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Vacaciones al norte de Chile - Parte 2

Mi sentido de la moralidad me decía que eso estaba mal, ella era mi hermana y no debíamos hacer eso, sin embargo, no podía evitar sentirme excitada, sabía que mi calzón ya se encontraba húmedo, sin necesidad de tocar. Soy humana después de todo, hay cosas que no se pueden evitar, como la excitación… ésta nunca ha sido voluntaria. Y había pasado tanto tiempo desde que vi a mi hermana… que quizá por eso, de una u otra forma podía excitarme con ella. Ella es muy linda, me causaba cosquilleos en el vientre, simplemente no pude luchar más, y me entregué completamente al deseo, al calor húmedo de mi entrepierna.

Pellizqué su pezón para que su leche comenzara a fluir nuevamente por su pecho, mientras que con la otra mano yo le terminaba de sacar la camisa, dejándola solo con calzones. La gota de leche que salió comenzó a fluir lentamente, dirigiéndose hacia sus piernas, pero antes de que llegara a la altura del ombligo acerqué mi boca y comencé a lamerla, hasta llegar a sus pechos, los cuales empecé a besar y besar, a lamer y lamer, húmedos por mi saliva y por su leche.

Sentí como la respiración de Natalia empezó a agitarse cada vez más. Yo me despegué un momento de sus pechos y comencé a atacar su cuello, mordisqueándolo dulcemente. Mi mano masajeaba sus pechos, los cuales calzaban justo para agarrarlos, y mi hermana dejó salir un leve quejido por primera vez, lo cual no hizo más que excitarme más.

Mi mano comenzó a bajar por su vientre, hasta entrar poco a poco dentro de su calzón. Yo le seguía besando el cuello, mordiéndolo y lamiéndolo, mientras que con mi mano sentía su vellosa pubis. Acaricié un rato sus pelitos antes de continuar y encontrarme con el comienzo de su vagina, muy húmedo y suave. Sentí a mi hermana contraerse ante el primer contacto de mis dedos con su húmedad, y se contrajo nuevamente cuando empecé a dibujar pequeños círculos con mis dedos alrededor de su clítoris.

Mientras la masturbaba dejé de basarla para dedicarme a ver su cara de placer. Tenía los ojos cerrados, apretados, y se mordía los labios, que los tenía muy húmedos; su rostro estaba entero enrojecido. Cuando notó que yo la miraba sonrió jadeante, diciéndome:

-Tengo suerte de tener una hermana tan habilidosa… espero yo poder darte tanto placer también.

Yo no supe que decir, no quería hablar. Ella, en todo caso, no esperó respuesta y comenzó a deslizar su mano por mis piernas hasta llegar ahí donde se unían mis extremidades inferiores, y sobre mi calzón empezó a palpar mi humedad. Ese fue mi turno de sentir contracciones y de quejarme de placer. Mi hermana siguió haciendo presión sobre mi inundación mientras yo seguía acariciándole la suya.

El orgasmo que tuve llego de sorpresa. No esperaba venirme tan rápida y repentinamente, mi hermana ni siquiera había tocad bajo mi calzón cuando sentí una explosión proveniente del interior de mi vagina, la cual se expandió fuertemente hacia mi vientre y piernas, pechos y brazos y finalmente mi cabeza. Mis músculos se apretaron inevitablemente, haciendo que dejara de manosear a mi hermana para caer de lleno dentro de una lluvia de espasmos. Caí de espaldas mientras arqueaba mi espalda y un grito ahogado salía dentro de mi a través de mi boca, jadeante y abierta. Todo eso mientras mi hermana, sorprendida ante mi orgasmo seguía tocándome la entrepierna, lo cual me hacía agonizar más prolongadamente. Ella corrió mi calzón y tocó ahora mi desnuda vagina, penetrándome con sus dedos mientras que con el pulgar presionaba y masajeaba mi clítoris, y ella misma se colocaba sobre mí, hasta que yo, con los ojos blancos sentía la llegada del último impulso eléctrico sobre mi cuerpo.

Sentí como los músculos se empezaban a relajar y la fuerza comenzaba a abandonar mi cuerpo. Lo último que recuerdo de esa noche es a mi hermana recostándose a mi lado, con su brazo sobre mi vientre y con el otro abrazándome y acariciando mi cabeza. Así me quedé dormida, y así desperté al día siguiente.

No había sido un sueño ni nada así, ella seguía desnuda a mi lado, durmiendo. Y yo seguía con mi calzón corrido. Me arreglé el calzón con vergüenza, casi sin moverme para no despertar a mi hermana.



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