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Con el servicio doméstico



Carmen era prácticamente una desconocida para mí. Nos habíamos cruzado solo un par de veces y en esas oportunidades no había puesto atención en ella. Su horario era desde las 9 AM hasta las 17 PM. Yo salía de mi casa a las 8 AM y regresaba tarde en la noche, por esa razón nunca nos encontrábamos.
Carmen era la señora que desde hace cuatro años hace el servicio doméstico en mi casa. Tenía alrededor de 40 años, morocha, con un físico que no llamaba mucho la atención a simple vista, aunque era rellenita. Debía medir unos 175 centímetros y pesar cerca de 65 kilos. Casada y madre de dos hijos. Una mujer apetecible para mí que tenía en esa época 48 años. Soy alto, mido 185 centímetro y peso cerca de 95 kilos bien distribuidos, es decir que no soy ni era gordo.
El día del relato, con toda mi familia de vacaciones, yo salí de casa en el horario de costumbre pero en camino con el auto caí en cuenta que me había olvidado un documento importante que me resultaba necesario para una reunión al mediodía, razón por la cual tuve que regresar con cierto apuro. Llegué y levanté el papel de mi escritorio ubicado en la planta baja y cuando me disponía a marchar, oí música en el piso de arriba donde estaban los dormitorios.
Subí muy despacio con mucho cuidado para ver de qué se trataba. Allí vi a Carmen tendida a todo lo largo de mi cama con los ojos cerrados escuchando música con un calzoncillo mío en sus narices, mientras que con la otra mano se cascaba la almeja por debajo de sus bragas. Me quedé mirando unos segundos muy sorprendido y luego me corrí hacia un costado de forma tal que mantenía mi visión sobre todo su cuerpo menos su cara para que no me pudiera ver fisgando. En unas de esas veo que deja mi calzoncillo a un costado y con una mano se ocupa de magrearse las tetas y pellizcarse los pezones, mientras que con la otra seguía dándole a la vagina metiéndose los dedos dentro de la vulva y frotándose el clítoris, todo ese espectáculo en medio de gemidos en voz alta y convulsiones. Se alcanzaba a escuchar algunas frases como
… Métemela toda mi amor que hace rato que quiero ser tu hembra. No aguanto más, necesito sentirte dentro mío y que me llenes de tu leche mi cuevita…
… No te das cuenta que mi chocho está abierto esperándote impaciente. Ay que delicia sentirte dentro! La quiero toda adentro por favor…
No supe cómo reaccionar viendo a esa mujer tan caliente y a punto de tener un orgasmo, por lo que decidí marchame en silencio como había llegado. Carmen no había reparado en mi presencia.
Demás está decir que durante todo el día tuve la imagen viva de Carmen masturbándose en mi mente, y empecé a sentir que ese recuerdo estaba provocando un súbito aceleramiento de mi espíritu morboso. Decidí entonces, sacar provecho de la situación habida cuenta que con la ausencia de mi mujer mi maquinaria sexual estaba sin posibilidad de satisfacerse sexualmente. Maquiné un plan de acción que llevé a cabo el día siguiente.
Habiendo anunciado en la oficina que ocuparía la mañana visitando clientes, me quedé en casa demorando mis horarios habituales, de forma tal que cuando Carmen llegó, abrió la puerta con las llaves que tenía y pasó a su cuarto a cambiarse, yo estaba desayunando en pijama. Ya con su ropa de trabajo se asomó a la cocina donde yo estaba y se sorprendió al verme. La saludé y le pedí que se acercara. Cuando estuvo al lado mío metí mi mano debajo de su delantal hasta tocar sus bragas en el vértice de su sexo y meter un par de dedos en su chocho. Con cara de espanto e intentado alejarse, me dijo
… Que hace señor? …
… Nada raro, estoy tratando de ver si tienes bragas para pedírtelas, así puedo olerlas y masturbarme con ellas en mi nariz…
… Pero que dice señor!...
… Lo que oíste. O yo no tengo derecho a hacer lo mismo que tú hiciste ayer acostada en mi cama con mis calzoncillos sobre tu nariz ?...
… Pero quien le dijo que yo hice esa cosa ?...
… Nadie, yo mismo te vi. No te hagas la tonta por favor…
Mientras manteníamos ese diálogo yo seguía con mi mano en su cueva, y con la otra reteniéndola con todas mis fuerzas. Le expliqué como y porque había regresado sin que ella me oyera. Ante la evidencia, se llevó las manos a la cara intentando un sollozo que yo interrumpí diciéndole
… No te pongas así que no pasa nada, solo que si realmente tienes tantas ganas de hacer algo conmigo vamos hacer realidad tu fantasía…
Y uniendo la acción a la palabra la tomé de una mano y juntos subimos la escalera con rumbo a mi dormitorio. Allí me quité el pijama quedando solo con mi bóxer. Carmen me miraba y supongo que no podía creer lo que estaba pasando. Le dije que ahora le tocaba a ella y rápidamente le quité ese guardapolvo holgado que llevaba. Menuda fue mi sorpresa cuando quedó con solo su braga y corpiño. Me di con un cuerpazo más que bueno. Era como me lo había imaginado, un poco gordita pero muy bien distribuidos los kilos que tenía. Unas tetas que sin ser grandes eran importantes y un culo de aquellos que a mí me gustaban aunque con un poco de celulitis, dato que no me importaba en lo más mínimo en ese momento.
Carmen seguía en silencio dejando hacer. A esa altura ya estaba convencida de lo que le iba a suceder y presentí que le agradaba. Le tomé la cara con mis manos y le di un chupón de lengua que recibió y compartió. Seguí con mis besos en su cuello y orejas tratando de calentarla. Luego pasé mis manos por su espalda y le desabroché el corpiño que liberó sus dos toronjas coronadas con sendos pezones de color marroncito que ya se estaban poniendo duros. Le quité la bikini que llevaba y quedó a mi vista su monte de Venus que lucía con abundante vello púbico tal como a mí me gustaba.
La temé de la cintura y la llevé a mi baño, diciendo
… Creo que antes que nada nos tenemos que dar una ducha y ponernos a tono de lo que vendrá. Tengo mi propia fantasía, sabes cual es? Que me bañes. Yo haré lo mismo contigo, de acuerdo?
Rompió el silencio
… Señor me parece que esto que estamos haciendo no está bien. Recuerde que soy una mujer casada y usted también…
… No me olvido de eso, pero no veo que sea un impedimento para que demos rienda suelta a nuestros deseos. Me parece que me lo dices para calmar tu conciencia. No te gusta? No querías esto ayer cuando estabas tendida en la cama?...
… La verdad es que estoy muy confundida porque no esperaba esto. Yo ayer venía muy caliente porque había visto a una pareja besándose y franeleando cerca de mi casa y cuando llegué sentí deseos de masturbarme. Vi su bóxer y como necesita sentir el olor a varón, me masturbé con él. Le pido que me perdone…
… Por supuesto que estás perdonada, pero todo pecado tiene su castigo y el que mío es este. Hacerte pasar un momento agradable, me dejas?...
No respondió pero su silencio fue cómplice. Comenzó a jabonar todo mi cuerpo, pero con especial dedicación a mi verga y los testículos. En cierto momento la tomé otra vez de la cara y le di otro beso de lengua que terminó de romper cualquier duda que pudiera haber tenido. A partir de allí se concentró en hacer su tarea con esmero.
Cuando terminó de jabonarme tocó mi turno y lo hice rápidamente porque llevaba prisa por ir a la cama, si bien yo también me detuve en su vagina y en la raya del culo con agujero incluido. Nos secamos y la tomé de la mano para echarnos en la cama matrimonial.
Previamente tomé mi bóxer y se lo di. Yo tomé su bikini y nos acostamos de espaldas cada uno con su prenda en la mano.
… Ahora puedes empezar la sesión. Que yo te miro y tal vez te acompañe…
Me miró un tanto confundida, pero a mis señas entendió que debía empezar a oler el calzoncillo y empezar a masturbarse. La dejé hacer y llevándome sus bragas a mi nariz yo también empecé a hacerme una paja, que como se imaginarán solo llevé a cabo por un par de minutos. En cierto momento interrumpí la acción de ambos y deslizándome hacia abajo, le abrí primero sus piernas, jugué con su abundante pelambre con mis manos y cara, para luego abrir sus labios vaginales y meter mis dedos en la cueva para toquetear su interior con el conocido movimiento de mete y saca que arrancó los primeros gemidos de Carmen. Sin pérdida de tiempo me zambullí en una mamada a fondo en la vulva empapada con sus jugos. Mi lengua pasaba una y otra vez por esa rosada raja y cada tanto la introducía en la cueva simulando un pene. Con mis dedos dejé al descubierto su clítoris que era un poco más grande que los que yo había frecuentado, lo chupé y mordí arrancando en Carmen profundos suspiros y algunos gritos suaves que anunciaron la llegada de sus primeros orgasmos. Mientras ella se revolvía de placer yo seguía con mi tarea a pesar de sus pedidos para detenerme. Estaba lanzado y no iba a abandonar esa presa muy fácilmente, así que seguí por unos minutos más lamiendo y también chupando los jugos orgásmicos que derramaba en mi boca. No conté cuantas veces acabó pero debieron ser más de tres.
En determinado momento y agotado por el esfuerzo bucal detuve mi tarea y me prendí a sus tetas con ambas manos apretándolas y pellizcando esos pezones marrones. Eran tetas que a pesar de su edad y maternidad se mantenían en forma. Mi boca, ya descansada, se prendió de cada uno de senos para darles una sesión de chupadas y mordidas suaves a sus pezones. Iba de uno al otro en un afán por darle a cada uno la mayor atención. Carmen tenía en esos pezones su zona erógena porque su cara así me lo demostraba.
En cierto momento me detuve y le pedí que atendiera con su boca a mi amigo. Rápida se hizo a la tarea. Se subió sobre mi cuerpo exponiendo su culazo a mi cara y manos, mientras ella tomaba el miembro en sus manos y comenzaba una suave paja para luego darme una serie de lamidas en la cabezota. En seguida se lo llevó a la boca y empezó a chupar y succionar. Parece que en esa materia tenía cierta experiencia porque me proporcionó un deleite como pocas lo hicieron antes. También le dio atención a los gemelos que la recibieron de buen grado, pero lo más sensacional era la forma como chupaba el miembro. Lo hacía de una forma extraña porque me apretaba el pene con una mano mientras que su boca lo chupaba de arriba hacia abajo, sus dientes me mordían y su lengua se paseaba por mi glande una y otra vez. Debo decir que le pedí que se detuviera porque casi me corro. A esas alturas ya estábamos listos para pasar a la segunda fase.
La volví a poner de espaldas, empecé a besarla desde su boca y cuello hasta los empeines de los pies. Regresé y volví a darle satisfacción a su vulva, mientras que un par de dedos jugueteaban dentro. Levanté sus piernas sobre mis hombros, le puse una almohada bajo su cintura y me dispuse a penetrarla. Amagué ponerme un condón pero me dijo que no porque hacía dos días que se le había acabado la regla. Mucho mejor pensé para mis adentros y empecé a frotar mi dura verga en su raja deslizándola con repetidos movimientos verticales hasta que ella me pidió que la penetrara. Me introduje muy despacio a pesar que mi poronga se deslizaba fácilmente porque el canal estaba bien lubricado con sus jugos. La intención era ir despacio para que ambos gozáramos lo más posible.
Cuando el amigo estuvo bien adentro y mi pelvis chocando contra sus nalgas empecé el mete y saca, lentamente primero para ir acelerando de a poco. En su oído dije
… La tienes bien adentro Carmen, ya no se trata de imaginar sino de vivirlo. Te voy a reventar la concha y llenar de leche. Vas a gozar como nunca en tu vida…
… Si, métemela toda y dame toda tu leche que ya no aguanto más. Esto es lo mejor que me pasó en mi vida cogiendo…
… Te vas a acordar de este día toda tu vida, te lo aseguro…
Mientras seguía serruchando a más no poder, sentía que Carmen contraía los músculos de su vagina proporcionándome también a mí una sensación de gozo superlativa. Seguí dando hasta que entre mis gemidos y los de ella acabé con una seguidilla de chorros de semen que inundaron su cueva y que ella recibió con un grito fuerte de placer al tiempo que apretaba y clavaba sus uñas en mi cuerpo.
Después de eyacular me quedé dentro de ella hasta que el amigo, desinflándose fue saliendo solo de la cueva. Le abrí las piernas para ver como mi leche caía sobre su raya deslizándose lentamente hacia el agujero anal. Recogí parte de la corrida con una mano y se la pasé por su estómago y sobre los negros pelos que adornaban su concha. Metí un par de dedos en su vulva y los saqué con restos de mi leche que se los puse dentro de su boca para que lo saboreara y tragara. Lo hizo de forma obediente.
Tumbados de espaldas y tratando de recuperar el aliento, la tomé de la mano y le pregunté
… Dime si este polvo que nos regalamos no fue mejor que la paja que te hiciste ayer? …
… Ha sido algo sensacional que hace varios años no vivía. Debo confesar que nunca me habían cogido con la pasión y la delicadeza que pusiste en mí. Por un momento me sentí de veinte años otra vez…
… Ahora descansemos un poco que todavía tengo fuerzas para algo más…
Le pregunté sobre su vida, pues en verdad era muy poco lo que sabía de ella. Me dijo que tenía 39 años, que se había casado cuando tenía 25 y que tenía dos hijos. Una mujer de 13 y un varón de 11 años. Su vida era difícil por la situación general del país pero que con esfuerzo la iban llevando. Me dijo que si bien se había casado muy enamorada los años fueron menguando la pasión y a veces pensaba que ya no lo amaba a su marido, quien por otra parte andaba con otra mujer según ella había averiguado, tanto era así que hace un par de años la relación sexual se había minimizado hasta ser casi inexistente en esos momentos. De allí que su estado de calentura permanente la había traicionado el día que la sorprendí en mi cama masturbándose.
Después de un rato la invité a ir a higienizarnos para volver a regresar al lecho. Le pregunté si quería seguir con el juego y mirándome a los ojos me dijo con firmeza
… Claro que si, por supuesto. Creo que yo también me merezco un día de placer y olvidarme de las penas y problemas. Me hiciste sentir muy bien antes por eso quisiera que esto nunca se acabe…
… Seguramente si somos discretos y nos cuidamos podemos hacer que esta relación que inauguramos hoy perdure en el tiempo…
… Hoy soy tu hembra y quiero hagas conmigo lo que se te ocurra…
… Apenas mi aparato recupere su lozanía, seguiremos jugando este partido, porque hoy es tu día de suerte…
Me incorporé a su lado y empecé a darle besos por todo el cuerpo. Besos suaves como caricias que según pareciera le gustaron mucho y la pusieron cachonda. Según me dijo al final, la hacían sentir bien tratada. Con mi lengua hurgué lugares erógenos como su ombligo, orejas, cuello y la base del culo. Los gemidos de Carmen eran mi recompensa. Entretanto mi verga empezaba a despertarse y de a poco pretendía volver a la acción. La llevé a su cara para refregársela y ella la recibió con besos y se la llevó a la boca para otra sesión de mamada, que definitivamente me puso al palo. Comenzaba otro episodio.
La puse de costado y levantándole una pierna empecé a desplazar mis dedos por su raja posterior para detenerme en su agujero. Con una crema que tenía preparada unté mi dedo mayor que hizo de avanzada exploratoria en el canal anal tratando de verificar que no hubiera nada m*****o. Por fortuna el camino estaba libre de obstáculos, así que introduje el dedo anular al tiempo que dentro del ano los movía en forma circular tratando de que los músculos se distendieran. De a poco fueron cediendo y metí el índice para completar el trabajo previo. Carmen callaba y consentía con un suave ronroneo.
La sugerí que se pusiera boca abajo apoyándose en sus codos y levantando el culo hacia mí. El espectáculo de esos dos agujeros a la vista ofreciéndose a la penetración me puso a mil. Si bien su panocha se mostraba apetecible, yo ya había decidido que iba a acometer la retaguardia. Embadurné mi miembro con la crema y apoyándolo en su ano empecé a penetrar delicadamente. No escuché quejidos de dolor, sino más bien suspiros de complacencia, así que aferrándome con mis dos manos a su cadera me mandé a fondo. No voy a descubrir a nadie cuales son las sensaciones que proporciona el sexo anal, solo diré que a mí me trastorna sentir mi verga apretada por las paredes del canal anal y me excita sobremanera incitándome a dar el mete y saca que trato de hacerlo durar el mayor tiempo posible. Carmen también aportaba su cuota de placer y lo demostraba pujando su cola hacia mí para que la penetración fuera más profunda.
… Rómpeme el culo mi amor que me gusta, dale no pares por favor que me estoy volviendo loca de placer. Quiero más, mas, mas….
… Qué bueno que te guste a ti también, esta es una gozada que no debería acabar nunca. Quiero llenarte de leche el culo…
… Hazme gozar mucho más papito que necesito sentir esa poronga que me llene el culo y me lo inunde con tu leche. Sigue así, no pares….
Yo seguía con mi bombeo pero de pronto sentí que ya no podía contenerme más y la fuerza de la corrida era imparable
… Ya me vengo. Toda mi leche que ya llega es para vos, que locura mujer!...
… Siento la descarga, mi Dios, qué hermoso! Dámela toda que me gusta, no pares, no pares. Ay, ay, ay me muero de placer. Qué hermoso, que lindo…
Y acabé con toda la furia en un polvo que aun hoy no logro olvidar. Parecía que todo mi cuerpo se iba por mi verga. Cuando terminé de eyacular me desplomé sobre Carmen besándole su cuello tomado de sus tetas. En unos segundos me repuse juntando fuerzas de donde no tenía. Quería mirar ese orto como había quedado y mi leche chorreando hacia sus piernas. Qué gran espectáculo estaba a mi vista, no soporté la tentación y metí y saqué repetidamente dedos en su culo y su almeja con gran placer de mi pareja que me regaló otro orgasmo al tiempo que me agradecía por ese momento que estaba viviendo.
Ya había pasado más de un par de horas desde que empezamos, y yo debía ir a mis obligaciones laborales. Nos fuimos al baño nuevamente para una ducha rápida esta vez. Mientras nos bañamos me preguntó tímidamente si me había gustado y si volveríamos repetir la sesión de sexo. La tranquilicé diciendo que la semana siguiente lo haríamos. Para ello yo la llamaría a mi casa un día antes para avisarle.
Ya secos y cambiados le pedí para que para la próxima ocasión comprara una bikini y corpiño negros, dado que esa era otra de mis fantasías. Obviamente le dejé dinero para ello y un poco más.
Antes de marcharme le dije que ese día no trabajara y descansara en mi cama. Le di un fuerte beso y me fui.



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