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Vacaciones al norte de Chile - Parte 1

Mi nombre es Sofía, voy a relatar sobre una aventura que tuve en mis vacaciones de verano del año 2009 si no me equivoco, cuando yo tenía 20.

Fue un viaje mío y de mi hermana Natalia, unos 27 años en ese entonces y la mayor de las tres que somos, y la única que tiene hija, que de hecho la había tenido hace unos 3 meses. La cuestión es que ella vive en Italia, pero vino a Chile de visita. Fuimos al norte de Chile por una semana.

Todo estuvo genial, hace mucho tiempo que no hablaba con ella, asique había harto con lo que ponerse al día. La mayoría de las noches dormimos en hostales que ella había pagado (ya que es la única de nosotras que trabaja), cada una en habitaciones distintas, aunque nos quedábamos hasta bien tarde conversando y riendo sobre lo que habíamos hecho todo ese tiempo sin vernos.

Fue una de las últimas noches cuando sucedió algo que jamás me hubiese imaginado. Resulta que ese día fuimos a una laguna que tenía la particularidad de que su concentración salina era tal que uno flotaba en el agua, por más que uno quisiera sumergirse. El punto es que como nos pusimos bikinis y obviamente no éramos las únicas personas bañándose, no pudimos evitar llamar la atención de algunos hombres, quienes nos miraban bastante. Nosotras no prestamos atención, a pesar de lo evidente que eran sus miradas.

Bueno, la verdad yo no pude evitar devolver la mirada de vez en cuando, pero muy discretamente. Ninguno era particularmente de mi gusto, aunque se sentía bien que me encontraran a mí y a mi hermana dignas de atención, porque bueno, la verdad es que nuestros genes fueron favorecidos, y heredamos la belleza y, me atrevo a decir, la sensualidad de nuestra madre. Fue, ahora que lo pienso, probablemente el comienzo de esa sensación de placer que siento al ser observada con fines meramente sexuales.

Pero fue esa noche, como dije, cuando pasó lo que hizo que me diese cuenta de ese placer. Fue la única vez en la que dormimos juntas, ya que dormimos en una carpa, porque lo único que había cerca eran campings y no hostales. Como era usual nos quedamos hablando hasta tarde, sobre un colchón inflable que teníamos, y bajo varias frazadas.

-¿Y cómo vas en el amor, hermanita? –me preguntó de repente. Había olvidado que a ella le gustaba curiosear sobre eso.
-Bueno… -dudé, y me puse muy nerviosa- ¿La mamá no te ha contado?
-No, no ha dicho nada. ¿Qué cosa, ah? –obviamente esto le interesó mucho, y no iba a dejar de preguntarme, y de todas formas ya no era un secreto.
-Nada po, o sea, estoy saliendo con otra mujer.

Ella se sorprendió, y por un momento pensé que no le iba a agradar o algo así, pero se rio y me dijo:

-Disculpa que me ría, es solo que siempre pensé que a ti te gustaban solamente los hombres, y es extraño, porque juraría que hoy hasta disfrutabas que te miraran las pechugas y el poto –y se largó a reír de nuevo.

Yo me puse muy roja, me sentí pillada. Y obviamente notó mi color, a pesar de que la luz no era tan brillante, asique decidí a admitirlo.

-Bueno…. Sí, me gustó ser mirada –me reí nerviosamente-, no es que me gusten solo las mujeres, ¿sabes? Además…
-Cálmate, Sofía. Si la verdad es que a mi también me gusta que me miren, es como… no sé, erótico sentirse sexy, por así decirlo.

Ahora era yo la sorprendida, siempre pensé que mi hermana era mas bien reservada, y además sentí algo en mi estómago, un retorcijón de esos que dan cuando uno se emociona por algo. Me acordé de las miradas que había sobre nosotras en el día, y otro retorcijón acompañó al recuerdo.

-En fin –dijo mi hermana- Creo que ya es hora de dormir, mañana nos levantamos temprano.
-Si, buena idea –dije yo torpemente.

Pero ella no se echó a dormir de inmediato, sino que se desabrochó la camisa con la que andaba dejando a la vista sus crecidos pechos debido al embarazo. Normalmente ya eran grandes, y muy bien formados, redondos.

-¿Qué haces? –pregunté.
-Ah, es que como estoy dando leche, ahora que no está la Vale (su hija), me duele, porque como que se llenan, asique tengo que sacarme yo.

Y procedió a sacarse el sostén. Nunca le había visto los pezones. Eran oscuritos en comparación con su blanca piel, y su aureola era un poco más grande de lo que debían ser, probablemente.

Ella como si nada comenzó a apretarse su pecho izquierdo y comenzó a juntar la leche que salía en un vaso chiquito que había sacado de su bolso. Cuando se llenó yo pensé que lo iba a tirar fuera de la carpa, pero en vez de eso se lo bebió. Natalia notó que yo estaba mirándola como hipnotizada, y se rio.

-¿Quieres probar? Es diferente a la de vaca, pero es rica igual.
-Eh… bueno –respondí sin mucha seguridad, casi por inercia.
-Ya, mira, yo sujeto el vaso y tu me sacas leche, pero que no sea tan fuerte o sino…
-¿Qué? ¿Quieres que yo te saque? –interrumpí, atónita, no me imaginaba tocando los pechos de mi hermana.
-Si pos, , no seas cuatica, ni que fuera la primera vez que tocas el pecho a otra mujer – me dijo picaronamente.
-Pero… eres mi hermana.
-Ya oh, si no queri no importa –me dijo, riéndose de mi nerviosismo.
-No, no, déjame, lo haré –dije enfadada por mi nerviosismo.

Ella colocó el vaso bajo su pezón, yo me destapé y me acerqué, cuando le toqué su pecho dio un pequeño brinco, ya que yo tenía las manos heladas, pero no presté atención. Otra vez sentí un retorcijón, aunque ahora le precedió calor en el estómago. Cuando presioné para que saliera leche primero lo hice muy despacio y en vez de salir un chorrito, este fluyó a través de la redondez de su pecho. Inmediatamente, nerviosa, apreté muy fuerte y ahora salió un chorro tan fuerte, que, como yo estaba al frente de ella, me saltó un poco a mi brazo, polera y a piernas desnudas (solo me encontraba con ropa interior y polera, al igual que ella), también tenía un poco en mi mano. Ella se quejó un poco por el apretón y se rio, yo estaba tan nerviosa que no podía concentrarme, solo le pedí que se quedara quieta, y finalmente hice la presión correcta. Sin embargo, no llené el vaso. Tenía un poco menos de la mitad cuando decidí probar un poco solamente, para saber cómo era de una vez.

Expectante mi hermana miró como me llevaba el vaso a la boca y daba un pequeño sorbo. Fue totalmente extraño, no es que me gustara, pero seguí bebiendo hasta que se acabó. El calor que sentía en mi estómago había empezado a expandirse por mi cuerpo.

-¿Y? –interrogó ella.

Sin embargo, en vez de responder, yo me chupé los dedos que tenía con leche aún y sonreí. Yo no dejaba de sentir más y más calor. Me sentía fuera de lugar, definitivamente me estaba excitando por beber de su pecho.

Aunque debo admitir que de todas formas yo andaba acumulada, en general me masturbo seguido, pero como las noches anteriores terminaba cansada el día, solamente dormía. Y gracias a los tipos que nos habían mirado por el día, y esta “intimidad” que estábamos teniendo con mi hermana… no pude evitar calentarme. Es decir, mi cuerpo no pudo evitarlo.

-¿Puedo beber más? –pregunté a Natalia, casi jadeante.
-Si, claro, aún queda… -respondió ella, notando que la situación estaba rara.
Y me estiró la mano para que le entregara el vaso, sin embargo, lo arrojé lo más lejos que se podía en aquella carpa y me dirigí hacia su pecho, pasando la lengua por donde había chorreado leche y terminar en su oscuro pezón, al cual le di una chupada más o menos fuerte y pude saborear de nuevo esa extraña leche.
De pronto me di cuenta de lo que hacía, y me despegué de ella, con un poco de leche en los labios, y le iba a pedir perdón, pero ella no parecía enojada. Ella había cerrado los ojos y se mordía los labios inferiores. Estaba un muy roja.

-Sofía, -me dijo, de repente muy seria- sinceramente a mi no me gustan las mujeres, menos aún tú, mi hermana, sin embargo, hace mucho que no veo a Darío (su esposo, que no vino a Chile), y hoy, que me miraran… igual me calentó…
Y puso su mano en mi cara, haciéndome cariño.
-¿Qué quieres decir…?
-Bueno… que nos demos placer



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