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Carmen me recibe en mi casa ( Relato II )



Ya había programado todo lo necesario para tener otro encuentro amoroso en mi propia casa con mi mucama Carmen. En la oficina aduje malestares y me retiré cerca del mediodía despidiéndome hasta el día siguiente. El día anterior había llamado a Carmen para anunciarle que ese jueves era el día prometido y que se preparara para renovar nuestro encuentro sexual de la semana anterior.
Llegué a casa alrededor de las 11.30 y lo primero que hice fue desconectar el teléfono celular y el de mi casa. No quería que nadie nos interrumpiera y si alguien llamaba, ya habría mil excusas para justificarnos. Unas cuadras antes avisé de mi llegada y así fue que me recibió vestida para el amor, es decir en bikini, corpiño, medias y liguero, todos de color negro. No se había olvidado de mi especial recomendación.

Debo decir que lucía espectacular y mirándola con tranquilidad y en detalle, más hermosa y apetecible que la primera vez. Claro está que ahora se había producido luciendo maquillaje y peinado digno de una señora elegante, además de un perfume encantador. Todo se presentaba mucho mejor de lo que había pretendido y prometía una tarde de sexo intenso.

Nos dimos un cariñoso beso de bienvenida y tomados de la mano pasamos a la sala para empezar la conversación preliminar.

… Hola señor cómo está?...

… Muy bien y ahora que te veo así vestida estoy mucho mejor. Pero por favor cuando estemos en estos encuentros amorosos te pido que llames por mi nombre y me tutees…

… De acuerdo Cesar, así me gusta más porque nos igualamos en el trato. De otra manera me sentía algo cohibida y la ocasión se brinda para que precisamente la vivamos libremente, no te parece? Ah, para estar completamente igualados será mejor que te quites la ropa y te quedes solo con el bóxer...

… Si Carmen, por supuesto. Tienes toda la razón, ya me estoy desvistiendo…

… Ah, y otra cosa. El otro día como ya te lo dije, me sorprendiste con la guardia baja y todo salió como lo planeaste, supongo. Hoy será bastante distinto porque yo vengo dispuesta a gozar todo lo que pueda y aprovechar la ocasión, porque como ya te expliqué la situación en mi casa no está bien y estoy padeciendo ayuno sexual. Por otra parte ambos sabemos que esto que continúa hoy es efímero pues tarde o temprano se acabará dado que nuestra situación matrimonial lo hace riesgoso y no creo que tengamos margen para armar lío. No se trata de enamorarnos sino de que ambos nos satisfagamos sexualmente, para lo cual te propongo que cada uno de rienda suelta a su imaginación y deseos. Será vale todo, OK?...

Después de ese largo y atinado monólogo no me cabía más que aceptar sus palabras que bien hubieran podido ser mías. Respondí casi balbuceante

… De acuerdo mujer, será como lo propones. Pero no hablemos más y pasemos a disfrutar de nuestro día. Voy a empezar a pedirte que hagas un paseo tipo modelo y me calientes más de lo que ya estoy viéndote con esa vestimenta negra…

Casi no me dejó terminar de hablar y ya estaba poniendo un CD de música lenta y suave que le ayudaba en sus movimientos. Contorneaba el cuerpo en forma lasciva moviendo las caderas. Con sus manos se tomaba sus pechos y los apretaba sobándolos a la vez que me miraba con ojos provocativos. Dejó sus tetas y bajando una mano la deslizó por su abdomen hasta llegar al vértice de la bikini, mirándome desafiante introdujo la mano sobre su pelambre acariciándola, para luego deslizar sus dedos hacia la vagina para refregarlos y tocarse repetidamente su clítoris, mientras jadeaba y me decía cosas que no alcanzaba a comprender pero que me excitaban sobremanera. Siguió su show meneando su culo delante de mi cara y dándose vuelta sacó de su corpiño una teta para pellizcar un pezón, más tarde hizo lo propio con la otra mientras me la ofrecía pero sin que yo la pudiera tocar. Esto duró unos cuantos minutos, creo que hasta que el CD acabó. A esas alturas mi verga ya tenía las dimensiones propias de las grandes ocasiones. Juro que estaba bien al palo y jadeante de deseo.

Me tomó de la mano y como quien lleva a un niño me llevó al dormitorio en la planta alta, donde la cama ya estaba preparada con sus sábanas desplegadas. Prácticamente me arrojó a la cama mientras empezaba a desvestirse muy lentamente. Aflojó el portaligas y se quitó ambas medias, luego le tocó el turno al corpiño que dio rienda suelta a sus dos tetas que lucían mejor que nunca. Allí interrumpió para agacharse sobre mí y sacarme el bóxer que dejó al aire libre mi pene que salió enhiesto como un mástil. Tras cartón se fue bajando el bikini para quedar en completa desnudez llevando solo el portaligas negro.

Yo no sabía qué hacer, le había cedido la iniciativa y no podía reasumirla porque a decir verdad estaba conmocionado y caliente a la vez. Fue ahí cuando como ordenándome me dijo

… Me voy a sentar en la cama y quiero que te arrodilles y me chupes la concha hasta que me venga un orgasmo, así que te tienes que esmerar y mucho…

No había nada más que obedecer así que me arrodillé, le levanté sus piernas para tener todo el panorama de su concha a mi disposición y me zambullí de cabeza a gozar de esa cueva. Mi lengua, que afortunadamente sabe de esa labor se paseaba por toda la raja jugando con las paredes vaginales, los labios y cada tanto introducirse por su vulva, mientras que mis labios chupaban a más no poder cada centímetro de esa cavidad y mordían suave pero firmemente el clítoris de Carmen que me acompañaba con suspiros y gritos de placer.

… Así, así. Chúpame toda y bebe mis jugos que los derramo para vos. No dejes que esa lengua se detenga porque todavía me falta mucho y estoy gozando pero quiero más y más. Mete un dedo dentro y juega al mete saca que quiero que roces el punto G que es mi debilidad. No pares, sigue, sigue…

Yo no podía hablar porque mi boca estaba ocupada saboreando esa vagina que tenía un raro pero gustoso sabor. No quería parar pero mi lengua ya empezaba a cansarse, así que pedí minuto con un dedo sobre la palma de la otra mano. En un santiamén me apoderé de un pequeño vibrador a pilas que había comprado y preparado para la ocasión, lo puse en marcha y lo apliqué en la raja, mientras mi lengua se dedicó exclusivamente a lamer su clítoris. Carmen no esperaba esta novedad pero la aprovechó al máximo. Empezó a jadear y largar profundos suspiros hasta que explotó convulsionando su cuerpo y apretando mi cabeza sobre su coño al tiempo que me decía

… Me vengo, no pares, es hermoso, cuanto goce mi amor, no te detengas que lo has logrado. Es el orgasmo más fuerte de mi vida y no quiero que acabe nunca. Sigue por favor…

Yo seguí por un instante nomas porque tuve miedo que le pasar algo malo porque se revolvía en la cama entre quejas y suspiros, llantos y sonrisas. Era un cuadro que nunca había vivido. La acaricié suavemente tranquilizándola hasta que sentí que estaba volviendo a la normalidad.

… Fue brutal esa acabada. Juro que nunca en mi vida había gozado tanto con una mamada de concha. Ese aparato que me pusiste al final fue lo más, yo estaba en una nube de placer y no quería bajarme. No hay forma que te pueda describir lo que sentí. Mira todavía estoy temblando pero no quiero que te relajes porque quiero más y más…

Se puso de espaldas sobre la cama y me dijo

… Ahora quiero que me acaricies y beses todo mi cuerpo desde la cabeza hasta los pies. No te detengas en mi cueva porque esa será otra etapa. Usa esa lengua ágil que tienes para lamerme toda que me gusta…

Tuve que obedecer porque no había forma de llevar la contraria y porque además lo que hacía me gustaba. Manos, labios y lengua empezaron el recorrido pedido. Hubo sitios donde me entretuve más porque así le gustaba. Besos de lengua profundos, mordidas de oreja, lamidas en el cuello, chupones en los senos y mordiscos en los pezones, cabeza hundida en su pelambre pélvica revolviendo y enrulando sus negros pendejos, pasada suave por su raya, besos en las piernas y finalmente chupada de dedos de los pies. Carmen me animaba con sus suspiros y frases de gozo. En determinado momento se dio vuelta cabeza abajo y me pidió recorrer su parte posterior con el mismo método. En esta oportunidad la mayor atención se la llevó su culo. Besé y mordí sus nalgas. Aparté sus cachetes y dejando expuesto su agujero lo chupé y hurguetee con mi lengua. Fue ahí cuando Carmen se vino con otro orgasmo no tan fuerte como el anterior, pero bien profundo.

… Me estás matando papito, cómeme mi culo y mi ojete. Son tuyos, que placer me estás dando con esos besos y puntillas en mi ano. Jamás me lo habían hecho y es sensacional. Me hiciste acabar otra vez, eres un maldito vicioso, pero que bueno estuvo…

… Carmen está todo bien y yo también estoy gozando mucho, pero me parece que a mí también me toca algo, no? Mi muchacho está duro como un garrote y necesita atención para no irme en seco…

… Tienes razón Cesar, ya le damos lo que se merece…

Me hizo tender de espaldas y me acomodó poniendo mi cabeza sobre dos almohadas, me dio unos besos en la boca con lengua incluida, se subió sobre mí mirando hacia mis pies de manera que sus órganos de placer quedaron cercanos a mi cara y boca, se agachó sobre mi verga y empezó su labor. Primero atacó a los gemelos con una chupada suave, los lamió y se los metió de a uno en su boca para chuparlos y besarlos, luego tomó mi miembro y lo empezó a lamer desde la base hasta la cabeza que ya lucía morada de tanta sangre y deseo acumulados. Con una mano sujetó el aparato y con la otra me hacía cosquillas en el glande con sus dedos hasta que decidió meterlo en la boca y darme una mamada de película. Es difícil narrar el placer que esa mujer me proporcionó, cada lamida era un impacto eléctrico que recorría todo mi cuerpo y cada chupada y succión de la cabezota eran la gloria.

… Carmen esto es la gloria plena estoy lleno de placer, seguí que estoy volviéndome loco con tus juegos. Chupa más y pajéame también que me gusta. Ese dedo hurgando en mi orto me recalienta y estoy aguantando para no acabar en tu boca…

Ella siguió con esmero y tesón su labor, decidí callar y atacar lo que tenía a mi vista y alcance. Un hermoso culo de donde se destacaban una concha abierta y un ojete que demandaban la atención de mi boca y su lengua. Me puse a la tarea de darme un banquete, mi boca succionaba la concha y mi lengua buscaba los lugares más recónditos de esa vulva, también le daba mordiscos en el culo clavándole los dientes dejando mi marca. Así una y otra vez hasta arrancar los primeros jadeos de gozo de Carmen que como respuesta aceleró sus mamadas. Parecía una competencia para ver quien lo hacía mejor y más rápido.

… Mamita creo que ya no aguanto más. Estoy por acabar, que hacemos?…

… Sigamos así, yo acabo en tu boca y vos en la mía, vas a ver qué lindo que resulta. Dale no pares, lo que te pido es que me avises cuando te llega a ver si lo podemos hacer al mismo tiempo…

… Prepárate mi vida porque ya no doy más. Me viene, me vieneeeeeeee…

… Ya voy yo también, que hermoso, no pares por favor…

Fue lo último que salió de nuestras bocas porque ambas se inundaron al tiempo con los flujos de cada uno. Yo recibí una descarga de sus líquidos que me empaparon la boca y la cara, mientras mi lengua y mi paladar se regodeaban con tan exquisitos jugo. Carmen recibió en su boca una descarga de semen como creo que nunca había derramado, fueron varios chorros que desbordaron su boca y se desparramaron sobre la cara y sus manos. Sin embargo en rápida acción recupero mi leche y comenzó a tragarla. Yo hice lo propio con sus líquidos que también resbalaron de mi boca. Con sabor de nuestros jugos en las bocas nos dimos un beso de lengua interminable mientras nos abrazábamos y con nuestras manos nos acariciábamos nuestros sexos que aun latían satisfechos por los momentos vividos.

Mientras trataba de volver a tomar conciencia pensaba en Carmen y la maestría que había mostrado para los juegos sexuales. Esa experiencia y su ayuno sexual habían potenciado su capacidad de entrega. Cada uno de los movimientos y tareas que emprendía me dejaban sorprendido por la calidad, suavidad y sensualidad con que lo hacía. Había descubierto una máquina de sexo donde menos lo esperaba, y no estaba dispuesto a perderla.

… Donde aprendiste a hacer el amor con tanta habilidad y sensualidad?...

… Por lo que veo te gustó, no? No te esperabas que una mucama tuviera tantos recursos, verdad? Es algo natural más la experiencia y lo mucho que he leído sobre la materia, porque a mí también me gusta hacer el amor…


… Ciertamente me sorprendiste y tanto. Creo que nunca me habían hecho una felatio como la que me acabas de regalar. El show previo también estuvo genial y me puso a mil. Casi me voy en seco al verte, no tienes idea de lo que tuve que aguantarme para no derramarme como un muchacho quinceañero. Que más me espera?…

… Yo ya hice mi parte en el manejo de la primera parte, lo que sigue te lo dejo a vos…

A pesar mío, que la estaba pasando de maravillas tuve que tomar la iniciativa que me había cedido Carmen. Le sugerí pasar al baño a darnos una ducha rápida para quitarnos los restos de la reciente entrega. Allí marchamos y repetimos la escena de la primera vez cuando nos aseamos recíprocamente. Ya secos y más tranquilos, retornamos al lecho.

Ella de espaldas y yo boca abajo a su lado, nos relajamos unos minutos conversando sobre lo que estábamos viviendo. Volvió a repetirme casi las mismas palabras del comienzo. Sabía que esta relación era circunstancial y que acabaría en cualquier momento, de modo que debíamos sacarle provecho sin implicarnos sentimentalmente. Evidentemente Carmen era una mujer más sabia e inteligente de lo que yo había presumido y eso me hacía sentir más cómodo y sin culpas futuras.

Elogié su elección de la ropa interior con que me había recibido y me dijo que la idea del portaligas y las medias negras, la había tomado de una novela erótica que había leído. Por lo demás la había comprado en un sitio de primera marca y que la mantuvo escondida en su casa hasta ese día. La iba a dejar guardada en mi casa porque no quería que su marido la encontrara y sospechara.

Entre juego y juego ya habían pasado cerca de dos horas, y si bien todavía teníamos mucho tiempo, consideré que no debía perder el ritmo así que empecé a juguetear con su zona pelviana enrulando aún más sus pelos que había prolijamente depilado para la ocasión, dejando un triángulo corto pero espeso. A mí me gustan esos coños, los disfruto mucho cuando los pendejos me hacen cosquillas en mi nariz.

De a poco me fui acercando a su conchita para acariciarla suavemente por su exterior. Mis dedos rozaban sus labios exteriores en un movimiento cadencioso, suave y persistente. Carmen se limitó a cerrar los ojos y comenzar a gozar. Con la otra mano, la izquierda, apreté sus tetas masajeándolas con movimientos circulares que rozaban sus pezones. El doble juego manual empezaba a rendir sus frutos en excitación y calentura. Solo se oían suspiros, gemidos y alguno que otro quejido, todos de placer. Ella me animaba diciéndome

… Qué bueno lo que estás haciendo Cesar, de a poco me estoy empezando a transportar a otros mundos. Ya no puedo pensar sino en el placer de sentir mi vulva y mi clítoris acariciados de esa forma. Siento que otra vez mis jugos se empiezan a liberar preparando mi cuevita para lo que vendrá. No te detengas, sigue así que me gusta mucho…

… Quiero que recibas el placer con el mismo trato que me diste a mí y que lo mereces. Eres una mujer sensacional y la reina del sexo. Creo que me saqué la lotería del placer contigo. Esa concha estrechita que tienes merece recibir una buena atención de parte de mi muchacho…

… Quiero me cojas bien cogida y me penetres hasta la cérvix. La quiero sentir toda dentro mío que me llene y me inundes con tu leche. Ponla ya, no me hagas esperar que la estoy necesitando dentro de mí…

Para mí la mejor forma de llenarle la vagina a una mujer es en la posición de perrito. Además queda a la vista el ojete que también es un agujero apetecible. Con ese pensamiento, le pedí que se pusiera en esa posición pero para hacerlo mejor le sugerí que se apoyara en sus codos y levantara el trasero. Nuevamente quedaron a mi vista el espectáculo de los dos orificios que parecían pedir que los penetrara.

Previsor había comprado en un almacén de porno una pomada retardativa de la eyaculación con el propósito de hacer largo el juego. Sin que Carmen se diera cuenta me unté la cabeza del pene con la pomada y a ella le empapé el agujero anal con sus propios jugos. Ya estaba preparado el camino para una larga clavada. Puse mi verga en posición y empecé a pasearla por toda la raya frotando el clítoris en cada pasada, todo ese movimiento en cámara lenta tratando de excitarla al máximo. El tratamiento empezaba a dar sus frutos porque nuevamente empezaron los suspiros y quejidos.

… No seas malo, por favor métela que me estoy derritiendo y quiero sentirla dentro mío ya mismo. No seas maldito y no me hagas sufrir de deseo…

… Calma Carmencita, todo a su tiempo. Si el placer es grande lo mejor es prolongarlo todo lo que se pueda. Ten paciencia que ya la tendrás dentro…

Metí la punta en la concha y recibí un suspiro de respuesta. Después un poquito más tratando de frotar el clítoris con el movimiento. Otro poco más y más. Hasta que la sorprendí yendo a fondo de un saque. Un grito salió de la boca de Carmen, que no supe si era de dolor o placer. No reparé en él y seguí con lo mío tomándola de los flancos de su espalda le di con todas mis fuerzas y empecé a serruchar mientras Carmen me pedía más y más. Lo hice durante un rato largo hasta que lo quité de la concha y pujando poco a poco se lo metí en el ano. Se ve que no lo esperaba porque dio un respingo y una pequeña protesta que canceló cuando la tuvo adentro. De ahí en más fue un concierto de mete y saca en el culo como en la concha alternado ambos agujeros, claro está ayudado por la pomada que me permitió dar y dar, sin sentir de inmediato mi necesidad de correrme.

Así durante varios minutos donde Carmen gozaba a más no poder. Pujando con su culo hacia mi verga intentaba que éste penetrar más allá de lo que permitían sus 17 centímetros. Estaba desatada, no había forma de que se sintiera satisfecha y seguía pidiendo más. Yo ya me empezaba a cansar, y también se estaba diluyendo el efecto de la pomada, y empecé a sentir el cosquilleo previo a una eyaculación. Se lo anuncié y le pregunté donde prefería.

… En la concha mi amor, en la concha. Te estoy esperando hace rato. Ya no doy más, quiero tu leche…

… Ya me viene Carmencita soy todo tuyo, toma mi semen todo para vos. Qué locura señor, que locura!…

Y me derramé en su cueva entre gritos de Carmen y quejidos míos. Parecía que se me iba todo mi cuerpo por la verga dada la intensidad de la descarga y el tiempo transcurrido. Fue uno de esos polvos que te quedan grabados para siempre por la intensidad, el momento y la compañera.

Me derrumbé sobre ella besándola en su cuello y nuca, con mi verga aun dentro suyo. Luego me descabalgué y echado a su lado la besé intensamente en la boca al tiempo que le daba las gracias por el momento vivido. Casi sin poder hablar me respondió que ella también estaba agradecida y que la había hecho gozar como nunca en su vida. Yo me cuidé de contarle lo de la pomada.

Ya eran como las cuatro de la tarde y la sesión de sexo si bien nos había dejado hechos una piltrafa físicamente, también caímos en cuenta que teníamos sed y apetito. Nos dimos otra ducha y bajamos.

En la cocina Carme preparó unos emparedados que comimos con voracidad, y los acompañamos con un cava bien frío que estaba la nevera. Brindamos por nuestra suerte y Carmen se apresuró a vestirse en mi presencia pues yo quería verla desnuda antes de marcharse, para quedar con esa imagen en mi retina. Ya eran pasadas las cinco cuando la despedí con un fuerte abrazo y un interminable beso de lengua prometiéndonos repetir en la primera oportunidad que se presentara. Para ello fijamos códigos de comunicación que algún día les contaré.

Satisfecho y desecho físicamente, me terminé de tomar la botella de cava mirando televisión. Por unos cuantos días mis necesidades carnales estaban cubiertas.



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