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Viaje a sinaloa

Esto que les narrare enpeso cuando tuve que realizar un viaje que Ni en mis sueños más fantasiosos tuve una experiencia como la que viví ese inolvidable día.
Llegué a la estación norte de autobuses en la ciudad de mexico pasando el medio día, tenía que viajar, por cuestiones laborales, al Estado de Sinaloa.
El viaje sería muy largo, poco más de 26 horas, así que busqué una línea de autobuses que ofreciera una extrema comodidad. Después de recorrer algunas taquillas tomé mi turno en una que brindaba, inclusive, servicio de azafata abordo.
En la taquilla solo estaba antes de mi una persona, pero comprando varios boletos por lo que el trámite se estaba alargando. No tenía prisa, así que esperé pacientemente, ya estaba por retirarse el comprador que me precedía, cuando escuche a mi espalda una voz muy desagradable, pensé : qué voz tan fea, parece de una mujer histérica y vieja.
-apúrate, cómo eres lenta, ya quiero que te vayas-
me volví para ver quien gritaba. Era un hombre como de 45 años, mal afeitado, sucio y con una pinta de ignorante y estúpido, en pocas palabras: un naco y la lenta era una mujer de unos 40 años, de piel muy bronceada, hermosa cabellera negra y muy bonito cuerpo.
-Ya voy mi vida- respondió la mujer-
toma le dijo
_ te dejo este dinero para que se lo des a mi hermana-
dijo al tipo, estirándole la mano con unos billetes.
-¡No le doy nada a tu hermana-
expresó, el naco, al tiempo que de un fuerte manotazo le tiraba de la mano todos los billetes. Los papeles volaron por el aire. La mujer desconcertada se inclinó rápido a recogerlos, yo me apresuré a ayudarle. Cuando estábamos inclinados en el suelo se le abrió el escote, dentro de el vi el canalillo de entre sus grandes y suculentos senos, fuertemente contenidos por un sujetador blanco. Ella se dio cuenta que le miraba sus grandes tetas y no hizo nada para taparse, inclusive, muy discretamente, se desabrochó un botón. A partir de ese momento se produjo, entre los dos, un tácito entendimiento. Recogimos todos los billetes y le ofrecí mi turno, para que ella primero comprara sus boletos, aceptó y se ubicó adelante de mi, dándome la espalda y un hermoso espectáculo. Poseía un bello cuerpo enfundado en un vestido blanco que le llegaba un poco arriba de la rodilla y que hacia destacar un estupendo, grande y parado trasero y unas hermosas piernas, gruesas, pero muy bien torneadas. Era alta, por lo menos un metro con 75 centímetros y pesaría unos 75 kilos, alguien pensaría que estaba excedida de peso, pero no, no era así, su peso se distribuía magníficamente, convertido en hermosas protuberancias, por lo que se veía bellísima. A mi siempre me han gustado las mujeres frondosas y ésta no era la excepción.
El naco la seguía regañando de una manera soez, ella no decía nada, sólo clavaba su mirada en el suelo. Cuando llegó a la taquilla medio escuche que dijo que quería viajar en el próximo autobús a los Mochis, no me enteré cuántos boletos solicitó, pero recordé que el naco le había dicho que ya quería que se fuera. Después alcancé a oír:
-Sale en una hora, puerta 5
-Esta bien, démelo-
Le dieron un sobre que guardó en un bolso muy grande que llevaba, se volvió hacía mi y me dio las gracias con un sonido casi imperceptible.
Cuando llegué a la taquilla ni lerdo ni perezoso, pedí lo mismo:
-Quiero un boleto para el próximo autobús a Los Mochis-
-La taquillera, me lanzó una picara mirada y me dijo al tiempo que me entregaba el boleto:
-Sale en una hora, por la puerta 5, no se olvide, puerta 5-
Le agradecí nervioso y me retiré de la taquilla. La dependiente se dio cuenta de mis intenciones lo que me causó un poco de vanidad. Seguir admirando la belleza de esa mujer valía gastar un poco más en el boleto, pues mi destino era antes, mucho antes, de llegar a los Mochis.
Me introduje en un restaurante ubicado en la misma terminal y pedí un pequeño refrigerio. Comía cuando vi pasar a la mujer y al naco. El desaseado hombre seguía gritándole, gesticulando y moviendo las manos exageradamente, parecía que tenía aspas, hasta pensé: A este baboso le amarran las manos y lo dejan mudo.
Terminé de comer y solicité la cuenta, vi unas galletas y pedí que las incluyeran. Salí del restaurante y me encaminé a la sala de espera de la puerta 5.
Cuando llegué no había ninguna persona, me senté, saqué un periódico y empecé a hojearlo. Los asientos estaban dispuestos unos enfrente de los otros, formando unos pasillos como de tres metros.
Escuché otra vez gritos y ya sin necesidad de voltear, sabía quien llegaba a la sala de espera. El patán seguía con su m*****a cantaleta,
ella miró para todos lados y se sentó justo enfrente de mi. Situó su gran bolso a su lado izquierdo, el hombre ocupó el asiento del lado derecho y continuó con sus groserías, subiendo de tono su chillona y desagradable voz. Ella seguía sin decir nada, El patán además de insultarla de palabra lo hacía de hecho, pues cada que pasaba cerca una mujer con todo descaro la piropeaba y le decía a ella:
-Mira esa sí es mujer, no como tú, mira como se le marca su coñito en el pantalón, de seguro lo trae bien rasuradito-
Al escuchar lo dicho por el estúpido, ella y yo, asombrados, nos miramos a los ojos, no podíamos creer tanta grosería, yo pensaba para mis adentros:
- idiota no sabes lo que tienes-
La mujer regresó su mirada al suelo y se cruzó de piernas, se giró un poco a la izquierda y se jaló hacia arriba un poco el vestido, dejándome ver sus hermosas piernas hasta arriba de los muslos. Yo le agradecí el entretenimiento con un ligero movimiento de cabeza y me dediqué a admirarla totalmente. Su rostro redondo albergaba unos hermosos ojos verdes, su nariz era pequeña y respingada y boca de labios grandes y carnosos; su tez, extremadamente bronceada, hacia resaltar su negra y larga cabellera. Llevaba un vestido que se le pegaba al cuerpo como segunda piel, abotonado desde el escote hasta el dobladillo, un suéter negro de manga larga y unos zapatos de tacón alto. Como ya lo había visto, sus senos eran grandes, yo calculé talla 38, copa C ó D, enormes, como me gustan. Yo estaba completamente fuera del mundo, como si viviera un sueño. Ella me sacó de mi ensimismamiento descruzando las piernas, un poco exageradamente, permitiéndome ver, entre sus muslos, casi le pude ver la pantaleta. Yo no podía creer el espectáculo. Esa hermosa mujer estaba haciendo todo para que yo la viera. Cruzó nuevamente las piernas, pero ahora hacia su marido, según me enteré después. Luego ella descruzó nuevamente las piernas y se sentó derecha, con las piernas muy cerradas.
_¿Qué tanto de mueves? ¿qué tienes? ¡quédate quieta¡-
Le dijo el naco.
Ella le contestó muy melosa, tan melosa que se escuchó fingida:
-Nada mi amor, estoy nerviosa, te voy a dejar mucho tiempo y eso no me gusta-
El hombre se infló orgulloso, buscando mi mirada como para decirme: -ve la traigo rendida-
Yo me hice el desentendido y me volví hacia otro lado, sin darle acuse de recibo y fingí ver más allá de ellos, pero buscando la mirada de la mujer.
Estaba yo en eso, cuando ella levantó la vista y me miró brevemente a los ojos y abrió un poco las piernas, le vi hasta el muslo, después se giró en forma forzada para buscar algo en su maleta por lo que abrió totalmente las piernas, permitiéndome ver sus hermosos muslos en todo su esplendor y la raja de su vagina, apenas cubierta por una minúscula tanga blanca.
-¿Qué diablos buscas?-
Preguntó el patán.
-Mi boleto, no se donde lo puse-
-Estúpida, todo pierdes-
Ella ni lo oyó, seguía dándome su espectáculo, el hombre me miró sorpresivamente, yo me sumí con disimulo dentro de mi periódico, pero vi cuando discretamente y poco a poco la dama cerró las piernas. Busqué algo que hacer, además de leer, saqué las galletas y empecé a comer una. Algunas mijagas cayeron entre mi pierna y mi vientre, las sacudí con el dorso de la mano hacia abajo, ella me miraba con curiosidad y con deseo, pues varias veces se pasó la lengua muy cautelosamente por los labios. El dolor de mi entrepierna era insoportable por la tremenda erección que me cargaba, mi paquete parecía que iba a reventar mi pantalón. Aprovechando que el patán veía a otra mujer, me atreví a verla directamente a los ojos, sin darme cuenta seguía yo sacudiendo los grumos de la galleta, me miró y cerró los ojos, asintiendo con la cabeza, no entendí la señal.
Se puso de pie y le dijo al patán que iba al baño, yo la miré preguntándole con la mirada sí la seguía, abriendo la palma de su mano hacia abajo me ordenó no moverme de mi asiento, obedecí.
-No te tardes, con lo lenta que eres capaz que te deja el autobús-
-No mi vida, no me tardo-
Pasaron quince minutos, que se me hicieron eternos. El patán estaba feliz hablando por un teléfono celular
-Si mi reina, la voy a mandar con su mamá unos días, sí, muy lejos, no te preocupes, la vamos a pasar de lujo-
Cortó la comunicación cuando vio que se acercaba
-Otro poco y te quedas ¿por qué te tardaste tanto?
-Es que aproveche para comprarte crema para afeitarte y unas maquinillas para rasurar-
le dijo alargándole una bolsa. El tipo abrió la bolsa y sacó el paquete con las máquinas de rasurar
-Falta una, ¿no te diste cuenta?
-No mi amor, ¿quieres que vaya a reclamar?
-¡no¡ siéntate, ya falta poco para que te vayas -
Ella se sentó y otra vez empezó a hurgar en su mochila, yo estaba pendiente del espectáculo que se aproximaba, abrió las piernas y vi con alegría que se quitó la tanga y que se afeitó el pubis. Creyó que le pedí que se quitara la tanga cuando me sacudí las mijagas. Me miró picará. Había en su mirada una promesa maravillosa. El patancillo decía algo que ni ella ni yo escuchábamos. La hermosa matrona se declaró en plena rebeldía y yo era su aliado. El hombre empezaba a pagar sus groserías.
Por fin escuchamos en los altavoces el llamado para abordar nuestro autobús. Aparentemente sólo estábamos los dos y el patán en la sala de espera de la puerta cinco, pues no, se empezó a formar una fila que vi con desconsuelo, pues era seguro que el autobús se llenaría hasta el último asiento. La mujer se formó y yo inmediatamente atrás de ella. Caminamos hacia el andén, traspasamos la puerta cinco y me volví para ver al marido, este se despedía de su esposa con una gran sonrisa y el brazo en alto e inmediatamente se giraba para ir casi corriendo hacia la salida de la terminal. Mi júbilo no tenía límite y para comprobar que no era un sueño el que estaba viviendo, le pegué mi paquete en su hermoso trasero, ella aguantó la embestida y se repegó en mí vientre y volviendo el rostro me dijo:
-Me llamo Adriana ¿ y tú?-
- Encantado, soy Ricardo-
Le contesté, tocando su cintura con mi mano libre, en la otra llevaba la maleta.
Subimos al autobús. Ella se sentó inmediatamente en un lugar cerca de la entrada, a mi me tocó hasta atrás. Nos veíamos uno al otro angustiados. Junto a ella se sentó una mujer joven, flaca pero atractiva y a mi lado se sentó un señor de mediana edad, un poco más joven que yo. Finalmente subieron todos los pasajeros y ocuparon sus lugares. En cuanto subió la edecán, Adriana la llamó y le dijo algo que yo no alcanzaba a escuchar, pero las dos veían hacia donde me encontraba, después de conversar un poco la edecán, seguida por Adriana, caminó hasta mi compañero de asiento y le dijo:
-Joven, requiero de su ayuda, los señores, que son esposos, al comprar sus boletos, la taquillera cometió un error y los ubicó en asientos separados, ¿se podría cambiar usted, junto a aquella señorita y permitir que la señora ocupe su lugar?-
Adriana y la edecán le dirigieron a mi vecino la mejor de sus sonrisas y este viendo a la flaca atractiva agradeció la confusión. Rápido se incorporó del asiento y retirando su maleta del compartimiento de arriba, presuroso se dirigió al que ocupó brevemente Adriana, quien de inmediato se sentó y sin decir palabra me plantó un sonoro beso. Abrí la boca y nuestras lenguas se enroscaron y ni tardo ni lerdo con mis manos empecé a recorrer ese hermoso cuerpo que ya me tenía muy caliente. Ella notó que una señora nos estaba viendo, se apartó de mi y me dijo:
-Mi amor, estas ardiendo, se me hace que tienes la temperatura alta, ¿tienes frío?-
-Sí mi amor, mucho, desde hace rato sentí que me resfrié-
-Espera, ahora vengo-
Se levantó de su lugar, se fue hasta el frente, donde estaba la edecán y le pidió una cobija. La señora mirona, arrepentida tal vez de su intromisión, me ofreció unas aspirinas para mi malestar.
-Ándele joven tómeselas, se va a sentir mejor, verá que cuando lleguemos ya estará bien-
Le di las gracias. Adriana regresó al poco tiempo con una frazada grande, tamaño matrimonial.
-Mira mi vida, con esto nos vamos a tapar, con la cobija y mi calor te vas a sentir mejor-
Le comenté lo de las aspirinas y ella también le dio las gracias a la señora, quien solicita nos ofreció una botella de agua
-Está nueva, no la he probado-
Yo me tragué las aspirinas, ya quería taparme y a Adriana tampoco le faltaban ganas, pero teníamos que hacer las cosas bien y no ser tan obvios. Finalmente y con toda ternura Adriana me tapó, yo le pedí que también ella se tapara y se acercara mucho a mi.
-Tengo mucho frío mi amor, acércate por favor-
Adriana se metió bajo la cobija y se me repegó lo mas que pudo, sólo teníamos las cabezas descubiertas. La abracé y busqué con ansiedad sus senos. Ella a toda prisa se desabotonó el vestido, diciéndome:
-Rápido mi amor, no tenemos más de un día para nosotros-
Quedó desnuda su brasier casi se lo rompo, por las ansias que me quemaban por dentro y por fuera todo el cuerpo , ella estaba igual que yo, Bajó el cierre de mi pantalón y sacó bruscamente mi pene que ya estaba super parado. Subía y bajaba su mano, me lo apretaba y después más suave acariciaba el glande. Por mi parte le estrujaba con una mano un pezón y con la otra hurgaba dentro de su rasurada vagina. Le apartaba los labios y le metía los dedos, apretando casi con violencia su clítoris. Ella jadeaba y anhelante y me decía:
-Así mi vida, así, cógeme con tus dedos
No sé cuantas veces se corrió en mi mano, pero fueron muchas. Me dijo que hacia mucho tiempo no tenía un orgasmo. La masturbada que me estaba dando rindió sus frutos y con voz entrecortada le dije:
-Me vengo, me vengo-
Ella me apretó el pene y me dijo:
-Espera, quiero comerme tu leche-
y diciendo eso se escabulló bajo la cobija y se introdujo mi verga en su boca, yo solté todo lo que tenía y ella, como si fuera un espléndido manjar, se lo comió todo.
La eyaculación que alcance fue tremenda. Después de varios espasmos, que cimbraron mi cuerpo desde la cabeza a los pies, me quede quieto. El estado de satisfacción que me provocó Adriana me sumió en un rico sopor. Ella también se relajó mucho y juntos nos quedamos dormidos.
Me desperté al sentir nuevamente su boca en mi pene, el cual se levantó inmediatamente como en mi mejor época, me zafé de ese rico masaje y la puse de nalgas hacia mí. Traté de penetrarla pero me lo impidió.
-No quiero que me cojas por la vagina- por ahí, no-
Me extrañó que no quisiera pero no insistí, si no le apetecía, tendría sus razones. Un poco desconcertado la tomé por la cabeza y la obligué a sumirse bajo la cobija para que terminara lo que yo había interrumpido. Golosa agarró con ambas manos su dulce y ahora con calma me llevó al éxtasis, me fui en la misma cantidad, otra vez dentro de su boca. Después de haber absorbido hasta la última gota, suavemente, con su lengua, limpio el semen de mi pene. Se incorporó y empujándome hacia abajo, me dijo:
-Te toca amor, es hora de que me des lo mío-
Como sediento en el desierto, me fui directo a la fuente de sus deliciosos jugos y con mi lengua como ariete le penetré la concha. Cogí entre mis labios su clítoris y empecé una estupenda mamada,su vulva era un mar de fluidos calientes que me empapaban hasta la barbilla, tragaba yo todo. Hizo que me incorporara para colocarse de nalgas a mi verga, pidiéndome que la follara por el culo. Me moje el dedo cordial en su vagina y se lo introduje en su ojete para facilitar la penetración, cuando lo sentí un poco dilatado acomodé mi cabecita en lo que sería su nueva casa y empujé suavemente, ella al principio se dolió, pero de un brusco movimiento hacia atrás se clavó mi verga hasta que mis huevos chocaron con sus hermosas nalgas, inicié un mete saca discreto, pues la vecina metiche nos miraba intrigada, a deber creído que teníamos epilepsia. Adriana era experta cojiendo por el ano, cuando estaba mi verga hasta adentro ella se contraía, apretándomelo, después me lo liberaba, eso me llevó a punto de venirme varias veces, cuando ella sentía mis espasmos me lo apretaba otra vez conteniendo mi venida, se quedaba así unos segundos y delicadamente aflojaba poco a poco para reiniciar el mete saca, mientras me aprisionaba mi falo, yo le di fuerte a su vagina, metiéndole tres dedos e oprimiéndole su clítoris y me di un gusto tremendo con sus enormes y preciosos senos exprimiéndole los pezones. Mi mano derecha lucia bastante mojada pues Adriana a la menor provocación tenía orgasmo tras orgasmo, era una delicia coger con ella. Después de muchos minutos, que se me hicieron nada, exploté en su interior. Se lo iba a sacar pero ella me lo impidió.
-Déjala ahí, quiero estar con tu verga en el culo-
Obedecí, pues me sentía en el paraíso ya que con pequeños apretones me fue poniendo la tranca otra vez en posición de firmes. Me la cogí nuevamente y me quedé dormido.
Cuando desperté ella seguía dormida, la observé y vi que su expresión era de suma tranquilidad, muy contraria de la que tenía en la estación de autobuses, en donde quería aparentar calma pero se le notaba tensa. Sumido en una tranquilidad, provocada por la satisfacción de haberte cogido una real hembra y de haber eyaculado como poseído, no pude evitar pensar que entré en su cavidad rectal con mucha facilidad, era obvio que ese camino ya estaba muy recorrido, y también era obvio que no le gustaba tener una verga dentro de su vagina, por lo qué me propuse indagar el motivo.
Llegamos de mad**gada a la ciudad de Guadalajara y ahí se desocupó casi en su totalidad el autobús, sólo quedó una pareja al frente y nosotros atrás, hasta la metiche se bajó.
-Qué se mejore joven, se ve que su mujer lo esta cuidando bien-
Me dijo señalando con la cabeza a mi compañera, me volví hacia Adriana, que seguía dormida y vi que la cobija se le había bajado, dejándole un seno al descubierto, la tape sin mucha prisa y le di las gracias a la señora y a Adriana por el hermoso espectáculo, ella al sentir el roce de la frazada en su pecho se despertó y me preguntó que en donde estábamos, le respondí que en Guadalajara, aquí, me dijo, vamos a estar más de una hora,
-¿Sí quieres podemos bajar?-
-Sí tú quieres, yo no, prefiero estar aquí contigo-
Respondí, al tiempo que le metía un dedo en la concha, y le dije:
-Coges rico por el culo, ahora quiero cogerte por la concha, ¿quieres?-
-No mi amor, no quiero-
-¿Por qué no se te antoja, a que le temes?-
-No te m*****es mi amor, te voy a contar por qué no quiero: Temo quedar embarazada, no traemos condones y no estoy tomando nada y como tú te vas está difícil que te zafes y te corras a afuera, sí salgo embarazada el estúpido de mi marido me mata, imagínate nunca le he querido dar un hijo-
¿Por qué?
Pregunté
-Me da pena contarte, pero te lo voy a decir y aunque me creas loca tú me inspiras mucha confianza ¿y sabes por qué?, porque ya me enamoré de ti y no me importa que te enteres-
Me contó que su marido era su primo en primer grado, hijo de la hermana mayor de su papá y que cuando ella contaba con 16 años, el primo empezó a acosarla sexualmente. El muy cochino inventaba cualquier pretexto para ir a su casa y cuando nadie lo veía le toca las nalgas o los senos. Ella lo rechazaba, le daba asco, me dijo, pero el insistía. Un día se enfermó la mamá del primo y fue internada de emergencia, el cochino de inmediato fue a avisar a su tío, le dijo lloroso que su mamá quería verlo a él y a su esposa. La pareja salió presurosa dejando a Adriana sola en la casa. El primo salió con los padres. Adriana sabiéndose sola se metió a bañar. Ya estaba desnuda y a punto de meterse a la regadera cuando escuchó el timbre de la puerta , se enredó en una toalla y se encaminó a la puerta de entrada, a la cual medio abrió viendo que era el odiado primo ¿qué se te ofrece?, le preguntó m*****a, nada primita, sólo ver como estás, respondió el imbécil, quien al ver que Adriana esta cubierta solo por la toalla de un fuerte empellón forzó la entrada abalanzándose sobre de ella, de un tirón le quitó el trapo, la derribó al suelo y se sacó la verga del pantalón. Adriana se defendía como podía, le rasguñó la cara profundamente, lo golpeó en la nariz hasta hacerlo sangrar, pero el tipo estaba enardecido y el cuerpo desnudo de la mujer contribuía mucho a ello, pues ya desde esa época, me dijo mi reciente amante, que ya poseía unas estupendas tetas y un gran culo. En el suelo el primo le separó las piernas y de un solo envión la desvirgó, ella dio un grito atroz que se escuchó posiblemente hasta la calle y trató de zafarse del a****l, en plena lucha escuchó que se abría la puerta y pidió auxilio, era su padre que había regresado por unos papeles:
-¿Qué haces puta mal nacida? Mira nada más, no respetas ni tu casa-
-Papá, él me atacó y me violó-
Señalándose la sangre que le salía de su chocho y le escurría por las piernas
Su padre no escuchaba ni veía nada, ni se conmovía por el llanto de su hija y grosero exclamó:
-Que me violó ni que nada, vístete y te me vas con este cabrón, ¡haa¡ pero eso sí, primero se me casan, y tú haber si cumples como machito por las porquerías que acabas de hacer-
La boda se realizó dos días después de la agresión, no hubo boda por la iglesia, ni recepción, ni banquete, tampoco luna de miel, sólo se casaron por lo civil. El papá de Adriana, no obstante ser multimillonario, les dio unos cuantos pesos para que se metieran un rato en un hotel de paso, para que terminen sus inmundicias, les dijo. Al entrar en el hotelucho continuó la salvaje violación tanto física como mentalmente. El cochino primo fue premiado, por un padre idiota, con un portento de mujer. A los pocos días de casada le dijo al primo que tenía que consultar a un médico, porque le dolía mucho la vagina. El primo la acompañó al consultorio pero se quedó a afuera, sabía de su fechoría y el cobarde era incapaz de enfrentarse a alguien más fuerte que él o de más recursos, económicos, académicos o sociales. El doctor a la primera vista vio que había sido penetrada con salvajismo. Le dio una pomada y le recomendó descanso. Adriana, había escuchado en la escuela que acarreaban problemas las relaciones sexuales entre parientes, por lo qué se atrevió a preguntarle tímidamente al doctor ¿qué podía suceder de seguir con esa práctica? El doctor un viejo bondadoso y experimentado se dio cuenta del infierno que vivía la muchacha y le dijo sin rodeos:
-Hija, ¿con quien tienes relaciones, con tu hermano, con tu padre, con quien?-
-Con mi esposo, doctor, pero es mi primo carnal, me violó y mi papá me casó con el-
-Que padre tan bruto tienes, si el idiota ese sigue follandote, te va a embarazar y puedes dar a luz a un ser mal hecho. Puede salir ciego, cojo, manco, enano o peor, puede nacer muerto, sí te obliga a seguir teniendo relaciones me dices y yo lo acuso con la policía-
Adriana salió reconfortada por la ayuda ofrecida por el médico y se enfrentó al primo y le dijo:
-Me dijo el doctor que sí me sigues violando, puedo parir a un moustro y que si me obligas, le avise y el te va a acusar con la policía-
El Primo a empujones la saco del carro y la metió a la casa y sin ningún preámbulo las desnudo y la puso en cuatro patas. El hombre admiró el magnifico culo de Adriana, escupió en su mano y se lleno de saliva el pene, que ya para ese momento estaba erecto, sin lubricarla a ella apuntó al centro y con fuerza se lo introdujo hasta el fondo, Adriana sintió que se moría y a punto estuvo del desmayo. Le ardía tremendamente el ano y sentía en sus nalgas como le corría la sangre, el primo con fuerza la penetraba, sacaba su verga casi hasta afuera y después con violencia se la volvía a meter. El dolor que sufría Adriana poco a poco se fue convirtiendo en placer e instintivamente empezó a mover las nalgas en círculos, se llevó los dedos a la vagina y empezó a masturbarse frenéticamente:
-Métemelo más, estúpido, fuerte, como si fueras hombre-
Gritaba como loca, la verga por el culo le estaba procurando un infinito placer que jamás pensó iba a experimentar. El primo eyaculó ,se retiró de esas hermosas nalgas y se acostó rendido en el suelo, ella se siguió masturbando furiosamente despojada de todo pudor, al verlo desfallecido se empezó a burlar de él:
-Pues no que muy machito, mira como estás, decía al tiempo que le sostenía su flácido pene, ¡Cógeme, cógeme¡
El tipo espantado por esa repentina agresividad, se vistió rápido y salió a la calle despavorido. Adriana asustada de ella misma poco a poco se fue calmando, le dolía el ano pero estaba satisfecha, si era requerida ya sabía como responder y sin miedo a quedar embarazada.
En casi cuatro meses, él quiso cogérsela por el coño, pero ella, se dejó, sí quieres, le decía, cógeme por el culo y se levantaba la falda, enseñándole las nalgas. Así de esa forma llevaron, desde esa fecha, su práctica sexual, hasta el momento que la conocí.
-¿Entonces por miedo al embarazo no te gusta por delante?-
-Con él no me gusta por ningún lado, contigo he gozado como nunca, pero sí, es por miedo a quedar embarazada que no quiero por aquí-
Dijo introduciéndose el dedo en la vagina,
-Pues tengo el gusto de informarte, dije, que yo no te puedo embarazar, hace ya mucho tiempo que me hicieron la vasectomía-
-De verdad mi amor, ¿no me mientes?-
-No hermosa, no te miento, ¿qué caso tendría mentirte?, pues si te quiero coger, te cojo por el ano y listo-
no te miento, finalicé.
-Yo le propuse a él tomar pastillas, pero no me dejó, dijo que si quería coger por el coño, sería para embarazarme, qué ya era tiempo de un hijo. El doctor te mintió, le pregunté a tu padre y me dijo que no hay problema, que él es hijo también de primos y que está bien.
-Bien loco-
Añadió ella. Incorporándose en el asiento miró para todos lados, y todo estaba tranquilo, los pasajeros sentados adelante dormían y el chofer y la azafata habían bajado, posiblemente a cenar. Se envolvió en la cobija, me tomó de la mano y me condujo a los asientos de hasta atrás, en que están unidos cinco en una sola fila. Se acostó boca arriba, abrió lo más que pudo las piernas y me invitó a que la penetrara. Su Hermosa vagina se veía hermosa en la media penumbra del autobús, acomodé mi cabeza entre sus muslos y ávido besé sus labios inferiores. Los mordí, los mamé. Su clítoris, entre mis dedos y mi boca fue apretado, mordido, estrujado, amado como nunca. Ella se convulsionaba por los constantes orgasmos y me suplicaba que la penetrara, yo también estaba que no aguantaba, pero el placer que me proporcionaba su vagina ,que ya estaba mojadísima, era único, sin remedio me incorporé y situé mi chafaldrón en la puerta del placer y de un solo impulso se lo metí,
-Hay mi amor, me dolió, pero que rico sentí-
-¿te lastime mucho?-
le pregunté un poco inflado por la vanidad-
-No mucho, pero acuérdate que soy virgen prácticamente-
La estuve bombeando lo más que pude aguantar, quería que gozara, que sintiera mi verga hasta el fondo. Ella me besaba, lloraba, gemía, se mordía los labios para no gritar, finalmente me fui copiosamente.
Otra vez vanidoso le pregunté:
-¿Te gustó?
Adriana no me respondió, metió tres dedos en su vagina, los mojó con sus jugos y mi leche y me los introdujo en la boca y me dijo:
-¿Y tu que crees?
Me dio un beso largo y expresó:
-Te amo, me has hecho la mujer más feliz del mundo-
Seguimos cogiendo y durmiendo el resto del viaje, hasta que la azafata nos avisó que faltaban unos pocos kilómetros para llegar a los Mochis, Adriana se puso el sostén, se puso la tanga y se abrochó el vestido, yo me desarrugué un poco la ropa y nos alisamos, entre ambos, el pelo. Bajamos del autobús y nos despedimos en el andén:
-No vaya a ser que el muy estúpido haya mandado a alguien a recogerme-
-No mi amor, le corregí, que hubiese mandado a alguien a que viniera por ti, porque el que te recogió y remucho fui yo-
Se rió de mi broma y me besó amorosamente, al sentir sus labios en mi boca y su cuerpo pegado al mío, nuevamente se me paró el mástil, ella lo sintió y me lo acarició por encima del pantalón,
-Esto me recuerda, me dijo, que me des tu número telefónico. Le apunté el número del celular en una tarjeta y se lo di, ella me pidió que se lo metiera entre el sostén y el seno izquierdo, lo hice y de paso le acaricié el pezón. Nos besamos de nuevo y nos despedimos, al hacerlo noté que lloraba, le di un beso en la frente y la dejé ir.
La seguí hasta la salida, para mi sorpresa y la de ella, el naco la esperaba,
-Mi amor, te extrañé y me vine en avión a alcanzarte-
Dijo el a****l.
-No mientas, seguro tu vieja te dejó plantado y ahora vienes con eso de que me extrañaste, lo que extrañas es el dinero que me va a dar mi mamá-
El tipo enojado no respondió nada, caminó hasta un carro de reciente modelo y se subió en el, ella miró hacia donde yo estaba, cerró un ojo, me envío un beso y abordó el coche. La vi partir, cuando desapareció de mi vista el vehículo regresé al interior de la estación para abordar un autobús que me trasladara a mi destino.
La entrevista de trabajo no salió como esperaba, por lo que de inmediato me regresé a la ciudad de México, con la esperanza de que cuando ella regresara me encontrara fácilmente. No fue así. Pasaron 6 meses y no tuve noticias de Adriana, hasta que un día, cuando ya había perdido toda esperanza, sonó mi celular, era ella.
-Mi amor soy yo, ¿me recuerdas?
-¡cómo no¡ ¿dónde estás?
-Estoy en un café ubicado en-
Me dio la dirección y de inmediato salí hacia allá. Se veía hermosa, vestía el mismo vestido blanco, pero no llevaba el suéter negro, hasta ese momento me di cuenta que el vestido era sin mangas. Me acerqué y ella colocó sus brazos en mi cuello y me dio un pasional beso y me dijo al oído:
-No traigo ni tanga ni brasier y además me rasuré el coño, quiero que me cojas por todos mis orificios, que no han sido penetrados desde que nos despedimos. Sin decir palabra buscamos un hotel cercano y nos metimos en el. Cogimos varias horas.
En el descanso me platicó que esa noche él quiso follarla y que ella no se dejó, para no variar la golpeó duramente, ella aguantó y que cuando el naco se quedó dormido, con la plancha de la ropa más pesada que encontró, le propinó una soberana golpiza, también me dijo que en donde primero le pegó fue en los testículos, después en el pene, el cual le quedó chiquito y sangrando, luego le hizo puré la nariz y las costillas, cuando reaccionó el tipo ella le dijo:
-Me vuelves a golpear y te mato, quiero el divorcio-
El idiota sin discutir le dijo que se lo daba en cuanto regresaran a México, ella le dijo que no , que en Sinaloa se divorciaban, que ya no quería saber nada de él. También me contó que el papá de ella quiso intervenir, pero que se llevó tremenda sorpresa cuando ella lo mandó al demonio.
Fuimos dos años amantes hasta que se enteró mi mujer, quien me amenazó con quitarme mi parte de la casa si yo no dejaba esa relación,


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