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El sol en la noche

Aun recuerdo esa historia, esa noche de verano más calurosa de lo normal, esa luna llena que se situaba por encima de las olas del mar como un gran sol blanco, uno que no cegaba y que el solo observarlo junto a ese millar de estrellas, todas ellas bien definidas en la negrura de la noche, me hacía sentir tan vivo. Aun la recuerdo a ella, con su melena larga y rubia que le cubría la mitad de su bella espalda, ese biquini tan sexy que cubría sus pronunciadas curvas, solo recordarla me devuelve a aquella noche tan especial.

Debían de ser las doce de la noche, en la playa no había ninguna luz salvo la de esa extraña luna, más grande de lo habitual, quizás más cerca, quizás solo tan perfecta por lo perfecta que fue esa noche. La arena de la playa, dorada, ahora lucia de un casi blanco debido al reflejo del estrellado firmamento, ni un alma en kilómetros de playa, ninguna salvo ella.

Allá a lo lejos se veía a una chica caminar entre la espuma del mar, prácticamente en calma salvo alguna olilla aventurada que se atrevía a romper aquella paz, aquel hechizo. Ella caminaba bordeando la orilla, sus pies casi no se hundían en la húmeda arena y esto la hacía parecer aun más increíble, como si hubiera nacido para esa playa.

De pronto una estrella fugaz distrajo mi atención, no soy supersticioso ni creo en magias, pero, ¿acaso aquella noche no era mágica? Todo en mi vida actualmente era un caos, mi anterior relación hecha pedazos, un amor perdido, años de mi vida que jamás recuperaré, y ahí estaban todas esas estrellas, de cuantas historias no serian testigos, mudas ahora sin poder confesar todo lo que habían visto hasta hoy.

Una constelación se vislumbraba a la perfección desde mi posición, de pronto una dulce y risueña voz me saco de mis adentros.- Bonita noche, ¿verdad?- dijo ella con una sonrisa en la cara que me resultaba cada vez más familiar, como si de alguien del pasado se tratase. – Eh, si, es preciosa- conteste aun algo espeso por lo desconcentrado que me hallaba.

Ella rió, de pronto no me cupieron más dudas, tuve que preguntarle.- ¿Sisy, eres tú? Sisy era una amiga de hace mucho tiempo, de hecho fuimos mucho más que amigos pero con el tiempo nos acabamos distanciando, y ahí estaba.- ¿Ya no te acuerdas de mí, o qué?- respondió ella con picardía, lo cierto es que era una de esas chicas difíciles de olvidar, sin embargo estaba muy cambiada, su pelo había crecido hasta tener una longitud perfecta, además se había aclarado muchísimo su rubio natural y ahora era un color realmente bello, además del benefactor desarrollo que había sufrido, su cuerpo ya no era el de aquella niña que había conocido, era una adolescente muy bien formada, digna de ver.-¡Como has cambiado!- exclamé, esta sonrió y se tiro a abrazarme,- tu también, que grande estas…y que fuerza…- dijo algo aprisionada entre mis brazos,- ah, jaja, ¡lo siento! Realmente dan ganas de abrazarte.- contesté algo sonrojado.

La charla se alargo durante varios minutos y nos habíamos acomodado en mi toalla favorita, era lo suficientemente grande como para que dos personas pudieran tumbarse sin m*****arse, sin embargo estábamos muy pegados, las palabras volaban de nuestros labios, entonces una frase destaco por encima del resto:-¿estás con alguien?,-pregunto mientras se mantenía muy cerca mío, yo negué con la cabeza y me disponía a explicarle mi ruptura cuando ocurrió todo, sorprendentemente sus labios interrumpieron a los míos, besándome. Yo, que por dentro llevaba deseando eso desde que la vi andar por aquella playa, la rodee con mis brazos y continué con el beso. Notaba en Sisy una fogosidad impresionante, me apretaba fuertemente contra su cuerpo mientras yo la acariciaba con mis manos sus pechos, suaves y calientes como toda su piel, cubiertos por su biquini, el cual arrebate mientras ella quitaba mi camisa, el fuego de Sisy había encendido en mi una gran hoguera que ahora necesitaba apagar, mi mano comenzó a deslizarse por el interior de su tanga ahora empapado, buscando su clítoris, el cual comencé a masajear intensamente con mis dedos, Sisy no paraba de retorcerse de placer y su mano buscaba entre mis pantalones devolverme el favor.

Comenzamos a besarnos mientras nos masturbábamos mutuamente, ella sostenía mi verga con firmeza entre sus suaves manos mientras yo hundía mis diestros dedos en su húmedo y cálido agujero, los cuales movía en su interior haciendo espirales, entrando y saliendo, cada vez más fuerte y rápido, cada vez mas mojados, lo que volvía loca a Sisy de placer que no paraba de besarme mientras frotaba mi miembro fuertemente.

Mi cabeza bajaba recorriendo todo su cuerpo, besando cada centímetro de su piel con mis carnosos labios mientras continuaba tocándola. Mi lengua quería jugar con su clítoris, el cual estaba muy excitado por los magreos por lo que me coloque a la altura de su vientre y procedí a darle placer. Movía la lengua a gran velocidad, rozándolo, besándolo, lo cual provocaba que Sisy se estremeciera de placer. De pronto pare en seco y susurré: -No vas a tenerlo todo tan rápido.- Sisy enloqueció y se me abalanzo arriba, -Dime qué quieres-. Dijo entre dientes, pero la respuesta era obvia, se me había formado una pícara sonrisa entre los labios la cual dejaba a relucir mis blancos y afilados dientes, estaba claro que deseaba darle placer, pero tenía que ganárselo.

Sisy agarró mi pene y comenzó a besarlo, poco a poco fue introduciéndolo en su boca, succionándolo despacio, con maestría, el placer era inaguantable estaba a punto de tener un orgasmo y acabar corriéndome, la idea me devoraba por dentro, me moría de solo pensarlo, pero todo debía ser a su tiempo así que la detuve y me coloque sobre ella. Mi miembro, el cual latía del gran placer que estaba sintiendo, hacia contacto con la húmeda entrada del gozo extremo y en sus ojos podía leerse las ganas de ser penetrada, lo coloque aun más cerca y entonces me susurro con su bella voz:-Vamos, fóllame. Comencé a entrar lentamente en su interior, impregnándose en sus jugos, rozando con todas sus paredes, avanzando despacio pero inexorablemente, yo me encontraba arriba de ella y con mis manos apretaba firmemente sus pechos, comencé a penetrarla cada vez más rápido, sus brazos rodeaban mi cuerpo, sus dedos se me clavaban en la espalda dando pequeñas descargas de placer, mi boca mordía ahora su cuello y podía saborear su dulce perfume mientras mis dientes se clavaban en el, marcándolo por la presión ejercida. Y mientras, buceaba en sus adentros, chocándose con lo infinito, rozando lo inalcanzable, cada vez más rápido, sus gemidos eran ahora bastante altos pero en la playa seguía sin haber ni una persona y si la había lo cierto es que ya no importaba, no podía parar, comenzamos a subir el ritmo cada vez más fuerte, más rápido, y de pronto, sentí como se corría de placer conmigo, en un orgasmo inolvidable como fue esa noche, como era esa playa la cual nos gusta visitar cuando podemos. Cansados como estábamos nos metimos en el agua, la cual al haber pasado por un día muy caluroso se encontraba con una temperatura perfecta, refrescando nuestros ardientes cuerpos, por mi mente solo pasaba la idea de repetirlo, y juzgando por nuestros posteriores encuentros, por la de Sisy también, pero eso queridos lectores es otra historia.


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