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Mi comienzo 5

CAPITULO 5
Casi una semana había transcurrido desde nuestra fiesta privada con Miguel y Jorge. Lentamente mi culo estaba dejando de dolerme y ya comenzaba a pensar en tener un pene metido hasta el fondo en el.
Era un viernes a la tarde y me decidí a llamar al número que Miguel me había dado. Cuando me identifique me dio la sensación de alegrarse por la llamada, me dijo que toda la semana había esperado que yo lo llamara. Me pregunto dónde estaba y me dio una dirección donde dentro de una media hora me pasaría a buscar. Deduje que estaba en su casa, dado que ese es el tiempo que habíamos tardado en llegar allí el sábado anterior. Cuando llego me subí a su auto y seguimos viaje, directamente a su casa. Miguel venia vestido muy deportivamente con una remera y unos shorts que no dejaban nada a la imaginación. Para entretenerme durante el viaje metí la mano por debajo del short y allí estaba el objeto de mis sueños.
Miguel no me dejo mucho para entretenerme porque me dijo que necesitaba concentrarse en manejar y que yo lo iba a hacer chocar. Así que me quede quietito en mi asiento y lo único que volaba era mi imaginación.
Una vez que llegamos Miguel me llevo directamente a la habitación de los espejos, me desnudo y yo hice lo mismo con el , y una vez en la cama me dedique de inmediato a tratar de domesticar al monstruo con mi boca. Debo decir que esta vez conseguí metérmelo hasta la mitad, tratar de tragar mas hubiera significado que me extirpaba las amígdalas. Teniéndolo en la boca casi no podía mover la lengua para saborearlo mejor y tampoco podía mamarlo más que unos pocos centímetros. Miguel lo extrajo de mi boca, me hizo dar vuelta y con dos o tres dedos procedió a echarme un lubricante por alrededor y adentro de mi culo. Satisfecho de cómo estaba, se dejo caer de espaldas sobre la cama y me dijo que me montara sobre el, dándole la espalda. Era una posición que aun no había hecho con Jorge, pero con el poseedor de semejante pene, quien se iba a poner a discutir. Me acomode como el quería, poniendo mis manos sobre sus muslos. El me tomo por las caderas y dirigió mi culo expuesto hacia su miembro. Cuando empecé a bajar sobre él me asuste. Estaba tan lubricado que entro sin ninguna dificultad. Me detuve para acostumbrarme a tener ese miembro en mi culo y seguí el descenso. Al mismo tiempo me fui enderezando para sentir cada unos de esos centímetros. Cuando mis nalgas quedaron sobre su vientre me concedió unos minutos para habituarme y luego comenzó a hacerme subir y bajar sobre el. Como yo estaba en control del ritmo y decidía la profundidad y la altura les aseguro que pocas veces en el tiempo que llevaba dedicándome a tener sexo con hombres había disfrutado tanto. Llego un momento en el que ya no pude contenerme más y empecé a saltar sobre su pene como un energúmeno, dejándolo que llegara hasta donde no pensé que nada pudiera llegar. Miguel también empezó a pegar brincos y llegamos a una explosión conjunta. El me lleno el culo de su leche y yo acabe sobre sus piernas sin habérmelo tocado.

Me quede sentado sintiendo como disminuía poco a poco de tamaño. Asi también parte de su semen podía escapar de mi culo. Finalmente me empujo un poco para que saliera y me deje caer a su lado. Recordando lo que le había visto hacer a Jorge la semana anterior, me puse a lamer su pene, limpiándolo de semen y todo otro rastro de nuestro polvo que tuviera.

Pronto tuve a Miguel de nuevamente listo. Su magnífico miembro estaba duro y yo no podía dejar de tocarlo. Nuevamente me lo metí en la boca cada vez logrando mayores progresos y disfrutándolo más cuanto más profundo lo introducía. Después de un rato Miguel nuevamente me hizo cambiar de posición, poniéndome arrodillado sobre la cama mientras el estaba parado a un costado. Nuevamente me lubrico con algún producto a pesar que yo anhelaba que me metiera primero la lengua y después los dedos para preparar el camino para su pene como ya me había acostumbrado Jorge.
Pero, recordando la facilidad con que me había cogido la vez anterior, no proteste en absoluto, sabiendo lo que vendría. Cuando me tuvo lubricado y dilatado a su gusto me acomodo y sin demasiados miramientos me lo metió, Creo que ya me estaba acostumbrando, porque la cabezota me entro sin problemas y el resto siguió de un solo empujón. Grite, no de dolor sino de placer y, aunque Miguel me metió los dedos en la boca seguí gimiendo todo el tiempo que me tuvo empalmado.
Ya no sabía cómo hacer para que me entrara mas, me retorcía para todos lados y siempre algo mas entraba hasta que definitivamente sentí que lo único que faltaba por entrarme eran sus pelos. Mis esfuerzos fueron recompensados por Miguel que también empezó a gemir y a llenarme el culo de espesa leche. Yo me quede quieto, esperando esta vez poder retenerlo lo suficiente y por que no, conseguir que volviera a crecer dentro de mi culo. Pero, todo lo bueno tiene su final y así fue también aquí. Lentamente se fue reduciendo y finalmente se salió, quedando únicamente grandes cantidades de semen que lentamente se escurrían de mi culo.
Yo, que no había acabado y me deje caer de espaldas en la cama. Tome la mano de Miguel y le pedí que me lo mamara o que me dejara metérselo para satisfacerme también a mi pero no hubo forma. Me dijo que él no lo hacía y lo más que hizo fue masturbarme de una forma impersonal y mecánica que no me dio nada de placer. Por suerte mi culo palpitante me recordaba que si había valido la pena la tarde.
Mas tarde Miguel me llevo de vuelta al centro de la ciudad y quedamos en mantenernos en contacto.


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