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ROSITA Y CLARITA PARTE I. AÑO NUEVO SORPRES

Saludos a todos los lectores que en este momento disfrutan de una buena lectura para apasionar sus momentos, bien sea fantasiosos o reales. Ya me conocieron anteriormente por mi experiencia en la plaza y allí encontrarán con mayor precisión como soy yo. Todas mis experiencias son de la vida real y poco a poco las voy a compartir con ustedes.

Esta historia ocurrió el 1 de enero hace 10 años; yo tenía para la época 24 años y trabajaba en una tienda de alquiler de películas. El día anterior lo pasé con mis familiares más cercanos para recibir la llegada del nuevo año. Yo estaba tomando whisky desde temprano y a pesar de haberme tomado una botella entera prácticamente solo, no sentia ningún malestar; todo lo contrario, me sentía bien y con ganas de seguir en el ambiente navideño, como todo el mundo.

Una hora después de haber dado los abrazos de feliz año a mis familiares y mis compañeros, decidí ir a la casa de Clara, una compañera de trabajo de ese entonces. Ella vivía a tres cuadras de mi. Por si acaso, me llevé un vaso bien lleno de whisky y recorro el camino hasta llegar a su casa; en la calle se veía el enorme festín de hermandad, de rumba, de bailes, de todo; todo eso lo vi en el trayecto a casa de ella. Y la casa de Clara no es la excepción.

Una vez en su casa me llevé la primera sorpresa de la noche. ¡¡Estaban bebiendo el mismo whisky que tomaba yo (White Label)!! Llegó el jefe de la casa bastante tomado quien fue el primero en saludarme y salió el abrazo de feliz año. No había mucha gente bailando y lo hacían con las luces a medio apagar. Entré a la casa para seguir dando feliz año en el siguente orden: José el hermano menor de Clara, mi compañera de trabajo quien estaba en la sala y su dulce madre Rosita quien estaba en el fondo de la cocina y que aun no habia visto. Sin embargo, poco imaginaba yo la sorpresa que iba a recibir horas más tarde.

Clara se asombró de verme por lo que me preguntó:

- Hola. ¿Cómo estás pasando el año nuevo?

- Bastante bien. ¿Y tú cómo la estás pasando?

- De maravilla. ¿Y eso tu por aquí?

Le contesté:

- Vine a buscar la cámara de video. Me llamaron a última hora para grabar algo por la tarde.

- ¿Te la vas a llevar ya?

- No. Sería arriesgado. Acuérdate que no me pertenece.

- Ah. Yo creía. ¿Ya viste a mi papá y a los míos?

- No. Tu papá me recibió afuera, pero a tu mamá no la he visto.

- Está en el fondo de la cocina. Si quieres ve hasta allá y la saludas.

- Ok. Lo haré.

En ese momento no hallaba la manera de explicar que iba a suceder algo; no obstante no le hice caso a lo que sentía. Entro al fondo de la cocina y veo a Rosita altamente escultural, quizá no tenga una figura de miss, pero sí tenía su encanto (y todavía lo tiene.

Rosita es una mujer que me lleva alrededor de quince años, con un esposo sin trabajo para la época, dos hijos (uno se le murió hace años debido a un cáncer) es morena, cabello corto, sonrisa erótica, sensual y lasciva a la vez, como queriendo decir que todavía da la batalla, siempre con unos pantalones bien ajustados que hacen que se le marque la figura de su cuerpo y de su corazón, y unas blusas que parecieran no soportar el volumen de sus tetas. Además, algo dentro de mí me decía que es una mujer muy caliente apenas le encienden su cucharón, pero no tenia ni la menor idea de cómo calentársela si se me presentaba la oportunidad. Cuando entré a la cocina, no estaba allí; y de repente siento un ruido en el patio trasero de la casa, y cuando me asomo para ver qué ocurría, era Rosita. Estaba de espaldas y pude contemplar su esbelto cuerpo; estaba sacando una basura por la puerta trasera que da directamente a una plaza que conduce a una calle. Procedí a saludarla.

- Rosita feliz año.

Ella se voltea y me saluda con felicidad y brillo en los ojos:

- Holaaaa.

Terminó de botar la bolsa que le quedaba para darme el abrazo de feliz año. Yo me acerco también para darle su abrazo.

Con mucha emoción me da un abrazo muy fuerte y me clava un beso profundo en la boca (segunda sorpresa de la noche. Me pregunta sin dejar de abrazarme:

- ¿Y eso que estas haciendo por aquí?

Pasmado todavía por el beso apenas pude contestar:

- Vine a visitarlos un rato, además de hablar con tu hija para pedirle la cámara.

- Pero bueno ya te ofrecieron algo de tomar?

- No. Yo me traje un vaso lleno de whisky y se me acabó.

- Ya veremos que te puedo dar, dijo.

- Ok, le respondí.

Ya estaba también tomada pero no tanto como lo estaba su marido. Por fin me soltó y nos fuimos a la cocina, donde me preparó una buena ensalada que le quedó exquisita.

Al rato nos sentamos en la sala: el esposo, que ya no aguantaba ni una ronda más, Rosita y yo hablando un rato de los proyectos que ojalá se cumplan, sobre su perspectiva de trabajo, en una palabra, sobre los deseos que se cumplan para el año que está comenzando. José el esposo de Rosita me pregunta ya bastante tomado y casi dormido:

- ¿Y como va la cosa?

- Bien jefe como siempre.

- ¿Ya le pediste el deseo al año nuevo?

- Siempre le pido uno pero no me lo concede.

- ¿Y cual es?

- Que me traigan tres mujeres.

José y Rosita se echaron a reír.

- No estas pidiendo mucho

- No para nada. Más bien me gustaría tener un amanecer inesperado.

- Como es eso de inesperado

- Sorpresivo. Increíble.

- Ok ya veo. Yo hablé con Rosita para que te quedaras hoy aquí y te vas en la mañana.

- ¿Esta seguro?

- Los que se portan bien conmigo, merecen lo mejor de mí.

- Gracias.

- Orita me despido porque voy a dormir. Ya no puedo más.

- Ok, hasta más tarde.

- Ok.

Siempre he estado vinculado a esta familia. El hijo que se le murió estudió conmigo en la primaria. Ahora trabajaba con su hija. Y ya Rosita me dio un beso que no me lo podía quitar de la mente. Yo pensando y sintiendo todavía el beso de Rosita como si acabase de pasar, iba a pararme a buscar un vaso de whisky cuando de pronto una mano caliente me tocó la espalda.

- ¿Adónde vas?

Era Rosita. Le dije:

- Voy a llenar mi vaso de whisky.

- No estoy segura si quedó whisky pero si quieres ve a la cocina.

- Ok. Iré.

Revisé la nevera y para fortuna todavía quedaba una botella sin destapar. Destapé la botella y me serví mi vaso y procediendo a tomar el primer trago de ese vaso, me dirijo a la sala, tenían puesta un merengue y como no había bailado decidí sacar a Rosita. La invité a bailar y en pleno baila noté que me abrazaba casi igual a cuando nos saludamos.

Ella me preguntó entonces:

- ¿Ya José habló contigo que te quedas a dormir hoy?

- Sí, y me sorprendió ese gesto por parte de él. La única cosa es donde voy a dormir.

- En el sofá.

- Me parece bien.

Seguimos bailando cuando se acabó la canción de merengue y venia una bachata que estaba de moda. Ella la quiso bailar y yo la complací. Al comenzar la bachata noté cómo ella se me fue pegando mucho a mi cuerpo, me abrazó fuerte, como si fuéramos novios, y se pegó con furia a mi cuerpo, donde pude sentir por primera vez su durísimas y apetitosas tetas, que parecían querer romper la blusa que las encerraba. Se notaban los piquitos ya que ella no usa brassieres ni sostenes, y los sentía restregarse contra mí a cada momento; y se restregaba tanto que fue en ese momento en que mi palo comenzaba a crecer. Como las luces estaban casi apagadas y ya no había casi gente en la casa, la mayoría se habían ido a pasar la borrachera mientras que Rosita sintiendo mi espíritu ya crecido, aprovechaba la oportunidad para restregarse aún más de mí. Solamente las luces de la cocina estaban prendidas y no alcanzaban a alumbrar la sala; una pared cruzada impedía su objetivo. Ahí me di cuenta lo que ella quería en realidad pero no podía complacerla. Mientras estábamos bailando en la oscuridad me clavó otro beso aún más largo que el anterior, como queriéndome devorar vivo.

Recordando ella la conversación que tuve con José me preguntó:

- Lo del deseo de las tres mujeres era un juego ¿no?

Le dije:

- Claro que sí. ¿Cómo se me va a cumplir ese deseo?

- Ten cuidado con lo que deseas porque se te puede hacer realidad.

Alcancé a decirle:

- Me encanta el riesgo.

- Dime una cosa. Si yo te pudiera dar algo, ¿Qué quisieras que te dé?

Le contesté susurrando al oído:

- Lo que te salga del corazón y que ese regalo tenga mucho amor.

- Ahora bien. Si pudiera pedirte algo para que me lo regales y ese regalo sea eterno ¿Qué me darías?

- Mi corazón, mi vida y mi alma; en una palabra, todo mi cuerpo – le respondí.

Era una respuesta sincera de amistad pero creo que desencadenó algo más porque en sus preguntas me cambió el tema. Me volvió a desbancar cuando me dijo:

- ¿Qué me hiciste?

- Que te hice qué. No te entiendo la pregunta.

- De verdad que me hiciste porque me volviste loca.

- Simplemente ser yo mismo. No me digas que te gusto.

- Para serte sincera, sí.

Aquello me dejó mudo.

Terminó la canción y nos fuimos al sofá para sentarnos y allí hablar un rato. El tolete que ella sentía cuando bailaba se calmó luego de estar hablando de otras cosas sin importancia.

Sería alrededor de las dos de la mad**gada cuando decidieron apagar los equipos porque se iban a acostar a dormir. José el hijo estaba rendido y se acababa de acostar, Clara preparaba una última cosa antes de acostarse, José el viejo tenía ya largo rato durmiendo y a pesar del ruido no se despertaba y Rosita se metió al cuarto para traerme lo que sería mi cobija. Era evidente que todo el mundo estaba rendido por el cansancio, pero yo no. Mientras me tomaba el último vaso de whisky Rosita me trae la cobija y me prepara el sofá para dormir.

Ya preparándome para dormir un rato Clara apagaba las luces de la cocina y se fue a dormir; y a su vez Rosita desde la puerta de su cuarto también se despedía. Yo les desee buenos días a las dos y se acostaron; me iba a acomodar cuando veo frente a mí por las pocas luces que entran de la calle a Rosita, quien quería un beso largo y profundo, y agarrarme mi palo como despedida. Le dije que me llamara a las seis porque debía realizar una trabajo en la casa temprano; además de recordarle que mi cuerpo le pertenecía y lo podía tomar cuando quisiera y las veces que quisiera.

Procedí a quitarme la ropa porque duermo desnudo, me cobijé e hice el intento de dormir, pero era difícil por la bulla que todavía habia en la calle. Puse la alarma de un reloj a las seis de la mañana para estar atento con el despertador. Mientras pensaba en los besos de Rosita y en las cosas que pasaron el espíritu se me volvió a levantar y de tanto a pensar en ello el whisky comenzaba a hacer efecto en mí, a tal punto que no sé en qué momento me vino el sueño y me dormí porque no sentí más nada.

Comencé a soñar de repente con Rosita que le estaba haciendo el amor y de golpe me desperté con mi palo totalmente levantado y con la decepción que solo era un sueño. Sin embargo, como a la media hora de volverme a dormir, siento que una brisa caliente recorre mis labios, mi lengua, recorre mi pecho lentamente hasta llegar a mi palo que sentí que estaba duro, sobresaltado abrí los ojos para confirmar que no estaba soñando y lo que vi me dejó boquiabierto, y esta vez no soñaba. ¡¡Era Rosita!!

Pude distinguirla por las luces de los postes que vienen de la calle y la ventana de la sala sólo permitía algunos minúsculos rayos de luz.

- Desde que me dijiste que tu cuerpo me pertenecía y que podía tomarlo cuando quisiera quise venir a comerte de una vez.

Todavía con el sobresalto y la sorpresa apenas pude decirle:

- No imaginé que quisieras devorarme tan pronto.

Comenzó a devorarme con furia mi verga, se lo tragaba completo, de arriba abajo, me lamía y relamía mis bolas mientras que sus manos recorrían primero mi pecho y luego mi cuerpo. Me incorporé en el sofá para darle espacio a ella y se acomodó. Sentía por instantes los nervios por el hecho que alguien se parase bien sea a orinar o a tomar agua; mas no me quitó el placer de estar al lado de Rosita.

- Tienes una verga deliciosa. Espera a que me chupes mi cucharota, -me dijo.

- Oh siiii. Me encantaría chuparte como nadie te ha chupara tu corazón.

Enseguida la acosté en el sofá para darle su merecida chupara de corazón. Me ahorró el trabajo de desnudarla, pues ya estaba desnuda en la oscuridad para cuando fue a buscarme a la sala. Fui rozando los bordes de su dulce cucharón con mi lengua hasta alcanzar a meterle y sacarle mi lengua y sentir su clítoris, quien tuvo que hacer un esfuerzo grandísimo para no gemir, pues cualquier gemido podría despertar la curiosidad de los que estaban durmiendo. A cada lamida y chupada de clítoris que le daba me agarraba con fuerza mi cabello además de moverse con desespero y frenesí, seguí aferrándome a su clítoris como si fuera un premio al que no estaba dispuesto a renunciar, y seguí dándole a mi lengua hasta que le hice llegar, y sentí su jugo vaginal irse a mi boca que como recompensa me la fui tragando.

- ¡¡Qué deliciaaaaa!! ¡¡Mmmmhhhhhhhhhhhhh!! ¿Qué hiciste para que acabara tanto?

Alcé mi cabeza al aire para agarrar un poquito de aire y le dije:

- Ya te lo dije mi amor. Ser yo mismo. Y si soy tuyo, pues disfrútame.

Acostada en el sofá me arrodillé en el piso para tener a Rosita al frente mío y así clavarle mi mandarria; comencé a darle mis primeros enviones, pero sentí que el sofá hacía mucho ruido con los movimientos que le daba a Rosita y lo detuve, pidiéndole hacerlo parado o en otro sitio en el cual no se sintiera ni se viera nada. Me llevó hasta el patio trasero de la casa donde para sorpresa de la dueña de la casa, la puerta no estaba trancada y se veía la plaza. Literalmente dejaron la puerta abierta y nosotros la aprovechamos para estar en toda la entrada trasera que ya no había mucha gente en la calle, sólo unos muchachos que estaban bastante tomados y a la distancia, por lo que no podían vernos allí porque hay un árbol que tapa hasta la luz, quizá sólo podían ver nuestras sombras, si es que se podía ver algo.

De todas mis experiencias Rosita fue la primera mujer que haciéndole el amor me tragué todo su jugo vaginal cada vez que ella acababa y también la primera que me llevó a un nivel de hacer el amor donde nunca creí poder llegar a hacerlo; fuera de las rudimentarias cuatro paredes de una casa o de un aburrido hotel.

Para mayor seguridad nos salimos de la casa por la parte trasera para evitar la posibilidad de algún ruido. Acto seguido la arrinconé a la pared, le levanté una pierna y mientras le colocaba la punta de mi verga en la puerta de su cueva; ella me agarró las nalgas con fuerza y me empujó violentamente y con todas sus fuerzas hacia ella, haciendo que la mandarria le entrara completa de una vez y sin anestesia. Comencé con unos enviones que después se convirtieron en gloriosas embestidas que le sacaban gemidos de dolor y placer haciéndola acabar por montón. Mi palo se bañaba bastante del jugo vaginal cada vez que llegaba.

En ese punto ya no nos importaba a ninguno de los dos si alguien pasaba por allí, si nos veían de alguna casa vecina o si los muchachos de la distancia nos veían aunque fueran las siluetas de nuestros cuerpos.

- Este cuerpo que tienes a tu lado es todo tuyo. Es mi regalo de año nuevo, y está totalmente disponible para ti cuando quieras, -me dijo totalmente excitada.

Le dije, sacando aire de donde no tenía:

- Mami, mi cuerpo también es tuyo para toda la vida porque este también es mi regalo de año nuevo para ti, porque te mereces esto y mucho más.

Con las frases que nos acabábamos de decir, ambos sabíamos que ya nos habíamos ganado el uno al otro para siempre.

A continuación sacó una silla que estaba detrás de la puerta y me hizo sentar en ella, estaba bastante fría pero no importaba, el calor de nuestros cuerpos nos impedía sentir frío. Luego de sentarme se encaramó encima de mí, y se metió mi verga de un solo golpe. Me hizo estremecer y casi me hace gritar pero me tapó la boca con sus fogosos y calientes besos de pasión y placer y mientras me cabalgaba con fuerza yo hacía lo mismo dándole durísimo hacia ella, y fue tanto tiempo cabalgándome que se podía oír lo mojadísima que se pone la cuchara de la mujer cuando está bastante húmeda y hay un palo entrando y saliendo con frenesí; mientras que yo seguía chupando y mordiendo sus ricas tetas. Ya sentía mis bolas bañarse de ese delicioso néctar que salía de su dulce cucharota. Después se volteó para darme la espalda sin sacarse mi mandarria que estaba en lo más profundo de ella. Era ella la que me cabalgaba, era su ardiente cucharota que mandaba sobre mi verga, mi verga sólo recibía los maltratos y cariños que le ofrecía esa cucharota a la vez que con sus manos me acariciaba y masajeaba mis bolas totalmente mojadas por el incontenible jugo que salía de Rosita, y las manos mías no se quedaron atrás masajeándole y apretándole las tetas que me encantaban chupar y sentir sus piquitos bien parados.. Luego de unos cinco minutos de cabalgarme me di cuenta que habia llegado otra vez cuando se echó hacia atrás tocando su espalda contra mi pecho lo que me indicó que ahora me tocaba hacer el trabajo a mí.

Aunque los dos ya estábamos bastante sudados eso no nos importó para nada, así como no iba a ser impedimento para continuar. La puse en posición de perrito y no fue necesario buscar su corazón pues parecía que mi verga habia cobrado vida y se fue solo y sin orientarlo. Le estaba dando tan duro como si quisiera que mis bolas entraran también en ese corazón, y era tanta la lujuria y la excitación que tenía Rosita que sus uñas se encajaban mi muslo y me dejaban marcas. Enseguida le vino otro orgasmo, y después de ese orgasmo yo sentí que me iba a venir también. Me suplicó que se lo echara toda adentro, que quería sentir mi líquido salir de su corazón, y que dejara mi palo adentro porque quería sentir como después de acabar mi palo va perdiendo vigor y salirse solo de esa profunda cucharota..

Llegado el momento de mi acabar le di una embestida final tan violenta que ella me clavó con mucha fuerza sus uñas en mi muslo, y lo hizo con tanta furia que sin querer solté un grito que logré ahogar mordiéndome los labios. A medida que le estaba soltando toda mi carga de leche, me le afincaba con mucha fuerza para que mi cargamento quedara en el fondo de su cueva, y cuando terminé dejé mi verga allí depositada hasta que salió rendida y sin fuerzas, tal como ella me lo pidió. Hoy en día tengo todavía las cicatrices en mis muslos producto de sus afiladas y penetrantes uñas, sin embargo las atesoro y las cuido como si fuera ayer.

Guardamos la silla que ella sacó y cerramos la puerta con mucho cuidado, para luego sugerirme que nos metiéramos al baño haciendo el mayor silencio posible y sin dejar ningún rastro en nuestro cuerpo de lo que ocurrió. Ya a esas alturas estaba totalmente seguro que nadie se iba a despertar producto de una noche de fin de año tan agitada. Alcanzamos a bañarnos juntos aunque el agua estaba bastante fría, a la vez que nos enjabonábamos juntos todos los rincones de nuestro cuerpo; y el restregarnos juntos hasta llenarnos por completo de jabón hizo que no sintiera fría el agua; después de bañarnos yo me volví a acostar en el sofá como si nada, sólo que esta vez no iba a poder dormir. No podía dormir sintiendo en cada parte de mi cuerpo lo que había acabado de vivir y sentir con ella.

Una vez acostado miré el reloj: faltaban veinte minutos para las seis de la mañana. Rosita vino hasta el sofá donde estaba acostado y me acompañó totalmente desnuda, lo que significa que cuando se bañó, en vez de irse a su cuarto prefirió pasar un rato conmigo; quería sentir la calentura de mi cuerpo un tiempo más. Y mientas sus labios buscaban los míos mi tolete volvía a crecer; ella lo sintió y se recostó sintiendo mi verga como se levantaba. Al mismo tiempo que nos dábamos un beso profundo, yo acariciaba y apretaba con dulzura sus tetas mientras que ella me acariciaba mi verga y me la agarraba con fuerza, queriéndosela meter de nuevo, queriendo sentir de nuevo cómo mi mandarria entra y sale de su dulce, excitante, apetitoso y jugoso corazón, queriendo sentir de nuevo cómo mi mandarria explota dentro de ella.

Me dejé caer al piso y Rosita se puso encima de mí, lo que me dejó la sospecha de estar al lado de una hembra súper ardiente e insaciable que estaba hambrienta de amor y de deseos de sentirse amada y deseada. Se clavó de un solo golpe mi mandarria y me cabalgó con fuerza, dominando un tolete que de por sí ya le pertenecía. Al cabo de unos minutos, se vino dos veces más hasta que finalmente los dos llegamos al mismo tiempo. Nos volvimos a meter al baño de nuevo para lavarnos, y cuando salgo a la sala ya la claridad del amanecer comenzaba a alumbrar poco a poco la sala oscura. En ese instante me confesó:

- ¿Te puedo hacer una confesión intima?

Le dije:

- Claro que sí. Total ya tienes una parte de mí, así como tengo yo una parte de ti. Dime lo que quieras.

Procedió a abrazarme cuando me soltó una bomba inesperada y sorpresiva.

- Nunca nadie me había hecho el amor como tú me lo hiciste hoy, ni siquiera mi esposo. Te agradezco de todo corazón por ese maravilloso, hermoso e inolvidable regalo de año nuevo que me diste. Llenaste todo el vacío que había en mí.

Aquello me hizo sentir que no me habia equivocado y que Rosita estaba muy necesitada de amor. Se me hizo un nudo en la garganta por escuchar aquella confesión, por lo que solamente pude decirle:

- Rosita no me tienes que agradecer nada.

Al oír mi respuesta me dio la más hermosa sonrisa de felicidad que haya visto alguna vez.

- ¿Cuándo nos volveremos a ver?

- Cuando tú quieras

- Lo tomaré en cuenta.

- Donde quiera que estés sólo llámame o mándame a llamar con tu hija, invéntale una excusa y allí estaré para ti, porque te digo de todo corazón, no quiero que vuelvas a pasar hambre de amor y deseo.

Con lágrimas en los ojos me respondió:

- Gracias mi amor – y me clavó otro beso profundo y largo.

Procedí a cambiarme para irme y hacer la diligencia con la cámara que tenia pendiente. Eran ya casi las siete de la mañana del 1 de Enero del 97. Rosita me buscó la cámara y nos volvimos a despedir con otro largo y profundo beso.

Durante el día estuve trabajando a una familia que me contrató para grabar un cumpleaños, y cayendo la tarde a eso de las cinco y después de grabar, fui a mi casa, me bañé, me cambié de ropa y volví a la casa de Rosita, donde estaba toda la familia y habían traído otras botellas de whisky donde había mucha comida y el jefe de la casa como cosas de la vida, me estaba esperando para servirme y hartarme de whisky que de paso, ya me tenía reservado un vaso y además se habló de todo lo ocurrido en la rumba (excepto lo de Rosita y yo), y deseando que se pueda repetir.

Jamás existió ni la más mínima sospecha de todo lo que vivimos Rosita y yo aquel día; sólo fueron testigos de esa entrega incondicional y de esa necesidad de amor el sofá, la silla, la puerta del patio trasero de la casa, la plaza que está detrás de su casa, y por supuesto la reinante oscuridad que contribuyó mucho a esa pasión.

¿Qué mejor regalo de año nuevo puede recibir una persona que éste?

Con el tiempo su esposo vendió la casa para pagar deudas y se fueron de la ciudad haciendo que tenga mucho tiempo sin ver a Rosita, pero sí veo de vez en cuando a Clara quien es la única persona de la familia que sí tenia la sospecha de que al menos me gustaba su madre, cosa que desmentía a cada momento, y con la ayuda de mi serenidad nunca se lo di a demostrar. Quien quita, es probable que hable con Clara para sacarle información con mucha discreción acerca de donde están viviendo ahora; sin embargo, el recuerdo de nuestra primera vez, lo tengo a cada momento hasta en los poros de mi piel como si hubiese acabado de suceder, porque algo me dice que una súper hembrota sexy y caliente como Rosita se siente y se disfruta una vez cada cien años.

Antes que su esposo vendiera la casa, tuve otras dos salidas con ella y su familia. Pero eso se los contaré en otra oportunidad.

Para sus comentarios escriba a:

assangar@yahoo.com



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