VAMOS AL BAÑO

Nunca me lo había planteado. Quizás por ello me pilló completamente desprevenido. Fue una sorpresa para mí. Cierto es que nos llevábamos muy bien y que teníamos una relación buenísima. Teníamos total confianza uno en el otro. Hablábamos varias horas al día además de las que compartíamos en clase. Pero quizás porque ella tenía novio yo nunca me plantee que pasase nada. Absolutamente nada. No había pensado en ello nunca. Nunca la había mirado con apetito sexual. Nunca había tenido el deseo de tocarle el culo, de probar su boca, o de palpar sus grandes senos. Nunca.



Estábamos en una casa vacía que tenía una compañera nuestra de clase en la cual había decidido dar una fiesta. Éramos seis personas y el apartamento solo contaba de una cama donde podían coger tres personas bastante apretadas, y un sofá en forma de ele en donde podían dormir otras tres. Dos en la base de la ele, la cual era bastante ancha, y otra persona estirada en el lado largo.



Yo ya llevaba bastante tiempo sentado en el sofá, en la base de la ele, cuando la gente empezó a coger posición para ir a dormir. Tres personas se fueron a la cama, otra se estiró en la zona larga del sofá muy cerca de mí, y mi amiga, la del novio, se tumbó a mi lado.



Después de una hora hablando en voz baja debido a que el resto de la casa, incluida la chica que dormía en nuestro sofá, dormía, decidimos coger una manta para intentar dormir. Nos estábamos tapando cuando ella, sin querer, me tocó el culo. Yo, de broma y riendo, le contesté “Marta, ¡que tienes novio!”. Ella se rió mientras, sin hacer ruido, me lo volvió a tocar, esta vez sí, amasando mis glúteos. Lo primero que me salió decir fue “no es justo, yo también quiero”, y ella me contestó cogiéndome la mano y colocándomela en su trasero.



Comencé a apretárselo mientras ella me agarraba fuerte el mío. Era el mejor culo que había tocado en toda mi vida. Cuando metí la mano por debajo de su pantalón, además de comprobar que era pequeño y duro, sentí la suavidad de su piel. Era perfecto.



Tenía ganas de pasar mis manos a otras zonas de su cuerpo pero no me atrevía. Yo estaba bastante descolocado en cuanto a sus intenciones. Ella llevaba dos años con su novio y estaba sucediendo algo que yo nunca pensé que sucedería. No sabía si ella solo quería tocar un poco y ser tocada, o pretendía ir a más. A mayores, a escasos metros de nosotros, teníamos durmiendo a otra niña, amiga del novio ausente.



“Vamos al baño”, me dijo llevando mi mano derecha a sus senos. Tardé en levantarme el tiempo que me llevó amasar bien sus senos, más perfectos al tacto de lo que parecían con ropa.



Ella se levantó primero para hacer el mínimo ruido posible y, a los dos minutos, me levanté yo. Pensando en todo lo que estaba ocurriendo no me había bajado la erección y, con un claro bulto en el pantalón del pijama, me presenté en el baño.



Por fin luz. Ella me recibió con una sonrisa traviesa mientras se agachaba para bajarme los pantalones. “Es grande”, me dijo mientras comenzaba a masturbarme. “Es toda tuya”, le contesté yo tirándole de la camiseta hacia arriba para poder quitársela.



Se levantó para ayudarme a quitarle la camiseta, visto que yo no podía, y, además de quitarse el sujetador, me quitó también a mí la parte de arriba del pijama.



Hecho todo esto se puso de rodillas y, agarrando mi pene, se lo fue poco a poco introduciendo en su boca. Notaba su lengua haciendo círculos, su mano derecha agarrar mi miembro con fuerza, y su mano izquierda acariciando mi vientre desnudo.



Yo, que no sabía muy bien qué hacer, puesto que era la primera vez que recibía una felación, me incliné un poco para alcanzar con mis manos sus preciosos senos. Eran suaves como toda su piel, grandes sin llegar a ser demasiado, y hermosos llegando a ser perfectos. Sus pezones estaban erectos y yo los acariciaba con suavidad sin poder desconcentrarme de esa lengua juguetona que bailaba de lado a lado en mi pene. Era la primera vez que me la chupaban pero estaba convencido de que aunque fuese la décima, aquella sería la mejor.



Se levantó, me miró sin soltar de su mano derecha mi miembro, me preguntó al oído si me gustaba, le respondí que sí, y comenzó a bajarse los pantalones.



Estaba depilada. Ni un solo pelo noté al pasar mi mano. De un pequeño empujón me sentó encima de la tapa del váter y poco tardó en ponerse encima de mí encajando mi enorme pene en su vagina.



“No estoy acostumbrada a este tamaño”, me susurró gimiendo. “Ni yo a estas tetas”, le contesté separando mi boca de sus pezones.



Le mandé bajar el tono en repetidas ocasiones por el miedo a que nos escuchara alguien de la casa. Ella cada vez comenzaba a gemir más fuerte y yo cada vez me ponía más caliente viendo que la estaba haciendo disfrutar. Botaba y botaba sobre mis piernas. Sus senos se movían rítmicamente a sus movimientos y, en un momento dado, comencé a sentir ese cosquilleo previo a la eyaculación.




Una vez que me corrí ella comenzó a acercar su boca a la mía, pero yo, sin saber muy bien porqué, giré mi cara mientras le decía “no, no quiero que mañana te arrepientas de esto”.


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Categories: Taboo
Posted by verdeintenso
1 year ago    Views: 828
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