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LA CÁRCEL, CAPÍTULO 1.

Por circustancias de la vida, por portarse una mal, un día la nena tuvo que poner sus sucias bragas en la cárcel, trullo, trena o como coño os guste decir.

Así que una mañana, después una larga noche de calabozos y antecedentes varios, la nena ingresó alli, asustada, pues nunca había pasado a aquel sitio.
Era una celda normal, de unos 2x3 metros, pintada color beige y con su vntana de aluminio y sus barrotes afuera bien gorditos. Una litera y un pequeño escritorio de color verde con una silla, que recordaba a los del colegio.
A mi me asignaron la cama de abajo, pero no dormía nadie más en esa habitación.

En mi primer patio, a las 11 de mañana, fuí acompañada por un funcionario gordo y feo, que siempre llevaba una porra en el cinto.
Pude ver la reacción de los presos en el patio al verme, de reojo, pero disimulaban su sorpresa por el funcionario que estaba a mi lado. Aún así, los cuchicheos llegaban a mis oídos y algunos con unas caras que asustaban a cualquiera, por muy curtida que estés.

En el comedor, lo mismo, los campañeros hablaban entre sí, pero yo iba con el funcionario en una mesa apartada.
A pesar de ser una cárcel, todo parecía muy normal allí, una vida común y rutiniaria, sin sobresaltos. nada más lejos de la realidad, como veremos después.

Las únicas palabras que me dedicó el funcionario una tarde que salíamos del comedor,me dejaron extrañada y algo asustada:
-Vaya nena, parece que ya tiene dueño la maricona jajaja, dijo con sorna y una risa sarcástica...

Pasaron tres días sin que nada extraño sucediese, pues el funcionario siempre me acompañaba, incluso al baño, aunque el vigilaba en la puerta. Me preguntaba qué pasaría cuando esto no fuera así.

Era por la tarde, ya anochecido pues era pleno invierno, cuando, sola en la celda tuve que salir al baño, al fondo del corredor a la derecha. Para ello, había que llamar al funcionario que abriese y me acompañase.
Entre en el baño, el de arriba era un recinto más o menos grande con muchos urinarios de pared para caballero al fondo y varias puertas individuales con su taza, para "aguas amyores".

Yo siempre me metía enlas puertas, pues estaba acostumbrada a hacer piss sentada.

Según entraba, y al ir a cerrar la puerta, una fuerza descomunal me agarró por la espalda. Me di la vuelta. Era un tío enorme, grande y fuerte, rapado y con cara de mala bestia, la tez oscura y varias cicatrices en la cara, una profunda que le atravesaba desde el pómulo derecho hasta la parte superior del labio.

Estaba temblando cuando me sentó en la taza del wc.

-Hola puta, ¿no me conoces aún?

Soy Fran, y quiero ser tu novio; cerda, me dijo mientras escupía en mi cabeza...
¿qué me respondes?
-Que si- le dije justo antes de que me agarrara el cuello con una de sus enormes manos, aprisionándolo y ahogándome fuerte como signo de superioridad y aviso de que ese tipo era muy peligroso.
Con la misma mano apretando fuerte me irgió y estrelló mis labios contra los suyos, mientras su lengua entraba en mi boca sin pedir permiso, salvajemente también.

Justo antes de perder el conocimiento por axfisia soltó mi cuello dejándome caer al suelo dándome un golpe contra la taza en la cabeza, a poco de desnucarme, mietras se sacaba la polla.

En esos momentos apareció el funcionario que me custodiaba detrás.

-No tan deprisa Fran, no quiero que me carguen el muerto de esta putilla nueva todavía -dijo en voz alta sacando la porra-.

_Pero jefe, si no he hecho nada.
-Ya se que te la quieres tirar, pero he escuchado el golpe desde fuera y conozco tus "metodos", ándate con ojo, ¿no vés que le sangra la cabeza? se acabó la fiesta por hoy...
-¡Joder!-dijo el salvaje metiéndose la polla en la bragueta muy enfadado.
Me levanté medio aturdida después de aquel golpe tan fuerte y al pasar mi mano por la cabeza me sangraba bastante, sangre en el suelo. El funcionario me ayudó y conforme me lavantaba...

-Nena, que golpe te has dado, no se como te puedes haber escurrido, ¿lo comprendes no? me dijo en tono exortativo mientras me llevaba fuera de lso baños.
-No se preocupe, se perfectamente lo que tengo que hacer.
-Sabía que nos entenderías -dijo besándome la boca con fuerza, metiendo la lengua a la vez mientras me agarraba fuerte, casi como el salvaje.
Lo vamos a pasar muy bien contigo jajajaja, dijo.

Su comportamiento se volvió normal cuando cruzamos la puerta de lso baños en dirección a la planta de abajo, a la enfermería.

Al llegar a ella, un hombre alto y delgado, de unos 50, el enfermero, se puso a hablar con el funcionario, dejándome a mi sentada en una camilla en la sala de curas. Escuché como el funcionario le contaba una historia que, además de justificar el golpe, le ensalzaba como mi salvador.
Allí me cosieron unos puntos en la cabeza, atrás y me limpiaron, me proporcionaron ropa nueva, ya que la mía estaba llena de sangre y me subieron a la celda.

En la celda ya no estaba sola. En la parte de arriba un hombre leyendo una revista, según miré de reojo.
Entré, le dije hola, a lo que el ni contestó, y me recosté en la cama. Estaba cansada. Me dormí.

Al rato me desperté a baber agua, encnediendo una pequeña luz adosada a la pared que hacía las veces de velador y me encontré a mis pies una revista que yo no había dejado.



Dejé el vaso en la mesa y justo entonces bajó mi compañero a mi cama y se sentó. Estaba desnudo.

Era un chico de unos 28, estatura media (1.75) y muy delgado, la tez blanquecina tirando a amarillenta. De cara alargada y pelo rapado, la piel de los pómulos muy picada de haber sufrido acné severo, poco pelo en el cuerpo, pero no imberbe, sólo en los genitales abundante y algo en el culo y piernas.
Enormes manos y pies llamaban al atención (gastaría por lo menos una 46 de zapato).
Su cara no asustaba, pero dicen que las apariencias engañan...

-Hola amiguito. Me llamo Prince y no podía dormir, así que, me dije si te apetecía ver conmigo esta revista...
-Hola Prince, perdona por no haberme presentado...
-Tranquilo, no me des explicaciones...-no me dejó hablar mientras me sentaba en la cama, colocándome uno de sus brazos por encima.

Hay algo que me llamaba la atención de ese chico. Sus brazos, estaban llenos de cicatrices, muy profundas algunas, como de haberse intentado suicidar y algo mucho más inquietante: Su pene, era muy extraño, a pesar de parecer de gran tamaño, aun flácido, tenía agujeros, o cicatrices de agujeros, la verdad es que con esa luz no alcanzaba a ver, en todo lo largo.

Pero yo no titubeaba por nada y le pregunte:

-Prince, ¿ese es tu verdadero nombre?

Su cara que hace un momento era jovial y de amistad, se frunció de repente marcando unas facciones bastante desafiantes...
-¿Acaso lo dudas?
-No no, tranquilo.
-Ya no me apetece seguir hablando contigo, ¡estúpido! -dijo escupiéndome a la cara y subiéndose rápidamente a la litera.

Tampoco me preocupé mucho. Me quedé dormida y así amaneció el nuevo día.


-FIN DEL PRIMER CAPÍTULO-










Advertencia, esta historia no es real, y cualquier coincidencia es pura casulidad.



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