Ami, mi vecina

Paseando al perro me encontré con esta monada. Ella es Ami, pero antes, hace seis años, lo conocí como Wang. Era un niño chino, adoptado por los vecinos de mi madre. Yo apenas le ví un par o tres de veces, a través de la valla del jardín, en alguna visita a casa de mis padres. En ambas ocasiones , siempre me llamó la atención que cuando él era consciente que yo estaba en el jardín, regando, o cortando el césped, el niño, que no debía tener más de 11 o 12 años, se remangaba el pantalón corto (los shorts) de manera que dejaba todas las nalgas blancas fuera.
A mí, eso me hacía gracia, pero nada más. Me recordaba que yo hacía lo mismo cuando tenía su edad: un sofocante calor me recorría la entrepierna, me aceleraba el pulso y todo mi cuerpo temblaba por la excitación de exhibirme delante de un hombre. Ahora recuerdo eso porque Wang, según me había dicho mi madre, era "un poco amanerado".
Esta mañana vine a ver como estaba la casa, cerrada hace seis meses, desde que mi madre vino a vivir conmigo al fallecer mi padre. Al entrar en la casa, vi que una chica espectacular salía de la casa de los vecinos con un perro. Me saludó como si me conociera, y ante mi cara de asombro me dijo: -No se acuerda de mí? Yo soy Wang, el chico que jugaba en el jardín vecino cuando yo regaba.
Me quedé perplejo, por varios motivos: Le había crecido todo lo que no debía crecer en el cuerpo de un chico de 18 a´ños; tenía una vocecita angelical, unas pestañas que pensé si serían postizas, y se movía de manera tal, que al mirarla sólo la podía imaginar sentada encima mío, con mi sexo dentro del suyo. No podría haber en la tierra chica más femenina ni tan sensual como ese monumento que me estaba saludando. Ante mi balbuceo idiota, se apresuró a explicarme quién era, y cómo se estaba convirtiendo en mujer. Yo solo pude decirle que me alegraba que estuviera tan bien, y alguna tontería relacionada con el perrito que llevaba a pasear. Después quise meter la llave en la cerradura, para abrir la puerta de la verja, pero estaba tan aturdido que se me cayeron las llaves, y ella, en un movimiento rápido, se arrodilló a recogerlas, con lo que pude ver sus nalgas rosadas escapándose de sus shorts minúsculos, y eso hizo que mi erección inminente se convirtiese ya en indisimulable. La chica, al girarse para darme las llaves, se dió cuenta de forma inmediata, porque pude ver sus ojos de sorpresa casi bizcos por la cercanía de mi bragueta turgente. Cuando se levantó, su mirada era diferente, y su pose también. Me dijo algo de una pelota que se le había caido a mi jardín tiempo atrás, y que si podía pasar a recogerla. Yo decía que sí a todo, como un bobo, porque de lo único que estaba pendiente ahora era de sus pechitos en punta y de su boca que cuando hablaba sacaba la lengua y se humedecía los labios. Le abrí la puerta y le dejé pasar delante. Atravesamos el patio delantero, y cuando llegamos a la puerta de la casa, ella se quedó allí, entre medio de la puerta y yo. Metí la llave sin poder evitar respirar encima de su pelo, y la suave fragancia de su cabellera hizo que la desease aún más, y mirando hacia abajo, recorrí sus hombros, sus pezones de niña a través de su camiseta de tirantes como hilos de coser, sus generosas caderas y su culito redondo justo delante de mi polla tiesa. La acerqué con cuidado, intentando ser lo más disimulado posible, mientras mi mano derecha tardaba una eternidad en darle dos vueltas a la llave. No me sorprendió que ella echara su culito hacia atrás, y lo moviera de izquierda a derecha de forma suave. Abrí la puerta y le dije al oído: - Pasa dentro. Ella sólo dió tres pasos, pero de una manera tan sensual que me recordó a una gata en celo levantando la cola. Yo cerré la puerta detras de mí y avancé hacia ella, hasta chocar con su trasero, tan en pompa que parecía que se le iba a romper la espalda. Ella volvió a menear su culo aplastando mi polla en él. Yo le cogí las caderas y acompañé su movimiento, para luego deslizar mis dos manos por debajo de sus shorts, y detenerme en su pubis depilado, donde notaba sus pelitos incipientes. Ella gemía de placer, y eso me puso más duro aún. Mis dedos juguetearon en el nacimiento de su pene erecto, que lo tenía hacia abajo, apretado por unas braguitas minúsculas, que yo ni me había dado cuenta que llevaba. Recorrí con mis manos su pequeño y duro pene, y lo liberé bajándole a su vez las braguitas y el short. Ella buscó con su mano izquierda mi bragueta, y con una inesperada destreza, me desató el cinturón, el botón, la cremallera, metió la mano y me apretó la polla con fuerza y empezó a frotarla y recorrerla de arriba a abajo. Yo no sabía si besarla, pero ella, que tenía la mano derecha en mi cuello, (seguía de espaldas a mí), me acercó a sus labios y me besó con vehemencia, cosa que no me esperaba, y que me volvió loco de amor por esa criatura caída del cielo. La levanté por las piernas y caminé con ella colgada de mi cuello hasta la habitación de mi madre. La deposité en la cama con cuidado, pero ella se quedó de rodillas, de espaldas a mí, los shorts a la atura de las los muslos, su culo blanco y rosa, como un polo de nata y fresa, esperándome, su pene moviéndose al compás de las contracciones de su ano, y sus maravillosos ojos orientales con aquellas pestañas larguísimas mirándome por encima de su hombro y con los labios mojados por mi saliva me dijo:
-Fólleme, Sr. Fidel.

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Posted by susonn
11 months ago    Views: 193
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