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Mensajero peludo

Benditos sean DHL y Telmex!, Eso fue lo que pensé cuando abrí la puerta de mi departamento hace unos días para recibir el nuevo modem inalámbrico que me enviaron de manera gratuita.

Frente a mi estaba un tipo de aproximadamente 35 años, moreno, de aproximadamente 1.85, ojos café, con barba de tres días, muy velludo y con un aspecto de cabrón que me hizo enloquecer. Como recordaran mi filia son los machos tipo oso, esos que por su porte varonil y vello corporal hacen hervir la sangre de más de uno.

Esa tarde estaba bañándome cuando tocaron el timbre, y al abrir la puerta tenía una toalla amarrada a la cintura y nada más. Con la puerta abierta ví de los pies a la cabeza a semejante hombre y lo devoré con la mirada al tiempo que le explicaba que me estaba bañando y le solicitaba de la manera más atenta posible pasara a la sala mientras yo me vestía para atenderlo.

Él aceptó y se dirigió a la sala, al pasar delante de mi y aprovechando que no me veía me relamí los labios admirando un gran par de nalgas, le dije que se sentara en el sillón y cuando lo hizo...

¡Oh¡ Qué paquetazo!

No podía creerlo, con su uniforme de mensajero de DHL, en ese pantalón gris se marcaba un paquete de proporciones descomunales. Me quedé congelado, no podía mover ni un solo miembro, mis ojos no podían apartarse de ese monumento y mi boca no podía evitar salivar como si estuviera frente al más exquisito de los manjares.

Él aparentemente ni se inmutó y hablando con voz firme y ronca me regresó a la realidad solicitándome me apurara pues tenía otros paquetes que entregar. Yo me fui a mi recamara y me enfundé unas bermudas viejas y una playera. Mientras me vestía ideaba maneras de seducirlo pero ninguna me convencía.

Así que regresé a la sala, y jalando una silla del comedor me senté frente a él y descaradamente le mire el paquete relamiéndome los labios y metiéndome a la boca el dedo medio. Él simplemente me miró y me solicitó mi credencial de elector para anotar mis datos, yo me levanté a dársela y él, la tomó y comenzó a anotar como si yo no existiera.

Me sentía desesperado, tenía que disfrutar a ese macho a como diera lugar, así que corrí a mi cuarto, tomé un dildo y montándome en la silla de espaldas al mensajero me bajé la bermuda y comencé a tratar de meterme la verga de plástico, ya no lo veía, no sabía si me observaba o si seguía en su tarea, pero seguí jugueteando, ya entraba la mitad del consolador cuando escuché su voz. ¿Donde está el baño?, me dijo y yo se lo indiqué.

Él como si nada caminó hasta ahí y cerró la puerta, se escuchaba como orinaba. Así que me sentí frustrado, tomé su orden, ví donde solicitaban mi firma, la firmé y me dirigí a la puerta. Él salió del baño, tomó sus cosas y se encaminó hacia la salida, al pasar la puerta y justo cuando la estaba cerrando volteo, me guiño un ojo y me dijo...

Salgo a las nueve, no hagas planes, regreso cuando termine, y se fue.

Yo me quede petrificado con la puerta a medio cerrar, ese macho regresaría mas tarde a darme la cogida de mi vida. No podía creerlo, así que preparé todo para su llegada.

Lubricante, condones (por si quería usar), poppers (para ponerme a mil) y un incienso afrodisíaco fueron los preparativos. Dieron las 10, las 11, las 12 de la noche y el mensajero no llegaba, yo pensaba que se había burlado de mi, que su despedida fue su venganza final y me disponía a recoger todo para lanzarme a la casita o a donde fuera que me cogieran cuando sonó el timbre.

Y ahí estaba, el mensajero de la mañana. Pero lucia diferente, llevaba unos vaqueros que marcaban aún más su enorme paquete y una camisa tipo cowboy desabotonada en el pecho dejando ver una espesa mata de vellos negros.

Yo abrí la puerta y él me empujo cerrando la puerta tras de sí, me tomó del cuello con su enorme mano y me arrancó violentamente la ropa dejándola hecha trizas. Yo me sentía excitadísimo por esta forma de actuar, el no me saludó, no me besó ni hizo nada así, simplemente me trató como un objeto, me desnudó salvajemente y él hizo lo propio.

Estando encuerados los dos me tomó de la cabeza y me bajó de un golpe hasta su verga, era una verga ENORME, nunca había visto una así y no creo que vuelva a verla, dormida era larga y gruesa, erecta mediría cuando menos 25 centímetros y con una circunferencia de por lo menos 20, era un monstruo que por más que intentaba no lograba meter por completo en mi boca.

Él me gritaba y trataba de meter completamente su verga en mi boca.
¡PUTA!, eso es lo que querías ¿no?, comerte mi verga. Puto de mierda, vas a ver ahora lo que hace un verdadero hombre, me dijo y me aventó hacia el sillón, ahí quede yo de espaldas a él y a su meced. Abrió mis piernas, escupió a mi culo y así, con esa escasa lubricación y sin haber dilatado mi culo comenzó a clavarme su monstruosa verga.

Yo grité de dolor y eso le excitaba más y más, mi culo lo sentía desgarrarse al ser invadido por semejante vergota pero al mismo tiempo mi deseo de ser la puta de un macho así me hacía intentar relajarme para dar cabida a esa verga, de repente, sus huevos chocaron contra mis nalgas y yo no podía creer que me hubiera entrado toda. El se quedó quieto disfrutando de mi culo y comenzó a meter y sacar despacito, lentamente y poco a poco.

Centímetro a centímetro de esa verga entraba y salía, cada vez más y con mayor velocidad hasta que llegó el momento que la sacaba toda para volvérmela a meter de un solo golpe. Yo no podía creerlo, el macho más guapo y mejor dotado me estaba cogiendo y cogiendome con maestría.

Mi verga estaba a mil y me vine a chorros sin haberme siquiera tocado contrayendo mi esfínter anal de una manera que lo volvió loco, pero a pesar de ello el seguía mete y saca, mete y saca.

Mis piernas se doblaron y no pude más, así que caí al suelo sin poder más, el cabrón cogía y cogía sin venirse, llevábamos ya unos 30 minutos y el muy cabrón no terminaba, así que por eso me tiré al suelo dándole la cara, él me miró de pies a cabeza y levantando mis piernas hacia sus hombros para exponer mi culo me dijo... ¿no es esto lo que querías putito?

Yo asentí con la cabeza mientras sentía nuevamente su verga entrar en mi culo, así de frente rozaba aún más mi próstata y la penetración se hacia más profunda, yo estaba en la gloria y él seguía entrando y saliendo de mi culo.

Yo acariciaba su pecho velludo y le apretaba sus pezones observando como su rostro expresaba el mayor placer, el volvió a eso de sacar toda su verga y meterla nuevamente de un solo golpe hasta que de repente la dejó dentro y yo la sentí crecer aún más, el empujaba con fuerzas como deseando meter sus huevos y yo comencé a sentir esa delicia que es cuando un macho te deja su leche dentro, ese calor que inunda las entrañas y recorre cada centímetro de la piel. Él soltó un grito como de fiera en celo y sacó su verga ya flácida de mi culo. Se levantó sin decir nada más, se metió al baño, escuche el ruido de la ducha pero por más que quise levantarme no pude, me encontraba fatigado por esa megacogida y me venció el sueño.

Fueron los rayos del sol lo que me despertaron, me levanté y recorrí el departamento buscando al mensajero pero ya no estaba, en el picaporte de la puerta de salida estaban los calzones que tenía él puestos y en el suelo una nota en la que me decía: "José, ahí te dejo los calzones que me hiciste manchar con mi semen mientras de espaldas a mi te masturbabas, si no hubiera tenido otras entregas ahí mismo te cogía; te los dejo de recuerdo para que te masturbes pensando en mi"


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