La primera noche en Cuba

La primera noche en Cuba

Había sido un día bastante trajinado. Despertarse temprano, taxi hasta el aeropuerto, las valijas, el embarque y algunas otras demoras, pero por fin esa tarde estábamos en Cuba, dispuestos a pasar una semana de merecido descanso.
Todavía con algo de buena voluntad, a pesar del cansancio del día, arrastré a Pablo fuera del hotel, como para no perder ni un solo instante y esa misma noche salimos a recorrer la ciudad. Nos gustó mucho el clima cálido, el ambiente agradable y caminamos bastante, hasta que decidimos parar un rato en un boliche a tomar algo.
Aún cansados como estábamos, sentimos que la música nos inundaba, por lo que en pocos minutos y todavía con los mojitos en mano estábamos bailando al compás de la rumba.
-No puedo más, me voy a sentar- me dijo Pablo agotado.
Yo seguía todavía con un poco de pilas, y me quedé entusiasmada bailando sola, mientras mi esposo ya se había hecho de dos nuevos amigos en la mesa. Observé con sorpresa como Pablo aceptaba y brindaba con ellos muy alegremente y muy pronto me pareció que comenzaba a mostrar los efectos del alcohol. Los dos tipos se ocupaban de mantener lleno el vaso de mi lindo maridito y él entusiasmado no dejaba de brindar y beber.
Al rato era una piltrafa humana y entonces decidí que era tiempo de retirarse a descansar.
-¿Vamos amor?- le pregunté acercándome a la mesa.
-No creo que pueda ir a ningún lado así- dijo uno de los hombres, con acento argentino.
-Nosotros te podemos ayudar- propuso el otro.
-Bueno, pero solamente a tomar un taxi- les respondí

Me encontré finalmente apretada entre ambos en un viejo taxi que nos llevó hasta nuestro hotel, mientras Pablo dormitaba su curda en el asiento delantero. Podía sentir que los dos tipos me rozaban las piernas y las tetas haciéndose los distraídos. La situación era algo m*****a, pero al mismo tiempo sentía que me empezaba a excitar y calentar un poco toda la cuestión.
Al llegar al hotel llevaron a Pablo desmayado hasta nuestra habitación y lo depositaron en la cama. Realmente me daba pena verlo en ese estado calamitoso.
-Muchas gracias chicos, realmente fueron de mucha ayuda- les agradecí.
-Así nos vas a agradecer?- dijo el morocho.
-De que manera se te ocurre que les voy a agradecer?- pregunté haciéndome la sorprendida, aunque en el fondo, el morbo y un poco de excitación comenzaban a aflorar con más fuerza.

El rubio se me acercó repentinamente, haciéndome retroceder hasta apoyarme contra una mesa.
-Bueno, hicimos mucha fuerza con el paquete- dijo, mientras señalaba a Pablo que dormía despatarrado sobre la cama.
Tuve que hacer un esfuerzo para contener la risa. De pronto me sentí deseada, y la morbosidad de la situación me calentó aún más. Ya comenzaba a fantasear con que estos dos desconocidos me cogieran allí mismo, mientras mi maridito dormía la mona a unos metros.
-Bueno…, muchas gracias- dije, mientras buscaba su mejilla para darle un beso inocente.
El rubio rápidamente giró la cara y me estampó un beso en la boca. Quise alejarme hacia atrás, pero mi cola chocó contra la verga endurecida del morocho, que también muy velozmente se había colocado detrás de mí, sin que yo lo notara.
-¡Chicos por favor, no se equivoquen!- dije suavemente, poniendo cara de virgen violada.
-¿Qué pasa?, ¿no te gusta?- preguntó el morocho.
-Soy una mujer casada… y fiel a mi marido…- contesté, sintiéndome un poco sobrepasada.
-Tu maridito duerme como un bebé, no se despertaría con nada- dijo el morocho aferrándome por la cintura y haciendo presión con su pija contra mi cola.

Entonces el rubio volvió al ataque, su mano acarició mi rostro, mientras su boca buscaba el contacto con la mía. El otro seguía apretando cada vez más fuerte mi cintura, para facilitar que su pija se apoyara en el lugar preciso, entre mis redondeadas nalgas, ahora casi indefensas, solamente cubiertas por el liviano vestido de verano que llevaba y una tanga de algodón muy diminuta. Finalmente vencieron mi poca resistencia y los dejé hacer lo que quisieran.

Ahora las manos del rubio fueron directo a mis tetas, su contacto suave me provocó dejar escapar un suspiro, muestra de que estaba disfrutando bastante de lo que ocurría. No podía negar que el sentir esa pija contra mi culo y esas manos adueñándose de mis tetas formaban parte de la más oscura de mis fantasías.
-Paremos acá… por favor, muchachos- les supliqué casi sollozando.
Por toda respuesta, mientras el rubio ya me soltaba los breteles del vestido, descubriendo mis pechos, el morocho lo levantó por detrás, dejando expuesta mi cola y acariciando ahora mi pubis con una de sus manos.
-Por favor…- alcancé a repetir, mientras me invadía una excitación inexplicable.
Pero al parecer mi cuerpo estaba en una sintonía distinta a mi cerebro, ya que, casi sin pensarlo, mi mano bajó a buscar la verga del morocho y comencé a acariciarla por sobre el pantalón.
El rubio por delante ya me deslizaba el vestido hasta el suelo. Le brindé una sonrisa cómplice, mientras miraba por sobre su hombro hacia mi esposo para comprobar que aún dormía.
El morocho ya se había abierto la bragueta del pantalón y entonces pude tocar su verga que me pareció bastante grande al tacto. Por supuesto, ya estaba durísima, tremendamente dura, mis dedos recorrieron las rugosidades de las venas, me pareció una verga muy agresiva.
El rubio ahora me había deslizado la tanga a un lado y estaba metiendo un par de dedos en mi concha, que cada vez se humedecía más con ese contacto. Gemí suavemente y me sentí completamente entregada a merced de estos dos machos.
Despacio me hicieron arrodillar y me encontré entonces dos hermosas pijas a la altura de mi boca. Una la tomé entre mis labios y a la otra comencé a masajearla suavemente.
-Dos pijas para mi solita- dije cuando tuve la boca libre.
El morocho me tomó con fuerza de la nuca y me obligó a introducirme la pija hasta el fondo.
-Qué bien la chupa esta putita!- dijo uno.
-Tenías hambre?- preguntó el otro.

El rubio pareció m*****o por no gozar de toda mi atención y me tomó de los hombros, intentando que me pusiera de pie. Pero yo estaba totalmente subyugada por la pija de su amigo, así que lo hice a medias, enderezando solamente mis piernas, pero con mi boca aún prendida de la pija del morocho, lo que me dejó en posición de ofrecer mi redondo culo en alto al rubio.
Este último inmediatamente comenzó a frotar su verga entre mis piernas y luego directamente contra mis humedecidos labios mayores. Casi mecánicamente respondí con suaves movimientos, como si tratara de no dejar escapar esa pija que me estaba asaltando desde atrás.
Sentí sus dedos por debajo de la tanga, que comenzaban a deslizarla hacia abajo. Después me tocaron el clítoris. Solté por un instante la pija del otro, para poder dejar escapar un leve gemido.

La embestida fue repentina, casi brutal. El rubio me penetró con rudeza y lancé un quejido lastimero de dolor mientras mi concha luchaba por soportar la dura pija que se introducía rápidamente. Giré mi rostro hacia él, intenté mirarlo, pero cerré mis ojos mientras mi boca se abría casi completamente para tratar de expresar el placer del que era objeto.
Con igual violencia, el morocho volvió a tomarme por la nuca, y me obligó a volver a chuparle la pija, tuve que sostenerme de sus caderas para aguantar las embestidas de su amigo, que también me aferraba fuertemente por mi cintura.
Por momentos miraba hacia mi esposo que seguía entregado a un inocente y pesado sueño.
-Qué pedazo de putita resultaste- comentó el morocho entre gemidos.
-Te gusta que te cojan entre dos?- preguntó.
-Si…entre dos- repetí casi mecánicamente, sin pensarlo.
Todo fue al mismo tiempo. El morocho comenzó a gruñir mientras eyaculaba con potencia. Intenté sacarme su pija de mi boca, pero no pude, pues él me obligó con sus manos a “degustar” su leche. El rubio también de pronto comenzó igualmente a quejarse, pero al contario de su compañero, él alcanzó a sacar su pija, y acabó con fuerza derramándose sobre mi culo y espalda. En ese mismo instante yo sentí una oleada de calor en mi interior y estuve a punto de acabar, pero la acción del rubio no me permitió llegar al clímax, se interrumpió unos segundos antes.

El morocho rápidamente terminó de sacarse la ropa y se recostó en el piso. Yo en forma casi mecánica me acomodé sobre él y lentamente fui bajando hasta sentarme. Tomé su enorme verga y me fui empalando muy despacio.
-Qué dura está!- exclamé sorprendida - La siento enorme!-
Comencé a balancearme de adelante hacia atrás sobre esa maravillosa pija, mis manos se apoyaron en su pecho y fue en ese momento que sentí la verga del rubio buscando mi ano.
-No...por favor…por atrás no- le supliqué.
Pero sin compasión empujó su dura pija y mientras me penetraba sonreía preguntando
-El idiota de tu marido nunca te hizo el culito?
-Aahhh, no…el culo no…- mentí mientras me quejaba y lloriqueaba.
-Ahora se lo vas a poder entregar, te lo vamos a dejar estrenado- dijo el morocho desde abajo
-No…el culo…no, no sean así- seguía rogando yo con cara compungida

Ante el sorpresivo ataque por atrás, me había quedado unos segundos inmóvil, por lo que también el morocho comenzó a moverse lentamente, haciéndome subir y bajar sobre su verga. Ahora me encontraba dominada por ambos machos, prácticamente me desplomé sobre el morocho, que pasando sus manos por mi espalda me abrazó con fuerza para inmovilizarla aún más. Me entregué a mi propio orgasmo. Mis jadeos y quejidos eran cada vez más fuertes, mientras desde atrás el rubio seguía embistiendo desaforadamente mi ya entregado culo. Ninguno de los dos tipos bajó el ritmo y yo prolongué mi orgasmo por lo que pareció una eternidad. Por fin extasiada, agotada, totalmente vencida, me dejé caer sobre el pecho del morocho, mientras los dos todavía seguían moviéndose lentamente en mi interior.
-Ayyy , me destruyeron- dije, completamente extenuada por el placer.

Un suave movimiento sobre la cama me trajo repentinamente a la realidad. Parecía que Pablo podía despertarse en cualquier momento. Obviamente los dos hombres también reaccionaron, sacaron sus cosas todavía endurecidas de mi cuerpo y en menos de un minuto ya estaban los dos vestidos nuevamente, listos para irse.
-Nos vemos mañana?- preguntaron desde la puerta a modo de despedida. Me acerqué a besarlos como agradecimiento, pero declinaron mi gesto. Entonces me di cuenta que todavía en mis labios tenía semen. Desaparecieron en silencio, dejándome con la curiosidad de saber sus nombres.
Me arrastré hasta el baño, antes de meterme bajo la ducha comprobé que tenía restos de semen en la espalda, la cola, entre mis piernas y hasta en mis cabellos. La concha me titilaba, con mis labios mayores bien enrojecidos y dilatados. La cola me ardía bastante…
Al salir encontré a Pablo todavía profundamente dormido. Lo desvestí como pude y me acosté abrazada a él. Lo amaba con toda mi alma, pero estos dos tipos me habían hecho descubrir la perra que hay en mi interior. Recordé cómo me habían dominado, el sabor de sus vergas en mi boca, su semen caliente inundando mi cuerpo, sus embestidas brutales y el dolor en mi culo.
Sí, realmente me habían hecho sentir una completa puta y yo lo había disfrutado.
Me relajé y traté de no pensar que apenas era la primera noche y que todavía tenía unas cuantas noches más por delante…




67% (5/3)
 
Categories: Lesbian SexVoyeur
Posted by sandritamdq
1 year ago    Views: 234
Comments
Reply for:
Reply text
Please login or register to post comments.
No comments