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Núria parte 1

Podía ver como se movían sus labios. Las palabras debían salir de ellos, pero no llegaban a mis oídos Solo podía mirar esos labios, finos y prietos. Me imaginaba mordiéndolos, tirando de ellos con mis dientes, dejando una suave marca rojiza, para luego besarla, lamerla con deseo. Y luego quizás descender por su cuerpo en busca de otros labios.

-Alba...

Parpadeo y la miro a los ojos. Una nube de duda empaña sus ojos castaños. No cariño, no te estaba escuchando, estaba pensando en empotrarte contra la pared arrancarte la ropa y follarte hasta que me caiga rendida por el agotamiento. Sonrío, no podía decir eso, no?

-Perdón.

Suspira, levemente exasperada, se mueve en el sofá, su cuerpo se contonea, sinuoso e insinuante. Sus piernas apretadas y levemente dobladas son visibles debajo de la falda de tubo. Su piel suavemente bronceada tiene la tensión perfecta para llevarse un mordisco. Su cintura, estrecha, me hace envidiarla y fantasear. Pero son sus pechos lo que me pierden. Redondos, tersos, prietos, jugosos, apetitosos... seguro sabrosos y deliciosos.

-Alba... me duele mucho la cabeza.

-Lo se, pero no es bueno mezclar aspirinas con alcohol ya sabes.

-Alcohol? Que alcohol? No recuerdo...

-Estábamos en la fiesta de Marcos, y bebiste mucho, no era buena idea que conducieras así que te traje aquí. Te traeré una sabana y un cojín, espera aquí Núria.

La dejé a solas un momento, yendo a mi dormitorio vacío. Quizás podría dejar a Núria en mi cama, nos daríamos calor... Cogí la sabana y me dí la vuelta para ver a Núria peleándose con su vestido, intentando quitárselo.

-Que haces cariño?

-Quiero ducharme.

Era bastante cómico verla peleándose con la tela, subiendo el vestido intentando quitárselo como si se tratara de un camisón.

-Cariño, así lo vas a romper... Deja que te ayude.

Llevé mis manos a la cremallera de su espalda y empecé a desabrocharla lentamente, como si desenvolviera un regalo de navidad. Cada centímetro de piel rebelada me parecía nuevo e intrigante, me veía besando cada lunar, acariciando cada peca, mordiendo cada pliegue de piel. Cuando el vestido hubo caído y tan solo quedó un fino tanga azul noche me permití observar la espalda de mi amiga. Su cabello oscuro caía en ondas por la espalda, descolocado y sucio por el humo. Su piel brillaba levemente por una capa de sudor que se había formado sobre el aceite perfumado. No llevaba sostén y eso me hizo desear aún más sus prietos pechos.

Se dio la vuelta y con la puntería de los borrachos buscó mi mejilla para, lo que espero fuera, un beso agradecido. Cuando su boca tocó la mía sentí un relámpago Núria me estaba besando. Núria me estaba besando. Sabía a frambuesa, era deliciosa, y ese sabor hizo que humedeciera mis labios y mojara mis bragas. Sonreí apartándome de ella.

-Vamos a la ducha Nur.

La agarré por la cintura, intentando no mirarla demasiado, ni tocarla demasiado, ni pensar demasiado en el beso. Me había besado. Seguro sería un error. Pero estaba tan caliente, tenía ganas... muchas ganas de tomarla y amarla. La acompañe al baño y le expliqué como manejar la ducha, le mostré los jabones, champús, acondicionadores y enseres. Ella tan solo asintió y se quitó el tanga.

No estaba completamente depilada, una cintita de pelo bien recortado como una columna encima de su vagina, indicando el camino. Sonrió al tiempo que entraba en la ducha y yo sentía que me iba a tener que cambiar de ropa interior. No cerró la cortina, no pareció importarle. Me dejó allí, viendo el show, el espectáculo Sus movimientos algo entorpecidos por el alcohol, resultaban muy atractivos. Verla con las manos en la cabeza, enjabonándose, masajeando sus sienes me hacía imaginarla en un anuncio de Herbal Essence. Seguir sus manos mientras enjabonaban sus suaves pechos me excitaba cosa mala, poco a poco vi como se le endurecían los pezones por el contacto del agua fría, parecía que quisieran salir, ser mordidos reclamando atención. Cuando se agachó para enjabonar sus piernas dobló su espalda dejándome ver el contorno de su trasero, y vi todo, desde sus nalgas tersas y alzadas hasta los labios inferiores que lucían un apetitoso brillo nacarado. Entonces supe dos cosas, si alguien tocaba mi clítoris entonces, por poco que hiciera, tendría un orgasmo, y... no iba a resistirme, tendría que probar ese cuerpo con mi boca.

Cuando Núria salió de la ducha le pasé una toalla y la miré mientras se daba friegas en la piel para secarse.

-Ah... mucho mejor! Tienes crema hidratante?

Claro que tenía crema hidratante pero... una mentirijillas no hacía daño a nadie.

-Se nos ha acabado, pero tengo aceite de romero, va muy bien para la piel, quieres que te dé un poco?

Sonrió y asintió, creo que esa noche iba a ser una gran noche. La acompañe hasta mi cama y le indique que se tumbara en lo que iba a buscar el aceite. Al menos podría acariciarla, sentirla... estaba tan salida y confundida, no sabía que hacer, quería hacerle el amor, pero quizás había malinterpretado todo.

Al volver la vi con el culo respingón, levemente alzado y mirandomemirándome con una sonrisa.

-Alba... no quisiera que te mancharas el vestido... quitatelo.

Oh... eso no podía estar malinterpretándolo, verdad? Obediente llevé mis manos a la cremallera del vestido y pronto quedó en el suelo olvidado. Me enrojecí un poco al darme cuenta de que en verdad estaba mojada, me había hecho chorrear... Apreté un poco las piernas intentando disimular un poco la humedad. Me acerqué a la cama dispuesta a hacerla pagar. Sonreí al montarme sobre ella a horcajadas y dejé escapar una risa cuando la oí gemir por el contacto del frío aceite. Me puse manos a la obra, y no dejé ningún rincón de su espalda por aceitar. Fuí poco a poco, descendiendo por su cuerpo, mientras me inclinaba sobre ella para, de vez en cuando, darle fugaces besos. Descendí hasta que me acabé su espalda y con una sonrisa descendí un poco más.

Empecé a masajear sus nalgas, acariciándolas con mimo, como si se trataran de dos finas masas de souflé que deben ser cuidadas al extremo. Me deleité en la elasticidad de su piel, en la dureza de su trasero, saboreé ese momento, cada vez más cachonda y excitada. Cuando ya apenas pude aguantarlo más dejé escurrir un poco del aceite entre sus nalgas, viendo como las gotitas se iban escurriendo hasta desaparecer. Las seguí con suavidad con los dedos y la sentí revolverse bajo mis manos. Noté como se escurría como una sardinilla nerviosa, cuando uno de mis dedos rozó un poco más hondo dejó escapar un gemido y por acto reflejo alzó su trasero. Continué mimándola, en esa postura, con el culo en pompa, de vez en cuando dejando que alguna gota de aceite se escurriera hacia abajo, dejando surcos brillantes en sus piernas.

Poco a poco pasé a masajear sus muslos, con movimientos fuertes, enérgicos, ascendentes, como si quisiera recoger todas esas gotitas de aceite y de esencia que se habían escapado y empujarlas hacia arriba. Núria se escurría a cada golpe, dejando escapar en ocasiones un jadeo ahogado cuando mis dedos se acercaban a su vagina. La veo mirarme, excitada, cachonda perdida y un poco avergonzada. Sonrío y la devuelvo la mirada de lujuria mientras dejo que uno de mis dedos se escurra hasta la calidez de su interior.

Gime, jadea y me moja aún más, se retuerce y me mira jadeando, suplicando. Empiezo a masturbarla, acariciando las paredes del interior de su vagina, haciendo un poco de presión hacia el exterior, ver hasta donde puedo llegar. Aprieto un poco más hondo con el dedo entero dentro de ella puedo acariciar su clítoris con mi pulgar. Lo toco, encendiéndolo, dejándolo salir de entre los pliegues de carne, marcándose como un botón rojo, como una cerecita lista para ser mordida. Me pierdo por unos instantes en darla placer, la penetro primero con un dedo y luego con dos mientras masturbo su clítoris con rítmicos movimientos circulares. Mis ojos, mientras tanto, no dejan su rostro, observando el crescendo del placer que se iba cociendo en ella hasta que la veo estallar. Gritar en el éxtasis y caer desfallecida sobre la cama. Retiro los dedos de ella y me los llevo a los labios, saboreando el salado sabor de la conquista.

Cuando he limpiado los dedos me acerco a ella y le doy un suave beso en la mejilla.

-Lo siento Núria... no me pude contener.

No hay respuesta, al menos no hay respuesta verbal, sus labios se aprietan contra los míos en un beso salvaje. Su lengua danza en mi boca, me muerde, me tienta. Una de sus manos va hasta mis bragas y con el solo roce de sus dedos sobre la tela me corro en un húmedo charco. Intento recobrar el aliento, el control, pero tan solo dejo escapar un jadeo.

Rodamos en la cama, nuestras bocas aún conectadas mientras nuestras manos exploran los cuerpos ajenos, noté como me quitaba las bragas empapadas y el sostenedor apretado. Desnudas las dos nos enrollamos en un entresijo de cuerpos, nuestras piernas cruzadas, mantenían nuestro sexos apretados el uno contra el otro mientras nuestras bocas besaban y mordían hambrientas.

Pasamos la noche follando, saboreando y deleitándonos, a la mañana siguiente, después de un sabroso desayuno en la cama acompañé a Núria a su casa. No hablamos mucho de esa noche, pero a veces, cuando necesita que le suban el animo, Núria me llama para que le dé un masaje.

Yo me contento saboreando frambuesas.


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