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La estancia

Cuando llegué al Hotel, tomé una buena ducha, puse a cargar las baterías de las cámaras y, cambié las pastillas por otras vacías y con capacidad, porque nunca se sabe.

Ya lista y arreglada después del viaje, llamé a las personas que debían tener la reunión con Liber1 para quedar con ellos y, explicarles el motivo del retraso en un día de la reunión. Sin nada más aceptaron las explicaciones y dijeron que nos veríamos mañana cuando llegase mi maridito.

Estuve hablando con Liber1 y, quedé en verle al día siguiente en el aeropuerto para venirnos juntos y directamente a la reunión.

Después decidí hacer algo de turismo para pasar todo el resto del día, así que me fui a la calle a patear la ciudad y el centro histórico, fue un día ameno y relajado, y por el anochecer regresé al hotel para cenar y subir a la habitación.

En el comedor del Hotel había mucha gente y bullicio, todas las mesas estaban completas y, tendría que esperar o cenar en la habitación, ya estaba a punto de subirme, cuando un señor que estaba cenando solo, le indicó al camarero que, me preguntase si quería podía cenar con él compartiendo la mesa.

Me dio algo de apuros pero acepté encantada el ofrecimiento y, me senté a la mesa. Era un hombre atractivo, de unos cincuenta años, bien cuidado y ejecutivo, de mediana estatura, se encontraba en un viajes de negocios, y yo le conté mi avanzadilla.

Era un buen conversador y, pasamos una cena entretenida y amena, de vez en cuando coqueteaba conmigo y, yo comencé a provocarle, llevaba las cámaras con las baterías dispuestas en mi bolso, así que no había problema para dejar constancia a mi cabron de lo puta que es su mujer.

Por aquello de la intuición femenina se me ocurrió poner las cámaras en marcha dentro del bolso antes de levantarnos de la mesa y, nos fuimos hacia el ascensor.

En el camino, pude arreglármelas para coger una de las cámaras y colocarla en el bolsillo superior del bolso de tal forma que, al ser transparente, podía grabar también alguna imagen. Antes de que el ascensor llegase me preguntó si me apetecía tomar una copa con él y, acepté encantada, subimos a su habitación, sirvió las copas y, cogiéndolas me dijo, saben mejor fuera, ven, la sala es muy acogedora.

Se veía que conocía bien el Hotel, y me condujo a una sala con sillones y mesas y, una chimenea, no había nadie, nos sentamos cerca de la chimenea y, brindamos.

Aproveché para sentarme frente a él, y con gestos dejarle a la vista mi coño, todo depilado y, al aire libre, sin braguitas, preparado para ser follado. Su reacción no se hizo esperar y, se levantó, sentándose a mi lado, en el sofá, de espaldas a la puerta de entrada.

Con la copa en una mano y, susurrándome al oído, cosas del estilo, me encantan las mujeres tan calientes como tu, y tan morbosas que caminan libremente sin ropa interior, sentí su otra mano, subir por debajo de mi falda y colarse entre mis muslos.

Ummmm, era delicioso y, yo ya estaba bien caliente, el bolso puesto en la mesa en frente de nosotros, grababa dejando constancia de lo zorra que puedo llegar a ser, y me distendí apoyándome hacia atrás en el sofá y, aflojé las piernas.

Al sentir que la presión de las piernas desaparecía, las abrió con la mano, levantó la falda y, sin pensar en si pudiera o no entrar alguien, sus dedos comenzaron a rozar mis labios vaginales.

La humedad comenzaba a brotar de mi raja y, sentía sus dedos, pasar por entre los pliegues de mis labios vaginales separándolos, y haciéndome disfrutar con el gesto. Seguíamos hablando y bebiendo como si nada, mientras, mi coño daba picotazos de deseo y placer y yo me abría completamente de piernas.

Con las piernas abiertas, sus dedos comenzaron a entrar y salir de mi rajita con facilidad, y gemía suavemente, mordisqueándome los labios. Pronto, sus dedos pasaban de entrar y salir dentro de mi húmedo coñito, a acariciar y frotar mi clítoris que, estaba hinchado, todo sonrosado y húmedo y, me estremecía, provocándome dos orgasmos seguidos de lo excitada que estaba.

Aún no había palpado su entrepierna, pero se notaba a simple vista, el bulto crecido de forma descomunal debajo del pantalón de vestir.

Soltamos las bebidas en la mesa y nos dejamos llevar por la lujuria y el deseo.

Me tumbó boca arriba en el sofá y, levantándome la falda, se inclinó sobre mi vulva y comenzó a lamerla, sorbiendo todos los jugos vaginales emanados por los orgasmos, con gestos y sonidos de placer y delicia.

Con su lengua abriéndome los pliegues de mis labios vaginales que recorría mi clítoris y, presionaba con sus labios, tuve otro orgasmo que a penas podía contener, completamente abierta de piernas, y mientras me corría en su boca, sentí cómo me entraban dos dedos en mi ano, dilatándolo y estimulándolo.

Su boca seguía con mi coño, sorbiendo jugos y, lamiéndolo entero, mientras sus dedos entraban y salían de mi agujerito negro agradecido por la atención prestada.

Se sentó en el sofá y, se sacó por la cremallera bajada, la polla, dura y tiesa, y bastante gruesa, me asió del pelo y, me obligó fuertemente a tragarme la polla, chupándola que, también estaba ya mojada de los jugos emanados por la excitación. Su sabor era ácido pero agradable, al no ser demasiado fuerte.

La succioné con mis labios y con mi boca, mientras mi lengua la recorría un poco, notando cómo se engordaba algo más aún de lo que ya estaba y, cogiéndome por las caderas, me sentó encima, clavándome la polla por el culo, apretando hacia él y enculandome bien enculada.

La falda la levanté, dejando que la cámara recogiera la enculada, comencé a saltar encima con la polla bien dentro, mientras sus dedos estimulaban mi clítoris. Si alguien hubiese entrado, nos habría pillado con una buena enculada en medio de un salón de un hotel.

Mi culo estaba abierto, pero dilataba con cada embestida de ese bestial instrumento, que entraba y salía, y apretaba asiendome por las caderas, una y otra vez.

Pronto sentí el orgasmo provocado por las caricias del clítoris, y con los espasmos de placer, noté su leche derramarse dentro de mi ano, luchando por salir, pero no pudiendo por la gordura de ese falo que me atravesaba.

Poco a poco, me puse de pie y fui sacando la polla de mi culo, que estaba muy abierto y dilatado, con disimulo, me di la vuelta y lo orienté hacia el objetivo, grabando lo abierto que estaba y, se veía en la grabación, la leche saliendo a borbotones de mi ano, cogí un clinex y, taponé para no mancharlo todo de semen.

Nos dimos un beso y nos despedimos, había sido una velada completa, sobre todo para mi, desde el comienzo del viaje en el tren.



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