La noche boca abajo (3)

La noche boca abajo (3)

Seguía en la misma posición, mis muñecas doloridas por las ataduras, pero peor todavía mi castigado culo, que había sido desvirgado y tan maltratado por ese bruto que me había levantado en el boliche, el mismo a quien sus amigos llamaban el Burro, por razones obvias.
De repente oí que la puerta se abría y por lo menos tres hombres entraron. Comencé a temblar, ya que seguramente iban a continuar cogiéndome durante el resto de la noche.
Una cuarta voz conocida los saludó: “Miren el manjar que les dejé”, dijo el Burro.
Los tres se rieron a carcajadas, uno de ellos subió a la cama entre mis piernas y metió un par de dedos en mi todavía dilatado ano. “Está hermoso este culito, bien abierto y lleno de leche, como me gusta… realmente lo voy a disfrutar”.
No tuve tiempo ni para tomar aire, cuando sentí una dura verga que se hundía nuevamente en mi castigado culo, abriéndolo muy fácilmente y casi sin provocarme m*****ia, tan dilatado ya estaba mi pobre ano por el Burro.
Otro se acercó a mi cara por delante, me tomó por los cabellos y pude sentir una pija dura restregándose contra mis labios. Hasta ahora me habían cogido solamente, pero entonces me di cuenta de que mi boca no se salvaría. Nunca me gustó chupar pijas, ni siquiera siento placer cuando se lo hago a mi novio, pero sé que eso le provoca mucho placer, ya que, aparentemente, soy muy buena en eso.
“A ver, putita, cómo se abre esa boquita para comerse toda mi pija bien dura…” dijo, mientras tironeaba mi cabello y me forzaba a abrir los labios con su verga.
Resumiendo, tenía ahora una gran pija enterrada en mi culo, con un bruto que me taladraba con fuerza y sin piedad, mientras otro me ahogaba metiéndome su cosa hasta el fondo de la garganta. No podía respirar, el muy bruto la metía entera en mi boca, sin importarle mis gemidos de dolor ni mi ahogo. Por suerte duró poco tiempo, ya que casi enseguida aulló bestialmente y me llenó la boca con leche. Cuando quise escupir a un costado, el muy turro me abofeteó la cara diciéndome que debía tragarme hasta la última gota, sin desperdiciar nada de nada.
El otro me bombeó por la cola un rato más, hasta que repentinamente gritó como un desaforado y sentí su leche caliente llenándome mi interior. Descansó unos segundos sobre mi espalda, me dijo al oído que era el mejor culo que había roto en su vida y luego se salió muy despacio, ofreciéndole su lugar al último socio.
El tercero dijo que quería enterrarme su verga y acariciar mis piernas al mismo tiempo, así que me desató suavemente y me hizo girar boca arriba. Intenté quitarme la venda de los ojos, pero unas manos me abofetearon y entonces volvieron a atarme por mis muñecas a la espalda. Otra vez estaba totalmente indefensa, mi cuerpo desnudo expuesto a estos brutales pendejos.
Mi último atacante recorrió mis piernas lamiéndolas y besándolas de una manera bastante fetichista y luego colocó mis tobillos sobre sus hombros. Sentí que una pija bastante endurecida se abría paso en mi castigada concha. Me penetró muy despacio, dilatándome de a poco, hasta llegar al final, rozando sus bolas contra mis labios vaginales bien inflamados. Luego comenzó a moverse adelante y atrás, a buen ritmo, gimiendo cada vez más fuerte, mientras otra verga se acomodaba cerca de mi boca, buscando abrirla para meterse dentro de ella. Pocos minutos después de chuparla, el que estaba sobre mi cara acabó derramando toda su leche en mis labios, que esta vez cerré con todas mis fuerzas. El otro me bombeó por la concha durante un rato más y finalmente acabé sintiendo su semen caliente explotar dentro de mi cuerpo, mientras rugía como una bestia.
Cuando creía que ya no iba a cogerme nadie más reapareció el Burro, haciéndome saber que estaba listo para una tercera vuelta, otra vez tomándome por el culo. Ya no me dolió tanto, evidentemente lo tenía casi anestesiado de tantas pijas que me habían metido en una sola noche.
Por suerte el Burro también acabó rápido, dejándome la sensación de estar rebalsando de semen por todos mis orificios. Luego debo haberme desmayado de cansancio y sueño, me encontraba totalmente relajada con tantas cogidas.
Cuando desperté estaba otra vez vestida, recostada en un banco de una plaza cercana al boliche donde había comenzado mi odisea. Sentía correr líquidos entre mis piernas, había perdido mi pequeña tanga y tenía toda la ropa y los cabellos revueltos con pegotes de semen.
Como pude me levanté y me dirigí hacia mi casa, caminando con cierta dificultad, ya que el Burro y sus amigos no me habían perdonado para nada. A pesar de todo, pensaba que el sábado todavía estaba lejos como para regresar al boliche y que no iba a tener tanta paciencia para esperar.






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Categories: AnalFetishGroup Sex
Posted by sandritamdq
1 year ago    Views: 816
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1 year ago
Buena historia, aunque algo corta... sabor a poco. Un saludo sandritamdq.