En el taller mecánico

En el taller mecánico

Me encontraba un poco contrariada. Llevaba un par de meses casada con Pablo, pero realmente el matrimonio no era lo que esperaba, pues si bien él no era un mal tipo, se la pasaba trabajando en la oficina toda la semana hasta muy tarde y era habitual que después se hiciera esas escapadas a pescar para “sacarse las tensiones” y ese fin de semana no era la excepción, junto con un reducido grupo de compañeros se había ido el viernes a la tarde, con la promesa de regresar el domingo.
Para colmo el auto no funcionaba del todo bien y yo era quien debía gestionar su reparación, lo que contribuía un poco más a esa contrariedad. Como no tenía ni idea dónde llevaba Pablo a arreglar el coche, me decidí por un taller ubicado no muy lejos de casa.

El lugar no era muy grande, y apenas entré me percaté de las miradas que los tres tipos me dedicaron cuando descendí del coche. Si bien me sentí un poco intimidada decidí adentrarme hasta donde estaba el que parecía ser el dueño.
-¿Qué necesita?- dijo el hombre con agresividad y cara de libidinoso.
-El coche no funciona bien, y quisiera saber si me lo puede revisar- le dije.
-Le reviso lo que usted quiera- respondió el tipo con algo de sorna.

Escuché que los otros dos murmuraban y reían por algún comentario entre ellos y me sentí objeto de sus miradas. No me extrañó no sentirme mal por ello, muy por el contrario, hacía mucho que no me sentía objeto de deseo ni siquiera por parte de Pablo. Siempre me ha gustado llamar la atención de los hombres.
-Pedro, cerremos el portón que nos vamos a dedicar a la señora- gritó el jefe.
-Cuanto se le agradezco- dije inocentemente.
-No me agradezca hasta que acabe- respondió el tipo, otra vez con sorna.
Las risas volvieron a hacerse escuchar, esta vez menos contenidas y fue allí que entendí la doble intención del hombre, pero una vez más y movida por las carencias sexuales a las que estaba últimamente sometida, me sentí halagada en vez de intimidada. Mi excitación comenzó a aumentar de a poco.

-Muéstreme, quiero ver- El jefe hizo pausa maliciosa y luego señaló el motor.
-Póngalo en marcha- ordenó el tipo.
Para sorpresa de los presentes, se me ocurrió encender el motor introduciendo solamente mi torso por la ventanilla del coche, dejando mi redondo culo a plena vista de los tres tipos.
-Qué hermosura- escuché decir a uno de ellos en voz baja.
La situación me estaba calentando mal y por más que lo intentara no podía detenerme, por lo que fingí buscar algo entre los asientos para regalarles unos instantes extra de esa vista.

La mano fue suave, se apoyó entre mis nalgas. Me incorporé rápidamente
-Creo que se están equivocando- les dije fingiendo algo de enojo.
-Hmmm, no creo, me parece que la señora requiere atención- dijo Pedro.
Al instante se acercaron los tres y me encontré rodeada por todos lados. Traté de escabullirme por un costado, pero entonces otra mano se posó en mi culo.
-Muchachos, por favor, no es lo que ustedes creen- Exclamé en voz baja.

El jefe me tomó la mano izquierda y se la llevó a su verga que ya estaba dura como piedra afuera del sucio pantalón de trabajo. Intenté retirar mi mano, pero la fuerza que ejerció el tipo fue mayor y además yo no me resistí demasiado.
De repente surgió en mi mente excitada el morbo de ser sometida por tres desconocidos y me sumergí en una excitación realmente increíble.
Con la otra mano el tipo me indicó que me agachara y yo le obedecí sin chistar. Antes de que realmente tomara conciencia de lo que estaba sucediendo, me encontré con la boca llena con la pija de un completo desconocido. Mi lengua comenzó a recorrer esa verga endurecida como si fuera una golosina.
-¡Qué ganas tenía la señora de chupar pijas- dijo en forma desconsiderada.

Los dos empleados se quisieron sumar a la acción, pero cuando quisieron acercarse, el jefe les indicó que permanecieran quietos.
-Ella es mía, si se comportan bien después les convido un poco- dijo riendo.
Los tipos aceptaron y muy a su pesar permanecieron sólo observando.

A esta altura comencé a acariciar los testículos del tipo, sin duda eran más pesados que los de mi esposo, y si bien la verga no parecía mucho más larga, era más gruesa y las venas se notaban mucho más, lo que le daba una apariencia más voluminosa, masiva, agresiva.
Sentí que el tipo me tomaba por la nuca, dominando mis movimientos, lo que hizo que me entregara aún más, dejando que me introdujera la verga hasta el fondo en mi ya dolorida boca.
-¿Y con esta boquita decís mamá?- dijo el tipo entre risas
Yo asentí también sonriendo, me sentía la más puta de todas y me encantaba.
El tipo me levantó con fuerza por los hombros, haciéndome volcar sobre el capot de mi propio coche, mis tetas apoyadas contra la tapa del motor.

-¿Querías verga?, yo te la voy a dar- dijo él
Giré mi cara hacia él, mientras veía que el tipo me subía la falda hasta la cintura, para dejar al descubierto mi culo solamente cubierto por una diminuta tanga negra bien metida entre mis redondeadas nalgas.
-Qué rico bomboncito me voy a comer- dijo el jefe
El primer contacto fue brusco, la rígida verga hizo una fuerte presión entre mis piernas, sobre mi raja ya bien humedecida, todavía con la tanga en el medio.
-¿Esto es lo que querías, pedazo de putita calentona?- preguntó el tipo.
-Si- admití cerrando los ojos por el placer que empezaba a inundarme.
Con violencia y sin ningún tipo de cuidado, el jefe dio un soberbio tirón a mi fina tanga negra que se rompió fácilmente, cayendo al suelo al igual que cualquier tipo de límite que yo pudiera llegar a tener dentro de mi mente.
La penetración fue rápida y eficaz, pues me arrancó un sonoro aullido, ya que a pesar de sentir mi concha bien lubricada, su pija era bastante gruesa. Mis manos buscaban inútilmente aferrarse a la chapa del coche.
-Más despacio, por favor, me duele mucho así- le rogué ya casi lagrimeando.
-¡No creo que te duela, esta conchita está bastante usada!- dijo el tipo, mientras sus movimientos se hacían cada vez más profundos y veloces.

Me encontraba sometida en un taller sucio, por un perfecto desconocido, mientras otros dos cómplices disfrutaban mirando todo. Ello me hizo sentir empujada por una fuerza inmensa al placer del orgasmo y rápidamente mis quejidos y lloriqueos se mezclaron con jadeos cada vez más fuertes.
-si…si…si…así- exclamaba totalmente entregada.

El tipo embestía febrilmente, y mi concha recibía esas embestidas con desesperación, mientras mi cuerpo acompañaba sus movimientos.
-Hijo de puta, me estás matando con esa verga- dije totalmente obnubilada.
-¿Así que soy un hijo de puta?, yo te voy a dar- gritó él, mientras imprimía aún mucha más fuerza y fervor a sus violentos embates.
-Si…hijo de puta…si…así- seguía diciendo yo, cerrando los ojos al placer.

De pronto sentí mil estrellas estallar en el interior de mi cuerpo, la concha explotando, el más intenso orgasmo inundándome como como nunca en mi vida, creí que iba a desfallecer de tanto placer, y mi boca abierta no llegaba a expresar las sensaciones a las que era sometida. Podía oír mis propios jadeos y pronunciados quejidos.

El tipo me aferró con fuerza de las caderas y mientras yo acababa aullando, escuché las palabras que nunca había pensado aceptar.

-Pedro, me alcanzarías el tarro de vaselina- pidió el jefe a su empleado, quien rápidamente fue a cumplir la orden.
-No, un momento, por atrás no- dije con un poco de miedo. Yo practico sexo anal, pero no quería que un bruto así me destrozara el culo sin compasión.
-Voy a hacer lo que se me ocurra con ese culito hermoso- me dijo con firmeza.

Al principio fue solamente un dedo jugueteando alrededor de mi estrecho ano, mientras la otra mano me sostenía con fuerza contra el coche, torciéndome mi brazo por la espalda. El dedo hizo centro en el orificio y dio tres golpecitos suaves. Unos segundos más tarde el mismo dedo retornó a mi ano, pero esta vez estaba lubricado y muy fácilmente se coló hacia el interior.
-No…no por favor…- le supliqué casi llorando.
El tipo no respondió, y continuó penetrándome con su dedo, esta vez un poco más profundo mientras ahora suaves movimientos circulares hacían que el lubricante comenzara a cubrir eficazmente las paredes de mi recto.
Un segundo dedo se sumó sin dificultad
-Vean muchachos, justo dos dedos en este culito, como mi verga- les dijo a sus empleados, mientras ahora yo sentía que mi culo ya no estaba tan cerrado.

Me sentía humillada, dominada, presa de esos desconocidos y eso me llenó nuevamente de placer, ya no me resistía y los gemidos y suaves jadeos volvieron a mezclarse con mis quejas.
-Nunca lo he hecho por at…- no pude terminar de hablar, la verga del jefe se introdujo violentamente en mi culo, haciendo que saliera de mi pecho un fuerte aullido a todo pulmón.
-¿Nunca te habían hecho el culito, putita?- preguntó él
Yo no pude responder, el placer era supremo, las sensaciones eran increíbles. Una sonora palmada sobre mis nalgas sumó aún más sensaciones.
-Vas a contestarme perra, nadie te rompió el culo antes?- gritó él, amenazante
-No…nunca- suspiré, mintiendo mientras me invadía otra ola de gozo.
-Quiero que te muevas para mí, como hacen las putas- ordenó él, mientras se quedaba inmóvil y me acariciaba las nalgas.
Comencé suavemente a mover mis caderas hacia adelante y atrás, pero el placer y el morbo del que era presa hicieron que rápidamente aumentara el ritmo de los movimientos. Sentía su verga empalándome bien a fondo.
-Así me gusta putita, vamos, más fuerte, vamos- ordenó él mientras gemía.
-si…si…si…quiero que me cojas así- rogaba yo mientras me movía más.
Un nuevo orgasmo me alcanzó sin casi darme cuenta, increíblemente profundo y casi sin pensar mi propia mano voló hacia mi clítoris para acariciarme mientras mi pobre culo seguía recibiendo un duro castigo.
Gritos contenidos y quejidos mezclados con jadeos parecieron escapar todos juntos desde mi garganta, dejándome abatida de placer.
El tipo se derramó íntegramente adentro de mi culo, lo que sumó aún más placer a mi orgasmo, mientras lentamente ambos bajábamos el ritmo de los movimientos. Extasiada, satisfecha y agotada, por fin me dejé caer sobre mi propio coche, mientras solamente se me ocurría darle las gracias al hombre por semejante cogida.
El jefe ni siquiera respondió, se limitó solamente a acomodar sus ropas mientras yo me sentaba en el asiento del coche y Pedro abría el portón del taller nuevamente.
Sin pensar demasiado puse en marcha el motor e inmediatamente salí a la calle, ante la mirada sorprendida de los tres hombres. Seguramente los otros dos estarían pensando en el polvo que se habían perdido.
A las pocas cuadras el motor volvió a fallar y me imaginé que debería regresar al taller, pues finalmente durante la cogida nadie lo había reparado.
Pensé que todavía podría ser al día siguiente.
Necesitaba tiempo para ir a comprarme una nueva tanga negra…




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Categories: Lesbian Sex
Posted by sandritamdq
1 year ago    Views: 974
Comments (2)
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11 months ago
Espectacular!
1 year ago
muy bueno muy caliente mmmm