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Entrada inocente en el armario.


Era mi tercer cambio de escuela. Con las chicas no me llevaba mal, pero trataba, lo justo. No era él chaval más popular. Introvertido, y de hecho pasaba desapercibido, para la mayoría.

Aunque a veces, no era así para algún típico matón repetidor, Mi timidez, y aspecto aniñado, me lo ponían difícil cursando octavo.

Había también un repetidor, que pasaba olímpicamente, de compañeros y profesores,
ese era Juanjo, un chico, grandote de veinte años, pero que aparentaba veinticinco, destacaba entre los demás alumnos. Algunos no se le acercaban, por miedo, otros por tener algún lapsus en su forma de hablar.

Yo creo que estaba asqueado de todos, pero no le permitían irse del colegio. Desde que llegue, había notado algún paralelismo entre él y yo, por esa faceta, retraída.

Me transmitía confianza, a pesar de su carácter cerrado. En clase, le había prestado muchas veces gomas, hojas, etc... pero, nunca me dio las gracias.


En el recreo, lo observaba de lejos, irse a unos bancos, que estaban orientados a la calle. Se sentaba, y pasaba la media hora hasta volver a entrar.

Otro día, lo seguí. Era una zona algo escondida, donde ya no se acercaban muchos chicos, y más desde que él, la frecuentaba. Al acercarme a su banco, me percaté, que encendía un cigarro. Cuando pudo verme de refilón, se giro hacia mí, y me preguntó
sobresaltado, que, qué hacía allí. Le solté la excusa, de que no me caían bien, mis otros compañeros, y simplemente, me quería alejar de ellos. Sin hacerme mucho caso, me preguntó, si le iba a contar a algún profesor, que le había visto fumando. Después me dijo que si lo contaba, no le importaría.

Le pedí, una calada, y respondió, que yo no tenia edad, y que no daba nada gratis. Le ofrecí lo único, que yo tenía en ese momento, que era comida. Él aceptó el trueque. Merecía la pena, joderse un poco los pulmones, para intentar conocerle, algo mejor.


Varios días después, se reestructuró la clase. Ahora, me sentaría detrás, todo lo que quedara de trimestre, y Juanjo fue elegido, mi compañero.

Habían seguido el criterio, de separar, a los más parlanchines. Eso no cambió nada nuestro trato, el cual era en el recreo, podía acompañarle, solo dos veces a la semana, si repartía la mitad del bocadillo. En clase, no me dirigía apenas la palabra.

Pero notaba que pasando las semanas, eso iba cambiando. Y durante las clases, se comunicaba con migo, con codazos amistosos.

Un día, en el patio, llegó a agarrarme del cuello, con su brazo flexionado, y con los nudillos de la otra mano, los frotó en mi cabeza. La clásica llave de colega, pero a mí me hizo sentir, algo más.

A mitad de la ultima hora, sacó un carpesano que en lugar de apuntes, estaba lleno de revistas porno, que el mismo compraba sin ningún pudor, al kiosco de enfrente del colegio. Sonreía, al verme algo avergonzado y preocupado, por si nos fuesen a pillar.

Juanjo, continuó ojeándola y tocándose a la vez debajo del jersey, ya se empezaba, a abultar su bragueta. Enseguida, me susurró, preguntándome si yo no lo hacía nunca. Me quede embobado, sin saber que responderle. Pero en ese momento, me puse a recordar unos rumores, al poco tiempo de llegar, que corrían de él, cuando un par de años atrás, estaba apuntado en actividades extraescolares. Los chicos hablaban de lo grande que tenía su pene, y era el primero con los huevos cubiertos de pelo, lo cual no era tan extraño a su edad...

Volví de la inopia, con el sonido del timbre para irse a casa, sin no antes juanjo, prestarme una de las revistas que tenía, para el fin de semana.

Esa noche me costó un poco dormir, pensando en como se masturbó, sobre la ropa delante de mí, y envidiaba a muerte, a aquellos chicos que tuvieron la suerte de contemplarlo, en las duchas. Pero yo, también iba a poderlo comprobar muy pronto, pues era viernes, y según el calendario escolar, el Lunes, tocaba reconocimiento medico.

Llegó el día, y nos convocaron a todos en la sala del teatro. Lógicamente nos separaron por sexos. Cuando llegó nuestro turno, escogimos una silla cada uno, para dejar la ropa.

Mi pulso se aceleraba, a medida que Juanjo, que estaba a mí derecha, se desvestía. Hacía un minuto, que yo me había desnudado, hasta quedar con un fino sl**p de licra. Debía hacer un poco de frío, y se me puso la piel de gallina. Él, terminó también, y en realidad, se veía que era el mayor de clase. Tenía una piel bastante mas morena que la mía, de pecho robusto y voluminoso, semicubierto, de un vello suave y oscuro, que proseguía bajando por su barriga algo protuberante. El calzoncillo, que tapaba parte de su peludo pubis, sostenía el más relleno y pesado paquete, de todas las clases juntas.

Cuanto me estaba costando disimular, con todos los compañeros alrededor.

Juanjo, me pregunto, que tal me había ido con la revista, que si me había hecho muchas pajas... vaya lugar para preguntarme eso, pensé.
-.Si, seguro que te has hecho un montón
-me dijo con cara burlona, y estirándome la goma del calzoncillo con el dedo, para que me sacudiera al soltarla.

Nos colocaron en fila india, y él quedó a mi espalda. Le ofrecía, una buena panorámica de mi trasero. Yo, no sabía si me lo estaría mirando en ese momento, pero mi cuerpo algo pálido y delicado, creo que siempre le llamó la atención.

Dí un paso al frente, y él me siguió, pero se quedó tan cerca, que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, captándolo con mis nalgas. Se aproximo unos centímetros, y noté, perfectamente como, su barriga, y sus testículos rozaron mi cuerpo, manteniéndolos ahí un rato. Dado que me estaba empalmando, tuve que avanzar medio paso, mientras tapaba mi erección, con las manos.
Cerca como seguía de mí, sentí su cálido aliento en mi cuello, mientras me susurraba, como esa situación, le recordaba a una anécdota caliente, con una prima suya.

En ese preciso instante, acarició suavemente mi culata, o eso pensé. En realidad, se estaba empalmando, y su nardo "estaba llamando a mi puerta trasera".

Como no faltaba mucho, para nuestro turno, retrocedió diciendo: .-en clase, te lo acabo de contar. Y así, la situación se distendió. Llegó mi turno, y subí a una caja, con base de metacrilato, para observar la morfología de mis pies, luego para mi sorpresa, pues en otros colegios no me las hacían así... me bajaron todo el calzoncillo, dejando mi culito prieto a merced de la viciosa mirada de Juanjo. Mientras tanto avergonzado, era manoseado, desde el escroto, al prepucio. Rápidamente después del magreo, tape mis vergüenzas, mientras el doctor me decía, que tenía fimosis. ¡Genial! Me quería esfumar, ahora mis compañeros, podrían conocer otra cualidad que me feminizaba aun más. Con suerte nadie lo habría escuchado.

Desde mi puesto, acabando de ponerme los pantalones, vi a Juanjo sobre el pedestal, que deslizaba con sus pulgares, rápidamente el calzón hacia abajo, descubriendo su redondo y bien rematado culo. Lo cubría una fina y morbosa vellosidad. Desgraciadamente, no podía ver bien la parte delantera, sin poder disimular mostrar interés.

Al llegar a la clase, siguió explicándome la tórrida escena casi de i****to, con su prima carnal. Me aseguró, que a una habitación de distancia, de sus padres, habían follado, en varias posturas con la ropa interior puesta. El cabroncete, estaba consiguiendo ponerme caliente otra vez.. Solo imaginármelo retozando sudado, y medio desnudo, acelero mis latidos. El también estaba erecto, por supuesto, como lo estuvo en la fila tras de mí.

-Entonces, con la voz sugerente, me soltó:
- con la fimosis no puedes follar. ¿Verdad?

¡Lo había escuchado!.-No sé que quieres decir. -Le dije nervioso.

-Sé que la tienes, no tienes que disimular. -Contestó.

Me dijo, que no había conocido, aun a nadie con eso, y que se lo enseñara, como hice con el doctor.

Después de insistirme un rato, le dejé claro que en la clase, no se lo podía enseñar.

Entonces me ofreció una solución:
- Pues en la hora del recreo, te espero en el lavabo, cuando no quede nadie.

-De acuerdo -le dije yo, satisfecho por que no me insistiría más, pero sobre todo, porque se iba a cumplir mi fantasía de estar a solas con él.

Después de sonar el timbre, fui recogiendo despacio, para hacer tiempo, incluso entretuve al profesor unos minutos, fingiendo, que tenía una duda.

Al pasar diez minutos, me dispuse a bajar las escaleras, hasta el pasillo que conducía a los servicios, no muy lejos del patio. Mi respiración se entrecortaba, y se me estaba secando un poco la boca. Finalmente me hallé frente la puerta, y disimulando, miré alrededor y la traspasé. Allí estaba, de pie, con un semblante de alivio en la cara y sin inmutarse por mí presencia, meando en un urinario de pared. Este parecía algo embozado, y desde mi posición pude ver como se iba anegando, de liquido amarillento. Permanecimos sin articular palabra, pues yo estaba tenso, y me pasaban mil cosas por la cabeza, menos hablar.

El silencio solo se rompía, por el sonido que su orín provocaba al gorgotear sobre sí mismo
Parecía no tener fin, y con la misma intensidad. También en eso se dejaba ver la diferencia de edades, tenía un "caldo" visiblemente más intenso, que el nuestro. Y también logre percibir, que la estancia, se cargaba de un tibio y ácido aroma, por el mal ventilado del inodoro.

Finalmente cesó la descarga, y de espaldas a mí, flexionó un par de veces las piernas, y sin oportunidad a vérsela, se la guardó de nuevo. Se giro hacia mí sin pulsar el difusor, para que no se desbordara, se fuera poco a poco, y para dar entender que allí no había nadie.

-cierra -me ordenó.
Pero le pedí dejarla entornada, para poder escuchar, en caso de venir alguien..

-joder, como quieras. Sácatela para verla. -me dijo ansioso.

No pensé, que me cortaría tanto delante del. Me quedé bloqueado. De fondo, se escuchaba como el inodoro poco a poco intentaba tragar. Mi situación no era muy distinta, hacía por tragar pero no tenía saliva. Eso era lo que quería, ¿por qué tantos nervios?

-Mira, tu me la enseñas, y luego yo a ti. ¿Vale? -me dijo para rebajar la tensión.

Menos nervioso, comencé a abrirme la bragueta, y saqué mi cola. Juanjo se acercó, y sin pedirme permiso, la agarró con solo tres dedos y con delicadeza, intento descubrirme el glande, sin éxito.

-vaya, así que es verdad, tu no se la puedes meter a nadie. Es curioso, parece un oso hormiguero. -dijo jocoso.

No negaré que me sentó mal que se mofara. Se irguió ante mí, y tranquilamente bajó su cremallera.

-Estas preparado? Ahora mira tu.

Y dejo ir sus 08cm en reposo, ante mí atónita mirada. Hacía dos de la mía! Ya no eran fantasías, esa magnifica berga, mas morena que él, crecía lentamente en su recia mano.
Se alzaba, desde dos enormes testículos, negros por la cantidad de pelo que los rodeaban. Los rumores, habían sido superados por la realidad.

-Acércate, que no muerde. Ahora, veras la mayor diferencia, entre tu trompita
y mi cipote. -comentó orgulloso.

La polla. ya casi doblaba su tamaño. Era la primera vez que veía una, tan cerca y estirándose para mí, y aun así, sabía que se salía un poco de lo normal.

-ven y agarrala. Ahora mismo esta como la tuya, aparta la piel hacia atrás.

-Prosiguió excitado.

Tomé ese vigoroso falo, en mí mano, ajustando la punta, y con cuidado deslicé el pellejo terso, en dirección a su vientre. El prepucio resbalo suavemente bajo mis inexpertos dedos, a la vez, que la obertura cedía, y de la nada, apareció un apetecible "hongo", color majenta brillante, de tacto suave. Acaricié el glande, con la yema de los dedos, fascinado por su forma tan sensual.

Mis sentidos en alerta, distinguieron ruido de tacones acercándose, por el pasillo. Yo me incorporé, pues estaba en cuclillas, Y él, escondió a la bestia, sin subirse la cremallera. Me adherí a la pared procurando que no se me oyera, ni respirar. Los pasos acababan de oírse pasar frente a nosotros, y se empezaban a alejar, hacia la salida del patio.

Miré a Juanjo, y estaba otra vez con su miembro fuera... sin mediar palabra, señalo a su mástil, para darme a entender que bajase a probarlo.
Tenía el corazón en la garganta, por el susto, y los pasos aun se escuchaban, pero muy débiles. Le hice un gesto de negación, nervioso por si nos pillaban. Después, señalo a su boca, mientras su nabo cabeceaba con vida propia. Me volví a negar, y con una pequeña paranoia, pegué mi oreja a la puerta, sin prestarle atención.

De repente, el robusto cuerpo de mi compañero, se abalanzó sobre mí, sitiándome con la pared de azulejos. Amarró mi cabeza por detrás, y se lanzó con su boca, sobre la mía entreabierta, introduciéndome de una vez toda su lengua morbosa.

Nuestras lenguas, estuvieron un buen rato echando un pulso, venciendo él claramente.
A la vez, con la otra mano, apretaba mis nalgas, deseoso.
Con el primer f***ejeo, se me subió la camiseta hasta las costillas, permitiéndome sentir el contacto con su pene, y el calor que desprendía, contra mi abdomen.

Con su pie acompañó la puerta, cerrándola disimuladamente. Pero mis sentidos habían despertado, y estaban solo pendientes de él.

De todas formas, me fijó mis brazos al cuerpo, haciéndome retroceder con él, hasta la pared más alejada de la puerta, que era la del urinario. Casi empotrado en el rincón pegado al wc, siguió robándome el aire, presionándome con sus potentes labios.

A la vez que su saliva hidrataba mi lengua, enterró su mano derecha en la culera de mi pantalón, abarcando y apretándome los glúteos a pelo. Después pasándola al centro, descendió un poco entre mis nalgas, encontrando mi ano, compungido al contacto inesperado con sus dedos. Prosiguió con aquel morreo sucio, mordiéndome con suavidad pero excitadísimo el labio inferior. Del gustazo se me relajo el esfínter, y el pudo sumergir su anhelante dedo anular, algo mas de la uña.



Su gran lengua aplastaba la mía, y ocupaba casi toda mí boca, inundándola con sus fluidos. A la vez su grueso dedo, tenazmente hurgaba en mis entrañas, siendo profanadas por primera vez.

Igual de repentinamente, se separó de mí, medio acomodándose sobre el inodoro. Me dejó algo sorprendido, y permanecí inmóvil mientras el reclinado, acariciaba su pollón.
Juraría que se ensanchó mas que antes. Con su rabo en una mano, con la otra me ordenó con un gesto, que me arrodillara.
En esos momentos yo, ya no tenía voluntad propia, y obedecí ciegamente. Apartó las dos manos de su increíble miembro, y reconocí otro gesto, para que me acercara. Lo hizo de la manera más sutil y morbosa posible, pues fue su polla, el que me lo indicó con sus cabeceos viciosos e impacientes.

Separó ligeramente las piernas según me aproximé arrodillado. Seguí avanzando, hasta su glande cabeceó directamente en mi frente. Juanjo se subió el jersey, por encima de la panza que se le veía por esa postura acomodada. Levanto la mano derecha, y la plantó sobre mi cabeza.

La dirigió hacia él con seguridad, arrastrándome con ella, y mis labios toparon con su "fresón" caliente, aplastándolo y a mi con el sobre su lanuda panza. Movió mi cabeza en circulos amasando mi cara en su polla., con la boca entreabierta.

Sentí su mano contundente, ponerse en mi hombro. Despues subio a mi nuca.

Mi cuello le cabía en la mano,y lo tomó firmemente. Mi cuerpo se apretó mas para al suyo, y por la presión suave que hacia con el brazo, su pene fue entrando en mi boca, penetrando atraves de mis temblorosos labios. Note ese trozo de carne semi flexible reaccionar al contacto de mi lengua: tomaba una rijidez intermitente, y sus bolas que me quedaban por el cuello subían hasta mi barbilla.

En un minuto mi boca tubo que abrirse, por lo mucho que su polla se expandía. Con la boca bien ocupada por esa gran polla empezó un suave movimiento, de va y ben, el cual fue tomando ritmo poco a poco. Ya entró tantas veces seguidas, que de cada empujón llegaba mas y mas profunda…
Se me pusieron los ojos llorosos por lo honda que esa polla escavaba. Pero yo me sentía pleno y contento, que mi querido grandote se estuviera fijando en mi, y me regalara el mejor “miembro” de todo el centro. Mire por encima de su barriga, y su cara estaba compungida mientras resoplaba. El se dio cuenta que le miraba, me sonrió de forma ironica y en ese momento me agarró con las dos manos de la cabeza. El calor invadió mis mejillas, y su movimiento de caderas se hizo mas rápido. En mi boca habían un cumulo de sabores mezclados, entre ellos la precum, que era capaz de sentir mientras me follaba la boca.

Mi respiración era rápida por la nariz y mi pulso saltaba como loco; nunca me había pasado antes

El estaba igual resoplando y gimiendo como un oso mientras el sudor le goteaba de la sien. Pero el ritmo no bajó en ningún momento, hasta que finalmente, su capullo que desde un rato quería meterse en mi, se volvió como de hierro. En un rápido movimiento
Apartó su polla de dentro de mi boca y explotó como un volcán de lava blanca, en parte sobre mi nariz. El segundo disparo, (el mayor y el mas espeso) cayó casi en mi ojo derecho, ocupando también una parte de mi frente. No debió parecerle que disfrutaba de su húmedo regalo, y de golpe la volvió a introducir rápidamente en mi boca, mientras aun salían pero menos intensos disparos, depositándose en lo mas profundo de mi boca. Llegando a quedar de nuevo encajada en mi garganta, con sus bolas manchadas de (leche) apretados en mis labios. Soltó un ultimo soplo mientras nos mirábamos a los ojos, y sonrió acariciándome la cabeza de forma casi paternal.

Una vez deguste bien aquel manjar, apoyé mi cara en su barriga, y mientras cerraba los ojos, me di cuenta, que acababa de que solo con un hombre llegaría a sentir lo mismo, y que acababa de “entrar inocentemente en el armario”














THE END



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