola de seda abierta, esperando para darle un masaje. Carla envidió su cabello negro hasta la cintura, su piel oscura, y le sorprendió su modestia, tan distinta de las parejas de la playa: mantenía la vista baja mientras ella se quitaba la toalla y se tumbaba para el masaje. Bhajji le untó la espalda en bálsamos y le dio un masaje en la nuca y los hombros; en los riñones le puso dos piedras negras calientes que irradiaban energía a su espalda e incluso a su vientre. Luegoi empezó a masajear sus nalgas, muslos y pantorrillas, y se demoró largo rato con los pies. Había tanto bálsamo aromático y la sensación de sus manos era tan aceitosa que por un momento Carla pensó que Bhajji estaba lamiéndole los dedos de los pies, y eso le excitó...se volvió a mirar por encima del hombro y ella estaba tan sólo acariciándole los pies...pero ahora la muchacha estaba desnuda del todo; se veían a la luz de las velas sus pezones muy negros. Sus manos brillaban a la luz de las velas y volvieron a sus caderas; Bhajji retiró las piedras y hizo darse la vuelta. Hasta ese momento casi ni lo había notado, pero había música de sitar de fondo, esa música hindú envolvente, repetitiva, dulzarrona a veces, a veces enervante...ahora sonaba fuerte el ritmo de tabla (tambor) que acompañaba al sitar, y Carla vio cómo la muchacha desnuda se inclinaba sobre ella...se fijó en el punto rojo que lleva pintado entre las cejas, pero prefirió cerrar los ojos. Bhajji la masajeó desde la frente hasta las uñas de los pies: la cara, el cuello, los hombros, pechos y pezones --sin insistir pero tampoco dejándolos de lado--. Mientras ella le masajeaba las costillas y el vientre, los pezones de Carla se desplegaron como pequeños dedos furiosos, erguidos, y sentía moverse el aire cálido en la habitación. Cuando ella llegó a las ingles, los pezones de Carla todavía se tensaron más, desplegándose, disparándose...tensó los muslos pero ella siguió suavemente, tratando por igual todas las partes de su cuerpo...Cuando llegó a los tobillos y a los pies de nuevo Carla ya había perdido la noción del tiempo y estaba casi dormida, solo quería que siguiese acariciándola...casi inconscientemete abrió los muslos, y ella se puso a repasarle la depilación del pubis y la vulva, y del ano, con infinito cuidado y experiencia...apenas notó algun tirón, ella seguía acariciando y masajeando, ahora de nuevo tu esplada y tus nalgas.Carla notaba sus jugos manar de su vulva.

Luis entró en la habitación, con Satori. Tras ellos, entró don Mario. Carla notó primero el fresco que entró con la puerta, el olor a loción de afeitar de los dos hombres...se volvió a mirar como una gatita sobre la cama inmensa. Vio a Satori desnuda, pero Luis iba vestido con una camisa gris marengo abierta y un pantalón oscuro, y Don Mario iba probablemnet todo de negro, casi no se les veía a la luz de las velas, salvo las manos y el rostro...fuera había anochecido. Junto a Carla, Satori, por indicación de Don Mario, dejó un conjunto de lencería negro, de encaje: un tanga mínimo, un culotte a juego para complemertarlo, unas medias satinadas, sujetador a juego, provocativo, de los que realzan el busto y juntan los pechos, y al mismo tiempo, dejan todo el escote abierto. Y una caja con un vestido que es apenas un poco de seda y lentejuelas.

--Te esperamos en el comedor ambassador, preciosa; te dejamos con Satori y Bhajji para que te arregles a tu gusto-- dijo Don Mario. Y las muchachas les despidieron con la misma reverencia que te reservaban a tí. Las chicas la maquillaron como a una muñeca, e incluso la dieron talco por el cuerpo...ella empezó a acariciarse el sexo delante de las muchachas, a ver cómo respondían, y ellas la dejaron hacer, pegando sus cuerpos desnudos al suyo. Se corrió de golpe, sintiendo los pezones de la hindú clavados en la espalda. La japonesa le lamió los dedos con una sonrisa. Finalmente, Carla se vistió con la ropa que le habìan traído, los tacones más vertiginosos que podían soportar tus tobillos y se miró en el espejo: jamás se había visto tan seductora, tan elegantemente puta: sus pechos casi volaban por el escote, la minifalda de bordes irregulares cubría sus nalgas casi desnudas de puro milagro, y el resultado era tan arrebatador, en absoluto vulgar, que te sientes tan satisfecha de tu aspecto como pocas veces. Las dos muchachas desnudas tras ella apenas resultaban excitantes en comparación, y eso que Carla era bastante bisexual.

--Salve, divina Afrodita de ornado trono--la saludó Don MArio cuando llegó al comedor. Allí le aguardaba Luis, sentado a la mesa, y Don Mario, efectivamente, vestido de negro y aposentado en un hondo sillón desde donde contemplaba la escena. En la mesa había una langosta abierta en dos y vino blanco del norte de España (el champán francés es una vulgaridad). No había camarero, era Luis quien le servía la bebida, quien le ayudaba a cascar el caparazón de la langosta, quien repartió guarniciones en los platos. Don Mario era apenas una respiración susurrante en la penumbra de su rincón, pero Carla sentía los ojos del viejo clavados en su espalda desnuda. Movió su trasero respingón hacia atras, de modo que la falda resbalase indiscreta hacia abajo; Carla no estaba segura, pero posiblemente Don Mario podía ver así la lencería negra asomando de la falda. Luis parecía un sacerdote sirviendo ofrendas a la diosa del amor en un templo antiguo e ignoto, vigilado por el idolo oscuro de otro dios más antiguo y arcano. Apenas conversaban, pero Luis parecía haber prescindido de la presencia de Don Mario y sus ojos brillaban de deseo. Cuando Don Mario tocó la campanilla, entró un camarero con un postre flambeado en llamas. Salieron los tres de comedor y Don Mario ciñó con su brazo la cintura de Carla; los tacones te dejan a la altura ideal, y la rodeó por completo con el brazo para tocarle discretamente el ombligo por encima del vestido. Luis, tras ellos, le puso la mano en las nalgas y al aporetarse a ella al entrar en el ascensor, le hizo sentir su erección a travñes del pantalón. Carla encogió el vientre de gusto. Ya en el ascensor Don Mario se la entregó a Luis con un paso de baile, y sin tardanza él le devoró los labios y bebío su saliva; Carla buscó con sus uñas la piel de Luis bajo la camisa mientras acercaba sus caderas contra las de Luis.

La habitación estaba como la había dejado: penumbrosa, llena de los pesados aromas del sándalo y del incienso, con la música hidú canturreando suave y con la luz de las velas temblando sobre la piel de perla de Satori y la de chocolate de Bhajji, y sobre la negra melena de ambas; esperan arrodilladas en los costados de la cama, desnudas, con las manos sobre los muslos y una dulce sonrisa.

De pie, Luis y Carla se fueron desnudando el uno al otro poquito a poco. Ël bajó los tirantes del vestido y soltó sus pechos, mientras Carla le desabrochaba ansiosa la camisa. El vestido se resbaló al suelo con un suspiro, y Don Mario se agachó para descalzarla; Carla quedó tan solo con la lencería, y así acabó de desnudar a Luis. También Satori había depilado por compelto a Luis, y el deseo llenaba de sangre su miembro desnudo, que al verse al aire libre se desperezó como una serpiente traviesa, ajena a la atmósfera. Carla sintió la erección de Luis en su vientre y, sin soprenderse demasiado, la de Don Mario entre sus nalgas. El falo monstruoso del anciano empujó, metiendo el culotte ente ellas; Luis tiró del tanga como de unas riendas y Carla sintió como el triángulo del tanga se deslizaba sobre su sexo depilado y palpitante; clavó los pezones en el pecho de Luis. Se besaron como si no hubiera más aire que respirar que el de sus bocas, mientras Don Mario se hacía a un lado. Cayeron despacio en la cama, despacio, y Carla empezó a lamerle el glande a Luis y acariciarle con sus uñas los testículos y el ano, y notó en la boca como la serpiente se iba convirtiendo en hierro palpitante y caliente; Don Mario aproximó su verga y mientras Bhajji le masajeaba el colgante escroto, la introdujo en la boca de CArla junto al pene de Luis. Mientras, Satori le bajó culotte y tanga y la dejó por fin desnuda. Lamió y chupó, y sintió las primeras gotas de sal que escapaban del glande de Luis. es cupió en la polla de Don Mario, roja, pero Luis le tomó la cabeza entre las manos y le subió para besarle los labios.
Luis se puspo entonces a lamerle la vulva depilada y abierta, palpitante como un extraño molusco rosa. Le trabajó el clítoris con la lengua vibrante, y estiró sus labios menores apretándolos con sus labios. Carla se arqueó hacia atrás y Bhajji puso la cabeza de Carla en su regazo y empezó a masajearte las sienes...Carla se pellizcó los pezones con saña, dividida entre la sensación tan suave que te producía el masaje de Bhajji y el fuego que le producían los dedos de Luis entrando y saliendo de la vagina, del ano, mientras segúia chupando y mordiqueando tu clítoris. Satori estaba tragándos hasta los huevos el falo de Don Mario, que asomaba entre su ropa negra como un extraño fruto. Luis estaba de rodillas entre sus piernas, y Satori comienzó a lamerle el ano y los testículos para mantener su falo en estado de máxima excitación, mientras ofrecía su trasero a Don Mario.

Por fin, Luis la penetró, una y otra vez, duro, implacable; Carla apretaba los músculos de la vagina cuando el glande le llegaba hasta lo más hondo, masajeándole con ese anillo de músculos la base del pene. Luis la alzó bruscamente por las caderas, y Bhajji colocó unas almohadas debajo de sus riñones para dejarla expuesta y que Luis puediera penetrarla en un ángulo desde donde todos pudiesen verla abierta. Satori y Bhajji untaron sus sexos con una crema afrodisiaca, y Bhajji se colocó detrás de Carla, sujetando sus pechos y ofreciéndoselos a Luis: Luis le chupaba y lamía los pezones, mientras frotaba rítmicamente el pene erecto en su rajita: cada embite hacía que el glande chocase con su clítoris. Al fondo de la habitación, Don Mario se había sentado,y Satori se había sentado sobre él; ambos contemplaban la cama inexpresivos mientras la japonesa se movìa arriba y abajo. Luis se alzó sobre ella, y un hijo de jugos brilló a la luz de las velas entre la punta de su polla tiesa y su coño abierto...Bhajji lo rompió con un dedo y se lo chupó, sonriendo; arrodillado ante tí, abierta como estaba, Satori se acercó y le abraza por atrás; Carla sólo veía las manos de la japonesa frotando el pene y los huevos de su novio frente a su sexo. Tras ella, Don Mario jadeaba. Bhajji froto su vulva y embutió fría vaselina en su ano, y lo dilató con sus dedos finos y veloces. Satori y Don Mario empujaron, y Luis embistió con la polla como con una daga contra el agujero del culo de Carla; dirigido por esas manos expertas, Luis la penetró, y tras la primera sensación de extrañeza, Carla empezó a mover las caderas al ritmo de sus embestidas. Satori y Bhajji chupaban ahora cada una uno de sus pezones, y mientras Luis seguía atacando su ano, Don Mario metió dos pulgares en su vagina abierta y anhelante, presionandole el pubis mojado con las palmas de las manos, y le masajeó el clítoris, breves círculos con sus ásperos nudillos. Ella tomó con los labios la polla colgante de DOn MArio que oscilaba aún semierecta ante sus ojos, y saboreó los jugos de Satori y el semen de su maestro. Finalmente Luis sacó su verga y explotó, y un largo reguero de semen le atravesó el vientre, pasó entre sus pechos dejando una sensación ardiente y le alcanzó el mentón. Satori y Bhajji se apresuraron a lamer, a limpiar con sus lenguas vibrátiles el semen de su cuerpo y de las pollas de Luis y Don Mario. Cruzadas sobre su rostro, las dos chicas orientales intercambian fluidos en un largo beso; gotas traslúcidas caen sobre la boca que Carla abre golosa. Luego, tenían preparadas unas toallas húmedas, tibias, para limpiar a todos.
El primer disparo de Luis no había acabado con su erección, y Luis aún tuvo energía para volver a penetrarla con un largo abrazo, pasó sus brazos bajo su cuerpo y sus manos llegaron hasta sus hombros y así empezó Luis a marcarle un ritmo suave, como de habanera, y Carla se abrazó a Luis con las piernas en tono a sus caderas mientras alzaba las suyas ofrecièndose, con los pies en las nalgas de Luis para hacerle saber qué ritmo necesitaba, más rápido...Acelerando poco a poco, estallan los dos en un orgasmo compartido y agotador. Las muchachas orientales han desaparecido discretamente. Don Mario se levanta del sillón y se va sin decir palabra. Están solos, y una a una las velas se van apagando, dejándolos al uno en brazos del otro. El amanecer está todavía muy lejos.



Story URL: http://xhamster.com/user/lamedor65/posts/92695.html