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Tres Hombres - Viernes parte 2

-Ábreles por favor, tengo que ir al baño

Fue lo único que atiné a decir a Claudio estando al borde del éxtasis, con mis pensamientos nublados de deseo. Claudio, aunque me notaba extraña, fue a abrir la puerta mientras yo me dirigí hacia el baño, decidida a acabarme de una vez por todas y así poder concentrarme en mis planes.

Fue increíblemente difícil llegar hasta el baño sin tener un orgasmo a mitad de camino, a pesar de que eran solamente unos 20 pasos, pues el roce entre mis desnudas y mojados muslos estimulaba como nunca mi vagina apunto de explotar. Para ser exacta, no me aguanté, pues apenas entré mi cuerpo se dejó de resistir, y se quebró ante el peso de mi acumulado placer. Antes de que mi mano llegara a mi vagina mi orgasmo ya me tenía de rodillas en el suelo, abierta y con mis músculos totalmente contraídos; mordía mis labios para no emitir el grito que quería dar, mientras mis ojos se desorbitaban en sus cuencas. Aquella espesa mucosidad que salía en mi estado pre orgásmico siguió fluyendo, con un poco más de velocidad, y éste caía entre mis muslos, empapándome más y más. De alguna forma que no recuerdo, terminé de boca en el suelo, con mi colita un poco levantada, mientras mi mano trabajaba en mi suave concha y yo sufría los últimos espasmos.

Me limpié y esperé un rato a que se me pasara el calor antes de volver a salir al living, donde estaban mis invitados. Camilo no es tan varonil como Claudio, sin embargo, es un hombre muy guapo de todas formas; como esperaba, venía acompañado de su pareja: Iván, quien también tenía una apariencia más bien refinada, pero nunca femenina. Nos saludamos, y nadie notó nada raro en mí, todo volvía a marchar como había planeado.

Así pasaron varias horas donde reímos y hablamos de tonterías. Ya que Iván era el más nuevo en el círculo lo pusimos al tanto de muchas cosas, reímos de todo eso, etc. Luego nos pusimos a ver videos de youtube, cantamos algunas canciones, reímos, etc., etc.

Hasta que finalmente, ya bien tarde, cuando estábamos con una buena cantidad de alcohol en la sangre, alguien lo notó…

-¿Y no va a venir nadie más? –preguntó Camilo, extrañado, al fin.

-Es que no invité a nadie más –dije yo, toda inocente mientras buscaba los vasos para servir algún otro trago.

Noté en sus caras extrañeza, obviamente no esperaban lo que les decía: normalmente cuando alguien organizaba fiestas siempre eramos unos 10 o 20. Pero yo no dije nada, sino que comencé mover mis caderas juguetonamente, una especia de baile mientras caminaba y me dirigía a poner algo de música en el equipo de sonido. Sabía de sobra que al menos mis dos amigos me estaban mirando, pues bueno, tengo un buen trasero y unas buenas piernas, además mis pechos llamaban la atención por la ausencia de sostenes, mis pezones se hacían notar.

-Esta noche nos vamos a entretener de una manera un poco diferente –dije al fin, levantando un poco mi falda, para dejar ver mis muslos-, no creo que a alguien le vaya a m*****ar… ¿Cierto, Claudio?

Le pregunté a él mientras yo le abrazaba por el costado, ahí donde estaba parado, atrapando su brazo con mi cuerpo. Lo hice de tal forma que sintiera mis pechos desnudos bajo mi polera en su brazo, y que su mano quedara entre mis piernas. Él no hizo más que mirarme, algo nervioso.

Iván y Camilo se miraron, ya no tanto con extrañeza, sino que con picardía; estaban captando hacia donde iba todo esto.

-Esta es mi amiga de la que te hablé una vez, Iván –le decía Camilo a su pareja-. La que es bien caliente y atrevida.

-¿Asique has estado hablando de mi a mis espaldas? Que grosero.

-Solo he utilizado las mismas palabras con las que te has descrito tu a veces.

Reí.

-Es cierto, a veces soy así. Caliente siempre, atrevida a veces.

Claudio asintió también. Yo nunca había hecho nada con ellos, pero sabían de mis pequeñas aventuras. Creo que nunca imaginaron tener una aventura conmigo.

-Pero bueno, ustedes dos ya me conocen, ya saben las cosas que hago… tu novio, en cambio, es un invitado un tanto especial.

Me separé de Claudio y me senté junto a Iván, que estaba en el sillón grande.
Del otro lado estaba Camilo. Colocando una mano en su pierna le dije:

-Quizá te hayan hablado de mí… ¿pero que te parece una demostración de aquello?

-¿Una demostración? –Dijo él- ¿qué sería?

-Bueno… sería en ti, si a mi querido amigo no le m*****a.

-No me m*****a –se apresuró a decir Camilo, expectante.

-¿Entonces… te parece?

-Pero es que yo soy gay.

-¿Eso significa que si te toco así –puse mi mano ahora a su entrepierna, sobando firmemente su pene- no sientes nada?

Noté tanto en Camilo como en Claudio una mirada de complicidad entre ellos; permanecían en silencio y ya sabían que yo iba en serio con el asunto. Ellos también parecían disfrutarlo, incluso Camilo, a quien le tocaba su Iván. Y aunque Iván parecía algo incómodo, y miraba a Camilo buscando ayuda, no me decía nada, ni tampoco me rechazaba.

Cuando finalmente pareció que no resistía la presión y comenzó a levantar su mano para alejarme, yo me lancé hacia su cuello, el cual mordí con suavidad a la vez que él se quejaba por aquello. Pero no se quejaba de dolor, para nada, la reacción fue casi instantánea. Su mano, que iba a alejarme ahora se posicionaba en mi cadera, inmóvil. Comencé a lamer su cuello mientras mi mano seguía en su pene, que ahora comenzaba a crecer a ritmo constante. En poco tiempo ya estaba totalmente duro.

-Vaya –dije yo, divertida, sabía que los otros dos miraban atentamente- pensaba que eras gay…

-Yo también –dijo Camilo, riendo.

Iván no supo que decir, era evidente que estaba excitado y esto parecía descolocarlo. Camilo casi al instante se acercó a él y le puso un dedo en los labios, y le dijo que todo estaba bien para luego besarlo tiernamente.

Yo sintiéndome un poco de metida (bastante cínico de mi parte) me levanté del sillón, para que Camilo ocupara mi lugar. Mientras se sentaba le dije:

-Ya que esta es mi pequeña fiestecita… ¿te importaría complacerme?

-¿Complacerte… y cómo? –parecía algo dudoso, sin embargo, dispuesto. Poco a poco le gustaba más la situación, estaba segura.

-No te preocupes… yo voy a mirar no más. Aunque solo pondré dos condiciones: Tu solo sigue lo que había empezado, hasta donde yo diga, ¿ya? Y segundo... no se pueden penetrar.

Sonrió, pero igual miró a Iván, para ver si estaba de acuerdo… y él parecía bastante satisfecho con todo eso, también estaba cayendo ante la morbosidad que había ahí.

Entonces comenzaron a besarse casi salvajemente mientras sus manos viajaban instantanemente hacia las vergas del otro. Noté que Camilo estaba totalmente duro también, en cuanto Iván se la agarraba sobre el pantalón y esta se notaba, sobresaliente… grande, deseable.

Siguieron besándose y toqueteándose mientras yo invitaba a Claudio, que permanecía callado hasta entonces, a sentarse conmigo en otro sillón, frente a los otros dos.

-Sabía que eras una pervertida –me dijo en voz semi baja, temiendo interrumpir a la pareja, que comenzaban a desnudarse del cinturón para arriba-, pero nunca pensé que iba a verte así…

-No pareces muy m*****o –dije sonriendo.

-Para nada… debo admitir que estar en una situación perversa contigo es algo así como una fantasía…

No le respondí nada, pero su afirmación no hizo más que calentarme más aún… él me deseaba, y sentirme deseada siempre me ha excitado mucho. Yo también lo deseaba, pero tenía que mantener mi compostura… de hecho, yo los deseaba a los tres.

Para aquel entonces Iván y Camilo habían avanzado en su ritual. Ya ambos habían mostrado sus vergas finalmente, duras a más no poder, lo cual me mojaba considerablemente, en especial porque se encontraban húmedas, por el líquido pre seminal. Claudio y yo mirábamos cómo ellos se paraban del sillón para besarse, abrazándose fuertemente mientras sus penes erectos se encontraban entre sus cuerpos. Ninguno de los dos se había sacado por completo sus pantalones.

-¿Te gusta mirar? –le pregunté de repente a Claudio, quien no había dicho nada, solo miraba.

-¿Qué crees?

-A ver… -me alejé un poco de él en el sillón y subí mis desnudas piernas a éste, acercando un pie hasta él. Tantee un poco sobre su pantalón y encontré otra erección más, aunque ya lo suponía y le sonreí-, yo creo que te encanta.
Él me devolvió la sonrisa, dejándose tocar por mí. Y a la vez que veía cómo su respiración se agitaba yo también comenzaba a desear más, y mientras Iván era tirado nuevamente al sillón, para que Camilo pudiese comenzar a besarle su erección, yo comencé a subir mi falda. Solo Iván y Claudio veían cómo yo comenzaba a masturbarme, pues Camilo me daba la espalda al chupárselo a su pareja.

Solo me toqué un poco, para saber qué tan mojada estaba… MUY mojada otra vez.

-Ven, –le dije a Claudio y estiré la mano con la que me toqué y él, entendiendo lo que quería, lamió mis húmedos dedos- hazme lo mismo que le hacen a él –le pedí, refiriéndome a Iván.

Sin pensarlo mucho Claudio se levantó de su asiento, y con su notoria verga durísima en su pantalón se agachó frente a mí. Me acomodé para que pudiera hacerme el sexo oral que deseaba, pero antes de hacerlo el comenzó a besar mis muslos, y morderlos suavemente… me volvió loca. Para cuando por fin comenzó a besar mi vagina, yo estaba más húmeda aún… y mientras Claudio me daba placer, yo miraba como se lo chupaban a Iván, esperando el momento en que lo terminaran…
Estuvimos unos 5 minutos en aquella sesión, donde los únicos ruidos eran los húmedos sonidos de la felación que le hacía Camilo a Iván y la lengua de Claudio acariciando mis texturas vaginales, y, por supuesto, nuestros quejidos. Todo acabó cuando noté que los quejidos de Iván aumentaban su frecuencia, supe de inmediato que estaba cerca de explotar. Entonces le pedí a Claudio que parara de trabajarme, aunque no quería parar realmente, y me paré, con toda mi entrepierna mojadísima, entre saliva y mocos cervicales y sudor; noté un hilo húmedo de esa mezcla bajar por mis muslos.

-Camilo, para… -dije, y la pareja me miró- Otra condición… mientras dure esto, todo el semen me lo llevaré yo.

Por un momento temí que mi planes llegaran hasta ahí, sin embargo, Camilo, luego de mirar a Iván, sonrió (definitivamente hice bien en invitar a ese perverso hombre…). Iván, quizá por lo excitado que estaba, también lo aprobó sin oponer resistencia. Incluso miré a Claudio, quien me miraba como diciendo “ve”, mientras se tocaba su pene sobre el pantalón. Era perfecto.
En cuanto se retiró Claudio me puse en cuatro y comencé a gatear hacia Iván, cuya erección me esperaba descansando en su abdomen, húmeda hasta sus testículos. Camilo ahora se sentaba junto a Claudio, por lo que ambos tenían una vista excelente de mi trasero, y para alimentar mi placer voyeurista levanté mi falda para que así vieran lo húmeda que me encontraba, y cómo salían fluidos desde mi vagina palpitante.

Me acerqué a su durísimo pensé y no demoré, se lo agarré y me lo llevé a mi boca directamente. Noté cómo se tensaban sus músculos de puro placer. Besaba y lamía la cabeza de su pene alternadamente mientras lo pajeaba con la mano. Todo eso duró muy poco tiempo, en menos de un minuto él sujetó mi cabeza y comenzó a empujármela, penetrándome más profundamente mi boca. Y entonces lo que esperaba con ansias… un espeso y cálido líquido comenzó a llenar mi boca mientras él se contraía y gemía de placer. Debido a su excitación la cantidad que eyaculó no fue menor… al menos fue suficiente para no poder tragármelo todo, una pequeña porción de su leche fluía por su pene hasta sus huevos.

Finalmente comenzaba a relajarse y yo finalmente dejé de chupárselo, para poder limpiar las gotas de semen que habían caído de mi boca… asique lamí sus huevos hasta comerlas todas y saborearlas.

Iván y yo nos miramos, y nos sonreímos.

Ahora faltaban dos, y sentía que yo no duraría mucho más. Al voltearme para continuar con otro de mis amigos noté que tanto Camilo y Claudio se estaban con sus vergas afuera, pajeándose. Y no los culpo.

-¿Qué tan cerca de acabar están?

-A punto de llegar –dijo Camilo.

-Solo un poco más… -dijo Claudio.

Entonces se me ocurrió cómo terminar la sesión… me inspiré totalmente en un video que había visto hace algún tiempo.

-Entonces… esto haremos. Me lo van a meter por el culo y me acabarán dentro… ¿ya? –Asintieron. “Perfecto”, pensé- Camilo, tu primero.

Yo no me moví, me quedé tal cual como estaba, en cuatro. Solamente tuve que abrir un poco las piernas, que se hallaban aún húmedas por mis fluidos, y abrí mis nalgas. Aún estaba frente a Iván, quien me miraba a mí y a Camilo alternadamente. Veía el morbo en sus ojos, ya había caído por completo en el juego.

-Disfruta el espectáculo… -le dije, mientras sentía a Camilo que se arrodillaba tras de mí y me agarraba las caderas. Le dije:- Mi ano está totalmente limpio… tú solo métemelo.

Con una mano frotó mi vagina, lo cual me dobló de placer, y con los mismos fluidos lubricó su duro pene. Mi esfínter ofreció algo de resistencia antes de ceder ante la embestida de Camilo, y a la segunda embestida ya me había penetrado totalmente.

No mentía al decir que estaba a punto, pues me embistió unas 10 veces apenas y comenzó a venirse en el interior de mi recto mientras me apretaba con fuerzas. Y yo no estaba muy lejos de todas formas. Entonces Camilo se retiró y se sentó junto a Iván, apoyando su cabeza en su hombro, ahora ambos me miraban mientras Claudio se acercaba por atrás y procedía a penetrarme, sin asco alguno.

Su penetración fue mucho más fácil y suave, mi ano ya estaba dilatado. El estuvo un par de minutos embistiéndome cuando por fin comenzó a hacerlo más fuerte… anunciando que estaba a segundos de acabar. Entonces, mientras nuestros quejidos se unían llevé mi mano hacia mí vagina, que nunca había dejado de emanar fluidos, y cuando Claudio comenzó a venirse fuertemente dentro de mí ano, yo me acabé con unos pequeños movimientos.

Sentí como mis ojos se ponían blancos y mis musculos se apretaban. Mis piernas comenzaron a tiritar sin control, y mis gritos eran ahogados, el orgasmo que tuve fue devastador. Claudio me seguía embistiendo mientras yo me retorcía, gimiendo también. Cuando finalmente sus fuerzas se desvanecieron se retiró de mi culo, con su pene ya flácido.

Aún entre espasmos, y a penas con fuerza, recogí un vaso y gateé hacia el sillón donde estaba con Claudio antes y sabiendo que todos me miraban, puse el vaso inmediatamente bajo mi ano mi trasero y abrí bien mis nalgas. Metí un dedo en mi ano y sentí el viscoso recuerdo que me habían dejado mis amigos. Cuando retiré el dedo aquel recuerdo empezó a emanar de mi interior, y cayó dentro del vaso como un chorro al principio y luego a gotas. Aproveché también de pasar el borde del vaso por mi vagina, que siempre mojada, aportó su resto en el vaso.
Entonces, con Claudio sentado junto a Camilo e Iván, yo al frente me senté y levanté el vaso con mi mano temblorosa por el placer.
-El mejor de los tragos.

Y me eché a la boca el semen que cayó de mi ano, sin miedo de sorpresas no deseadas, pues me había limpiado muy bien.

Ahí nos quedamos echados un buen rato, recuperándonos. Y solo eran las 23:00 casi.



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