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Vacaciones al norte de Chile - Parte 3 y Final

El día siguiente a aquella extraña noche fue inesperadamente normal. Cuando me había despertado salí de la carpa y un rato después también salió Natalia, vestida, y me saludó como si nada hubiese pasado. Yo estaba nerviosa, pero pronto hablábamos normalmente y olvidé todo el asunto.

De nuevo fuimos a esta laguna a bañarnos, pero más temprano, cosa que no había nadie cuando llegamos. Y a pesar de que había sol y ni una nube, corría un viento bastante fresco.

-Metamonos al agua, en un ratito se nos pasa el frío ¿no? –dijo mi hermana, a quien se le notaban los pezones bien duritos por el frío.

-Yapo, a ver si te atrevi con este frío –le contesté yo, con la piel de gallina, y también con los pezones bien duros, noté.

Y mi hermana, casi sin esperar, se lanzó al agua, pegando un grito y riéndose. Se rio de mi, temblando de frio retándome ahora a que yo me metiera. Y para no parecer hice lo mismo, llegué y me lancé. No estaba tan helada como había pensado, pero aun así tiritaba y tiritaba, y sentía mis pezones cada vez mas duros. No pude evitar pensar en los de mi hermana y se los tuve que mirar. Ella notó que la miraba y sonrió.

-Si, están bien duros –y rio. Ella siempre reía, se lo tomaba todo tan a la ligera, y yo siempre aproblemandome…- Sería rico eso sí dejarlos al aire, eso sí.

Cuando dijo eso sentí un escalofrío tremendo y un pequeño calor que empezó a nacer en mi bajo vientre. Estuve apunto de atreverme a sugerirle que se los sacara cuando llegaron mas personas. Nosotras teníamos que irnos mas o menos tempranos, asique decidimos salirnos e ir a preparar todo. Mi hermana caminando adelante mío no pudo evitar llamar la atención nuevamente de los hombres que habían, pues iba ella erguida, desaproblemada, con los pezones sobresalientes en su bikini. Yo me armé de valor y seguí sus pasos, y noté también cómo me miraron. Sentí de repente un calor en mi entrepierna y otro escalofrío. Todo el resto del día me sentí cada vez más caliente.

Llego nuevamente la noche, pero esta vez dormíamos en cabaña, en piezas diferentes. Hablamos hasta tarde como era habitual y ella se fue a su habitación. Intenté ignorar mi calentura y traté de dormir, solo para encontrarme sin calzones a los pocos minutos, acariciando mi vagina. Estuvo humeda casi todo el día, ansiando el placer. Tanto lo ansiaba que aquel orgasmo iba a llegar casi inmediatamente, pero momentos antes de que sucediera la explosión sentí unas intensas ganas de orinar. Paré de tocarme de golpe y me dirigí hacia al baño que se hallaba al frente de las dos habitaciones, sin siquiera ponerme ropa interior.

Note que la puerta de mi hermana estaba abierta, pero no miré dentro, me dirigí directamente al baño, aunque las ganas ahora eran menos, cuando escuché la voz de Natalia.

-¿Sofía, que pasa?

La voz venía del comedor.

-Na… Nada, solo voy al baño.

-Pero si fuiste antes de ir a acostarte –dijo ella asomándose por el pasillo hacia el comedor, estaba descalza, solo en calzones y la misma camisa de anoche. Al verme sonrió perversamente- ¿Por qué estás casi en pelota?

Sentí como me puse roja, y agradecí que hubiese poca luz. No supe que decir. Balbucee como una estúpida, y eso fue lo que me delató… debí haber disimulado (aunque en el fondo no quería disimular).

-¿Sigues ganosa después de anoche, Sofi? –interrogó Natalia, según yo muy sensualmente.

-No… -atiné a responder.

-Mmmmm… entonces creo que pensé algo loco, perdona.

-No, espera –dije, tomando una decisión-, la verdad es que igual me siento mas ganosa que antes… todo fue bien extraño porque eres mi hermana… pero puta que fue rico.

-Ah… -dijo mi hermana pensativamente. Hubo un silencio, y yo pensé que las había cagado con sincerarme.

-¿Qué pasa…?

-Eres egoísta eso sí. Anoche acabaste y yo tuve que dormirme al lado tuyo no mas.

-Yo…

Pero antes de que terminara de defenderme ella se acercó a largos pasos, me tomó de los hombros y puso sus labios contra los míos.

Ya en ese punto todo razonamiento estaba fuera de lugar. Yo solamente abrí mi boca y sentí la lengua de Natalia entrando y entrelazándose con la mía. Nos separamos un segundo e inmediatamente yo le mordí su labio inferior a la vez que se lo besaba. Ella de a poco llevaba su mano derecha hacia a mi vagina, húmeda como nunca. Al primer contacto sentí un espasmo de placer tan fuerte que sentí como mis piernas flaqueaban y casi no pude sostenerme en pie.

-Mejor vamos a la cama… -dijo ella, separándose de mí.

-Sí...

La seguí entonces hacia su habitación, mientras ella comenzaba a desabrocharse la camisa que traía puesta, exponiéndome otra vez sus redondos pechos. Yo me encontraba muy excitada, mi vagina era una inundación, toda mi entre pierna se encontraba humedecida, yo estaba que explotaba… y aun así, aunque intenté no pensar en que ella era mi hermana, durante ese instante que dejamos de besarnos aquel hecho atacó mi mente.

-Natalia… ¿Estás segura de que esto está bien?

-Probablemente no –respondió ella, entendiendo mi sentimiento. Me invitó a sentarme en la cama, a su lado y yo fui-. Mira, hermanita, aunque para mucha gente esto sea un pecado o cosas así, a mi me encanta y no le veo lo malo. No quiere decir que lo andaré contando o algo, esto nadie lo sabrá más que tú o yo, pero si no quieres seguir lo entiendo.

Me lo pensé un momento, y dejé de intentar verla como una mujer cualquiera, para verla como a mi hermana. Mi querida hermana Natalia, mí extrañada hermana. Mi deseada hermana. No se podía evitar, deseaba con muchas ganas acostarme con mi propia hermana, de tener sexo i****tuoso. El sentimiento era igual al que había sentido cuando me sentí atraída por primera vez hacia otra mujer y tuve que aceptar que era un sentimiento lésbico. El mismo sentimiento que, al creerme lesbiana, descubrí que también los cuerpos de hombres me atraían sexualmente una vez que bailé con uno… pero esa es otra historia.
El punto es que todo esto era i****tuoso, pero eso es lo que me excitaba tanto. Me deshice de mi polera, quedando más desnuda que mi hermana, que aun tenia puestos sus calzones.

-Bueno, Natalia… ya estoy decidida.

Ella miraba mis pechos atentamente.

-¿Habías estado con otra mujer antes? –le pregunté.

-Solo besos, cuando era cabra chica, pero nada más.

-Igual anoche cómo me tocaste fue super rico…

-Ah, es que intenté tocarte igual como me toco a mi, y eso.

-Mmm… ¿Oye, y que tan lejos pretendes llegar ahora…?

-No sé…

-Bueno… no importa, ahí vemos, yo te trataré como he tratado a parejas mujeres con las que he tenido sexo…

-Ok –dijo ella, finalmente nerviosa.

Sin pensar más me acerqué ahora yo a ella y le besé los labios, y ella respondió abriendo bien su boca y asomando su lengua, para encontrarse con la mía. Ese fue mi turno de llevar mi mano hacia su vagina, que acaricié sobre su calzón. Su respiración se aceleró un poco, y ella se echó de espaldas sobre la cama, dejando sus pechos a mi merced. Emanaban el mismo aroma lácteo de la noche anterior, y los comencé a lamer mientras apretaba mis dedos arriba de su vagina. Pronto su humedad comenzó a sentirse en el suave género de su ropa interior, asique decidí sacárselos finalmente.

Ella no decía nada, solo se retorcía de placer. Y yo estaba en las mismas, sentía a mi vagina palpitar. Yo seguía chupando sus pezones, mientras unas gotas de leche salían (seguramente no se había acostado aún para sacarse leche) y mi mano finalmente entraba en su húmeda concha. Dejé sus pezones en paz para llevar mi mano, mojada por su vagina, a mi boca y luego de mi boca a la suya. Ella dudó un momento, y me miro como diciendo que no quería, pero finalmente se atrevió y comenzó a lamerme los dedos. Eso más me excitaba.

Entonces decidí seguir avanzando. Tome sus piernas y las abrí, yo me puse de rodillas frente a ella. Le tome una de sus piernas y comencé a besar su talón. Y de a poco comencé a bajar más y más, colocando su pierna sobre mi hombro. Ella gemía de placer cuando yo lamía su muslo y me acercaba a su entrepierna, que goteaba y goteaba.

Cuando finalmente llegue a su vagina se la lamí desde abajo hasta su clítoris, haciéndola gemir intensamente. Así comencé a hacerle sexo oral, usé mis labios, dibujé círculos con mi lengua, metí mis dedos en su interior a la vez que lamía su clítoris. Natalia no sabía que hacer con tanto placer, se desesperaba; por mi lado yo sentía cómo fluía un líquido espeso y caliente desde mi vagina, recorriendo mis muslos, si me tocaba, seguramente tendría un orgasmo.
-Estoy cerca… Sofía… voy a acabar.

Y era verdad, Natalia no podía dejar de mover sus caderas en mi boca, y sus gemidos eran cada vez más intensos. Sin dejar de hacerle sexo oral lleve mi mano a mi vagina y metí mis dedos de una. Quería acabar junto a mi hermana. De pronto mi hermana dejó de respirar y arqueó su cuerpo, levantando su pelvis y yo seguía lamiendola. Finalmente cayó nuevamente sobre la cama desesperada porque yo no dejaba de hacerle sexo oral, comenzó a quejarse repetidamente de placer y mi orgasmo estaba muy cerca también.

-¡Para!¡Para! –me decía Natalia- Está muy sensible!

Pero yo no paraba, y ella más se retorcía, sudando desesperadamente. Entonces yo comencé a venirme, y con mi boca en su vagina comencé a quejarme intensamente. Sentí nuevamente esa explosión proveniente de mi vientre, y grité mientras me seguía masturbando y mi hermana aún se retorcía.

Lo siguiente que recuerdo es que al día siguiente desperté y estábamos las dos desnudas sobre la cama. Esa fue la segunda y última vez que tuve un encuentro i****tuoso con mi hermana, a excepción de unos cuantos besos que nos dimos después. Ese día tomamos el bus de vuelta nuestra casa, y no hablamos más del tema. Pero si había cambiado algo. Me sentía mucho más cercana a ella ahora, y éramos más cariñosas entre nosotras. Tanto a veces que nuestra mamá nos miraba raro, pero se reía. Algo me dice que ella sospecha cosas sobre Natalia y yo, pero nunca ha preguntado, y nunca ha parecido m*****a.


Este es el fin de aquella aventura que tuve en el norte.



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