Mi primera vez con mi amigo

Todo ocurrió un día en que mi amigo Miguel me invitó a dormir a su casa ya que sus padres se fueron fuera el fin de semana. Yo rondaba los 19, y él uno menos. Yo ya había tenido alguna que otra novia, pero llevaba un tiempo sin mojar. En aquella época despertó en mí una enorme curiosidad por saber qué se sentirá al hacerlo con otro tío; pero a la vez que tenía miedo de hacerlo con un desconocido, aún más me aterraba contárselo a uno de mis amigos.

Llamé a su timbre y, cuando reconoció mi voz, me dijo:
- ¿Puedes acercarte al videoclub y alquilar un par de pelis?.
Le respondí que no había problema y en voz baja añadió que también alquilase una porno. Ésto me puso muy cachondo y por supuesto acepté. De camino al videoclub se me ocurrió un plan, pero no tenía ni idea de si tendría éxito. Así que lo probé.

Después de cenar, fuimos a su habitación ya que tenía ahí una tele y vídeo. Le pregunté cuál de las dos quería ver primero, y me dijo que la porno mientras le brillaban los ojos. Yo sabía por otros amigos que era virgen y nunca había estado con una chica (mucho menos con un chico). Puse la película que había alquilado, una porno hetero de adolescentes. Nos sentamos en el sofá y comenzamos a verla.
De vez en cuando miraba con mucho disimulo cómo su paquete iba creciendo poco a poco, y en un momento dado, le dije sonriente:
- Si quieres hacerte una paja, adelante, por mí no te cortes.- A lo que él me respondió:
- No me hecho nunca ninguna, no sé.
Me quedé extrañado, pero manteniendo la sonrisa, le contesté:
- He tenido una idea, pero no sé si vas a querer.- Me pidió que se la contara y le dije:
- Si quieres, yo puedo enseñarte todo lo que necesitas saber.
Me miró durante un momento y aceptó. Me preguntó qué tenía que hacer
- Déjate llevar y haz lo mismo que yo, ¿ok?.- Él asintió, con ese brillo en los ojos.
Pasé mi brazo por detrás de su espalda, y le dije:
- Cuando estés con tu chica, lo primero tienes que hacer es abrazarla. Después, bésala en los labios con la boca cerrada: lo que se llama un pico. Cierra los ojos.
Empezamos a besarnos abrazados en la boca y en el cuello. Tras un buen rato así, le dije
- Vale, ahora vamos al beso con lengua. Tienes que abrir y cerrar la boca, y hacer con la lengua lo mismo que yo.
Acerqué mi boca a la suya y empecé a meter mi lengua, jugando con la suya para que me imitase. Tras unos primeros intentos torpes, comenzó a hacerlo cada vez mejor. La textura de su lengua era muy distinta a la de las chicas que yo había besado: no se deslizaba igual, pero no le dí mucha importancia. Mientras tanto nos acariciábamos el pecho, la barriga y las piernas. Entonces empecé a acariciar su paquete por encima del pantalón. Al principio de manera muy sutil, y agarrándolo poco a poco más fuerte. Noté perfectamente como su polla, tras estar relajada por los nervios del principio, crecía con cada caricia, lo que a la vez me excitaba de forma increíble. Era una sensación conocida y a la vez extraña, pero me volvía loco. Miguel, por su parte, hacía lo mismo conmigo mientras nos besábamos apasionadamente, lo que subió bastante la temperatura.
Nos quitamos las camisetas y, sin dejar de acariciarnos, empecé a besar su torso desnudo y a lamerle los pezones.
- Ahora le tienes que comer las tetas, para que ella se ponga caliente como te estoy haciendo.
Su respiración cada vez era más fuerte, le estaba encantando, y en un momento me dijo que quería probar conmigo. Tras un rato así, desabroché sus pantalones y la bragueta, para seguir acariciándole por encima del calzoncillo.
- Tienes que ir poco a poco, hasta que la notes húmeda.
Él hizo lo mismo conmigo, mientras no parábamos de besarnos. Me sentía igual de excitado que al hacerlo con una chica, pero a la vez me encantaba la sensación de acariciar otra polla.
Finalmente, nos quitamos el uno al otro el resto de la ropa y por primera vez vi su miembro. Comparada con mi polla, era un poco más corta; más gruesa en la base y más fina en la punta. Estaba operado de fimosis, por lo que escupí en mi mano y comencé a meneársela y a acariciarle los huevos mientras con mi boca jugaba mordisqueando sus pezones. Él seguía acariciando mis huevos y masturbándome. En éstas le pregunté:
- ¿Te está gustando? - Mucho- respondió, mientras con su otra mano acariciaba mi cabeza.
Comencé a besar su torso, después bajé hasta su estómago y cuando llegué al ombligo, le dije:
- Ahora te la voy a mamar. Ésto no lo hacen todas las chicas ¿vale?.
Asintió con la cabeza, y entonces me separé un poco de él, ya que seguíamos sentados en el sofá.

Agarré su rabo por la base para dejarlo en vertical -podía sentir perfectamente sus latidos- y comencé a besar y a pasar la lengua por su glande. Tenía un sabor desconocido y a la vez familiar, pero muy agradable. Me encantaba que, al ser la punta tan fina, me diera tanto juego para meterme después el capullo en la boca y hacerle varias pasadas distintas con la lengua, mientras con una mano pajeaba el resto de su polla y con la otra acariciaba sus huevos, hasta acabar lamiéndolos también.
Miguel por su parte acariciaba mi cabeza, nuca, hombros y parte de la espalda, se notaba que estaba disfrutando muchísimo. Entonces cogí aire, y empecé a subir y a bajar con mi boca por su rabo, haciendo la mamada cada vez más profunda, hasta conseguir meterme todo su miembro. La tenía durísima y empezó a mover instintivamente su cadera arriba y abajo mientras no paraba de acariciarme y jadear. En un momento que paré a coger aire, me dijo:
- Ahora quiero probar yo.
Me incorporé, y comenzó a repetir mis pasos uno a uno. Cuando comenzó a comer mi polla, volví a notar la sensación distinta de su boca, aunque también me excitaba. Al rato le separé y le pedí que se tumbara de lado en la cama. Yo me acosté de frente a él pero invertido, con mi cabeza a la altura de su polla y viceversa. Continué chupando su rico miembro y no tardó en imitarme.
Tras un buen rato haciendo el 69, le pregunté si tenía condones. Me dijo que sí y sacó una cajita de tres. Me puse uno, explicándole bien cómo se hace, y le pedí que se pusiera a 4 patas.
Inocentemente, me preguntó que para qué, y yo, lo más relajado que pude le contesté:
-Para metértela.
Se levantó de la cama, y mientras dirigía al sofá le dije que si no quería no pasaba nada, pero me dijo que estaba bien. Se puso de rodillas sobre el asiento del sofá, poniéndome su culito en pompa. Comencé a acariciar su ano con los dedos, poco a poco hasta que escupí sobre ellos y poco a poco con mucho cuidado le metí la punta del índice. Se removió un poco, pero me dijo que siguiera. Al cabo de un rato no sólo había metido ese dedo, sino también el corazón. Los saqué y volví a escupir sobre su agujero.
-¿Preparado? -Sí, hazlo.- contestó.
Apoyé mi glande contra su culo y, sujetando la base, empecé a empujar poco a poco hasta que la punta penetró. La saqué un poco y lentamente volví a meterla, esta vez un poco más. A la tercera vez, su esfínter se relajó lo suficuente como para que entrase todo mi glande. Era maravilloso, mucho más apretado que cualquier coño. Pero le hizo daño y me dijo que no quería seguir.

Le dije que no pasaba nada, la saqué con cuidado y me quité el condón. Volvimos a la cama y nos seguimos masturbando mutuamente. Finalmente, se corrió en mi mano mientras le pajeaba y después, mientras se fue a lavarse yo seguí machacándomela hasta acabar en un orgasmo brutal, con mi leche y la suya sobre mi mano.

Después de asearme yo también, nos metimos juntos en su cama y dormimos abrazados hasta el día siguiente, que volví a mi casa contento y orgulloso de haberme atrevido a hacerlo.


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Posted by xBiBBoy
5 months ago    Views: 502
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