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Con mi suegra otra vez ( relato II )

Con mi suegra otra vez (relato II)

En mi relato anterior conté como llegamos a la primera relación sexual con mi suegra Cecilia. Luego de ese encuentro hubo algunos más, los que relataré en sucesivas entregas.
Recordaré que ella era una bella mujer, viuda de 62 años excelentemente bien llevados, con un físico que daba envidia a muchas mujeres y mayormente a las de su edad. Era una mujer bien parecida, de unos ojos celestes cielo y con pocas señales en su cuerpo que delatara a una mujer de esa edad, más allá de una pancita incipiente que no alteraba sincronía de un cuerpo apetecible.
La primera experiencia había resultado absolutamente satisfactoria y habíamos quedado convencidos en repetir la experiencia. En esa oportunidad ella había vuelto a experimentar sensaciones que creía olvidadas e irrepetibles, en tanto que de mi parte, el morbo de coger a mi suegra, me despertaba una calentura como hacía mucho tiempo no experimentaba.
Demás está decir que dada la relación familiar nos vimos con frecuencia después de aquel primer encuentro sexual. En todas ellas conservamos el recato y tratamos de no hacer relucir el deseo que continuaba latente. Sin embargo en ocasiones que quedamos solos conversamos sobre el tema de nuestra relación. Ella me contó que desde hacía como seis años que no tenía sexo, y que además las relaciones de ese tipo con su esposo cuando vivía, habían sido muy convencionales, es decir que no había juegos previos y todo se reducía a unos besos, un poco de toqueteo en los órganos genitales y en seguida la penetración. Más de una vez se había quedado sin llegar al orgasmo. Parece que esa situación era muy común en matrimonios de cierta edad donde la templanza podía más que la pasión.
Ahora voy a contarles como pudimos volver a encontrarnos para repetir nuestros juegos sexuales.
Una mañana mi esposa recibe un llamado de su madre, pidiendo mi presencia para ver unas cuentas que le habían llegado por un impuesto pagado fuera de término, pues quería ver cómo resolverlo.
A mi llamó la atención el motivo que anunciaba, pero marché presuroso a verla en su departamento de camino al trabajo. Llevaba la secreta esperanza de que se tratara de una estratagema para encontrarnos a solas.
En el camino manejando, iba recordando la primera vez que pude ver a mi suegra desnuda por unos minutos. Fue en mi casa al poco tiempo de casarme. Ella se había quedado a dormir, y cuando se estaba bañando se abrió la puerta del baño y quedó expuesta a mi vista en su desnudez a pleno. Si bien ella no se había dado cuenta pues estaba enjabonándose con los ojos cerrados, no pude detenerme mucho tiempo por temor a que me descubrieran fisgando. En otra oportunidad, en su departamento, tuve que ir al baño y allí encontré caídas las bragas que se había cambiado. Las llevé a mi cara y mi nariz se sumergió en ellas para tomar contacto con los olores de sus jugos vaginales que me embriagaron de deseo. En esa oportunidad me excité tanto que no abandoné el baño sino después de hacerme una bruta paja oliendo las bragas de mi suegra y mojándolas con mi esperma.
Cecilia me recibió con una vestimenta digna de una estrella de cine. Lucía una bata color negro entreabierta que dejaba ver un corpiño, bragas, portaligas y medias del mismo color. Había acusado recibo de un comentario que le hice la vez anterior en el sentido que la ropa interior negra me excita sobremanera y me predispone muy bien para el amor. Realmente me impactó esa vestimenta y me calenté mucho más.
No bien cerró la puerta del departamento me empujó hacia una pared y me estampó un tremendo beso de lengua que duró un par de minutos mientras nos abrazamos fuertemente. Cuando logré zafar de ese beso la tomé de la mano y la llevé hacia el living.
Me senté en una silla mientras ella se mantenía de pie a mi lado. En esa posición comencé a acariciarla. Primero su cara, luego su pecho amasando ese par de tetas que me fascinaban. Lentamente mis manos bajaron y se deslizaron por sus piernas para detenerse en el vértice deseado. Jugué con su vello púbico haciéndole rulos. Deslicé un par de dedos en su raja que ya estaba mojada de sus jugos. La abrace fuerte y besé apasionadamente sus senos, pecho, abdomen y su almeja, mientras mis manos se aferraban con fuerza a su culo y deslizaba un par de dedos por su raja posterior. Entre suspiros, Ceci me tomaba de la cabeza dándome besos en ella y diciéndome lo bien que se sentía.
En un paréntesis la miré a los ojos y le pregunté
…Supongo que lo del impuesto era una excusa para volver a vernos a solas, no? Por lo que veo no hubo reproches de conciencia…
… Un poco si, para que lo voy a negar, pero la sesión de sexo que tuvimos días pasado fue tan extraordinariamente buena, que el placer experimentado superó todo el remordimiento que pudiera haber sentido. No te imaginas lo que es volver a sentirse sexualmente completa. A mi edad yo pensaba que esas vivencias ya no las podían volver a sentir. Además me hiciste hacer cosas que nunca pensé que las haría. No veía el momento de poder volver a repetir esos momentos. Para eso inventé eso del impuesto. Quería que vinieras lo más rápido posible para que volvieras a hacerme feliz otra vez, lo harás, no? …
…Por supuesto Ceci. Y te garanto que la volveremos a pasar tan bien como aquella vez. Solo con verte como estas vestida has despertado mis pasiones más locas…
… No se hable más y pasemos a los hechos para aprovechar la mañana...
De inmediato nos fuimos a la cama. El deseo no podía esperar más, me tomó de la mano y nos metimos en la habitación, no sin antes tomar la precaución de dejar la puerta de entrada trabada.
Esta vez no hubo tanto recato y cortina bajas como había acontecido la vez anterior. Todo transcurrió a la luz del día, lo cual era lo que más me apetecía porque siempre me gustó ver la desnudez femenina en todo su esplendor.
Rápidamente me puse a la tarea poniéndola desnuda. Una de las cosas que más me excita es desnudarla sacándole las prendas muy lentamente y al mismo tiempo besar y pasar mi lengua prolijamente por todas las partes descubiertas. Quité su bata besando sus brazos, torso y piernas. Ceci me respondía con ronroneos como una gata mimosa. Llegó el turno del corpiño que liberó ante mis ojos su par de tetas que ya mostraban los pezones duros por la calentura. Atrapé cada una de esas tetas con mis manos y comencé a darle masajes circulares estrujándolas a cada momento a la vez que susurraba en su oído palabras procaces que parecía excitarla aun más. Luego llegó el turno de los pezones. Estaban duros como piedras, así que empecé rozándolos suavemente con mis dedos para terminar con ligeros pellizcos, y acabar metiéndolos en mi boca para chuparlos y morderlos. Ceci ya estaba en la gloria.
Luego bajé mis manos y muy despacio empecé a deslizar sus bragas hacia sus pies. Cuando estaba totalmente desnuda comencé a acariciarla suave y despacio, besar su cara y cuello. Ceci tenía una híper sensibilidad en el cuello y orejas así que fue hurgar y lamer esas zonas para que empezara a excitarse sobremanera dejando escapar los consabidos suspiros y quejidos. Rápidamente empecé a buscar con mi mano la entrepierna para jugar con su vello púbico y a frotar suave pero rápidamente su vagina, sin llegar a introducirle mis dedos. Eso lo dejaba para más adelante. En cierto momento detuve mis caricias para anunciarle
… Esta vez será algo distinto porque ya superamos muchas barreras, entre ellas la de la primera vez, en donde todo fue dejar librado a nuestros instintos la pasión contenida de tus años de abstinencia y mi loca sorpresa de coger a mi suegra. Hoy debemos darle al encuentro un toque de erotismo y desenfado así que te voy a pedir que te levantes y te pasees ante mí desnuda así puedo apreciar tu cuerpo desnudo en toda su dimensión a la luz del día…
…Te parece? Te va gustar? Tengo algo de vergüenza.
… Sin duda, si no, no te lo pediría…
Comenzó a moverse de un lado a otro. Yo la guiaba con una de mis manos, mientras que con la otra le acariciaba el culo, las tetas y la conchita cada vez que pasaba. En uno de esos movimientos la hice sentar en mis rodillas y dándole besos la empecé a franelear más intensamente. Mis manos buscaron su vértice piloso y comencé a pasarle mis dedos por su raja en el clásico movimiento vertical, deteniéndome cada tanto en su clítoris para rozarlo, apretarlo y pellizcarlo. De a poco fui introduciendo mis dedos en su cueva a modo de una verga acariciando sus genitales por dentro. Mis dedos se regaron con sus jugos. Así mojados se los puse dentro de su boca para que los saboreara, intuí que era la primera vez que los probaba por la cara que puso. Mientras tanto su respiración comenzó a acelerarse y su boca dejaba escapar gemidos de placer. De a uno fueron sucediéndose varios orgasmos que la ponían tensa y temblorosa a la vez.
Cuando me detuve un instante Ceci aprovechó para tomar la iniciativa. Se dejó caer de mis rodillas y agachada, tomó mi herramienta con sus manos y se detuvo unos momentos observándola de la cabeza al tronco y descapullándola después. Parecía que estaba reconociendo el terreno porque de inmediato se llevó mi poronga a la boca para darme una mamada tan buena como la anterior. Está vez jugó con su lengua en el glande dándole lamidas y metiendo la punta de la misma dentro del conducto urinario dándome un goce difícil de describir. La detuve a tiempo porque estaba a punto de correrme.
Me puse de pié y aprovechando que estaba arrodillada comencé a pasarle una y otra vez mi verga por todo su rostro, pringándola con mis jugos pre seminales. Me agaché poniendo mi pecho a su espalda para tomarla de sus senos y exprimirlos con una mano, mientras la otra volvió a la almeja para seguir acariciándola.
Ya estábamos listos para la cama, suspendimos el diálogo y continuamos ahora si con la acción. De a poco Ceci se fue bajando hacia mi entrepierna y tomando mi pene se lo introdujo de una vez en su boca empezando a darme lengua y mas lengua, mientras que su mano comenzó el sube y baja de una bonita paja. Cada tanto me mordía suavemente produciéndome un suave shock eléctrico que me estremecía. Así estuvo varios minutos dándome placer hasta que tuve que pedirle que parara, y la invité a hacer un sesenta y nueve.
Entonces empecé a darle una mamada a su vagina con todas mis ganas. Chupar conchas siempre fue mi fuerte. Por supuesto que ante ese embate Ceci detuvo su mamada y se dejó estar para recibir su cuota de placer. Mi lengua trabajó a destajo yendo y viniendo por el conducto vaginal, introduciéndose y mordiendo. Así estuve largos minutos. Nuevamente los gemidos cada vez más profundos y el pedido de que no parara. Me di cuenta que estaba llegando nuevamente a un orgasmo y me detuve para decirle
… Ceci querida, sería muy bueno que los dos llegáramos a acabar al mismo tiempo, te garantizo que puede ser otra experiencia maravillosa que no has tenido hasta ahora, dame esa oportunidad. Vamos sincronizando las mutuas mamadas y anunciando cuando estamos próximos al orgasmo. Recuerda que voy a acabar en tu boca y vos en la mía. Ambas nos vamos a tragar los líquidos del otro y chupar hasta que no quede ni una gota, de acuerdo?...
… Lo que vos digas está bien. Sigamos que estoy recontra caliente y quiero sentir nuevamente las sensaciones de un orgasmo…
Y la acción siguió. Cada uno poniendo su mejor empeño en la tarea dándonos a full. Cuando yo empecé a ver que ella se ponía tensa, a la vez que a mí me empezaban los cosquilleos previos a la eyaculación, le dije
… Ceci, creo que me estoy por venir, a vos te falta mucho?...
… No Papi, estoy llegando al cielo y pronto. Muérdeme el clítoris un poquito que yo también me vengo…
… Por supuesto mamita, ahí va…
… Ay, ay, ay, esto es una locura, siento que estoy yendo. Dame más que ya acabo…
Y pasó lo que tanto chupar y chupar cada uno lo suyo había provocado. Una explosión de placer que nos hizo temblar y convulsionarnos al mismo tiempo, mientras su boca se llenaba de esperma y la mía de sus jugos vaginales. Ceci casi se ahoga cuando recibió el chorro porque en ese momento tenía la pija muy adentro de su boca, pero resolvió muy bien la situación empezando a tragar mi semen y a degustarlo. Cuando se dio cuenta que no salía más líquido de mi miembro, golosamente limpió lo que quedaba chupando los restos, al tiempo que me decía
… No está mal, es sabroso. Es salado y con sabor agradable. Tenías razón cuando me dijiste que me voy a volver adicta…
… Yo sabía que te iba a gustar. Es algo distinto a todo lo que has probado. Ese gusto no lo vas a encontrar en ningún lado salvo que sea con otro hombre…
… Con el tuyo me basta y sobra. Pero ahora relajémonos un poco porque seguramente habrá más, no? No me vas a dejar con las ganas de sentir ese pedazo en mi conchita, por favor…
… Por supuesto que habrá más, pero mi instrumento y mis testículos necesitan un rato para reponerse. Estás de acuerdo?...
… Lo que tú digas…
Y nos recostamos de espaldas uno al lado del otro. Para no dejar caer la temperatura comencé con mi mano a acariciar los vellos de su triángulo, haciendo rulos. Despacio me fui dando vuelta hacia ella y con la otra mano a tocarle los pezones pellizcándolos suavemente, los que rápidamente reaccionaron poniéndose duros. Fue en ese momento que comencé a chuparlos mientras que con la mano apretaba las tetas con fuerza. A todo esto, la otra mano seguía con los pendejos pero cada tanto introducía un dedo en la cueva y pellizcaba el clítoris. Con estos movimientos al unísono logré que Ceci empezara a ponerse a mil y apelara a mi pedazo acariciándolo. En seguida empezó un ligero masaje y como el flaco no reaccionaba todavía le dije
… Dame un poco más de tiempo para ponerme a tono. Pero si tal vez te lo pones en la boca y lo chupas un poco, sienta deseos de volver a la vida…
Lo hizo de inmediato. Tomo el fláccido pene con una mano y se lo llevó a la boca empezando a chupar con mucha suavidad. Con la otra mano me acariciaba los testículos. Esas maniobras dieron su fruto al cabo de unos minutos y mi poronga empezó a tomar vigor. Cuando me sentí duro nuevamente me liberé de su chupada y empecé un franeleo con mayor intensidad. Mi boca volvió a buscar sus esplendidas tetas y a succionar sus pezones, mientras que con mis manos nuevamente apretaba sus redondeces estrujándolas casi con desesperación.
Ceci también tomo iniciativa, me agarró el palo y volvió a pajearme, demostrando que ya había recuperado sus conocimientos juveniles. Fue ese momento que le propuse irnos a un sillón del comedor para practicar otra pose. Me senté y le pedí que se sentara sobre mi pija, rápidamente se dejó caer hasta que se la metió con decisión hasta el fondo de su concha. Se escuchó un fuerte gemido dándole la bienvenida. Ella entendió el juego rápidamente, y una vez que hubo recibido bien el tronco en todo sus interior, inició un sube y baja que nos daba mucho placer. Ya próximo al orgasmo, le pedí que se detuviera, para cambiar de posición. Se dio vuelta y quedamos enfrentados pero siempre con mi falo penetrando en su totalidad la cueva del placer. Fue allí que le dije.
… Suegrita, seguí cabalgándome pero ten cuidado que en cualquier momento me vengo…
… Yo también estoy casi a punto de caramelo, pero estoy gozando tanto con el pedazo bien adentro que quisiera demorarlo un poco, me dejas?...
… Por supuesto. Yo también estoy gozándote como si fueras una puta profesional, lo bien que lo estás haciendo…
… Ay no me digas así que no me gusta. No me compares con una puta…
… Lo que pasa es que lo vienes haciendo tan bien que parece que lo hubieras hecho siempre así?…
Interrumpimos el diálogo porque el goce era tanto, que no había lugar para palabras. Solo suspiros, gemidos, gritos y respiración muy profunda preanunciando el orgasmo que se avecinaba. Nuevamente tuvimos la suerte de coincidir con el momento crucial. Y allí se fue mi segundo polvo dentro de la veterana vagina de mi suegra entre sus gemidos de placer. Luego lo de siempre, silencio por unos minutos hasta que recuperamos el habla. Fue ella la que empezó.
… Realmente estás gozando conmigo o lo haces de puro antojo de cogerte a tu suegra? Me dijeron que todos los hombres tienen esa fantasía tarde o temprano. Dime la verdad porque no me gustaría que solo fuera un capricho…
.. Creo que ya te lo dije. Si bien es cierto que la fantasía con la suegra siempre está, contigo fue un deseo desde primer día que te conocí. Desde ese momento me gustaste y sabía que llegaría el momento en que el deseo se iba a convertir en realidad. Tardamos un poco, pero valió la pena, no? Y tú qué me dices?...
… Gracias por decirme eso. Has hecho que este momento de sexo y lujuria también sea completo. Y que te puedo decir? Que he gozado como una loca chupando esa verga dura y parada y bebiendo la leche que me diste. Que sentir ese pedazo dentro de mi cueva fue una sensación de maravilla. Por momentos deseaba que no tuvieras que parar y seguir así todo el día. En fin, un goce absoluto que espero no acabe aquí. Seguirás viniendo?...
…S i tú me dejas, ya lo creo. Espero que no vuelva a pasar mucho tiempo para que tengamos otra oportunidad. Recuerda que aun tenemos muchos juegos por realizar, y estoy seguro que te van a gustar…
Luego de un rato en el cual nos quedamos pensando. No sé qué pensaba ella. Yo empecé a recordar el día que la conocí y cuando me dije en ese momento, yo me voy a coger a esta mujer. Aclaro que siempre, desde muchacho me gustaron las mujeres mayores que yo.
Nos levantamos, nos vestimos, volvimos a darnos unos chupones de lengua para luego despedirnos.



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