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Cuestión de Medicos...

Soy y me defino, y me siento la puta zorrona de Liber1, y me encanta hacerlo un cabrón. Normalmente, estamos los dos juntos en todos los juegos sexuales, pero a veces, la ocasión se presenta en algún lugar donde no nos encontramos los dos juntos, pero me dejo follar, inundar de esperma, para oler a zorra y, toda inundada acudir al encuentro de mi cabroncito, restregarme por su cuerpo y su nariz, para que olfatea el olor a hembra follada, y me folle sin más, una y otra vez.

Tuve que acudir a la consulta de un médico a recoger unos informes que tenía al parecer preparado para un tio mayor, hermano de mi padre, ya que nadie más de la familia tenía libre en dicho momento para recogerlo.

Como cada mañana, me duché, acariciando mi cuerpo debajo del agua, sintiendo la humedad de mi rasurada rajita dentro de mis labios, dejándolos algo pegajosos del rico néctar, me unto mi crema para hidratar mi piel, con suave aroma a jazmín y, me enfundo en mi vestido, sin más ropa que el suave tejido, adaptado al cuerpo, marcando mis desnudas nalgas y, con un generoso escote, que deja bien a la vista el canal, y la parte interior de los dos pechos llegando casi a la aureola del pezón.

Encima me coloqué una chaqueta abierta, resaltando mi tostada piel y, resaltando el escote. Mis tacones y puse rumbo a la consulta del médico de mi anciano tio.

Cuando llegué, como es costumbre en los hospitales, me hicieron esperar, me indicaron cual era la consulta del médico, era la última de un estrecho pasillo, que además era largo, pero los sillones estaban en la sala de espera antes del pasillo, y me explicaron que, ya me estaba esperando, que cuando él saliese mencionaría el nombre de mi familiar y, entonces, tendría que ir.

Estando esperando más de lo que esperaba, porque, me habían informado que el médico estaba solo en la consulta, apareció un hombre alto, elegante, con muy buen porte, muy guapo y atlético, más morboso que nada con su bata blanca impecable. Se quedó mirando mi escote, y sin poder evitarlo, seguidamente me miró a los ojos y me sonrió.

No pude por menos que devolverle la sonrisa, a la misma vez que sentí un picotazo en mi rajita, avisándome del grado de excitación en que se había puesto, me imaginé en su consulta, de pie, apoyada en la camilla, y el médico, levantándome la falda del vestido por detrás, dándome alguna cachetada, abriendo los agujeritos y, clavándome la polla primero por detrás y, luego por mi rajita, para estallar una buena descarga de semen e inundarme.

Con esos pensamientos, le seguí sus pasos pasillo adelante y, observando sus andares y el movimientos de su trasero prieto, al menos era lo que daba a entender el pantalón de sport que llevaba debajo de la bata.

Sonreí al comprobar que abrió la puerta de la consulta donde estaba el médico que tenía que darme el informe y, tampoco pude remediar sentir doble picotazo de excitación, tal era, que mi raja emanaba jugos en tal cantidad, que ya comenzaba a oler más a zorra caliente que a la crema de jazmín que llevaba sobre mi piel.

Se volvió a abrir la puerta y salieron los dos hombres, el otro médico era más bajo, pero igualmente interesante y atractivo, con una sonrisa y mirada picarona que, también me pone bien caliente.

Al nombrar a mi familiar, me levanté y encaminé mis pasos pasillo adelante, dirigiéndome hacia los dos hombres, el médico que había observado mi escote, sonrió y pareció arrepentirse, prefiriendo supongo que cotillear quien era yo, decidió introducirse nuevamente en la consulta con el médico que tenía que darme el informe.

Una vez dentro, me encontré con esa sensualidad, sentado en la camilla, con una pierna al aire y, la otra apoyado en el suelo, ya que dado su estatura se lo podía permitir y, el otro médico atraído también por mi generoso y exuberante escote, se sentó en la misma posición pero él, en la mesa de la consulta, mirando descaradamente mi canal.

No pude ya que sentir la humedad chorrear entre mis muslos, algunas gotas de jugos vaginales bajaban por mi entrepierna, y mi boca de zorra se entreabrió más que en una sonrisa, en una hueca de deseo, y mi mirada se tornó realmente desafiante y provocadora.

El más bajito, me entregó un sobre que yo cogí, no sin antes rozar sus dedos, gesto que le hizo dar un saltito y, que no pasó desapercibido para el otro médico.

Entonces, se aventuró a decir, así da gusto trabajar con semejantes belleza, qué pena que no tenga que reconocerla.

Contesté bien claro, pues nunca viene mal un buen reconocimiento muy a fondo, porque con la salud nunca se sabe y, si es doble opinión médica, pues mejor.

Los dos hombres sonrieron y, sus miembros adquirieron tamaño morcilón dentro del pantalón con semejante comentario y, ninguno de los dos se cortaron y, me dijeron, pues si quieres, puedes quitarte los zapatos, la chaqueta y tumbarte boca arriba en la camilla.

Sonriendo, solté el bolso en la silla, me quité la chaqueta, dándole la espalda a los dos hombres que, comprobaron cómo el vestido marcaba mis nalgas y, tenía también un amplío escote en la espalda, dejándola ver de forma coqueta.

El médico de la consulta, cogió el auricular del teléfono, le preguntó a la enfermera que estaba en la mesa fuera, donde están las sillas de la sala de espera, qué le quedaba y, ésta le contestó que sólo un paciente; indicándole el médico que le avisara que fuera a tomar un café que tardaría aún un buen rato, porque tenía que explicarme muy detenidamente algunos aspectos del informe y, dio instrucciones de por favor nadie le m*****ase para acabar pronto.

Como estaba también el otro médico, la enfermera pensó que debía ser algo serio y grave, y entonces, le dijo que no se preocupase que no dejaría pasar absolutamente a nadie.

Con mirada pícara colgó el auricular, a medida que yo me tumbaba boca arriba en la camilla.

Las cuatro manos de los dos médicos, comenzaron a acariciarme, me levantaron la falda para comprobar que no tenía braguitas y lo rasuradito de mi conejito, y entre los dos me fueron despojando del vestido.

Bien abierta de piernas, uno de ellos mordisqueaba mis pezones y apretaba mis pechos y, el otro introducía su lengua dentro de mi coño, recorriéndolo entero, separando mis labios vaginales y saliendo y entrando lo que su lengua daba.

Mis manos, estaban cada una en cada verga, gruesas que estaban dentro de los pantalones, yo gemía de placer.

Se iban turnando, y con sus bocas oliendo a mi sexo, me daban besos y lengüetazos, que dejaban mi propio olor impregnado en mi cara.

Con esas caricias me provocaron dos orgasmos que, para no gritar mucho, me taparon la boca cogiéndome del pelo y, agachándome, metiéndome una de las dos pollas dentro, ya que ambos las habían sacado desabrochando la cremallera.

Mientras tenía esa buena polla dentro de mi boca, lamiendo, succionando y mamando, escuchaba el comentario del médico, diciendo, ufff, qué bien lo hace esta zorra.

El otro médico, dejó mi boca entretenida con esa polla, y delicadamente, tiró de mi cuerpo, atravesándome en la camilla, por un lado con la polla de uno de ellos, el más alto en la boca y, por el otro lado, caía mi cuerpo sobre la camilla y los pies hacia el suelo flotaban en el aire, y para no permitir que pudiese caerme, abrió mi raja, y me clavó su polla hasta el fondo, comenzando a embestirme fuertemente hasta las entrañas.

Yo gemía de gusto y placer, sintiendo las embestidas de ese grueso miembro que tenía mis labios vaginales bien abiertos, y los testículos golpeándome la vulva, una y otra vez, hasta provocarme un fuerte orgasmo.

Al sentir mi orgasmo, no pudo contenerse más y, comenzó a soltar todo su semen dentro de mi, se vació entero, me inundó mi coñito de ese líquido blanquecino y caliente.

Una vez sus testículos dejaron de descargar, sacó su polla y, el otro médico, sacó la suya de mi boca, se dio la vuelta y, fue a clavármela también, entonces, yo lo paré y, le dije, reconózcame doctor ahora por el anito, a ver qué tal lo tengo, y aún le engordó más la verga de excitación, si querida paciente me dijo en tono morboso, te voy a clavar el periscopio hasta el fondo con cámara incluida y, acto seguido me clavó la polla por el ano, éste dilató sin problemas, aunque al principio, al estar tan apretado, protestó por falta de estimulación.

Ufff, ya dentro, me bombeaba mientras el otro médico sonriendo miraba y se recolaba su miembro deshinchado otra vez en su sitio, yo gemía de gusto y placer, sentía los testículos rozarme y clavárseme en la piel con la profundidad de la penetración, pronto, tuve un orgasmo y, el médico dijo allá va, y comenzó a correrse dejándome bien abierto el agujerito y bien llenito de semen, se vació entero también, al ponerme de pie, salió parte de los dos líquidos por cada agujero, chorreando por mis muslos, me los restregué mezclándolos y, entonces, me coloqué unas braguitas que saqué del bolso, y les miré y les dije, ahora no quiero que se pierda el néctar que, mi cabrón tiene que disfrutarlo también.

Me vestí y me despedí,


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