El segundo día en Cuba

El segundo día en Cuba

Desperté a media mañana, después de haber sufrido el asalto de esos dos desconocidos que me habían hecho gozar como nunca, mientras Pablo dormía tranquilamente su curda en nuestra propia cama, apenas a unos pasos.
Estaba de espaldas y me sentía aplastada contra las sábanas. La concha me dolía bastante y apenas me despabilé un poco pude sentir que Pablo estaba encima de mi cuerpo, penetrándome con su gruesa verga bien dura.
-Hola amor, quería darte esta linda sorpresa- dijo alegremente, mientras me bombeaba suavemente, comenzando a hacerme gozar de un suave orgasmo.
De pronto se salió y se acostó a un lado boca arriba, pidiendo disculpas porque no daba más, la resaca de la noche anterior le partía la cabeza de dolor. Le dije que no importaba, que ya se sentiría mejor después de un paseo al aire libre. Nos dimos una ducha refrescante y casi al mediodía salimos a dar una vuelta por el famoso malecón de La Habana. Hacía bastante calor, así que luego de caminar un rato, nos sentamos en un bonito restaurante para almorzar.
Tuve un pequeño sobresalto cuando estábamos ya por el postre; a espaldas de Pablo se sentó en otra mesa el tipo rubio que me había destrozado la cola durante la noche anterior. El hombre me guiñó un ojo mientras degustaba su café, luego me hizo un gesto para que lo siguiera y se levantó, dirigiéndose hacia los baños del local. Pablo había pedido un café y su mirada estaba distraída en el horizonte del mar, así que apenas notó que yo me levantaba para ir al toilette.
El rubio me esperaba en la puerta, me jaló por una mano y me encerró con él dentro de una cabina inmunda, el olor horrible hacía el lugar irrespirable. Me comió la boca en un beso húmedo, -me extrañaste putita, extrañaste mi pija?- preguntó. –Si, por supuesto estoy extrañando esas dos pijas que me cogieron tan bien-
Me hizo girar, dándole la espalda, apoyando mis manos contra la sucia pared. Me levantó la breve falda que llevaba y sonrió al ver mi cola expuesta, ya que no llevaba tanga porque hacía demasiado calor. -Veo que ya estás lista para mí-.
Mi concha realmente estaba bien humedecida y lubricada, así que abrí un poco las piernas y esperé por el embate inicial. –Te la meto por la cola, como hice anoche?
-No, por favor, anoche me la destrozaste, todavía me duele mucho, tengo mi concha lista para tu verga, por favor, no me dejes con las ganas- respondí.
Sentí que me la metía hasta el fondo. Noté que todavía estaba bastante dilatada, incluso por la verga de Pablo, que era mucho más gruesa que la del rubio. Mi nuevo amante resopló un buen rato a mis espaldas, me cogió muy bien. En menos de cinco minutos sentí una oleada de calor y tuve un orgasmo espectacular, acabando en silencio sobre la verga del tipo. También él no aguantó demasiado tiempo, unos instantes después pude sentir que explotaba dentro de mí, llenando mi concha de leche bien caliente.
-Estuvo buenísimo, quiero repetirlo en estos días nena, esta noche va a contactarte mi socio, se quedó con ganas de probar tu culo, así que te recomiendo te prepares, porque él no va aceptar una negativa- me dijo.
Me plantó otro beso bien húmedo y salió de ese inmundo lugar. Yo fui hasta el baño de damas y me arreglé un poco, estaba sofocada de calor y tenía manchas de semen deslizándose por mis piernas.
Regresé a Pablo, que seguía ensimismado mirando el horizonte, así que ni siquiera notó mi estado de excitación, ya que estaba mi cara completamente colorada de calor.
Volvimos caminado al hotel, dispuestos a dormir una buena siesta mientras hiciera tanto calor. Más tarde me levanté mientras Pablo todavía dormía y me encerré silenciosamente en el baño. Lubriqué con gel un pequeño consolador que siempre llevo entre mis cosas y muy suavemente lo inserté en mi ano, sintiendo que se abría paso sin provocarme tanto dolor. La cola me ardía realmente, pero si a la noche el morocho iba a usarme por allí, debía estar lista y dilatada para no sufrir.
Al anochecer salimos a cenar, disfrutando de una exquisita variedad de platos de la cocina cubana. Después de los postres me levanté para ir al toilette, pensando que a esa hora ya el morocho no parecía que fuera a presentarse para reclamar mi trasero.
Pero me equivocaba. Allí me lo encontré junto a la salida de emergencia, indicándome que lo siguiera al exterior. Salimos junto al estacionamiento y me condujo hasta su auto. Me hizo subir al asiento trasero, mientras me manoseaba la cola por encima de mi vestido.
-Vamos a tener que hacerlo rápido, no querrás que tu maridito se preocupe- dijo.
Ni siquiera respondí; sabía lo que el tipo quería, así que me puse de rodillas sobre el asiento, metiendo parte de mi torso en la luneta. En esa posición podía verme cualquiera que pasara cerca… y eso me excitaba más todavía.
El morocho se bajó los pantalones y me apoyó su verga ya erecta contra mis piernas. Me levanté el vestido hasta la cintura y el tipo sonrió al ver que el consolador sobresalía de mi culo.
-Viniste preparada, putita, sabías que iba a pedirte que me entregaras la cola-.
-Si, pero te pido por favor que no seas bruto, todavía me arde bastante- le dije.
Me sacó el consolador con mucho cuidado y antes de que mi ano volviera a cerrarse sentí que su pija entraba muy despacio, suavemente, hasta el fondo. Allí se quedó unos instantes, sintiendo mi culo adaptarse a esa nueva intrusión. Luego comenzó a moverse hacia adelante y atrás. Ya no me dolía tanto, a pesar de que sentía cierto ardor por la fricción. De a poco fue incrementando el ritmo, me aferró por las caderas y comenzó a darme embates cada vez más fuertes. Me dio varias palmadas en las nalgas y de repente sentí su leche derramarse en mi interior.
El morocho descansó unos segundos apoyado en mi espalda. Susurró en mi oído:
-Me encantó, nena, es el mejor culo que tuve en mucho tiempo; mi socio y yo te vamos a seguir cogiendo todos los días hasta que se vayan de la isla-.
Me arreglé el vestido y regresé con Pablo, que me recibió sonriente. Fuimos a disfrutar de un espectáculo musical que nos habían recomendado y luego regresamos bastante tarde al hotel.
Me encerré en el baño a darme una ducha refrescante. Me miré en el espejo y encontré que mi ano estaba bastante enrojecido y todavía dilatado, tenía varias marcas rojas en mis nalgas por las palmadas que me había dado el morocho. Por suerte mi maridito no demostró intenciones de tener sexo esa noche, estaba muy cansado. Cuando regresé a la cama ya estaba profundamente dormido. Me acosté abrazándolo y traté de conciliar el sueño, mientras pensaba que apenas había sido el segundo día y que todavía mis dos amantes iban a usarme a su antojo durante el resto de la estadía… Mañana sería otro día…



100% (8/0)
 
Categories: Lesbian Sex
Posted by sandritamdq
11 months ago    Views: 508
Comments (1)
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spartan1611
retired
4 months ago
una historia magnifica va al grano pero con detalles me encanta