El tercer día en Cuba

El tercer día en Cuba

El día siguiente amaneció algo nublado, así que pasamos la mañana en la habitación. A mi me dolía todo el cuerpo, como si me hubiera pisoteado una manada de elefantes. Pablo se levantó renovado, los primeros días de vacaciones le habían resultado muy relajantes y naturalmente no tenía ni la más leve sospecha de mis escapadas sexuales con mis dos flamantes amantes. Lo primero que hizo al despertarse fue pedirme que le chupara la verga, que ya estaba bien erecta debajo de las sábanas. Lo hice acabar en menos de tres minutos y luego de darnos una ducha juntos, pedimos el desayuno en la cama.
Antes del mediodía Pablo bajó al lobby, diciendo que me esperaba en la zona de la piscina del hotel. Me quedé un rato en el baño, arreglándome como para salir y comencé a tocarme pensando en las cogidas que había tenido durante los dos últimos días, en manos de esos perfectos desconocidos. Finalmente acabé en un buen orgasmo y luego fui en busca de mi maridito.
Al llegar a la piscina casi tuve un infarto al ver a Pablo sentado en una mesa, conversando otra vez amigablemente con el rubio y el morocho, mis amantes.
-Mi amor, por fin llegaste- saludó alegremente. –Te presento formalmente a estos amigos que conocimos la primera noche- Los dos sonrieron y se levantaron a darme un cariñoso beso.
El rubio resultó ser David y el morocho Fernando. Por fin conocía sus nombres después de haber tenido varios momentos de lujuria y pasión con ambos.
Pablo seguía brindando y haciendo fondo blanco con los mojitos, mientras que los otros dos apenas se mojaban los labios al brindar. Fernando se acercó a susurrarme: -apenas se duerma tu maridito, te llevo a mi habitación-. Sonreí para mis adentros, pensando que nuevamente iba a pasar otra tarde de sexo salvaje.
No pasó demasiado tiempo hasta que Pablo empezó a sentirse mareado de tanto alcohol. Sus reencontrados amigos lo llevaron en andas y por segunda vez en tres días lo dejaron inconsciente en nuestra cama. David se excusó, diciendo que tenía otros asuntos que atender. Fernando se me acercó, palpó mi culo por encima de mi vestido y susurró: -En diez minutos te quiero vestida como una puta barata, bien perra, bien atrevida, lista para que te haga todo lo que se me ocurra-.
Me dejó sola y elegí una falda cortísima de lamé color negro, que apenas me tapaba la cola. Un top brillante de lentejuelas negras y unos zapatos de taco muy alto. Me maquillé un poco mejor y me inserté dos dedos con gel lubricante en el ano; quería tenerlo ya dilatado y listo para que Fernando me cogiera por allí.
Unos instantes después unos suaves golpes a la puerta me indicaron que mi recreo sexual comenzaba otra vez. Fernando me miró de arriba a abajo con admiración y me tendió una mano, llevándome por el pasillo hasta otra habitación cercana. Me hizo pasar y me empujó sobre la cama. Caí boca abajo y enseguida me aplastó con su cuerpo, mientras me ataba mis muñecas a la espalda con un pañuelo de seda. Quise protestar pero me hizo callar de una bofetada. Me vendó los ojos con otro paño suave y me dijo que si hacía mucho escándalo, iba a tener que amordazarme también. Prometí callarme y portarme bien.
Me levantó la falda hasta la cintura y silbó al ver mi culo desnudo, sin tanga, brillando a la luz con el gel lubricante en mi estrecho ano. –Así me gusta, putita, que ya ese hermoso culo listo para la verga de un verdadero macho- resopló.
No tardó mucho en desvestirse, enseguida sentí todo su cuerpo sobre el mío y su dura pija abriéndose paso en mi ano. –Despacio por favor- le pedí entre gemidos, pero su ritmo ya comenzaba a ser cada vez más fuerte, no le importaban mis súplicas. Me taladró el culo como nunca, el dolor poco a poco fue desapareciendo y una intensa oleada de calor me invadió, anunciando que podría tener un orgasmo vaginal en cualquier momento.
Fernando seguía bombeando con todo, su enorme verga entraba y salía con facilidad de mi ahora bien abierto ano. De repente aulló como una fiera y sentí que derramaba toda su leche dentro de mi castigado culo. Se levantó ordenando que me quedara quieta y se dirigió a abrir la puerta. Alguien entró detrás de él, pero no pude saber quién era. –Aquí te traje una sorpresa, putita, espero que te guste-
Me imaginé que había traído a algún otro amigo más para que me cogiera. Sentí que esa persona se acomodaba entre mis piernas abiertas y me sorprendió sentir en mi piel el contacto con unas suaves manos, que me abrieron un poco más las nalgas. Enseguida una lengua que solamente podía ser de una mujer acarició mi clítoris, mientras unos delicados dedos rozaban mi rajita ahora humedecida. Lamió los restos de semen que Fernando había dejado sobre mi cola y volvió a chuparme la concha otra vez, sintiendo ahora su lengua separar mis labios mayores y lubricar con saliva mi interior.
-Creo que esta nena ya está lista- dijo con una voz suave y aterciopelada que me hizo estremecer. El acento también era argentino.
Entonces sentí que algo duro rozaba mi rajita, haciendo que mi concha titilante se abriera de par en par. Luego muy suavemente la mujer se apoyó en mi espalda mientras me penetraba la vagina. Su perfume dulzón me envolvió y me provocó una oleada de éxtasis. Me estaba penetrando una pija real, no era algo de hule o plástico. Entonces… me estaba cogiendo un travesti?. Lo hizo suavemente, disfrutando cómo mi vagina se dilataba para recibir su verga. El bombeo fue constante, hasta que en cierto momento comencé a sentir que mi orgasmo afloraba. Mi amante desconocido llegó unos segundos después, inundando mi concha con su leche. Descansó sobre mi espalda, me besó la nuca y se levantó.
Sentí que se ubicaba delante de mí, sus rodillas rozando mi cara. Me tomó por la nuca, obligándome a levantar mi cabeza. Una gruesa verga se apoyó contra mis labios, mientras esa suave voz sedosa me ordenaba que la chupara. Abrí mi boca, lamiendo con placer esa cosa y en pocos segundos recibí otra breve carga de leche entre mis labios. Mi amante acarició suavemente mi cara y se levantó.
Fernando le abrió la puerta y allí se despidieron. Le dijo en voz baja –me encantó cogerme a esta perrita, pero me gusta más que me cojas vos…-
El morocho volvió a la cama, me desató preguntando: -te gustó la sorpresa?-
Respondí que sí, jamás me había cogido un travesti y además tan bien.
-Quiero que vuelvas con el cornudo de tu maridito. David está ocupado ahora, pero seguramente mañana a la noche va a hacerse tiempo para disfrutarte a su antojo. Hay tiempo para que pienses en una buena excusa para darle a Pablo -.
Regresé tambaleante a mi habitación, pensando que apenas eran las cinco de la tarde y que ya ese día había sido bastante placentero…
Muy despacio entré a nuestra habitación, Pablo todavía dormía placenteramente, totalmente ajeno a la tremenda cogida que me habían pegado a unos metros de distancia, en el mismo piso del hotel.
Me arrastré hasta el baño, debía ducharme para quitarme de encima el olor a sexo tan excitante que emanaba mi cuerpo tan caliente. Me miré en el espejo; estaba totalmente despeinada, con el maquillaje corrido, tenía restos de semen en los labios. La cola con marcas rojas de golpes, los labios vaginales bien abiertos y más semen corriendo entre mis piernas. Un baño de inmersión solucionó todo.
Salí desnuda del baño, sintiendo el fresco del aire acondicionado en la habitación. Estaba casi a oscuras; avancé un par de pasos y un par de fuertes brazos me rodearon por la cintura y me levantaron en vilo, arrojándome sobre la cama. La voz de Pablo dijo entonces: -así me gusta, lista para que te coja bien tu maridito-.

Evidentemente se le había pasado el efecto de la borrachera.
Notaba su verga dura rozando mi concha; por suerte todavía estaba algo lubricada, porque Pablo me la metió de una sola estocada hasta el fondo, arrancándome un quejido de dolor, ya que su pija es muy gruesa y siempre sufro un poco cuando me penetra de golpe. Rodeé su cintura con mis piernas y traté de aguantar sus poderosos embates, que me clavaban a la cama y me hacían aullar de dolor. Poco a poco comencé a sentir placer, una vez que mi vagina fue adaptándose a ese tamaño. De todas maneras no aguantó demasiado y en menos de cinco minutos aulló con un gesto triunfal y derramó toda su leche en mi interior.
Se recostó a un lado y se quedó profundamente dormido. Volví al baño, esta vez provista de mi pequeño consolador y me masturbé frenéticamente, pensando qué excusa iba a darle a mi adorado maridito en la noche de mañana, para poder escaparme a pasar un buen rato con David, si acaso había terminado sus otros negocios…




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Categories: AnalHardcoreShemales
Posted by sandritamdq
11 months ago    Views: 171
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