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Tres Hombres - Viernes parte 1


Ya han pasado varias semanas, pero ésta es en definitiva la locura más reciente e intensa que he tenido hasta ahora. Probablemente suene a típica aventura de ficción pornográfica poco creíble. Quizá sea cierto, quizá si sea una típica aventura de esas. Pero es la realidad, ahora solo me limitaré a relatar cómo sucedió y detenerme en los detalles más sucios y perversos… los más excitantes.

Hacía buen tiempo ya que mi obsesión en mis sesiones masturbatorias eran los videos de tríos, tanto hombre-mujer-hombre como mujer-hombre-mujer. Me estimulaba viendo como entre dos hombres embestían a una chica extasiada ante la estimulación de sus dos agujeros. Quería probar aquello, quería ser penetrada doblemente simultáneamente. Yo ya había estado en tríos anteriormente, solo tres veces, y solo una vez con dos hombres, pero esa vez solamente uno se encargó de penetrarme mientras al otro yo le practicaba sexo oral. En una ocasión estuvimos dos mujeres y un solo hombre, pareja de mi amiga, aunque esto fue más sexo lésbico, ya que él nos miraba y se masturbaba, para finalmente terminarlo entre las dos haciéndole sexo oral. Una tercera vez estuve envuelta en sexo en grupo, sin embargo, eramos dos parejas teniendo sexo en un mismo lugar y nada más.

El asunto es que aproveché un fin de semana en el que me quedaría completamente sola, de viernes a domingo. Asique decidí organizar una pequeña fiesta en mi casa, pero solamente con dos amigos. Decidí invitar a dos amigos bisexuales, para así evitar cualquier problema, sin embargo, no les dije nada de mis planes. Cuando llamé a Camilo este me dijo que no podía ya que estaría con su novio. Lo pensé un momento y decidí ir más allá de mis planes… otra vez arriesgándome, y le dije que podía venir con su novio si gustaba. Claudio no puso problemas, inmediatamente me confirmó su asistencia.

Para el viernes en la tarde mi familia ya se había marchado, sin tener idea de los planes que yo había hecho para esa noche y el próximo día. Me encontraba bastante excitada, ansiosa por mostrarles a mis amigos mis verdaderas intenciones, esperando que todo resultara bien. Eran las 19:00 horas, aún tenía tiempo para bañarme tanto por fuera como por dentro, pues tenía pensado entregar mi ano esa noche… más de una vez, probablemente.

El proceso para limpiar mi ano lamentablemente no lo puedo detallar aquí, pero puedo decir que el morbo que me produjo fue increíble, solo eso ya me había prendido de manera considerable y no había dejado de sentir un calor en mi vagina que aumentaba y aumentaba.

Tome el teléfono de la ducha y me lo llevé directamente hacia mi entrepierna. Esa forma de masturbarse ya lo había visto muchas veces en videos, pero debo admitir que es primera vez que lo hacía. Es una sensación única… sentir esos múltiples chorritos de agua tibia acariciando suavemente cada parte de mi vagina…, sumándole a eso que introducía dos de mis dedos en mi ano, recién limpiado.

No sé cuánto rato estuve ahí, moviendo mis caderas ante los chorros de agua, como si lo cabalgara; y con mis dedos entrando y saliendo de mi ano, pero se me hizo muy poco hasta que comencé a sentirme cada vez más cerca de un orgasmo. Estuve a punto de estallar en contracciones cuando decidí retirar los chorritos de agua de mi vagina y los dedos de mi ano, dejándome a mitad del éxtasis. Iba a guardar esas energías para mis amigos.

Terminé de bañarme, apenas aguantando las ganas de acabar ahí mismo, y salí del baño hacia mi habitación, aprovechando la soledad para ir desnuda. Además que tocaba mis puntos sensibles en mi vagina de vez en cuando porque no podía evitar sentir ese placer de estar apunto de estallar. Decidí vestirme con una polera, sin sostenes, para provocar a mis amigos y porque me encantaba esa libertad, y porque también alimentaba mi placer voyeurista. Abajo me puse mis calzones verdes favoritos y una falda negra que llegaba hasta mis rodillas, era bien fresca por su holgura. No pensaba salir de mi casa, asique permanecí descalza, además hacía algo de calor y el suelo estaba limpio.

La cuestión es que mis calzones no duraron puestos mucho rato, ya que no pude evitar seguir tocando mi vagina, la cual chorreó y chorreó. Asique húmedos tiré mis calzones recién puestos a la ropa sucia, y ahí estaba yo, matando los últimos minutos de espera sin ropa interior, y sentada en un sillón masturbándome de una manera peculiar. Me masturbaba solo un poco cada cierto tiempo, con el fin de mantenerme al borde del orgasmo siempre. Es una tortura, pero muy placentera. Hay días que hago eso por casi dos horas, y cuando acabo termino casi inconsciente.

En uno de esos jugueteos quedé a menos de un segundo de tener un gran orgasmo cuando por fin llegó alguien a tocar la puerta, asique tuve que dejar aquello. Era Claudio quien llegaba, se veía hermoso con su camisa azul con rayas y sus jeans cafés. Su atractivo rostro me sonrió. Llevaba un poco de barba y su pelo negro y largo, peinado hacia atrás.

Yo estaba aún al borde de un orgasmo, solo bastaba un roce y me derretiría… y él, tan bonito, no hacía más que prender mis deseos sexuales, pero disimulé, tenía que seguir mi plan. Disimulé a pesar de que al acercarme a saludarlo con un beso mis piernas temblaron al estirarme, y un escalofrío recorrió mi cuerpo al rozar su pecho con mis pezones, que debían estar erectos a través de mi polera… me dio vergüenza, había olvidado ese detalle. Dejaría en evidencia mi excitación…

Yo quería que lo notara, en todo caso, pero lo tenía planeado para más tarde… y que todos me vieran y me desearan en secreto… y el notó mis pezones casi al instante. Se hizo el tonto, lo sé, pero notaba sus ojos desviándose. Y me encantaba.

Hablamos un buen rato y el no dejaba de mirar mis notorios pezones de vez en cuando, y yo más me excitaba. Sentía un deseo profundo entre mis piernas, sentía la necesidad de mover mi pelvis de forma sexual… necesitaba sentir algo ahí abajo que me acabara de una vez. Sentí que mi corazón latía muy fuerte mientras hablábamos y una fiebre me recorría. De repente sentí algo asombroso.

-¿Qué pasó? –preguntó Claudio, mi reacción de asombro se notó claramente- Estás colorada.

-No es nada…-mentí yo, disimulando mi calentura y el hecho que mi excitación había llegado a tal grado que mi vagina había empezado a chorrear como nunca… y una gruesa gota, tibia y espesa comenzaba a bajar por mi muslo interior. NECESITABA acabar con esa tortura…

Estuve a punto de lanzarme a sus brazos, o de terminarme ahí miso frente a él, o robar su mano y colocarla entre mis piernas… cuando tocaron otra vez la puerta.



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