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Mi primera vez con otra mujer

Esta vez relataré sobre la primera vez que estuve con otra mujer.

Haciendo memoria… yo habré tenido unos 15 años aproximadamente, no estoy segura, la primera vez que tuve un contacto sexual con otra mujer. De lo que estoy segura es que fue cuando entré a primero medio.

Bueno, yo era nueva en aquel colegio, pues el anterior solo era hasta octavo básico. Además, era la primera vez que iba en un colegio mixto. Yo ya sabía sobre las lesbianas, realmente era casi imposible no saber de ellas yendo en un colegio lleno de mujeres, pero nunca había hablado con ninguna, no había tenido la oportunidad hasta ese entonces.

La primera amiga que tuve ahí fue una compañera de curso llamada Marcela. Ella era unos 3 años mayor que yo, había quedado repitiendo todos esos años debido a que era bastante irresponsable. Éramos bien distintas en ese sentido, pero a pesar de eso nos llevábamos bien.

La semana de celebración del aniversario del colegio la invité a quedarse a mi casa, ya que no teníamos clases formales. Y ya en la noche, bien tarde, hablando ella me contó que no estaba ni ahí con el colegio, le aburría demasiado, y que ahora que tenía 18 años iba a poder hacer lo que quisiera. Le pregunté, entonces, por qué le aburría tanto, y me respondió que la verdad es que prefería gastar las tardes divirtiéndose con amigos o pololos en vez de estudiar y esas cosas, además de que en su casa siempre había problemas y discusiones con su mamá y su hermana mayor, asique tampoco era ameno su hogar.
Mientras nos acomodábamos en mi pieza para ir dormir ella me contaba, sobre cuando perdió su virginidad, con cuántos había estado; me habló sobre sexo en general… yo estaba asombrada por su experiencia, que en comparación a la mía era como una montaña a un campo.

-¿Oye? –me preguntó después de que terminara de contarme sus cosas- ¿Y a ti te gusta alguien?

-No, nadie en este momento –le respondí yo, algo avergonzada por mi inexperiencia.

-Ah… -se quedó pensativa- , pero igual has pinchado y todo eso po, ¿cierto?

-No…

Yo pensé que se iba a reír o algo así, yo estaba muy roja. Pero se quedó pensativa.

-¿Qué pasa? –quise saber.

-Bueno, estaba pensando… ¿quieres aprender a dar besos? –me quedé en silencio, no sabía que decir- O sea, es que igual son ricos y, bueno, somos amigas, asique no pasa nada po.

-¿Cómo, quieres que nos demos un beso nosotras? –yo sabía que eso quería pero estaba muy nerviosa y no sabía cómo reaccionar.

-Mm… si po, si no tiene nada de malo, somos amigas no mas.

-Pero es que igual es como raro... –insistía yo.

-No seas fome, ¿Qué podría pasar? Es solo un beso.

-Ya… bueno, ya…

Nunca había esperado estar en esa situación, pero ahí estaba, iba a dar mi primer beso a otra mujer. Estábamos sentadas en el borde de mi cama, ambas en pijama. Lo único que hice fue quedarme quieta mientras ella de a poco se acercaba a mi cara. Cuando sentí su respiración cerca de mi boca se detuvo para decirme mientras ponía su mano en mi pierna:

-Relájate un poco y abre la boca –y yo hice caso.

Entonces nuestros labios hicieron contacto. Al principio fue un simple topón, pero de a poco ella atrapó mi labio inferior con su boca, humedeciéndolo. Entonces yo comencé a hacer lo mismo con su labio superior. Ciertamente era muy rico, una humedad muy suave. Estuvimos así bastante rato, hasta que finalmente ella se echó para atrás. Ambas teníamos las mejillas muy rojas.

-¿Te gustó…?

-Si… -dije sonriendo torpemente-, muy suave y… rico –le dije, más relajada ahora que había terminado.

Ella se rio, relajándose también, pero estaba lejos de terminar.

-¿De nuevo? –me preguntó

Y yo asentí, a pesar de que no me lo esperaba. Ya me sentía más en confianza, y me había gustado la sensación. Pero esta vez fue diferente, porque ella comenzó a usar su lengua sobre mis labios, y se sentía mucho más suave y más rico. Entonces yo la imité y comencé a sacar mi lengua, y al toparse con la de ella alcancé por primera vez una sensación de placer. Sin entenderlo muy bien, yo me había empezado a calentar. Pronto dejé escapar un suspiro y mi respiración se estaba agitando. Ella se alejó de nuevo y me miró, y seguramente entendió lo que me pasaba.

-¿Te has masturbado alguna vez?

-No, nunca… - dije yo, ya mucho más desinhibida.

-¿Hagámoslo? –otra vez no sabía como reaccionar- Solo si quieres, es decir, quizá sea mucho… pero estoy media caliente… y creo que tu también.

Ella tenía razón, a pesar de que yo no lo entendía del todo.

-¿Cómo se hace? –pregunté, y ella sonrió.

Ella, suspirando, se empezó a bajar su parte inferior del pijama mientras yo miraba, atónita. Luego se sacó sus calzones, dejando desnudas sus caderas. Ella no se depilaba por completo, me dijo, le gustaba tener un poco de pelito, se sentía más “mujer”. Yo pensé que se iba a detener ahí, pero ella siguió desnudándose, y poco a poco yo descubría sus curvas y su cuerpo mucho mas desarrollado que el mío. Lo último que se sacó fueron sus sostenes, y cuando vi sus pechos moverse mi sentimiento de acaloramiento aumentó, y sentía un cosquilleo entre mis piernas.

No era la primera vez que veía a otra mujer desnuda frente a mí, claro, pero la situación era distinta, era mucho más erótica. Ella se acercó a mi nuevamente, y sin decir nada volvió a besarme, y yo le respondía, sintiéndome cada vez más excitada.

-Debes quitarte la ropa también –me dijo al separar sus labios de los míos y mientras se recostaba en mi cama.

-¿Puede ser solo lo de abajo? –pregunté yo, con vergüenza de estar desnuda frente a ella con mi cuerpo aún no completamente desarrollado, pero dispuesta a seguir en aquella aventura.

-Nopo, la idea es que estemos iguales.

Y aunque le porfié un rato, terminé accediendo a su petición y comencé a desnudarme, temiendo que entrara justo alguien a mi pieza, aunque ya estarían todos durmiendo. Cuando estuve desnuda completamente ella se quedó mirando, pero al notar mi incomodidad no dijo nada.

-Me masturbaré para que me veas, y luego lo hacemos juntas, ¿ya? –me dijo.

-Ya… -asentí.

Ella primero comenzó a tocarse los pechos, y yo solo la miraba, roja de calentura y vergüenza. Estaba tan excitada que no podía evitar seguir mirando lo que hacía. Poco a poco una de sus manos comenzó a bajar por su vientre mientras ella abría sus piernas y las doblaba, dejándome ver su vagina, la primera vagina que veía desde ese ángulo. Entonces hizo un primer contacto con su genital y vi en su cara cómo el placer comenzaba a esparcirse por su cuerpo. Mire nuevamente su vagina, y noté su humedad en sus dedos, que dibujaban circulitos en su parte superior, donde estaba su clítoris.

-En esta parte es donde se siente más rico… -dijo ella explicándome – hazlo tu también.

Mi vagina estaba húmeda cuando la toqué. Muy suave, demasiado suave… nunca me lo había imaginado realmente, que se podía sentir así de lubricado. Y esa suavidad hacía que se sintiera muy placentero. Pero cuando hallé aquel punto exacto donde se encuentra el máximo placer sentí como si ondas eléctricas se expandieran a mi cuerpo cada vez que lo tocaba.

Ella me miraba cómo me tocaba mientras ella se masturbaba, y yo la miraba a ella. No decíamos nada, solo nos gozábamos. Yo me recosté a su lado en la cama mientras me masturbaba y notaba cómo aumentaba el placer a medida que me seguía tocando. Minutos después Marcela tuvo un orgasmo, en silencio se quejaba de placer mientras se seguía masturbando y tocando los pechos.

Pasó un rato y yo aún no acababa, ni sabía cómo se iba a sentir, no sabía si estaba cerca o no, solo se sentía cada vez más rico. Me sentía como lanzándome a un vacío al cual no se le ve el fondo, pero sientes que cada vez se acerca más y más, pues caes cada vez más rápido.

Entonces ella se acercó a mí y me comenzó a dar besos en el cuello, y yo no pude hacer nada más que sentir su lengua en él. Me daban escalofríos de placer que me dejaban cada vez más cerca de explotar.

-Eres linda, muy linda –me susurró ella al oído-. Debo admitir que de hace tiempo que quería esto, pero no me atrevía a decirte aún… yo te quiero.

Mientras yo me masturbaba ella me abrazó y poco rato después una fuerza indescriptible salió desde mi vientre, haciendo que contrajera mis músculos intensamente. Fue increíble, sentía como se me iba el aire y no podía respirar, era desesperante y placentero a la vez.

Estuvimos recostadas un rato sobre mi cama, apenas con fuerzas para vestirnos nuevamente y acostarnos bajo las sabanas.

Así nos quedamos dormidas, y despertamos al día siguiente de muy buen humor. Y aunque tuve un poco de problemas para aceptarlo, me declaré lesbiana por lo de aquella noche, y comencé a salir con Marcela. Ella parecía una experta, ya sabía muchas cosas sobre sexo, tanto con hombres como con mujeres, ya que ella era bi, me contó. Los pocos meses de ese año escolar más las vacaciones fue lo que duró mi relación con ella, esos 5 meses fueron el despertar de mi hambre sexual.



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