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En la playa

El verano pasado decidí ir con mi mujer a una playa nudista aunque si bien mi mujer había hecho alguna vez top-less en la playa, la verdad es que me costó convencerla, pero al final lo conseguí. Mi mujer es una de esas que va llamando la atención por ahí ya que tiene un cuerpazo de impresión y está muy bien provista de todo. Después de pasar la mañana en el coche llegamos a nuestro destino, extendimos nuestro tenderete y nos acomodamos sobre la arena. La gente campaba desnuda por la playa, la mayoría eran extranjeros que venían con sus familias pero también había más hombres que mujeres, muchas de las cuales pasaban los cincuenta. Así es que, como cabía esperar, mi mujer era el foco de atención de todos los hombres de alrededor que esperaban ansiosos a ver como ella se quitaba la ropa.

- Paso de quitarme nada, me m*****a tanto mirón - me dijo mi esposa al verse tan observada.

Pero a mí me gusta presumir de mujer, me gusta ver como todos se mueren de la envidia de ver lo buena que está, así que le dije:

- Estamos haciendo el ridículo, en las playas nudistas si uno no se desnuda se tiene que ir.

Para calmarla, me quité el bañador y ella, algo más convencida, se fue despojando poco a poco de la parte de arriba del bikini hasta que dejó sus grandes pechos al descubierto. Todos los hombres miraban a mi mujer atontados y alguno se tuvo que dar la vuelta al ver que su polla empezaba a endurecerse.

- Así me gusta - le dije a mi mujer - Continúa sacándote cosas.

Después de insistirle un rato, ella aceptó aunque diciéndome que no le hacía gracia. Se quitó la braguita del bikini y dejó a relucir un coñito de lo más botito y recortadito pero al mismo tiempo, y con cierto asombro por mi parte, vi como ella no paraba de mirar a un alemán que estaba al lado. La verdad es que era un chico joven con un gran aparato. Él tampoco paraba de tontear con mi mujer mientras ella, ante mi continua sorpresa, no hacía más que provocarle enseñándole de pleno sus enormes pechos. Al cabo de un rato se nos presentó y nos dijo si se podía poner a nuestro lado ya que se encontraba sólo. Yo asentí y se colocó al lado de mi mujer. Los dos empezaron a hablar mientras yo notaba que mi mujer estaba poniendo a cien al tío con sus posturas. Al cabo de un rato mi esposa le pidió a Hans, que así se llamaba el chico, que le pusiera crema aprovechando que yo estaba tomando el sol con los ojos cerrados. Él abrió el bote de crema y empezó a extendérsela por la espalda pero, poco a poco, fue cogiendo confianza y ante la pasividad de mi mujer empezó a subirle las manos por los costados.

Yo estaba realmente excitado puesto que no me entraba en la cabeza lo que mi mujer estaba dejándose hacer. El alemán empezó a restregar la crema por las tetas de mi mujer que no hacía más que cerrar los ojos mientras que con su mano derecha, como sin querer, manoseaba la mojada polla de Hans. De pronto, mi mujer se dio la vuelta, abrió la crema y se la empezó a untar sobre la polla de Han cuyo aparato iba cogiendo unas proporciones extraordinarias ante los ojos de mi esposa que no cesaba de mirar atónita la enorme polla que tenía entre sus manos.

- ¿Quieres bañarte conmigo? - le dijo de pronto mi mujer a Hans.

Él asintió y se metieron en el agua. Allí las aguas cristalinas dejaban entrever como mi mujer agarraba la polla de Hans y se la acariciaba, mientras él estaba metiéndole el dedo a ella en el coño. De repente ella se le acercó, simulando que jugaban, apretó sus dos grandes tetas contra su robusto pecho y él, interpretando lo que mi mujer deseaba, la tomó por la cintura, le hizo abrir al máximo las piernas y le clavó la polla en el coño hasta el fondo de sus entrañas.

Mi esposa no podía ocultar la cara de placer, aunque intentaba disimularla para que nadie se percatara de que estaba siendo follada. Hans se sumergió con ella hasta que el agua les llegó al cuello y allí empezó, al mismo tiempo que entraba y salía de su sexo, a sobarle las tetas. Tenía los pezones erectos debido a la excitación y a la temperatura del agua. Mi mujer apretaba sus manos contra sus tetas dándole a entender que no las soltase. Estuvieron así hasta que los dos, supongo, se corrieron. Al final mi esposa decidió que yo ya había visto bastante y me dijo que se iba con Hans a la otra parte de la cala, así es que se vistieron y se fueron caminando por la ladera de la cala que conducía hasta la parte opuesta. Por supuesto, yo les seguí para ver que hacía mi mujer. En ese lugar Hans le quitó la parte de arriba del bikini y empezó a chuparle sus enormes tetas mientras ella le acariciaba el pelo. Así estuvieron un buen rato.

Luego ella se arrodilló y le quitó el bañador a Hans dejando al descubierto su increíble polla la cual no tardó nada mi mujer en introducírsela en la boca empezando a mamársela mientras él gemía de placer. Hans era uno de esos alemanes bien fornidos, de dos metros y con un gran aparato, que se pasan el año en el gimnasio y por lo visto a mi mujer se le había hecho el chochito agua de verlo. Después de estar un rato mamándosela, Hans se intentó separar de la boca de mi mujer lo que indicaba que se iba a correr de un momento a otro, pero, para mi sorpresa, mi mujer al ver que él se separaba lo cogió del culo y apretó su polla contra su boca. Hans no pudo más y se empezó a correr en la boca de mi mujer que se atragantó y se puso a toser mientras su esperma recorría sus enormes pechos. Acto seguido Hans empezó a comerle el coño mientras ella se retorcía como un verdadero a****l en celo.

Yo nunca la había visto así, realmente entre el potencial de mi mujer y el de Hans hacían una pareja perfecta para una película porno. Mi mujer se volvió a meter la polla de Hans en la boca hasta ponérsela más dura que una barra de acero, él la levantó del suelo y le clavó su lanza en el coño. Se la folló de todas las posturas habidas y por haber, incluso se la hincó por el culo y se hizo una cubana. Mi esposa disfrutaba como yo no nunca la había visto disfrutar hasta que, de repente, vi como él se volvía a separar y ella le volvía a empujar hacia adentro, intuí que se estaba corriendo dentro de mi mujer lo que me asustó puesto que ese mes estaba descansando de la píldora y se podía quedar embarazada. A Hans aún le dio tiempo de sacar su polla y de esparcir los restos de su leche sobre el negro pelo púbico de mi mujer. Cuando ellos llegaron yo me hice el loco.

Mi mujer se volvió a quitar las braguitas del bikini, dejando ver que sus tetas y su coño tenían lamparones de esperma. Me miró irónicamente mientras yo y el resto de hombres de la playa veíamos de cerca la enorme corrida del alemán. Supongo que ella a parte de por placer, lo hizo para vengarse de todos los mirones que no le habían quitado el ojo en playa y en especial se vengó de mi por haberla hecho desnudar para excitarme, cosa que nunca me ha perdonado puesto que se escribe a menudo con Hans en Alemania y cuando él viene a España ella hace escapadas de fin de semana sin olvidarse de enseñarme a su regreso sus bragas, sujetador, tetas, coño y agujero del culo llenos del esperma del alemán. Cada uno paga sus errores.



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