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BAÑOS DEL CENTRO COMERCIAL

Entre a los baños de un centro comercial de mi ciudad.
Mientras meaba oi la puerta. Un hombre de mi misma edad mas o menos se acerco a los urinaros y se coloco junto a mi. No me sentia muy comodo por la proximidad de aquel hombre.
Yo segui meando, y cuando ya habia terminado y estaba sacudiendo las ultimas gotas, no pude evitar mirar de reojo y pude comprobar que el tipo no estaba orinando. Estaba algo separado del urinario y con el cuerpo girado hacia mí con su miembro en erección acariciándoselo descaradamente.. Me miraba a los ojos y a continuación bajaba la mirada como ofreciéndomelo.

Instintivamente mis ojos se fijaron en aquello que tenia entre las manos, por lo que se veía fuera de la cremallera del pantalón y por lo que asomaba de entre su mano, calculé que en todo su esplendor y una vez liberado debería medir por lo menos unos 20 centímetros.
Sin saber como me quedé hipnotizado mirando aquella hermosa polla. El corazón comenzó a bombear y a latir con tanta fuerza que pensé que el ruido de los latidos se escucharía en todo el Centro Comercial.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo como un latigazo. No daba crédito a lo que me estaba ocurriendo. Un tío, con la polla en la mano, me invitaba a que la acariciara. Respiré profundamente. No estaba seguro de como terminaría aquello, pero era la oportunidad ideal para hacer realidad una de mis fantasías mas secretas: tener una relación sexual con otro hombre, acariciar una polla que no fuera la mía, chuparla, saborearla y sentir las sensaciones que se experimentan al tener una polla entre los labios y notar el sabor de un esperma caliente y delicioso.
No se como lo hice pero, como si aquella polla tuviera un imán, alargué mi mano y comencé a acariciarla. Sentí su calor y su textura, noté como crecía bajo mis caricias. Mi cabeza estaba a punto de estallar de excitación, el corazón seguía latiendo a un ritmo frenético. La sensación que sentí al tocar por primera vez la polla de otro hombre me hizo perder la noción del tiempo y del espacio.


Levanté la vista y pude comprobar que el dueño de aquella maravilla era un hombre de unos 40 años, alto viril y bastante fuerte, de cara simpática y agradable y con una encantadora sonrisa. Vestía pantalón vaquero y una camiseta negra que le marcaban perfectamente los pectorales y dejaban ver unos bronceados y poderosos brazos.
En aquel momento no pensé en que Luisa podría terminar sus compras y empezaría a buscarme por la cafetería, ni en la posibilidad de que alguien entrara en los servicios y me encontrara aquella situación. Solo pensaba en disfrutar de aquell pedazo de carne duro y cálido que tenía entre mis manos.
Nos mirábamos sin hablar. Fue un momento. De pronto me dijo:
.-Ven
Me cogió de la mano y casi sin darme cuenta me arrastro al interior de una cabina. Una vez dentro cerró el pestillo de seguridad y tomándome por la cintura comenzó a besarme. Con su boca recorría mi cuello, las orejas, hasta que llegó a los labios….
Era la primera vez que besaba a un hombre, una sensación de embriaguez inundó todo mi cuerpo. Instintivamente mi boca se abrió y dejó que su lengua penetrara como un torrente dentro de ella. Mi lengua salió al encuentro de la suya y nuestros jugos se confundieron en un beso apasionado. Jamás me imaginé que me gustaría tanto.


Me senté en la taza del inodoro y con un acto reflejo le desabroché el pantalón y se lo bajé hasta los tobillos. Inmediatamente saltó ante mi aquello que me había fascinado. Allí estaba: dura y desafiante. No me había equivocado en mi apreciación, debería medir por lo menos unos 20 centímetros, pero no solamente era grande además estaba tan bien proporcionada que parecía dibujada: morena, con un tronco duro y perfectamente delineado, solamente interrumpido por el relieve de unas gruesas venas que lo recorrían en toda su longitud y rematado por dos enormes testículos duros y llenos que le colgaban desafiantes. Y por fin la "guinda": un glande sonrosado y de gruesos bordes que parecía estar mirándome suplicante y pidiéndome a gritos: ¡cómeme!.
Sin apartar la vista de aquella aparición, comencé a acariciarla. Era la primera polla que tocaba que no fuera la mía, la sensación era muy agradable…fui recorriendo el tronco con las yemas de todos mis dedos, sintiendo el relieve de sus venas y apretando y masajeando suavemente cada una de las dos duras y hermosas bolas que colgaban al final.
Ensimismado en mis caricias me había olvidado por completo del motivo por el cual estábamos dentro del retrete. El dueño de mi "juguete" se encargó de recordármelo: Puso las manos sobre mi cabeza y me empujó suavemente hasta que mi boca estuvo a la altura de su rojo y brillante glande.
Primero lo acaricié con mis labios y con la lengua recorrí todo su contorno como si de un caramelo se tratara. La comencé a lamer despacito, golosamente, conteniendo mis deseos de morderla y comérmela cuanto antes. Su respiración evidenciaba que estaba empezando a excitarse, fui bajando y tragándome toda aquella verga hasta llegar a los testículos y rozar con mis labios los vellos de su pubis. Volvía a subir con la lengua hasta el glande donde unas pequeñas gotas comenzaban a brotar fruto de las caricias que yo le estaba provocando. Pasé la lengua y las saboreé deleitándome mientras él apretaba mi cabeza haciéndome tragar toda aquella masa de carne hasta la garganta. Volvía a bajar mientras le daba pequeños mordiscos, sentía los latidos de su miembro en mi boca y eso me excitaba aún más, miré su cara y vi que tenía los ojos cerrados y una expresión de placer que me llenaban de orgullo: mi macho disfrutaba con mi mamada.
Se acercaba el momento deseado. Era la primera vez que me comía a un macho, la primera vez que iba a saborear esos jugos… comencé a mamar frenéticamente como si me fuera la vida en ello… De repente su miembro empezó a crecer aún más y sentí que me ahogaba; me tomó de la cabeza con sus manos y aunque quise retirarme no me dejó.
Sentí que mi boca se inundaba de su semen dulce y caliente. Uno, dos, tres…conté hasta siete los chorros de semen que fue derramando en mi boca y que yo fui tragando como pude sin desperdiciar ni una gota...parecía que nunca terminaría... pero al final, retiró un poco su miembro y pude tomarle el sabor a su leche.
Se retiró y quedó recostado sobre la puerta del la cabina. Su miembro permanecía en erección y todavía restos de semen resbalando por el tronco.
Volví a metérmelo en la boca y lo chupé de nuevo hasta dejarlo limpio y brillante.
Salimos de alli, como si nada hubiese pasado, solo un "hasta luego".



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