En la cama con Javier

En la cama de Javier

Un viernes por la noche discutí fuertemente con Pablo y estuvimos sin hablarnos por dos días enteros. El motivo de la pelea es que no me simpatiza en absoluto la forma de tratar a sus antiguas amigas de su soltería, las muy turras se le regalan adelante mío, aunque parezca increíble y él se hace el distraído, parece no percatarse de mi constante m*****ia.
El domingo a la noche, estábamos acostados ya casi para dormir, cuando recibí un mensaje de texto de Javier, un antiguo compañero de la facultad, que también se hizo amigo de Pablo desde hace un tiempo.
De puro celosa le contesté, mientras Pablo me miraba de reojo.
-¿Quién te mandó un mensaje?- preguntó curioso. Yo, por supuesto, nada...
Me volteé en la cama, dándole la espalda.
-A ver- dijo algo m*****o, arrebatándome el celular y cambiando el tono de voz. Vio que era Javier y comentó – Claro, después la señorita se hace la ofendida-
Nos dormimos sin hablarnos más…
A la mañana siguiente él se fue a trabajar y yo me quedé en casa. Esa tarde había quedado en ir a ver a Javier, que también estaba algo m*****o por algunos desplantes que le había hecho yo últimamente.
Me vestí lo más sexy que pude y me puse ropa interior con encaje negro.
Golpeé la puerta de su casa.
-Hola belleza- me recibió sonriente y me hizo pasar rodeándome por la cintura, con un vaso de cerveza en su mano.
Le estampé un beso de lengua ahí mismo, estaba tan enojada con Pablo que quería vengarme de alguna manera.
-Pero Javier, ¿cuánto tomaste?-le pregunté al darme cuenta de su estado.
-Muy poco, estoy bien-dijo y me condujo hacia su habitación, algo tambaleante por la evidente borrachera. Estaba casi por quebrarse.
Lo senté en la cama y me paré delante de él, nos empezamos a besar mientras me acariciaba la cola por encima del vestido. Al hablar se notaba que no estaba del todo lúcido, pero no me importó y seguí buscándolo y provocándolo.
Me pasó la mano por la entrepierna, rozando ligeramente mi pubis, que a esta altura ya se estaba humedeciendo un poco. Subió sus manos y acarició mis tetas también por encima de la ropa, sostuve sus manos con las mías por un momento y lancé un gemido sólo para motivarlo más.
Me sacó el vestido y siguió acariciándome despacio, me sentó encima de él y me siguió besando mientras me tocaba todo.
Me tiró hacia atrás y me dejé caer, se sacó la remera y se me tiró encima. Nos acariciamos y besamos con más fuerza, casi consumiéndonos.
-Me gusta esa tanguita negra- balbuceó, sacándome la lengua de la boca.
-¿Te gusta? Me la puse para que puedas sacármela con los dientes- le dije.
Se paró tambaleante, se sacó el pantalón quedando sólo en slip, me deslizó suavemente la tanga hasta mis tobillos y se quedó embelesado contemplando mi cuerpo desnudo.
Puso sus manos sobre mis pezones ya erguidos por la mezcla de excitación y frío, acariciándolos suavemente.
-Quiero jugar un jueguito- me propuso -¿te va?
-¿Qué te gustaría hacer?- le pregunté con mi mejor cara de ingenuidad.
-No sé para qué te pregunto, hoy vas a ser mi yegua, vas a hacer lo que yo te diga, pedazo de trola- dijo agresivamente.
Sus palabras me excitaron, tanto que me dejé atar a los extremos de la cama, las piernas abiertas, quedando inmovilizada, indefensa, a merced de él.
Cuando terminó de forzar mis piernas y mis brazos acarició mi conchita con suavidad, solamente pasando su mano por arriba y abajo, y hacia los costados. No tardé en empezar a gemir nuevamente, mientras sentía que me humedecía.
-Aaaahhhhhhh...- suspiraba, enloquecida con esas caricias.
Me puso el dedo en la boca y se lo chupé y mordí, mis manos atadas me impedían tocarlo. Me sacó el dedo y me lo introdujo en mi conchita.
-Aaaaaaahhhh…- gemí, al sentirlo bien dentro mío.
Empezó a masturbarme con un dedo hasta que se lo llevó a la boca, lo chupó y me lo volvió a meter junto con otros dos más.
Sus tres dedos me estaban masturbando mientras yo me retorcía, quería pellizcarme los pezones totalmente duros por la excitación, mientras Javier parecía divertirse viendo mi desesperación; el juego me estaba gustando.
Volvió a sacar los dedos y me los dio a chupar. Después me introdujo tres, grité de dolor, mi conchita no está acostumbrada a la masturbación sino a las pijas, y esos dedos eran bastante gruesos como para soportarlos.
-Ahh…Ah Ah...Aaaahh...sacame esos dedos Javier, por favor- Supliqué, sintiendo como él aumentaba el ritmo de la masturbación.
-Shhh...calladita, que te va a gustar putita mía...tengo los dedos empapados- - Me retorcí y empecé a gemir, tratando de excitarlo más.
Se subió a la cama y puso sus piernas alrededor de mi cabeza, en una posición donde me servía su verga bien erecta junto a mi boca.
-A ver tu boquita de miel...quiero que me la chupes bien fuerte, bien chupada, como nunca la chupaste puta...te voy a abrir toda-
Abrí la boca lo más que pude, al estar atada y acostada se me dificultaban los movimientos para una buena chupada. Alcancé a pasarle la lengua y lamer la punta, después de un ratito me la metió dentro de la boca hasta el fondo de mi garganta. Sentí que me ahogaba, pero por suerte me la sacó rápido. Me daba suaves golpecitos con la verga en la cara y eso me hacía estallar de calentura, quería que me cogiera de una buena vez.
-Te ahogaste putita...ahhh mi perrita linda, el cornudo de Pablo ni se debe imaginar que su mujercita se está atragantando con mi poronga- me dijo.
Al nombrar a mi marido me hizo recordar lo enojada que estaba, pero sentirme desnuda y sin ser él el que me acariciara me hizo extrañarlo.
Se oyó claramente un ruido de llaves y pasos en el comedor.
-Me parece que llegó mi hermano- dijo Javier mientras se vestía a medias.
Le pedí que me desatara, lo único que faltaba era que su hermano me viera así
-Shhh, vas a esperarme así, bien abierta de piernas y mojada, que ahora vuelvo y te la meto bien adentro- dijo. Me amordazó con un pañuelo, intenté resistirme pero no pude moverme.
Salió de la habitación y me impacienté, estaba atada, amordazada y desnuda.
-Listo- dijo al regresar, cerrando la puerta y volviéndose a bajar el pantalón, al parecer la sorpresa no le había bajado las ganas, todo lo contrario, su verga estaba durísima y apuntando hacia arriba
- Ni te vas a imaginar quién está en el comedor- Me miró y yo lo miré.
-Pablito, tu maridito, está con mi hermano.
Mis ojos se abrieron más de lo que ya estaba mi concha abierta con tantos dedos metidos, intenté zafarme de las ataduras y darle a entender que quería que me desatara, pero no lo hizo.
-No, mi amor, de aquí no te vas o lo hago pasar a tu marido para que vea cómo le estás metiendo los cuernos cogiendo conmigo- sonaba amenazante.
- Te dije que hoy ibas a ser mi puta, Sandrita y te voy a coger por la cola-.
Me estremecí, mi cola ya no era virgen, naturalmente, pero lo que me asustó era que recordaba el tamaño de la verga de Javier; una noche de borrachera estudiantil años atrás se la había chupado hasta hacerlo acabar en mi boca y realmente la tenía muy gruesa. Por el culo, me iba a doler bastante.
Sin darme tiempo a nada, me ensartó la pija por la concha y me empezó a bombear con fuerza, sentí esa verga bien dura atravesando mi delicada vagina con un vaivén bastante fuerte...cada vez que me la ensartaba lo hacía profundo y me la dejaba un ratito.
-Te la dejo para que se te abra bien esa concha, putita mía...- mientras me comía la boca con sus labios, calentándome todavía peor…
En mi mezcla de calentura, miedo, placer y dolor escuchaba mientras la voz de mi marido conversando con Marcos, el hermano mayor de Javier.
Podía escuchar claramente la charla. Me asusté al comprobar que Pablo había venido a hablar con Javier precisamente sobre mí, sobre nuestra pelea y sobre los mensajes de la noche anterior. Nuevamente intenté zafarme y gritar, detener la tremenda cogida que me estaba dando; era una situación confusa para mí; sentía esa pija bien dura y gruesa atravesarme con fuerza y violencia, pero mi concha bien mojada se doblegaba a semejante verga y me pedía más, que siguiera así, que no se detuviera nunca…
Siguió embistiéndome con potencia y rabia mientras mis gemidos eran ahogados por la mordaza que tenía en la boca.
-Te voy a romper bien la concha, bebota, ¿ya la estás sintiendo toda rota, te gusta como te estoy cogiendo, te duele, putita?-
Era verdad, estaba dolorida, pero mi conchita parecía tener vida propia, abriéndose más y más para recibir esa pija en todo su esplendor.
-¡Qué puta! ¡Qué puta divina! Estás bien abierta, te voy a llenar de leche-.
Sentí unos fuertes chorros calientes adentro, Javier jadeó levemente y me la ensartó para que derramar su semen bien adentro.
Yo no había acabado, estaba cansada y dolorida, sentía como me chorreaba la leche de la concha y caía en las sábanas, pero todavía me sentía bien caliente.
Me la sacó haciendo un ruido apenas audible y se acercó para acariciarme la cara. Pensé que todo iba a terminar en ese momento pero entonces se levantó de la cama y comenzó a masturbarse, mientras me miraba con lujuria...Quería lograr una nueva erección y yo estaba completamente aterrada de no poder aguantar sus embestidas y de que mi marido estuviera en la sala contigua esperándolo sin saber que yo estaba en su cama siendo maltratada por semejante cogida.
-Estás tan linda, tan calladita...tan puta...- me dijo sonriendo.
Se acercó y me asusté un poco, me aflojó las ataduras y me soltó dándome vuelta, pensé en patearlo y salir corriendo, pero no podía, si salía así desnuda Pablo me iba a ver ahí...era todavía peor. Dejé que me volviera a maniatar.
Ya boca abajo, me colocó una almohada bajo de la pelvis para levantar la cola.
-Te voy a romper el orto mi amor, vas a sentir toda mi pija bien adentro...-
Seguía escuchando la voz de Pablo y me empecé a desesperar, estaba asustada por lo que podría llegar a pasar, Javier estaba decidido a hacer cualquier cosa, quería romperme el culo a toda costa.
Sentí una especie de electricidad por el cuerpo cuando su dedo empezó a penetrarme la colita...Como mi ano no cedía, me dio un beso negro tremendo, penetrándome el ano con la lengua. Eso me calentó, me sentí mojada otra vez, mi excitación era tal que no sabía si entregarme al placer o endurecer mi cola para intentar salvarme. Pero como me sucede siempre, ganó la puta que llevo adentro y mi cabeza pedía a los gritos que me rompiera bien el culo.
-Ahí vamos, nena, a ver cómo se aguanta mi pija ese culito...-avisó.
Me agarré fuerte del respaldo de la cama, donde estaban atadas mis muñecas y apreté los dientes al sentir la punta de su verga en la entrada de mi ano.
Dio un empujón con fuerza, yo quise f***ejear también. Se detuvo, me pegó unas cachetadas en la cola.
-Aflojando un poco- ordenó- O no te lubrico y te va a doler peor…-
Volvió a ubicar la cabeza de esa gruesa verga en mi entrada, empujó y entró. Grité bajo la mordaza con un sonido fuerte, me sentía violada, sucia, pero llena de morbo y calentura. Javier estaba decidido a romperme el culo a embestidas. Me metió un par de dedos en la concha, acariciándome el clítoris y su otra mano subió a darme suaves pellizcos en los pezones.
-Siempre quise tu cola, desde que te conocí...hija de puta, yo sabía que iba a ser mía, el cornudo de tu maridito va a tener que compartirla conmigo- rió.
Volvió a empujar y de un ensarte rápido entró la mitad de esa verga dura, castigándome y provocándome un intenso placer al mismo tiempo.
-Que cola, mi amor...ya entró la mitad, bebé, falta un poquito más-
Volvió a empujar y sentí que algo dentro de mi cuerpo se rompía. La penetración había sido muy brutal, abriéndome bien la cola.
Grité y me agarré con fuerza, escuché una vez más la voz de Pablo y no aguanté, el dolor y el miedo me estaban matando y excitando a la vez.
-Entró toda, perrita, te la dejo un ratito para que se acostumbre al grosor-.
Después me empezó a embestir, mi cola tardó en amoldarse así que los primeros bombeos me provocaron un dolor agonizante, me ardía la cola mucho y su pija me raspaba por la falta de lubricación. Por suerte él también lo notó y la lubricó con su saliva. Me la volvió a ensartar esta vez bombeándome sin piedad, metiéndome todo ese pedazo de carne duro y parejo, con fuerza, matándome con cada embestida....
Después de un largo rato mi culo se empezó a amoldar a semejante verga, empecé a disfrutar de los bombeos y a gemir silenciosamente...en cierto modo era gracioso, lloraba y gemía, sufría y recibía placer.
Javier continuaba gimiendo, no paraba de bombear, su respiración se entrecortaba, estaba cansado se notaba... Recibí esa pija dura por la cola unos cinco minutos más, hasta que sentí que mi culito se inundaba de leche caliente mientras nuevamente Javier trataba de acallar sus jadeos y gritos al acabar...
-Mhhh...aaah...puta...te llené la cola de leche, ...tu cola ahora es toda mía-dijo.
-No te quise lastimar bebé, ya sabes cómo te quiero...- me acarició- a tu marido no le voy a decir nada, ahora veo cómo hacemos para zafar-
Su actitud había cambiado por completo. Me sentí mejor con su consuelo a pesar de haber sido sometida a sus necesidades sexuales mediante mi cola.
A pesar de haber sufrido semejante situación, estaba realmente complacida, la cogida había sido increíble...la dureza de sus embestidas hicieron las cosas especiales. Había sentido toda su verga palpitante adentro mío, abriéndome el culo, llenándome por completo.
Me sacó la mordaza y me desató, me encerré en el baño con mi ropa, tratando de no hacer mucho ruido.
Me enjuagué la concha y la cola, que dejaban escapar semen que corría entre mis piernas, me vestí y esperé.
Javier regresó a buscarme, diciendo que los demás estaban en el patio trasero y que entonces ya podía salir sin que me vieran.
Llegué a mi casa casi volando en el auto, me di un buen baño de inmersión, relajándome y sintiendo todavía mi concha palpitar tras esas embestidas.
Llamé a Pablo al celular y le pedí que volviera. Al llegar lo abracé tan fuerte que casi lo ahogué. Él me contuvo el abrazo.
-Qué pasa, mi amor?-me preguntó besándome amorosamente en la frente.
-Nada...-dije entre sollozos- es que...no me gusta que peleemos...te amo.
Desde entonces nuestra relación mejoró muchísimo, dejamos de pelearnos por pavadas… pero… cada vez que me pica la cola, le hago una visita a Javier...


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Categories: AnalHardcore
Posted by sandritamdq
7 months ago    Views: 470
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