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Quise probar..


Hacëa ya tiempo que habëa incursionado en la vida homosexual y tenëa totalmente asumida mi condiciñn de tal sin problemas. Si bien es cierto que tuve algunas historias con mujeres en una primera etapa confusa, eso quedñ relegado al pasado a partir de mi ingreso a un gimnasio, de conocer a Germán –quien me iniciñ en las relaciones con hombres-, y de comprender mi verdadera orientaciñn.

Con Germán mantuvimos una relaciñn muy buena hasta que tuvo que trasladarse a otra ciudad por razones laborales. Nos complementábamos y comprendëamos quizá por nuestras caracterësticas similares: tenëamos casi la misma edad, apariencia masculina y provenëamos del mismo estrato social y cultural. A partir de entonces decidë no tener una pareja estable, sino encuentros ocasionales de sexo, con lo que mantenëa mi independencia y acrecentaba mi experiencia.

De más está decir que el gimnasio era un excelente sitio para conseguir compaïëa sexual a la hora de desearla, ya que muy pronto descubrë que buena parte de los que ponen cuidado en su aspecto fësico tienen marcadas tendencias homosexuales, cuando no lo son abiertamente.

El gimnasio me habëa proporcionado además un desarrollo muscular nada despreciable, que sumado a mi buena estatura y rasgos me hacëan la conquista bastante fácil. Si habëa puesto los ojos en algþn chico, me bastaba con encontrarlo en una sesiñn del gimnasio y sobarme la verga por sobre la ropa transpirada mientras lo miraba para estar al poco rato en las duchas cerrando el trato para el encuentro, cuando no para irnos juntos directamente a mi casa y comenzarlo duchándonos juntos como preliminar del sexo. Algunas veces llevábamos un video para mirar juntos, tanto para estimularnos cñmo para entretenernos. Y fueron los videos los que comenzaron a despertarme la curiosidad por la cultura leather y las sesiones de sometimiento sexual. Me excitaba mucho pensar en lo que se experimentarëa al estar totalmente indefenso en manos de un amo sexual. Estas ideas me rondaban por la cabeza al observar los cuerpos bien trabajados en el gym y el reconocer que si bien era versátil nunca habëa pasado por una situaciñn cñmo esas. Asë las cosas, un buen dëa al terminar mi rutina me dirigë a un Cyber-café cercano al gimnasio y pedë que me adjudicaran un box privado para poder estar tranquilo y a mis anchas. Comencé a navegar por distintas páginas en las que se buscan encuentros y se ofrecen servicios sexuales de todo tipo.

Después de unos minutos de bþsqueda y para mi sorpresa me encontré en uno de los sitios con un aviso que parecëa hecho a mi medida: “AMO IMPLACABLE. SI ESTAS DECIDIDO A PROBAR EL SOMETIMIENTO TE CONVERTIRE EN MI ESCLAVO Y QUEDARAS SATISFECHO. NO DUDES EN BUSCARME.....”...y daba los datos de su casilla de mail, pero lo más interesante es que vivëa en mi misma ciudad. Por cierto también tenëa mis dudas, porque todos sabemos que muchos de esos avisos son falsos. De todos modos, redacté el mail, aboné el servicio y continué mi camino hacia mi casa. Luego de una ducha refrescante, de ponerme ropa cñmoda y preparar una cena liviana decidë encender la computadora y conectarme a Internet. Me encontraba chateando con algunos amigos cuando recibo el aviso de un nuevo mensaje de correo. Cuando lo reviso comprendë que mi mensaje habëa llegado a destino y que muy pronto tenëa respuesta. El Amo me esperaba al dëa siguiente casi entrada la noche en una esquina y me daba varios detalles para reconocerlo.

La hora de la cita concordaba bastante bien con mi salida del gimnasio, asë que ese dëa me preparé para la experiencia. Fui al gimnasio con ropas deportivas, pero llevé en mi bolso un jean prelavado, una playera que me quedaba bien ajustada y un par de zapatillas limpias. Terminada mi rutina me di una larga ducha en el gimnasio y me cambié de ropa. Antes de abandonar el local me miré al espejo y me guiïé un ojo a mi mismo sonriendo, como aprobando lo que veëa y animándome a enfrentar la nueva experiencia que me proponëa a mis 28 vigorosos aïos.

Tuve que caminar despacio, detenerme a propñsito frente a algunos escaparates y dar un par de rodeos para llegar a la esquina de la cita a la hora convenida. Ese tiempo me sirviñ para convencerme plenamente de que estaba decidido a hacerlo y relajar toda tensiñn. Creo que no habëan pasado más de dos minutos desde mi llegada a la esquina convenida cuando sentë una pesada mano que se apoyaba en mi hombro. Al volverme me di cuenta en el acto de que se trataba del Amo. Corpulento, de anchas espaldas, totalmente rapado, vistiendo ropas negras, con anteojos oscuros, barba de candado y un païuelo negro atado a modo de muïequera. Es casi todo lo que vi de él porque a partir de ese momento sñlo me permitiñ ver o sentir parcialmente partes de si mismo y de los lugares en que me encontraba. Me hablñ de manera seca y cortante: “...muy bien esclavo, comenzarás a obedecer desde este mismo instante. Baja la mirada y camina detrás de mi lo suficiente para no perderme de vista. Hablarás poco y nada y tu lenguaje será ³si, amo³...³no, amo³. De acuerdo?...” “Si, Amo”...respondë.

Se colocñ al frente y comenzamos a caminar a paso firme. Con la mirada baja sñlo podëa ver sus botas negras y las perneras de sus pantalones que parecëan a punto de reventar aprisionando unas pantorrillas musculosas y duras. Habremos caminado unos 200 metros cuando en un rápido movimiento se puso a mis espaldas, abriñ la puerta trasera de un automñvil, me tomñ por el cuello y me introdujo en su interior empujándome con la rodilla en el trasero. Con la misma rapidez y antes de que pudiera reaccionar me colocñ una capucha negra en la cabeza, esposñ mis manos a la espalda y puso el coche en marcha.

Luego de unos 15 minutos de marcha en total mutismo el automñvil aminorñ la velocidad y se detuvo. Lo sentë descender y cerrar una pesada puerta. Era evidente que estábamos en una cochera y ya fuera de la vista de cualquier persona. Abriñ la puerta trasera y tomándome por las esposas me obligñ a seguirlo. Subimos por una escalera de ladrillos de dos tramos. Apenas podëa orientarme en la semipenumbra por la escasa visiñn que tenëa a través de la trama de la capucha.

Luego de recorrer la mitad de un pasillo abriñ una puerta de dos hojas y me empujñ dentro de la habitaciñn cerrando la puerta de inmediato con unas cadenas. “Ahora vas a tener una idea de lo que te espera...”...dijo...”...cuando te quite la capucha abre bien tu boca....”. “Si, Amo”....volvë a decir. De un tirñn me quitñ la capucha y de inmediato me introdujo un mordillo entre los dientes sujetándolo con una fuerte atadura en mi nuca. En ese momento comprendë que ya habëa pronunciado mis þltimas palabras por un buen tiempo. Lo más que podrëa hacer a partir de entonces serëa emitir gemidos o algo asë.

Lo que alcancé a ver en esos breves instantes fue una habitaciñn muy grande, con paredes de ladrillos y gruesas vigas de madera en el techo de las que pendëa mediante cadenas un extraïo catre de cuero negro. Lo extraïo de dicho catre eran dos prolongaciones del mismo material que partëan de sus extremos y casi llegaban al piso. El ambiente estaba iluminado sñlo por la llama de un par de candiles colocados en recipientes de metal montados en trëpodes. También habëa una gran mesa rþstica con una serie de objetos que apenas podëa distinguir, varios arcones y recipientes.

El Amo cambiñ la capucha por una venda negra con la que me cubriñ los ojos y que atñ también por detrás. Me arrancñ la playera de un tirñn dejando mi torso al descubierto y me ordenñ descalzarme. A renglñn seguido me llevñ hasta el catre de cuero, lo regulñ a mi altura y me obligñ a tenderme de espaldas. Sentë que tomaba mis manos esposadas y me colocaba un grillete en una de las muïecas para inmediatamente quitar las esposas y engrillarme la otra mano. Asë quedé tumbado de espaldas en el catre y con los brazos levantados, sujetos por los grilletes a las cadenas de la cabecera.

A continuaciñn me quitñ los pantalones dejándome totalmente desnudo. Entonces comprendë el significado de aquellas prolongaciones del catre: eran dos medias perneras que cerrñ sobre mis piernas mediante cremalleras. Sentë como pasaba un par de ganchos por las anillas en que terminaban dichas perneras y mediante un par de rondanas con cadenas levantaba mis piernas sin ninguna dificultad. Luego tensñ las cadenas uniéndolas con las de la cabecera y mis piernas quedaron colocadas muy abiertas y en direcciñn a mi pecho, dejando mi culo totalmente expuesto y relajado.

Sin prisa, pero sin perder tiempo el Amo apretñ mis pezones con un par de broches de metal unidos por una cadena. Ante la sensaciñn de dolor estuve a punto de tensarme y gemir, pero al darme cuenta de mi situaciñn comprendë que era mejor relajarme porque la sesiñn recién comenzaba y no habëa llegado hasta allë para empezar a mariconear asë como asë.

Lo escuché sonreërse al comprender mi reacciñn. Era evidente que sabëa muy bien su trabajo.

Sentë como derramaba una sustancia aceitosa por mis huevos, que comenzñ a untar por todo mi trasero a medida que se escurrëa por mi raja. Cuando pasñ por mi culo me introdujo de una un dedo y luego dos, haciéndolos girar dentro del ano y retirándolos de golpe.

Luego sentë como pasaba un cordñn alrededor de mis huevos y daba varias vueltas por el escroto apretando bastante. El resto del cordñn lo envolviñ en mi verga semierecta y lo atñ. Sopesñ mis huevos, que sen sentëan durësimos asë prensados y pareciñ aprobar todo. Entonces sentë que algo similar a una cánula se introducëa en mi culo, como una especie de copa de champaïa sin el pie. Ese objeto al penetrar dilatñ mi agujero hasta no menos de 4 o 5 centëmetros en contados instantes. Y de repente una buena cantidad de agua frëa inundñ mis entraïas: me estaba haciendo una enema. Retirñ la cánula y sentë como el contenido de mis entraïas se derramaba en un recipiente. Entonces repitiñ la operaciñn un par de veces más. La sensaciñn de sentirme impotente e invadido por aquél objeto y el lëquido frëo me provocaban todo tipo de reacciones. Una vez más comprendë que lo mejor que podëa hacer era entregarme a aquella mezcla extraïa de dolor, placer, invasiñn y humillaciñn a que me estaba sometiendo. Por suerte el agua frëa al derramarse dejaba en mi ano dilatado una sensaciñn placentera, casi anestésica.

Pero las cosas recién estaban en su comienzo. Apenas separñ la venda de mis ojos para dejarme ver por un instante un tremendo dildo negro. Al contemplar ese monstruo sentë que el corazñn se me venëa a la boca. Si bien mi culo no era virgen y se encontraba lubricado y dilatado, aquella pieza era mucho más grande de lo que jamás me habëa penetrado.

Tan pronto colocñ la venda otra vez en su lugar me propinñ varios golpes con una palmeta de madera en las nalgas. Era imposible gritar. Instintivamente mi cuerpo se arqueñ intentando alejarse de la fuente del dolor y jadeando volvë a caer sobre el catre. Sentë que apoyaba con firmeza la cabeza de aquél inmenso falo en mi culo. Sabëa perfectamente que si me resistëa a la invasiñn me lo introducirëa por la fuerza violándome sin compasiñn, pero dudaba de que mi culo pudiera abrirse tanto como para engullir lo que habëa visto. No tenëa alternativa, asë que me relajé una vez más y lo dejé hacer.

Sin dudas, esas no eran sus intenciones. El sabëa perfectamente que sin mi colaboraciñn activa semejante falo no entraba o bien me destrozaba el culo. Y sin dudas disfrutaba de su posiciñn dominante.

Comencé a pujar contra aquella cosa que intentaba introducirse en mis entraïas y dilataba mi agujero hasta lëmites insospechados haciéndome sentir aquellas sensaciones de mi primera penetraciñn, mi esfënter dilatándose cada vez más y cediendo paso a paso lugar para que semejante monstruo lo penetrara. En un instante creë que habëa alcanzado mi lëmite, ya me parecëa imposible hacer algo más. El dolor y la dilataciñn de mi culo eran insoportables...entonces me abandoné. Y entonces sentë que la inmensa cabeza de silicona de aquél falo se habëa abierto paso hacia mi. Las contracciones de mi culo eran espasmñdicas e incontrolables ante semejante invasiñn.

Era obvio que el Amo estaba a la espera de mis reacciones, porque tan pronto logrñ introducirme su juguete lo dejñ quieto un instante y de repente hizo una serie de movimientos cortos mete-saca con el dildo que me pusieron a millones. Con eso logrñ estimular mi prñstata y miles de sensaciones placenteras recorrieron todo mi ser hasta la raëz de los pelos. Y cuando estaba en lo mejor lo hundiñ totalmente en mis entraïas sin contemplaciones.

Era inevitable, me preguntaba por qué habëa elegido eso, sabëa que morbosamente lo deseaba desde hacëa tiempo y me encontraba sometido a sus experimentos que me provocaban las reacciones más inesperadas. Algunas lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin previo aviso.

Entonces sentë su respiraciñn muy cerca y escuché que decëa: “Lo estás haciendo bien esclavo, pero aþn te falta bastante...En mi escuela nadie aprueba sin esfuerzo....asë que ahora tendrás que retener esa ³cosita³ dentro tuyo ...haciendo lo que mejor sabes....porque si llega a salirse sñlo un centëmetro...la siguiente será más grande, larga y gruesa.....jeje.....y ni se te ocurra que vas a irte asë nomás...si te llegas a acabar.....me voy a asegurar de que no la expulses.....entendido??...”

Como pude asentë con la cabeza, ya que me era imposible hablar. El muy maldito lo sabëa, sabëa que me tenëa a su merced, imposibilitado de todo movimiento y dispuesto a todo.....a romper todas las reglas y lëmites....cosa que ninguno de los dos sabëa hasta dñnde llegaba, pero que precisamente estábamos allë para comprobar.

Fue entonces cuando sentë que aflojaba la venda ve mis ojos y de mi boca. Cuando pude reaccionar tenëa su verga rozándome los labios y sabëa que si intentaba desalojar aquél inmenso falo de mis entraïas las cosas serëan de otro modo. Qué hacer? Una vez más me dejé llevar y cada vez que intentaba meterme su verga en la boca el se escabullëa haciendo que tuviera el doble trabajo de retener el dildo en mi culo y buscar su verga para mamarla. Y el muy hijo de puta lo gozaba....y sabëa que yo también. Sin avisarme nada todo volviñ a la situaciñn anterior.

Deseaba intensamente venirme....acabar...sabëa que eso me relajarëa...pero....un Amo implacable me advertëa al oëdo que si llegaba a hacerlo...mmmm Luego de todo eso sentë que algo como cera caliente corrëa por mi raja. Sin dudas habëa encendido una vela y la hacëa gotear entre mis huevos, sobre mi verga aprisionada y por la raja de mi culo empalado y abierto al máximo. Creë que habëa llegado al lëmite de mi tolerancia al dolor y que estaba al borde del desmayo. Controlar un instante más mi cuerpo me parecëa imposible.

Entonces el Amo quitñ los broches de mis pezones, derramñ una lociñn refrescante en mi pecho y comenzñ a acariciarme los pectorales y el vientre rondando mis tetillas cada vez que pasaba por ellas. La oleada de placer que me inundñ fue tan intensa que luego de un par de espasmos me dejñ casi exhausto y con una gran sensaciñn de placidez. Todo mi cuerpo se relajñ y mis entraïas se amoldaron plenamente al vergajo que las invadëa. Recién entonces pude percibir todo su tamaïo y su textura.

El Amo lo captñ y comenzñ a mover el dildo, dándome la cogida del siglo con aquél instrumento. Cada vez que mi verga se empalmaba y sentëa unas irresistibles ganas de eyacular, él detenëa la culeada y derramaba agua helada sobre mi verga y mis huevos hasta que mi erecciñn cedëa y volvëa a comenzar. Era evidente que si yo me acababa serëa el fin del juego. Es imposible precisar cuánto tiempo estuvo haciendo ese trabajo, pero lo cierto es que logrñ que mi verga se rindiera y ya no intentara más ponerse dura. Entonces desatñ el cordñn que me aprisionaba los huevos y el pene, que sentë caer totalmente fláccidos. Y luego de unos movimientos más del dildo en mi interior experimenté un orgasmo tan intenso como increëble, ya que no derramé ni una gota de esperma. Esa vez si perdë la nociñn de todo.

Cuando recuperé la conciencia me encontré desnudo sobre el catre y libre de toda atadura. Sobre una silla estaban mi jean, mis zapatillas y una playera negra. El Amo se encontraba de espaldas a mi y me indicñ que me vistiera. Me condujo nuevamente al automñvil e hicimos el camino de regreso.

Antes de quitarme las esposas y la capucha dijo: “...aprobado. Mi escuela abriñ hoy y tuviste el privilegio de ser el primer alumno. Cuando quieras otra clase ya sabes cñmo encontrarme...”

Me abandonñ muy cerca del lugar en que nos encontramos. Desde allë hasta mi casa tuve que caminar lentamente porque las piernas me flaqueaban, me sentëa como en el aire y tenëa muy congestionados los genitales.

Ni bien llegué arrojé mi bolso y me apresuré a darme una larga ducha tibia durante la cual me masturbé varias veces hasta que ya no quedñ una gota de semen en mis huevos. Me tumbé desnudo en la cama y dormë como un marrano hasta que mi cuerpo un poco recuperado, el hambre y la sed me trajeron otra vez a la realidad. Fue después de comer y beber y ya totalmente consciente de todo lo ocurrido que escribë lo que estás leyendo........okay?

Muchas cosas habëan ocurrido desde aquél momento en que decidë enviar ese mail...y muchas otras desde ese momento en más...


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