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Buena samaritana


Hay momentos en que una hace cosas que normalmente no haría por nada del mundo. Sin embargo, ocurren.

Tiempo atrás -años-, un sobrino que vivía en una localidad distante, tuvo que internarse por una dolencia (se fracturó ambos tobillos al pasarle la rueda del tractor por encima).
Como en su pueblito no existían lugares especializados, se trasladó a mi ciudad. Pero sus padres, el hermano de mi marido y su esposa, no podían dejar mucho tiempo su chacra abandonada.
Dejando de lado mis propias responsabilidades, me mantuve a su lado todo el tiempo que pude durante su recuperación en el sanatorio, de día o de noche.
Pasadas un par de semanas, en franca mejoría de sus operaciones, su ánimo cambió y se lo veía optimista. Y su optimismo parece que le hizo efecto...

Cierta mad**gada desperté, sentada en el sillón al lado de su cama, y media dormida aún, me percaté de que tenía una erección por la "carpita" en la sábana. Al darse cuenta que lo observaba, se puso colorado y casi llorando de vergüenza pidió disculpas. "No te preocupes", le dije y me levanté. "Te dejo solo un rato, voy a tomar un café" fue la excusa para dejarlo solo un rato con sus "cosas"...
Imaginando su actividad y luego de casi una hora regresé. Ya no había rastros del "levantamiento".

A media mañana me fui del sanatorio y no volví hasta la noche. Conversamos un largo rato y cuando se terminaron los temas, me puse a leer un libro.
Ya no se oían ruidos en el pasillo, todo estaba tranquilo.
Tratando de ser buena tía, le mencioné que si quería estar un rato a solas, yo podía salir y esperar afuera, pero como no me entendió bien, tuve que decirle que era para que pudiera hacer algo con su "carpita"...
Otra vez con vergüenza, pero sonriendo, me contó que nada podía hacer por los tubos, agujas y cables de sus brazos, y que tenía que llamar a una enfermera para que se los sacara y eso sería difícil.

En mitad de la noche y sin poder conciliar el sueño por la incomodidad del sillón, pero más por el otro asunto, veo que la sábana presentaba nuevamente un bulto y hasta hoy no puedo saber si por hacerle un bien a él o por mis propios pensamientos, deslicé mi mano hasta alcanzar su piel...
Él dio vuelta su cabeza, me miró a los ojos y los cerró, dejándose hacer. Con suma delicadeza empecé a masturbarlo, aumentando los movimientos de mi mano en concordancia con el aumento de su ritmo de respiración...hasta el final.

Con la mano enchastrada y tratando de no ensuciar más la ropa de cama, me metí en el baño. No sé que pensé en ese momento, pero en lugar de lavarme las manos, abrí la canilla y cerré la puerta...
Casi sin darme cuenta, con la mano limpia desprendí mi vestido y bajé hasta las rodillas mi bombacha. Ya no daba más de excitación.

Me senté en el bidet y empapé mi vulva con los jugos de mi mano y luego introduje el dedo mayor, moviéndolo hacia adentro y afuera, sintiendo la urgencia. Con los dedos de la otra mano acaricié mi clítoris y en apenas segundos estaba mordiéndome los labios para no gemir en voz alta...

Cuando regresé a mi sillón aún me temblaban las piernas. Él, parecía dormido, pero no. Sin darse vuelta y sin mirarme, me dio las gracias. "Sé que no tenías que hacerlo, pero necesitaba eso....demasiado". No le contesté.

La noche siguiente no fui porque la madre estuvo allí. Aproveché para ponerme al día con las cosas de mi casa...y con mi marido, obviamente.
Luego de que mi concuñada se fuera, volví a la rutina de sanatorio. Cuando me vio llegar, se le iluminaron los ojos, y solo dijo "Te extrañe"...Me imagino porque.

Yo no estaba dispuesta a seguir con el jueguito. Pero una se propone y...la calentura dispone.

Ya entrada la noche, mis ideas cobraban fuerzas. Esas ideas locas.
Como yo tenía puesto pantalones, me metí al baño con mi bolso y lo cambié por un vestido...también dejé mi tanga enredada con el vaquero.

Con la sangre agolpándose en mi cabeza...y en mi ingle, me acerqué a la cama. Estando de pié, alcancé con mi mano izquierda su aún fláccido miembro, masajeándolo suavemente.

Desprendiendo los botones de mi vestido, me arrimé al borde de la cama cerca de su mano y tomando sus dedos anular y mayor le hice camino a mi interior. Tuve que levantar una rodilla para que esto fuera posible y cómodo. Con el "entusiasmo", ni me acordé que podría entrar alguien en cualquier momento.

Sus dedos apenas se movían, no se si por miedo a las sondas o por inexperiencia, pero haciendo un pequeño vaivén con mis caderas y la ayuda de mi mano libre...bueno, que voy a decir.

Retiré un poco la sábana para tratarlo mejor (y para verlo mejor, claro), pero me dí cuenta que no tardaríamos más que unos segundos, ni él ni yo.
Sin habérmelo propuesto, me incliné y mi boca se unió al quehacer de mi mano...En un instante concidió su tibio semen explotando casi hasta mi garganta y el frenesí de mi orgasmo...todo un logro más que satisfactorio.

Por suerte o no, eso solo se dio un par de veces más. Dado de alta, regresó a su pueblito y no tuvimos contacto en este par de años.Quedó solo la anécdota, que no es poco.







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