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AQUILIANTO, EL PROXENETA ROMANO

No se lo podia creer...había terminado el estudio antropológico e histórico más raro de cuantos se había llevado hasta ahora. - Qué pretencioso soy- se dijo esbozando una sonrisa

Mientras se reclinaba sobre la silla en su frío despacho del ala norte de la universidad. Estiró la mano derecha sin echar casi cuenta hacia el termo con café y se sirvió uno, en su taza de tetas (recuerdo de su despedida de casado) sin esfuerzo, automáticamente...muchas horas de investigación, es lo que tiene.

Este estudio daba a conocer a Aquilianto, el comerciante de carne de mujer o llamado Leno, más importante del antiguo imperio. ¡Y estaba siendo descubierto por nuestro protagonista!.

Este controvertido y escurridizo personaje, creador en su tiempo de lo más parecido a las franquicias y supermercados del sexo de nuestros días, ofrecia servicios que a falta de precedentes, innovó en cuanto a su diseño y forma. En este momento, nuestro investigador al aroma del café y en la oscuridad que dan las tardes-noches de otoño, entorna los ojos y vuela su mente pensando en aquello que Aquilianto ofrecia...

...Frio y niebla de la tarde embarrada, hacia difícil incluso el andar entre las tiendas. Este asentamiento de avance es muy provisional...en todo...explorar y colonizar nuevas tierras para engrandecer el imperio es lo que conllevaba, auteriedad y gente recia...

... Pero habia algo que por suerte no faltaba, ya sea en los más recónditos asentamientos, siempre había por suerte uno, cubierto por telas rojas de terciopelo...Esta tienda de campaña no era como el resto. Era el fernicio del campamento, lo regentaba un tal Aquilianto, como bien ponía en la entrada de todos, sobre una tablilla de madera, iluminada por una antorcha bien almizclada en su pebetero. - ¡No sé que unto le ponen al fuego para que huela así!- Dijo para sí...
Entrando se hizo la oscuridad, olia a mujer, perfume...y fluido...de todo tipo. Sabia que aquí podía saciar sus deseos. Una mujer llamada "Lena" (incluso en esto era innovador, siendo distintivo en todos sus negocios), le recibió con una sonrisa de labios muy rojos, sanos y grandes. - ¿Quieres a alguno ó alguna...ó solo vas a los “pasillos”?-...cada uno tenía un precio. Miró la tabla de marmol, tenía pinta de ser caro...y no sólo el marmol. En este se presentaban los importes de los servicios. -Aún la guerra no me ha hecho tan rico-, dijo para sí. Optó por la especialidad de la casa...

...-El pasillo- Dijo a la mujer. - Sí pero a cuál...¡hombretón!-. Le respondió mientras le guiñaba un ojo y le mostraba la lengua por la comisura de los labios. Estaba indeciso. Ella dijo -Creo que sé con qué vas a disfrutar, ¡Niña!. ¡Ven!- dirigiéndose al oscuro pasillo.

De entre la oscuridad apareció una mujer joven de pelo largo ondulado, Lena le susrro algo al oido mientras ambas le miraban con una mirada pícara. La joven le cojió de la mano y suavemente le llevó por el pasillo, las paredes eran de la tela de la carpa, hacían de tabique suave y sinuoso.

A los pocos pasos aparecieron las mujeres, pero él sólo veía...las nalgas...todas en fila a lo largo del pasillo, iluminadas por las velas...deseables, hermosas, excitantes...no podía más andó unos pasos pero sólo tres duró, no podía pararse más a elegir, estaba muy excitado, se arremangó la túnica y antes de penetrar aquellas nalgas la acompañante le untó con unguento para asearle algo, era fresco y rico de olor...menos mal que el fresco de este, paró el volcán que estaba a punto de derramar. Habría pagado sin casi disfrutar de ese hermoso y redondo culo. Pero por fin pudo, agarraba con fuerza y empujaba aún más, le pareció largo pero en realidad fué bastante corto, derramó todo lo acumulado en las últimas jornadas de campañas y expediciones. Había dejado aquel cuerpo lleno de él -Hasta por la boca le habrá salido-. Pensó para si. La joven que le acompañó, se había apartado, pero estaba observando, le lavó con un trapo húmedo, mirándole a él y a su miembro, nuestro protagonista tenía la mente perdida y estaba agotado.

Salió de aquella carpa, casi tambaleandose, pero aún se le derramaba todo por debajo, estaba muy nervioso, no le quedaba mucho dinero, hacía frío, estaba cansado...volvió a entrar. - Has tardado demasiado hombretón-. Le dijo Lena al verle entrar, guiñandole de nuevo sonriente. Esta vez quería algo más sórdido...y algo más caro. -El pasillo...pero por el otro lado- dijo devolviéndole el guiño.

La misma joven le llevó al pasillo, pero siguieron andando y dieron al otro lado. Las mismas mujeres a las que antes había visto sus nalgas, les ponía rostro. Hermosos, de labios rojos...se fijó en aquella con la que antes se había saciado, no era excesivamente bella.

Ella en cuento le vió, sabía quién era él también, ó lo intuyó. Su pelo rojizo teñido, le caía por entre los pechos que sí eran grandes y largos. Le miró y sacó la lengua como reclamo. Él fué directo como una flecha. Se remangó la túnica y antes de penetrarla, la acompañante le volvión a untar pero con otro unguento, este daba calor, estaba a punto de no llegar, introdujo su miembro en la boca caliente y empujó, empujó, empujó y empujó hasta que volvio a irse esta vez más agotado aún que la anterior. La tenía agarrada por la cabeza y suavemente la fué soltando. Esta vez la joven acompañante no sólo le limpió a él, sino a ella también, aunque se la había tragado todo como si fuera miel. - Espero verte pronto mi soldado- le dijo mientras él era conducido a la salida.

Una vez fuera sintió el frío, el barro, el aire cortante...

...Estaba con la mano en los pantalones totalmente llena, se había puesto perdido, menos mal que estaba sólo. Se dirigió al baño de profesores de aquella fría ala norte de la facultad. Se aseó un poco. Guardó su taza de tetas y se fué para casa. Mañana daría a conocer el ensayo, sobre aquel personaje y su particular imperio dentro del otro gran imperio romano...el de Aquilianto, el proxeneta romano, el autentico "conciliaturas".

FIN


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