Estrenando mi cola

Estrenando mi cola

Llevaba un par de meses en pareja con Sergio, ya convivíamos en un pequeño departamento que alquilábamos. Teníamos sexo todas las noches, cogíamos con una mezcla de amor, lujuria, deseo y violencia. No nos privábamos de casi nada, aunque el único problema es que Sergio no se animaba a hacerme la cola, le parecía que iba a lastimarme y eso le preocupaba bastante y no quería sodomizarme, a pesar de que yo se lo pedía con insistencia.

Una noche invitamos para la cena a Julia, la hermana de Sergio, quien vino acompañada por su esposo Maxi.
Ella era una mujer no muy bella aunque sensual, pero al mismo tiempo parecía aburrida y desganada. En cambio su marido era un tipo atractivo, de cuerpo atlético y musculoso, siempre conversador y de buen humor. Lo que me m*****aba era la impresión de que me desnudaba con la mirada cada vez que nos encontrábamos.

Después de los postres terminamos tomando varias copas de vino y la charla se dirigió hacia el sexo, principalmente el sexo anal.

"Cual ha sido tu mejor experiencia anal ?", preguntó Maxi.
"Anal?...todavía no tuvimos sexo anal… debe ser terriblemente doloroso!!", se adelantó a responder Sergio.
"No, en absoluto, estás equivocado... no es doloroso si utilizan algún gel y suficiente juego previo ... por el contrario, es de las sensaciones más maravillosas sentir como tu verga se va hundiendo en ese lugar tan estrecho y luego se siente salir todo el líquido caliente... el orgasmo es espectacular..."
"Pensé que era muy doloroso para la mujer", comentó Sergio.
"Si nunca han tenido sexo anal, les puedo enseñar cómo hacerlo y cómo disfrutarlo al máximo”, contestó Maxi ante el asombro de todos.

Nos pusimos de pie y observé cómo Maxi me miraba el culo de arriba a abajo. Nos dirigimos a nuestro dormitorio, mientras al caminar dejaba que mis nalgas se movieran alegremente mostrando lo parada y firme que tenia la cola.

Julia y Maxi se quedaron de pie a un costado, mientras Sergio y yo nos desnudamos y subimos a la cama. Me penetró suavemente mi concha ya bastante humedecida por la excitación y comenzó a moverse sin apuro sobre mi cuerpo.

Maxi seguía muy de cerca la acción, para ver cómo mi novio me hundía esa dura verga bien hasta el fondo de mi cuerpo. Mis gemidos comenzaron a llenar la habitación, hasta que no pude contenerme más y explote en un orgasmo bastante ruidoso, plagado de aullidos y gritos.

Sergio estaba todavía con su verga bien dura, así que me puse a cuatro patas, presentándole la cola y le pedí que me la metiera por el culo.

Mientras mi novio se ubicaba entre mis piernas, pude ver de reojo la expresión desencajada en el rostro de Maxi. Era evidente que quería cogerme de una buena vez y parecía que esa noche no iba a desperdiciar la oportunidad.

Sergio se dedicó a dilatarme el ano con un par de dedos y un poco de gel lubricante, pero cuando quiso meterme su endurecida verga se echó atrás y dijo que no se animaba a hacerlo. Yo tomé esa hermosa herramienta entre mis manos y traté de metérmela, pero él finalmente rechazó mis intentos.

Era el momento que tanto esperaba Maxi, diciendo algo que nos dejó en silencio a todos, aunque Julia parecía estar un poco divertida.

“Me dejarían intentar a mí?” preguntó con bastante firmeza y decisión.
"Te m*****aría que Maxi lo intentara", me preguntó Sergio.
"Yo no tengo problema, si te parece bien” respondí suavemente.

Se bajó de la cama para darle paso a Maxi, quien enseguida se ubicó entre mis piernas, mientras yo continuaba en la misma posición de perrita.
Maxi se quedó quieto y en silencio mirando mi cola. Como todo un experto, me abrió las nalgas y con mucha facilidad introdujo uno de sus dedos en mi ano.
Dejé escapar un leve quejido.
Luego retiró su dedo y comenzó a estimularme mi estrecho culo, metiendo y sacando dos de sus dedos lubricados en gel, imitando el movimiento de la verga. Comencé a suspirar de una manera diferente, empezaba a disfrutarlo.

Cuando esperábamos que le cediera su lugar a Sergio diciendo que yo ya estaba lista para que me sodomizara, ocurrió algo inesperado y realmente impensable.

Maxi sacó sus dedos de mi ahora dilatado culo y se desabrochó la bragueta de sus pantalones, sacando su enorme y rígida verga. Giré mi cabeza para verla, pero entonces me tomó por los cabellos y me hizo mirar hacia adelante.

No pensaba dejarle el lugar a Sergio, me iba a coger él, iba a penetrar mi culo hasta ahora virgen, delante de su propia esposa y su cuñado.

Sergio estaba paralizado, sin decir palabra. Julia en cambio sonreía y acariciaba a su hermano, mientras lo consolaba diciendo: “Tu nena no se va a olvidar nunca de la verga de mi marido… y menos todavía después de desvirgarle ese lindo culito”.

“Quiero que tomes aire y lo retengas por unos segundos” me pidió mi cuñado.
Justo cuando lo hacía, sentí la enorme cabeza de su pija que se hundía dentro de mi ano con bastante facilidad. Ni siquiera tuve que quejarme. Luego de unos segundos, como me había pedido, solté el aire de mis pulmones.
"Muy bien, ahora a relajarse y a disfrutar esta enculada", me dijo suavemente.

En los siguientes segundos su poderosa verga se hundió más y más dentro de mi bien dilatado culo, hasta que la totalidad de ella llegó hasta el fondo de mi cuerpo.

Ahora podía sentirlo bien profundamente, mientras se abría paso en mi estrecho canal. Ambos gemimos de placer al mismo tiempo, mientras Maxi comenzaba a entrar y salir con más ritmo, bombeándome con fuerza, con muchas ganas.
La posición de perrita a cuatro patas era perfecta, sentía toda su pija entrar y salir con facilidad, haciéndome gozar de dolor y placer al mismo tiempo.

Giré mi cabeza y vi su cara transfigurada de placer, mientras me aferraba por las caderas y comenzaba a arremeter con su verga a un ritmo enloquecedor.

De repente sentí un calor muy fuerte y acabé gritando como una perra, sintiendo que alcanzaba un tremendo orgasmo vaginal.
Casi al mismo tiempo Maxi dejó escapar un alarido salvaje de placer mirando hacia el techo, mientras su cuerpo se movía de una manera descontrolada. Sentí toda su leche caliente explotando y llenando mi culo.
Maxi se siguió sacudiendo hasta que terminó de eyacular, luego de quedarse unos instantes inmóvil, sacó muy despacio su enorme verga de mi culo, dejándomelo salpicado con las últimas gotas de semen, blanco y viscoso.

Mis cuñados abandonaron la habitación, ante la mirada atónita de Sergio, que los acompañó hasta la puerta para despedirlos. Yo me quedé en la misma posición boca abajo, sintiendo la leche que corría por mis muslos abiertos. Sentía un poco de ardor y el ano todavía algo dilatado. Pero estaba satisfecha, me habían cogido por el culo por primera vez. Lo único que lamentaba es que no había sido Sergio.

Cuando regresó me encontró todavía con la cola en el aire y quiso metérmela de una sola vez, ya que mi castigado ano se veía enrojecido y bien dilatado, pero solamente para castigarlo por su cobardía me negué, levantándome para ir al baño.

Al salir lo encontré tumbado sobre la cama, desnudo, tocándose la verga que ya estaba bien dura. Monté sobre él y fui bajando sobre su dulce pija, hasta sentir que entraba por completo en mi suave y humedecida concha.
Mientras me movía a un ritmo cada vez mayor, le recordé que su propio cuñado me había roto el culo por primera vez y entonces le hice prometer que nunca más me haría entregarle mi delicado culo a otro hombre, nunca más…

Aunque para mis adentros pensaba que, de vez en cuando, Maxi podría sacarse el gusto conmigo…



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Categories: AnalVoyeur
Posted by sandritamdq
1 year ago    Views: 852
Comments (2)
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1 year ago
Ganial tu relato Sandra. Saludos!
1 year ago
un buen relato, muy morboso