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LA CÁRCEL, CAPÍTULO 3 Y FINAL.

Al final mi compañero de celda y yo nos hicimos amantes.
Cuando el funcionario cerraba la puerta de noche para dormir, el chico bajaba a mi litera y nos comíamos la boca salvajemente, preludio de las enormes mamadas mutuas y las buenas embestidas que me arreaba en mi xoxa anal el nene antes de vaciarse todo en mi boca, que, como todo el que me conoce, sabe que me gusta.

Mi compañero estaba un poco loco, y a veces le gustaba fantasear con vejarme y maltratarme fuerte antes de follar, cosa que a mi me gustaba, pues tampoco podía propasarse ya que las marcas se verían ante los funcionarios. Le gustaba despertarme a media noche con un buen bofetón o metiéndome directamente su polla en al boca mientras dormía; su polla, grande y venosa, aunque llena de cicatrices profundas de todo tipo, de las torturas que sufió de más joven en su barrio marginal, según me contó un día, después de follar.

Pero, pasados unos días, y como preso de más tiempo que yo, me contó algo que me hizo casi cagarme en las bragas:

-Puta mía, no creo que te quede mucho tiempo junto a mi.
-¿Y eso?
-Tu novio aquí te reclama. Lo escuché ayer. Debes estar preparada. te llevarán abajo, a mi me lo hicieron. Solo que al gordo no le gusté, no sé que fue peor, me han contado de todo...

-¿El gordo asqueroso que me tiró en el baño?
-Seguramente, ese tío manda aquí más que los funcionarios. Trapichea con todo, recibe favores y los da, ajustes de cuentas. No te conviene ponerte tonta, a alguna putita como tu la han sacado por la lavandería con los pies pa alante...
Aquello me dio que pensar, ya imaginaba que aquella vida tranquilla allí sólo era un espejismo, el trasfondo debía ser mucho peor, con tanto preso, drgas y otras cosas...

Pasaron tres días desde aquella conversación, cuando a media tarde vino el gordo funcionario a buscarme. Serían sobre las 7, ya de noche.
Me hiceron bajar tres niveles, uno de ellos por escaleras sucias que no se frecuentaban oficialmente, dado el estado de abandono. Al fondo, tras una puerta metálica gruesa y oxidada, una habitación enorme y fría, alumbrada por una ténue bombilla en el techo. A los lados, una especie de sillones cubiertos por sábanas blancas con el sello del lugar. Con un seco siéntate el funcionario me ordenó quedarme en uno de los sillones y se marchó por aquella misma puerta, cerrando con llave.

Me levanté temorosa a observar dónde me encontraba. Las paredes cubiertas de humedad y el ligero pero penetrante olor a cloaca me hacían imaginar que estaba en un sótano. Los sillones y una mesa sucia de madera grande al fondo. Un armario de critales casi blancos del tiempo y la suciedad que tenían. Me acerqué a ver que había dentro sin abrirlo, pues estaba cerrado con candado. Justo en ese momento escuché ruidos con lo que me senté corriendo en el mismo sillón.

AL abrirse la puerta, varias personas entraron, incluído el funcionario conocido. También estaba el gordo salvaje y desfilaban bastantes mas. Todos, además con esa luz, tenían una pinta horrorosa, las peores que haya visto nunca.

Me miraban con mirada lasciva y obscena, debían ser como 12 o 15, se reían mirándome con la boca mellada la mayoría.
El gordo salvaje, Fran desde ahora, fue hasta el armario, al fondo y lo abrió. Traía unas correas en la mano con hebillas y otros artilugios.

-Desnudate nena -me espetó secamente-

Recordé las palabras de mi amante en la celda "no te conviene ponerte tonta"...
Tras desnudarme Fran me colocó un arnés que me tapaba la vista atado al cuello, otros artulugios que entraban en mi boca,, a modo de embudo, de cuero y metal y que se enganchaban en mi cara. Grilletes anulando mis manos y pies y otro arnesque cubría mi trasero y pollita con una abertura central a cada lado...

Se escuchó una palmada y un monton de sonidos y respiraciones de acercaron a mi. Ahora decenas de manos me tocaban toda. Una se metío en la raja de mi culo hasta el esfínter sin detenerse, empujando hasta penetrar mi vagina anal.

Los hediondos alientos cruzaban mi cara, con sus lenguas pútridas lamiéndome la cara, cuerpo, algunas se desplazaban hasta mi ano. En unos minutos sentí como una polla penetraba mi ano. El olor inconfundible de otra rondaba mi naríz y tras unas risas (nadie hablaba) empecé a notar que alguien orinaba en el embudo de mi boca, corriendo el pestilente líquido directo a mi estómago, sin poder moverme. A paritr de ahí las penetraciones se sucedieron. los gritos de placer de esa gente crecían mientras dos pollas se hundían en mi xoxo anal y otras dos lo hacían en el bucal.

-Ah, ah. Notaba eyaculaciones por todas partes. Por mi boca, cara, cuerpo, dentro del ano bien profundo...El semen se acumilaba brutalmente en todos mis orificios, me sentía tan llena como nunca por todas partes y no cesaban los ríos de leche. Mi estómago a explotar de litros de esperma y mis tripas igual. Creo que después entraron más a la habitación. Durante horas recibía semen por todas partes. Estaba hinchada. No sé cuántos hombres habría depositado su sucia pero jugosa semilla en mi...tal vez 30 ó 50...increíble...

Me sentí de repente mareada y con gans de vomitar ante ese aluvión de lefa. En ese momento me quitaron todos los arneses y correas de cuero del cuerpo. Delante de mi Fran, desnudo, se llevó el cuero al armario y vino con un látigo masturbándose con la polla dura. En la mano llevaba otra cosa.
-No quiero que pase lo que la otra vez, le susurró a uno.

Me abrió de piernas y se agachó. Noté un pinchazo fuerte entre mi ano y genitales. De repente todo se volvió blanco, alucinaba, veía cosas extrañas, gritos, pero no podía hablar...

En la mesa desvencijada Fran me follaba el ano con su gruesa polla venosa, bombeando salvajemente mi esfinter que salía y entraba al vaivén brutal de esa bestia, a la vez que sacudía brutales latigazos con la fusta acabada en espinas de acero duro, qeu desgarraban y sangraban mis piernas, gotenado el líquido rojo mesa abajo. Sacó su polla del ano y con cara de loco hundió la punta del látigo entre las carnes de mis glúteos, acertando a desgarrarme mi xoxa, tirando salvajemente hasta estrellarme en el suelo. El sádico me folló después m pobre xoxa anal desgarrada con más fuerza aún hasta que de varios gemidos que otrnaban el lugar eyaculó fuerte y bien dentro de mi ano.

Yo sólo veía luces de colores y no me enteraba de nada, aunque no estaba dormida.

Tal vez a los dos días cuando pude verme no lo noté. Pero más tarde y para toda la vida ese novio carcelario dejó mi coño marcado, muy marcado como un perra....






Aviso: Esta hidtoria es de ficción, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.




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