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La profesora de ingles y mi suegra ( Parte II )

La Profesora de Ingles

La profesora de inglés


Yo tenía entonces 15 años y estudiaba por la mañana. Era un buen alumno y mis padres querían que yo profundizara el idioma inglés porque razonaban, y la vida les dio razón, que me iba a ser de utilidad para mi futuro. Decidieron mandarme a reforzar las clases del colegio con una profesora particular que vivía a dos cuadras de casa.

Yendo al colegio por la mañana, me quedaba la tarde libre, así que a las 15 horas iba donde la profesora. Esta era una señora de origen inglés aunque nacida en el país y hablaba muy bien el idioma sajón. A la hora de las lecciones tenía un solo alumno, yo.

Esta mujer, Mrs. Alice era casada y no había tenido hijos. Su marido trabajaba jornada completa y volvía a casa por la noche. Con las clases de inglés reforzaba el presupuesto familiar y matizaba su tiempo libre. Alice era una mujer alta, calculo un metro setenta y cinco, delgada y con unas tetas tamaño 100, que yo gustosamente miraba cuando ella se agachaba.

Debo decir que para esa época yo era virgen sexualmente. Todo el sexo que yo practicaba eran unas pajas que me hacía mirando mujeres desnudas o con ropa interior en algunas revistas que circulaban entre los muchachos de mi edad. Nunca había visto a una mujer desnuda, ni siquiera a mi madre. Esa era la razón de mis desvelos por mirarle las tetas a Mrs. Alice y no ponía cuidado en ello. Demás está decir que ella se daba cuenta y según supe entender con el tiempo, se calentaba tanto como yo. Así estábamos lecciones va y viene, cuando un día llego y me la encuentro con una camisa muy escotada que dejaba casi a la intemperie sus senos.

Como es de imaginar, yo no atendía la lección y estaba embobado mirando sus pechos. Obviamente la profesora se daba cuenta de mis miradas, pero eso parecía que le gustaba y mucho. Supongo que su libido fue creciendo hasta que no pudo más y me dijo con voz muy zalamera

- Te gustan mis pechos? Digo porque no haces más que mirarlos. Realmente te apetecen? –

Como te imaginaras, le decía a mi suegra, yo me quedé totalmente cortado sin saber que responder. Había sido pillado in fraganti. Respondí entrecortadamente

- Si señora me gustan y mucho, y disculpe usted pero es que son tan bellos que no me resistía a dejar de mirarlos. Sabe, nunca los había tenido tan cerca mío –

- Vaya muchacho y que dirías si te digo que a mí me gustan que me los miren, serías capaz de hacerlo y guardar el secreto entre nosotros dos. Me gustan que me los miren y que me los toquen y besen. Si me prometes que esto queda entre nosotros dos, te dejo verlos? –

- Si Mrs. Alice, dije entre asombrado y ansioso. Seré una tumba.-

Y uniendo la acción a la palabra, se desprendió la camisa y quedaron sus tetas al aire sujetadas por un corpiño que le iba ajustadísimo. Con la mirada me invitó a que le desabrochara la prenda y así quedaron totalmente expuestos a mi atónita mirada y mis deseos, un par de limones carnosos que yo devoraba con la mirada.

- Anda ven, tómalos entre tus manos y juega con ellos. Me gusta que me los expriman y me pellizquen este botoncito que está en la punta que se llama pezón. Anímate que no te voy a regañar. –

Antes que Alice repitiera el envite estaba yo con una teta en cada mano masajeando y pellizcando sus pezones mientras Alice echaba su cabeza hacia atrás y dejaba oír sus primeros suspiros. Instintivamente y sin recibir ninguna indicación, me lancé a tratar de metérmelos en la boca, cosa imposible por su tamaño, tal que solo me quedó la alternativa de chupar y chupar en medio de los jadeos de mi profesora. No recuerdo cuanto tiempo estuve en esa acción, solo recuerdo que Alice me dijo en algún momento de mi festín que éste había terminado y debíamos continuar con las clases, al tiempo que me recordó nuestro pacto de silencio. Recuerdo que su rostro estaba rojo y sus labios marcado por sus dientes. Calculo, que habría tenido un orgasmo por lo encendida que estaba.

Yo la miré sin saber que decir, pero como era ella la que mandaba la batuta, me retraje y traté con mucho esfuerzo continuar con mi clase. Recuerdo que me quedé con una erección brutal y me dolían los testículos.

Las clases se sucedieron sin que se repitiera aquella sesión de mamada y parecía que había sido cosa para olvidar. Desde ya que yo respeté mi pacto de silencio, pero esperaba novedades al respecto. Y estas llegaron para mi felicidad.

Terminada una de las clases Alice me dijo que les avisara a mis padres que la próxima iba a ser de dos horas largas porque debíamos repasar muchas lecciones. Recuerdo que fue un día jueves que llegué a su casa. Me abrió la puerta y me recibió con un vestido casi trasparente que dejaba ver que no tenia corpiño y solo llevaba un calzón. Mi corazón dio un vuelco y que quedé de una pieza.

- Entra muchacho no te hagas rogar que hoy vas a tener las mejores lecciones de tu corta vida. Creías que me había olvidado de aquella tarde que me diste tanto gusto sorbiéndome mis pechos? Pues no. Esta tarde no solo tendremos pechos para tu gusto sino otros manjares, porque yo también pretendo lo mío. –

- Usted dirá señora que debo hacer yo. - Dije tartamudeando.

- Pues ya te estás quitando la ropa y vienes para el dormitorio que voy a enseñarte a hacer el amor. Porque según me ha parecido nunca has debutado en las lides del sexo.-

Más pronto que corriendo me quité mis prendas, que no eran muchas y quedé como mi madre me trajo al mundo. Alice se desbrochó el vestido y lo dejó caer al suelo quedando solo con sus bragas. Me pidió que se las quitara lentamente y así fue que por primera vez en mi vida vi un coño. Qué espectáculo madre mía! Se me presentó pleno de vellos púbicos tal como yo había visto en fotos, solo que éste lo tenía frente a mí. Quedé fascinado mirándolo y sin saber que hacer hasta que Alice me llamó a la realidad invitándome a ir a la cama.

Lo que vino después fue algo que aún hoy guardo celosamente en mi memoria, no solo porque fue mi primera vez sino por la dulzura y esmero que puso esa mujer para iniciarme. Desde ya que ella también estaría gozando al desvirgar a un muchacho de 15 años, pero lo hizo de una manera magistral. Acostada al lado mío primero me pidió que repitiera mis juegos con sus pechos tal como la vez anterior. Alentado con la propuesta me di a la tarea besando, lamiendo, chupando y mordiendo cada una de esas tetas que para mí eran lo máximo. Me prendí de sus pezones chupándolos como un bebé con el eco de los gemidos de Alice. Hoy, después de tanto tiempo transcurrido, todavía me emociono con el recuerdo.

Así estuve largos rato chupando y lamiendo esas tetas deseadas, hasta que ella me detuvo y empezó a acariciar todo mi cuerpo. Comenzó dándome unos besos de lengua que me sorprendieron aunque respondí con lo mío. Luego siguió con besos y caricias por todo mi pecho lamiendo y mordiéndome las tetillas, para bajar lentamente a mi zona genital y tomar mi pene con su mano acariciándolo suavemente. Se deslizó hacia abajo y colocó mi verga dura como un garrote, próxima a su boca.

Puso toda su experiencia al servicio de mi causa. Descapulló mi pene muy despacio y posó su lengua sobre el glande, para luego lamerlo repetidas veces. Siguió su tarea sorbiendo y chupando mi aparato viril con una suavidad y delicadeza que aun hoy me asombra. Su lengua recorría toda la extensión de mi miembro repetidas veces como sorbiendo un helado. Luego introdujo el ariete en su boca para chupar y lamer una y otra vez hasta que como ya te imaginarás empecé a sentir las sensaciones previas a una corrida, de la cual avisé pero Alice parecía poseída y no cesaba con su servicio. Intenté contenerme pero el goce pudo más y en medio de violentas convulsiones descargué en su boca todo el semen que creía tener, y que Alice recibió encantada sorbiéndolo y tragándolo. Como no cesaba de chupar esa corrida resultó interminable y así quedé derretido en la cama, eso sí, con mi pene totalmente limpio porque la profesora se ocupó de no dejar ni una sola gota.

- Te gustó mi amor?- Me dijo con una voz tan tierna que aún hoy resuena en mis oídos.

- No sabe cuánto me hizo gozar. Es mi primera vez y eso estuvo fabuloso, la verdad es que no tenía la menor idea de lo mucho que se puede gozar con una mujer. –

- Ahora descansemos un poco que la lección aun no termina. Hay mucho más que tienes que aprender, porque me imagino que todavía quiere más, no? –

- Claro que quiero, si lo que viene es tan bueno como lo que hicimos, créame que lo voy a disfrutar mucho. –

Creo que el respiro no habrá durado ni diez minutos y ya me sentía otra vez en plenitud. Así lo demostraba mi picha que estaba enhiesta como hacía unos minutos. Alice se dio cuenta y tomando nuevamente el manejo de la situación me dijo.


- Ahora te toca a ti tomar el papel activo. Estás dispuesto? –

- Por supuesto, dígame qué debo hacer y lo hago de inmediato.-

- Vas a bajar hacia mi entrepierna y cuando yo abra las mismas, vas a jugar con mucha delicadeza con tus manos, dedos y boca con mi vagina, de acuerdo? Ese es un juego que a nosotras las mujeres nos da mucho placer –

No me hice repetir la instrucción. Me bajé a su zona pélvica, jugué unos minutos con su pelambre porque me llamaba mucho la atención ese cabello rubio, corto y enrulado. Luego abrí sus piernas con mis manos y comencé tímidamente a meter mis dedos en su cueva. Como me lo había indicado, lo hice muy despacio y en forma suave como acariciando esa cavidad que estaba húmeda y viscosa. Primero fue un dedo, y luego otros dos. Los metía y sacaba a un ritmo constante. Mis movimientos tenían como eco los gemidos de Mrs. Alice que me alentaba con frases amorosas. De repente y como dando respuesta a una orden natural me acerqué con mi boca dispuesto a degustar su vulva. En mi mente tengo el recuerdo de la fuerte sensación que le produje a Alice y a mí mimo. Imagínate, era la primera vez que tenía una concha frente a mis ojos y boca, y no salía de mi asombro. Sin embargo, encontré la serenidad para lanzarme con mi boca a degustar el sitio tantas veces soñado. Mi lengua inexperta buscó la cavidad que me estaba esperando y que me recibía con sus jugos que sorbí con gusto. Yo chupaba y lamía, metía mi lengua dentro de su sexo iniciándome en una experiencia inédita. Mi lengua, buscaba cada rincón de esa cueva en un incesante entra y sale que arrancaba suaves gritos de satisfacción de la profesora. De pronto, cuando estaba en esa tarea con todo mi empeño, la sentí vibrar y estremecerse en toda su humanidad dando profundos quejidos que acompañaron a una descarga de jugos que inundaron mi boca.

Debido a mi inexperiencia yo no estaba al tanto de las acabadas femeninas. Me asusté y detuve por un momento mí accionar hasta que una voz imperativa me ordenó

- No te detengas, sigue, sigue que me estoy derramando como hace tiempos no lo hacía. Sigue Daniel, por favor no te detengas. –
No me detuve. Seguí dándole lengua y chupadas hasta que ya casi exhausto, suavemente me apartó con sus manos y me pidió que me recostara junto a ella. Así lo hice y me recibió con un profundo beso de lengua con el que me agradecía el momento que le había hecho vivir.
Cuando recuperó el aliento, me explicó con lujo de detalles lo que había experimentado. Me habló primero de sus dudas respecto a mí y mi juventud, me dijo que mi audacia mirándole los senos le habían ido desatando sus prejuicios y su libido, liberando su deseo de tener sexo con un joven de mi edad. Me habló también de las sensaciones que acababa de experimentar y de la profundidad del orgasmo que había tenido, después de mucho tiempo, según recordaba, pues las relaciones con su marido además de infrecuentes, se habían transformado en algo tedioso. Esas fueron mis primeras lecciones prácticas de sexo, aunque todavía me esperaban otras.
Me sentía un hombre realizado recibiendo sus elogios por la manera que le había comido su chocha. Como recompensa Alice volvió a recuperar su iniciativa tomando mi verga en sus manos y comenzando a pajearme lenta y suavemente. Sentí que nuevamente estaba llegando al clímax y se lo manifesté. Interrumpió sus caricias y me pidió que me montara sobre ella para penetrarla.
Mi falta de experiencia y mis nervios me jugaron una mala pasada pues no atinaba a dar en la cavidad vaginal. Ella me tranquilizó y con una mano experta me guió al destino asignado que estaba esperando la llegada de mi verga que se deslizó con facilidad en su húmeda vagina. Que satisfacción cuando me sentí dentro de ella! Era mi primera vez! No lo podía creer, me parecía estar en el paraíso.
- Ahora que estás adentro tienes que moverte empujando y retirando tu miembro las veces que quieras. Cuanto más lo hagas más vamos a gozar ambos, anda Daniel que vas bien orientado. –
Con ese estímulo empecé mi mete y saca despacio primero y a medida que sentía que Alice gozaba, y yo también por supuesto, comencé a apurar el ritmo embistiendo con mi fuerza juvenil la apetecida cueva. Una y otra vez mi verga entraba y salía de su concha, sentí el deseo de decirle cosas y así lo hice.
- Como me gustas mamita, esto es formidable, siento un placer total. Dime que te gusta y que tú también estas gozando. Te quiero Alice, te quiero. Ya había perdido el respeto y la tuteaba –

- Claro que me gusta y estoy feliz gozando como me coges. Sigue así mi muchacho, sigue que pronto me voy a correr otra vez. –

Seguí con mi tarea. Estaba fuera de mí. Metía y sacaba, la tomé de sus caderas con ambas manos para tratar de penetrarla hasta el fondo. Quería demostrarle mi virilidad. Todo fue bien hasta que no pude más y le dije

- Yo también siento que voy a acabar dentro de ti, ya me viene, no lo puedo evitar, ah, ah, ah…-

- Qué bueno, un poco más y yo te acompaño mi amor, soy tuya, derrama toda tu leche en mi cueva. Me vengo, me vengo…-

La fortuna quiso que acabáramos ambos al mismo momento. Mientras seguía derramando todo el semen que me quedaba, la abracé fuerte y la colmé de besos que Alice me devolvió con una ternura casi maternal. Me tomo la cabeza entre sus manos y acariciándome me repetía una y otra vez.
- Daniel, mi amor, que feliz que me has hecho. Te amo mi muchacho, te amo. No quisiera que este momento termine nunca. Gracias, muchas gracias.

Siguió hablándome un largo rato. La verdad es que no me acuerdo de sus palabras porque estaba sumido en un profundo sopor y transportado a las nubes. No sabía ni como me llamaba.

Pasado unos minutos, Alice miró el reloj y me anunció que debíamos volver a la vida porque habían pasado más de dos horas desde que había llegado y era hora de irme. Antes me colmó de besos y caricias con la promesa de repetir ese encuentro.

Efectivamente ese encuentro fue el primero de una larga serie de sesiones de sexo que mantuvimos por casi más de dos años y que debimos terminar cuando acabé el colegio secundario y comencé la universidad.

Sin embargo el recuerdo de esos momentos vividos son permanentes. Llevo en mi retina la forma de sus pechos, en mi boca el sabor de su vulva y en mi nariz el aroma inconfundible de sus jugos vaginales.

( Continuará )




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