Nene de Papi y de Todo el Barrio

Nene de papi y de todo el barrio


Mi papá es el más bueno y lindo de todos, vivimos solos en el departamento y todas las mañanas me trae el desayuno a la cama. Si estoy durmiendo boca abajo me despierta masajeándome el culo y me doy vuelta. Si ya estaba boca arriba me masajea las bolas. Siempre me despierto excitado a la mañana.
-Qué tenemos acá?
Me dice y se sonríe, y me sigue tocando y se sube arriba mío para besarme el cuello mientras me manosea las tetillas. Yo toco su pijama y lo siento duro. Entonces se saca el pantalón para que le agarre la verga y lo pajeo. Él me sigue besando y me mete la lengua en la boca. Me destapa y ve que estoy en calzoncillos. Me toca de nuevo y más ganas me dan de pajearlo. Entonces me acerca la pija a la boca y no puedo parar de chuparla. La meto toda adentro y le paso la lengua y la muerdo con los labios y me muevo bien hasta hacerlo suspirar. Me hace poner de espaldas y me la apoya en la colita. Sé que tiene muchas ganas, pero se aguanta, me lo abre con los dedos y le pone la lengua bien profundo. Le da vueltas, lame de arriba a bajo, lo chupa con mucha fricción. Después de un rato él mismo se pajea y me larga toda la leche caliente en la espalda y se queda un rato abrazado a mí. Luego se da una ducha y sale al trabajo. Yo tomo mi desayuno siempre frío, pero contento.
Salgo del edificio para hacer unas compras al supermercado. En la puerta saludo a mi viejo, que es el portero. Todos lo saludan, pero cuando lo saludo yo se le para y tiene que disimular. En el super el guardia de seguridad me cachea y mientras me toca me dice:
-Dieguito, con esos shorcitos me volvés loco, vamos para el fondo?
Siempre me dice lo mismo. Como si fuera el putito más lindo del barrio. Seguro que le dice eso a todos.
-Por esta vez sí, pero solo un ratito.
Pasamos las góndolas y me lleva al depósito de mercadería. Ahí me baja los shorcitos y me chupa el culo como desesperado. Alfonso es un hombre de tez oscura y grande de cuerpo. Me abraza bien fuerte para mostrarme lo excitado que está.
-Dejame garcharte Diego, te lo suplico.
-No, no puedo.
-Entonces chupamela, bajame el cierre.
Me arrodillo y le bajo el cierre al pantalón, le bajo el boxer y veo su negra poronga, enorme. Le chupo la cabecita, le beso el tronco y los huevos. Me pide que se la trague toda. Pero es muy gorda. Lo intento y me agarra de la cabeza y me empieza a sacudir como si me cogiera. Mi lengua trata de chuparlo pero la pija va y viene muy rápido. De pronto me larga una ráfaga de leche que apenas alcanzo a tragar del todo.
-Hooooo, Diego, hooo, seguí chupando, haaa...
Le hago caso porque no me suelta. Es una gran pija.
Salgo cargado de bolsas del supermercado y me paso por el puesto de diarios. Ahí ocurre un evento especial, Manuel, el diariero, me llama y me pide que me oculte bajo el mostrador y le haga la paja. Nada más. Y mientras tanto me cuenta los chismes del barrio. Le bajo el slip y se la chupo un poco, de yapa, después le pongo un preservativo y lo empiezo a pajear. Es duro para acabar, siempre tarda mucho. Me cuenta todos los líos del barrio, infidelidades, peleas y otros chismes. Por ejemplo, en la casona al lado de mi edificio se muda un tal Carlos con la esposa, no tienen hijos varones. Lo sigo pajeando, le masajeo los huevos para ver lo duro que están. Su pija está toda colorada, creo que va a acabar. Ya se le acabaron los chismes, pero sigue dura la pija.
-Diego, sos el mejor, dame duro, haa, haaaaa, la puta! Sí, cachorrito, siiiiiiiii...
Se llenó el forro de leche. Le besé los huevos de despedida, me encanta pajearlo a Manuel.
Casi llegando a casa me encuentro con los muchachos del barrio. Esos con los que juego al fútbol los sábados a la tarde.
-Hola Diego!
-No te olvides de ir el sábado.
-No, ahí voy a estar.
Uno me pellizca el culo, aprovechando que tengo las manos ocupadas con las bolsas.
-No! Dejá ese culo que es mío.
-Pará, qué tuyo!
Y se entran a pelear. Yo sigo caminando y un hombre viejo me previene:
-Tené cuidado con esos que te van a culear si te agarran. Yo no me confiaría, jejeje.
Miro a los chicos tan musculosos y sensuales con esa ropa de moda que muestra los calzoncillos y se les ve hasta los pendejos del culo y de la verga. La tentación es grande, creo que se me paró.
Llego al edificio y papá me abre la puerta, como buen portero. Me lleva al ascensor y una vez adentro me aprieta contra el espejo y me besuquea todo. Cuando la puerta se abre de nuevo me suelta y él sigue viaje mientras llevo las cosas al departamento.
Tocan timbre. Es el vecino de arriba. Quiere jugar a ver quién llega más lejos. Nos bajamos los calzoncillos y él me pajea a mí mientras yo lo pajeo a él. Tiene una linda pija para acariciar. Yo empiezo despacio y después le doy con todo. Hoy acabamos juntos y él llegó más lejos, como prenda se la tuve que terminar chupando. Pero, con lo que me gusta hacerlo! Aunque sólo hasta ahí, después tiene que volverse a su depto.
A la noche papá llegó muy cansado del trabajo. Le serví la cena y le dije que tenía ganas de comprar calzoncillos nuevos. Me dijo, sentencioso:
-Diego, creo que ya estás en edad para ser culeado.
Me quedé pensativo. Esa noche di vueltas en la cama hasta quedar dormido. En mi sueño sentía una presencia muy caliente que me amarraba los brazos y las piernas, no lo podía ver, sólo sentía calor y algo que me penetraba. No había nadie, pero no podía soltarme y esa cosa seguía entrando en mi culo. Tampoco podía gritar. De pronto sentí un gran placer en el centro de mi cuerpo, y me desperté.
Tenía a mi viejo en pijama encima mío, me estaba despertando para el desayuno. Me quise dar vuelta pero no me dejó. Todo su cuerpo estaba encima mío, frotándolo con el mío.
-Estoy al re-palo, te la voy a enterrar.
Me puse a temblar de susto, me bajó el slip para dejar mi culito al aire y chuparlo con ganas. Yo lo dejé hacer, me gustaba que me lo chupe, pero después me puso el dedo y empezó a empujar. También me gustaba, pero era la primera vez que me hacía eso.
-Relajate Dieguito, esto te va a gustar, no tengas miedo, no te va a doler nada.
Su dedo siguió entrando y abrí más las piernas. Miré para atrás y vi su pijama mojado de la excitación.
-Te voy a poner la puntita y vas a ver lo que se siente.
-No pá, no quiero, yo quiero chuparla.
-Vos no sabés todavía lo que querés, hacele caso a papi.
Me sacó el dedo y me pasó la lengua de nuevo, despacito, dejando mucha saliva. Yo me salí de la cama.
-Vení acá carajo!
Se sacó toda la ropa y me empezó a correr por el departamento, y me alcanzó, no tenía a donde ir. Pero como yo seguía resistiéndome me la puso en la boca y me tranquilicé.
-Todavía no estás listo chiquito, pero ya vas a buscar solito que te la meta en el culo.
Y seguí chupando y saboreando sus jugos.
-Vas a ver que cuando pruebes no vas a querer otra cosa, todas las mañanas me vas a pedir que te la pongaaaaa...
Mi viejo tenía la pija a mil, sentía que me estaba por lanzar toda la leche.
-Vas a pedir que te la ponga toda adentro, vas a ver, haaa..., bebé lindo, haaaaaa...
Me llenó la boca de leche. Mis calzoncillos se mojaron también, toda esa revolución me había excitado demasiado. Papá se fue a trabajar y yo me duché con agua fría. Salí envuelto en la toalla al balcón para secarme al sol y vi algo imposible. En la casa de al lado un tipo iba y venía en calzoncillos. Eran blancos, llamativos, pero el cuerpo tan masculino fue lo que me llamó la atención, no era muy grande, salvo su bulto, no era muy peludo, pero lo suficiente como para llamarlo 'macho'. La mirada dura y los músculos bien puestos, no el típico fisicoculturista, sino un tipo fuerte con las manos grandes. Empecé a sentir que me latía el culo, y ese tipo de ahí era el responsable de esa extraña sensación. Me lo quedé mirando y no me di cuenta de que el viento me volaba la toalla y mostraba mi pequeña excitación al mundo. Me enamoré a primera vista. Después vi que su señora lo llamó para lavarle el calzoncillo. Él se lo sacó con desparpajo y ella lo llevó con la otra ropa. Mi vista siguió al calzoncillo blanco, pero cuando la desvié para verlo a él desnudo, se había metido en una pieza. Solo pude ver a la mujer que empezaba a mojar la ropa para lavarla a mano en el balcón. Me desilusioné, "está casado" pensé. Me metí para adentro y no pude resistir hacerme la paja pensando en ese tipo desconocido. El nuevo vecino, un tal Carlos.
Fui a jugar al fútbol. Me encanta transpirar y ver a los otros chicos transpirados, andando con el torso desnudo. Me gusta festejar el gol abrazado a todos ellos, moviendo sus bultos en sus shorcitos. Cuando vamos al vestuario puede pasar cualquier cosa. Pero hoy no creo que pase.
Mientras el agua cae por mi cuerpo desnudo siento las miradas de los demás en mi culito. Yo no soy santo y les miro las vergas, al palo, pasándose el jabón.
Mientras me seco con la toalla se me arrima uno apoyándome la pija en el muslo.
-Diego, esto es para vos. Querés venir a casa?
No resisto la tentación de apretarla en mi mano. Pero le digo que no.
-Por qué no?
-Porque me gusta Carlos.
-Quién es Carlos?
-Alguien que apenas conozco.
Le solté la pija, que se hizo chiquitita en seguida.
Me puse los shorcitos y ya estaba saliendo, pero se me acercaron cuatro en cuero que me acorralaron.
-Diego, acá tenés machos de verdad, elegí en qué orden querés que te la demos.
-No quiero nada, mi macho es Carlos.
-Vení, tocá, está llena de leche.
Me llevó la mano a su pija en su pantalón. Era tentador quedarse, pero mi amor por Carlos era más grande, aunque imposible.
-Hacete la paja, pero dejame en paz.
Dos ya se estaban pajeando, pero yo no iba a ceder, me iba a ir limpio de ahí. En otro tiempo me hubiera puesto las cuatro pijas en la boca y mi lengua iría de una a otra al compás de mi líbido hasta hacerlos lanzar toda la leche en mi cara. Pensar en esto me hizo dudar un poco y mi duda le dio tiempo a uno para meterme mano en el culo, pero lo saqué y salí corriendo.
En el camino a casa me encuentro con Alfonso, me dice que tiene cerveza para mí en su casa, que lo acompañe. Le digo que no puedo. Me dice que en su casa vamos a estar más cómodos, sin ropa, sin apuro. Que me puede dar un buen masaje para aliviar todas mis tensiones. Le digo que no. Me toma del hombro con mucho afecto y me pide que vaya con él, que necesita descargar tensiones, que tiene la verga dura de sólo verme, que necesita muchos masajes de lengua en ese lugar. Es muy insistente este Alfonso, y sabe las palabras que me ponen cachondo. Le digo que no otra vez, pero suena a un sí.
-Dale, vení, te vas a perder tener esta poronga donde quieras?
-Alfonso, estoy enamorado, no quiero nada con otro hombre que no sea Carlos.
Alfonso se quedó patitieso y me dejó ir.
Pasé por la lavandería de la esquina y pedían empleado, así que entré y me dieron el empleo. Ahora podía ayudar en casa con el dinero y tenía una ocupación para no pensar tanto en mi amor imposible.
Cuando llegué a casa estaba todo oscuro y mi viejo apareció de la nada para sorprenderme desnudo. Me abrazó y besó contra la puerta, pidiéndome que me desnudara. Nunca le había dicho que no a mi papi. Me saqué los shorcitos en la oscuridad y la remera. Me besó el cuello y las tetillas, me manoseaba el culo mientras nuestras pijas chocaban entre sí. Estaba excitado, pero pensaba en Carlos y en sus calzoncillos blancos. Tenía le lengua de mi viejo en la garganta, mezclando nuestras salivas. Su boca bajaba por mi cuello acariciando mi piel, mordiendo y chupando aquí y allá. Volvía a subir y a chuparme la boca.
-Vamos a la cama.
-Hoy no, conseguí trabajo y tengo que ir temprano mañana.
Me clavó su pija en los huevos, reclamando insistente.
-Vamos, es un ratito, yo mañana te despierto bien temprano con el desayuno hecho.
-No pá, no puedo.
-Alfonso me dijo que estás enamorado, cómo es eso?
-Alfonso habló con vos? Y porqué?
De repente me soltó y se fue a su cuarto. Me quedé pensando, pero no le di importancia.
Pasaron varios meses y yo seguía en el Laverrap. Todas las mañanas pasaba por la casa de Carlos y a veces lo veía. Lanzaba suspiros, y cuando lo veía semidesnudo, que era lo usual en él, lanzaba más suspiros.
Un día llegó su mujer al Laverrap y me dejó ropa para lavar.
-Lo quiero rápido, me dijo.
-Vuelva en dos horas y va a estar limpio y seco.
Puse la ropa de a una en la máquina, hasta que descubrí los calzoncillos de Carlos. Los olí, como si fueran rosas. Era su olor. Llené mis pulmones con su olor a macho fuerte. Pasé la lengua por donde sus huevos se apoyan y su pija hace fuerza cada vez que se excita. Besé sus calzoncillos. Respiré profundo y podía sentir su sabor en mi boca. Los pasé por mi pecho y mis tetillas estaban duras. Mi pija también y necesitaba agarrarla y pajearme. Me bajé los pantalones y me pajeé. Besé los calzoncillos de Carlos de nuevo y me los puse en el culo, quería sentir que me penetraba. Mientras mi mano iba y venía con mi pija, mi culo se comía el calzoncillo de Carlos. Todo este tiempo esperando que Carlos me mire, me toque, me seduzca, me coja. Ahora podía sentir su olor, su sabor a pija, a través de su calzoncillo. Carlos me cogía.
-Haaaaaaa...
Estaba por acabar, un poco más y termino, es una locura coger con un calzoncillo, pero me está cogiendo él, Carlos.
-Haaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
No era yo el que gritaba, era la señora de Carlos que venía a traer más ropa para lavar y me descubría haciéndome la paja sobre su ropa sucia, con el calzoncillo blanco en el fondo del orto.
-Sucio! Qué hacés con mi ropa!? Voy a llamar a la policía, te voy a hacer echar. Haaaaaaaaa!
La mujer salió gritando e insultando, todo el barrio se iba a enterar de mi degenerada manera de gozar. Me moría de vergüenza, pero lo peor era que Carlos se iba a enterar y se terminaría mi romance platónico con él. Sentí mucho miedo y me quedé llorando en el piso.
Y entonces la mujer trajo a su marido. Ambos puteando y gritando que me iban a matar por sucio y degenerado. Entró enceguecido y dándome cachetazos, amenazando con patearme. Agarró la ropa y se la dio a la mujer.
-Vos llevate esto y lavalo, que para eso tenés manos.
Y siguió gritándome.
-¡Carajo! Levantate llorón o te agarro de los pelos y te levanto a patadas. Explicame qué estabas haciendo. No llores más, te digo, no llores!
Yo seguía sentado en el piso llorando, tratando de hablar pero no me salía ni una palabra. Entonces se acercó a mí y viendo que tenía los pantalones a la altura de los tobillos, la pija chiquita y un calzoncillo en el culo me abrazó y me dijo:
-Ya, tranquilo, contale a Carlos qué pasó acá.
Traté de tranquilizarme, traté de hablar y otra vez empezaba a llorar como desconsolado.
-Pendejo, mirá lo que me hacés, tengo la pija parada por tu culpa.
Sacó su pija y me la puso en la boca. Ahí recién me tranquilicé y empecé a chupar como si fuera una mamadera. Estaba calentita. Cerré los ojos y él empezó a mecer mi cabeza con su pija adentro. Sentí un placer nuevo, diferente al de otras veces. Ahora volvía a sentir el olor del calzoncillo, pero era una pija real, la verga de Carlos estaba en mi boca. La chupé con más fuerza, me golpeaba la garganta y mis labios sentían sus huevos cuando empujaba con fuerza. La tomé en mi mano y pasé mi lengua con lentitud por toda su pija, mis labios midieron su circunferencia desde la punta hasta los huevos. Iba y venía, sin pensar en nada más. Su mano empujaba mi nuca y de repente me infló los cachetes con toda su guasca.
Se acomodó la ropa y se fue. Me quedé saboreando su leche mientras me abrochaba el pantalón. Cerré temprano la lavandería. No sabía si iba a seguir trabajando ahí. Me llevé a casa el calzoncillo de Carlos y lo puse debajo de mi almohada, para soñar que vuelve por la noche a buscarlo.
Al otro día miré por la ventana y nada. Fui a trabajar y nada, se diría que todo era normal. Vuelvo a casa y papá me espera en la puerta del edificio. Entramos juntos al ascensor y apenas se cierra la puerta me manosea todo. Tengo una mano en el culo, otra en la pija. Sus ojos sobre los míos. Me cierra la boca con la suya. Quiere un beso, pero su olor no es el de Carlos, no puedo besar a nadie más.
-Diego, respetá a tu papi. Hace tiempo que no hacemos nada, papi quiere mucho a su bebé.
-Pero yo quiero a otra persona.
Se abre el ascensor. Entramos al departamento y no me dice más nada.
A la mañana siguiente miro por la ventana y veo que Carlos anda desnudo por su casa. Ya reconozco sus pelotas. Bajo y toco timbre en su casa. Me atiende él, en bolas. Su mujer no está. Miro por primera vez su cuerpo en cuero desde tan cerca, desde la punta de los pies a la cabeza, pasando por la punta de su verga.
-Quiero mi calzoncillo, me dice.
-Está debajo de mi almohada, pero vine para hablar con vos.
-Estoy en bolas y solo, te doy diez minutos, hablá o besá mis huevos.
No lo pienso mucho, paso adentro y empiezo a besarle los huevos. Mi lengua se desespera por su pija que está siempre erguida, le chupo la cabeza y se me mete adentro a empujones.
-Ha, ha, ha, pendejo.
Me golpea los cachetes a porongazos pero no puedo parar de tragar saliva y mi lengua se enreda en su pedazo. Me pego entre sus piernas, toda mi boca se entrega a su pija para que me llene de guasca. Son pocos minutos donde estamos solos los dos. Me coge la boca, siento su pija explotando en mi lengua, llenando mi nariz de su olor a leche. Trago todo y sigo lamiendo.
-Parate ya, se terminó el tiempo.
Me limpio la boca con la mano y me voy, satisfecho. No sé qué logré, ni lo que quiero, pero me siento satisfecho por demás.
Estoy en el trabajo, pero nadie lava ropa hoy. Entonces llega Carlos. Me sorprende verlo.
-Pendejo, me estás rompiendo las pelotas. Sos puto, trolo, quién sabe cuántos te rompen el culo, pero conmigo no se juega.
Se saca la camisa. Su torso desnudo me paraliza, me parece que una belleza desmedida se posó en él para quedarse. Su boca choca con la mía y me saca del éxtasis en que estaba para llevarme a otro. Mi respiración se agita.
-Puede entrar alguien.
-No me importa.
Cierro la puerta con llave mientras él termina de desnudarse.
-Pibe, me calentaste, ahora bancate que te rompa el culo. Vení acá y chupala.
Arrodillado bajo sus huevos empiezo a lamerlo. Tiene unas pelotas maravillosas, pero su pija me pide que me la trague entera. Entra y sale de mi boca.
-Disfrutá ahora, porque en un rato te hago ver las estrellas cuando te parta el culo.
Me entra la verga hasta los huevos. Chupo su cabeza, vuelvo a tenerla toda adentro, se sacude otra vez. Estamos solos y nadie puede m*****arnos. Por primera vez puedo apreciarlo con atención. Mis manos acarician sus piernas, su piel, suben por su abdomen. Él agita su verga en mi boca.
-Haaa, todavía no chiquito. Sacate todo.
Quedo desnudo para él. Sus manos acarician mi cuerpo y me lleno de placer. Se para atrás mío y me quedo paralizado de nuevo, sintiendo su boca en mi cuello y luego bajando por mi espalda. Me agarran espasmos de placer. Siento que me muerde, siento su lengua caliente en mi piel. Sigue bajando. Me tiembla el culo cuando me mete la lengua, nadie me había hecho sentir así. No paro de gemir, la calentura que siento no tiene límites. Su lengua gira en mi culito haciéndome tiritar.
-Estás a punto de sentir una pija de verdad nene. Agarrate fuerte.
¡Zaz! Me la clava. Tan dura. Tan salvaje. Todavía no entró toda pero ya veo las estrellas. Va entrando de a poco mientras me muerdo los dientes.
-Ay!
-Haaa, sentila puto, sos mi puto ahora.
Un tal Carlos me está cogiendo, el Carlos de la casona de al lado, el Carlos que amo con todo. Tenía que ser él el primero en mi culo. Se mueve atrás mío sacudiendo su pija, haciéndome suyo. Todo ese pedazo de carne entrando y saliendo de mi orto. Atrapado entre sus brazos. Sólo escucho mis gemidos. Siento un placer tan hondo.
-Mové el culo, putazo, hacé feliz a mi pija.
-Haaaa, Carlos, te amo.
-Mirá como te amasijo el orto.
Más gemía y más loco se ponía, me asesinaba el culo a pijazos. Me cambió de posición para levantarme las piernas y mirarme a los ojos. Ví su pija entrar en mi culo y cerré los ojos de emoción. El hombre que amo me está poseyendo. Me trae hacia sí con sus brazos y su pija se abre camino sobre el terreno virgen.
-Ha, haa, ha, haa...
Todo mi cuerpo flota sobre su verga. Sus empujones son fuertes y está por venir toda su guasca. La espero, la deseo, quiero llenar mi cuerpo con su leche.
-Yaaaa! La quiero toda... Carlos, damela, yaaah...
-Puto, sufrí, todavía tengo más pija para darte.
-Hooo...
Volvió a cambiar de posición, tenía el culo muy sensible, no aguantaba más. El placer me invadía todo el cuerpo, sentía que iba a estallar. Sus huevos se estrellaban contra mi horto, su pija iba y venía con la misma potencia del principio. Amo su poronga, amo su cuerpo, amo su forma de hacer el amor.
-Nene, no vas a olvidar nunca como coge Carlos.
-Haaaaa...
Acabé yo y luego él, inundando mi culo, tan anhelado de su guasca. Quedamos pegados de sudor y leche. Yo no quería dejar ir a su pija y él no quería soltarme el culo. Apenas nos separamos, ya lo quería tener de nuevo adentro. No quería separarme de él.
-Escuchame esto, vos sos mío, entendiste?
-Sí.
Su beso me empapa la boca, mis labios se pegan a él, desesperados. Quiero tenerlo para siempre. Ahora tiene que irse, pero lo sigo besando, todavía temblando de calentura.
-Vestite pibe, nos vamos a volver a ver muy pronto.
El día en la lavandería pasa muy rápido. Sólo pienso en Carlos. Mi viejo me espera en casa, en slip, mostrándome que está al palo y que quiere que se la chupe.
-Papá, sólo puedo ser de Carlos.
-Pero siempre te gustó chupármela, dale a papi un chuponcito.
El contorno de su pija está marcado por su slip, y aunque siempre me excitó, ahora me debía exclusivamente a Carlos. Ante mi negativa, sacó su pija y su mano empezó a pajearla.
Al otro día me pidió que fuera al mercado. Como siempre Alfonso estaba ahí. Esta vez me detuvo y me llevó a su despacho.
-Creo que te estás abusando, yo no hice nada.
-Esto es abuso.
Se me acercó para abrazarme fuerte y lamerme el oído. Sus brazos no iban a dejarme ir.
-Siempre te gustó mi uniforme, no?
-Sí, pero eso era antes.
-Y te gusta mi pija.
Su pija estallaba en su uniforme de guardia.
-Eso era antes.
-Y ahora qué es lo que te gusta?- dijo, y sus labios estaban a un centímetro de los míos, lanzando un cálido aliento, acercándose milímetro a milímetro.
Mientras tanto Carlos iba con un ramo de flores a mi edificio, había averiguado mi departamento y estaba tocando timbre. Mi viejo por supuesto lo vio y lo increpó.
-Qué le estás haciendo a mi hijo?
-Es cosa entre él y yo.
-Es cosa mía también, el culo de Dieguito es mío.
Carlos se enfureció y empezaron a las piñas, las flores volaron por el aire.
Alfonso seguía presionándome, pero yo no cedía.
-Tu viejo quiere lo mejor para vos Diego.
Su pija rozaba la mía. Su mano se colaba por detrás de mi pantalón.
-Lo mejor para vos es tener mi poronga bien adentro.
-Yo soy de Carlos, nada más.
Se le bajó la excitación y de la bronca me soltó, se fue sin decir palabra.
Se me hacía tarde para ir al trabajo. En el camino me llama Manuel.
-Ahora no puedo Manuel.
-Pero tengo un chisme que te va a interesar.
-Cuál es?
-Tocame un huevo y te lo digo.
Le toqué los dos.
-Andá a tu casa una hora antes de lo habitual, Alfonso suele ir para allá y se reúne con tu viejo, pasa algo con vos?
-Hum, pasa, después te cuento.
En el Laverap me está esperando Carlos.
-Ya sé lo de tu viejo y vos.
-Eso es pasado.
-Tenés que salir de esa casa, lo voy a fajar a tu viejo. Hoy casi lo fajo, pero nos separaron.
Me preocupé, mi cara estaba gris. Él cerraba con llave la puerta del negocio y me daba un cálido beso. Me sacaba la remera y yo le desabrochaba la camisa. Nos besábamos más mientras nuestros pantalones caían al suelo. Su slip blanco lo bajé muy despacio, mientras su bulto crecía más y más. Chupé sus bolas y besé su pija. La respiración se aceleraba. Su pija iba y venía en mi boca. Estaba al palo y lo llenaba de saliva para que me coja bien. Desnudos nos revolcamos entre una montaña de ropa y me dejó su culo en la cara.
-Chupalo bien y te doy con todo.
Metí la lengua bien adentro, dando vueltas con fuerza y lamiendo de arriba a bajo. Era un culo delicioso. Lo penetraba con la lengua y le hacía lanzar gemidos a Carlos que lo excitaban más y más. Mi mano recorría su verga mientras seguía chupando su culo. Hundía mi cara en él tratando de llegar hasta el fondo, haciendo que la verga de mi macho se ponga más dura y venga al contraataque para destrozar mi culo.
Y pasó así, me dio vuelta y me ensartó su poderosa pija llegando bien hondo arrancándome gritos de placer.
-Esto es lo que te merecés, puto, por ser tan puto.
Me agitó la pija en el culo. Sentía sus bolas como latigazos. Estaba atrapado en sus brazos de macho, siendo cogido por segunda vez. Sintiendo el placer y la magia que solo me daba esa pija. La pija de Carlos se hundía y volvía a salir. Éramos dos cuerpos calientes, uno dentro del otro. Su pija llegaba al centro de mi cuerpo.
-Cogeme Carlos, soy tuyo.
-Te voy a reventar el culo de guasca.
Mi culo se partía en dos, recibía sin quejarse la carne de Carlos, dejaba sus secretos a flor de piel.
-Qué buen culo Diego, qué buen culo.
-Dame toda tu leche.
-Ahí va mi leche, tomá, haaa...
-Haaaa, papu, síiii...
Salí una hora antes del trabajo, para averiguar si Manuel decía la verdad. Abrí despacio la puerta del departamento, papá no estaba abajo como otras veces. Miré por la puerta entreabierta de su habitación y los vi. Alfonso arriba de mi viejo, desnudos, clavándole la gruesa pija. Solo le veía los huevos moviéndose sobre el culo abierto de mi viejo. Un cuerpo de piel blanca debajo de la piel oscura y brillante de otro cuerpo. Ambos sobre la cama, gimiendo, hablando sobre mí.
-Dieguito es mío, le voy a romper el culo como te lo rompo a vos.
-Mi bebé es nuestro, mientras vos te lo cogés yo se la hago chupar. Vamos a llenarlo de leche.
-Tomá viejo, tomá!
Era un peligro para mí estar ahí. Fui a mi pieza a res**tar el calzoncillo blanco de Carlos debajo de mi almohada y fui a su casa para contarle lo que pasaba.
-Vos te quedás a vivir conmigo, de ahora en más voy a ser tu papu y vos mi hijo puto.
Le contó a su mujer que yo era un degenerado por culpa de mi viejo y que no tenía a donde ir, entonces me hicieron un lugar en el sofá del living.
Mientras estoy durmiendo escucho discusiones y Carlos llega con unas frazadas y sábanas y se tira al piso al lado mío.
-¿Todo bien papu?
-Todo bien, dormí.
Me toma de la mano y nos cubrimos con las sábanas, me acerco más a él. Mi mano pasa por los pelos de su cuerpo, curioseando, y se detiene sobre su verga. Me acerco más y empiezo a besarle el pecho. Su verga está dura. Voy bajando y besando su piel caliente hasta llegar a su pija. En silencio le bajo el slip y le doy mordiditas. Me la trago entera y se la chupo mientras él se acomoda para cogerme la boca. Pero no se queda quieto. Me manosea todo el culo y se me acelera el corazón. Me saca la verga de la boca y se pone a chuparme el culo que está al rojo vivo. Siento su lengua entrando y saliendo. Quiero tener su pija bien adentro rompiéndome todo mientras su lengua sigue yendo y viniendo dejando mi orto abierto como una flor. Quiero gritar, esa lengua me está cogiendo, me abro más y más, necesito que me la ponga ya mismo. Presiento que está por venir su pija. Estamos en la oscuridad, sin hacer ruido, pero presiento que se está acomodando para ponérmela. Mi cuerpo se tensa de solo pensarlo, agarro con fuerza las sábanas. Ahí viene, al borde de mi culo mojado la siento entrar, sin avisar, toda, su poronga hasta los huevos. Me relajo de nuevo. Es mío, soy suyo.
Papu Carlos me está cogiendo, todo su cuerpo encima mío y su pija adentro, bien adentro, donde el placer de ambos se encuentra. La sábana vuela. Entra y sale su pija de mi culo. La respiración que se escucha no es la de dos tipos dormidos, estamos acelerados, exhalando con fuerza. Siento sus uñas y sus diente dejando sus marcas en mi espalda y hombros. Siento su orgasmo llegando. Mi cuerpo espera todo ese temblor, mi culo se lo devora y quiere toda la leche. Carlos me coge, siento su descarga blanca y candente. Mi culo lo aprieta. Su pedazo se hunde por última vez y cuando sale mi boca lo devora hasta atragantarse. Quiero todo su jugo, yo lo quiero, lo quiero. Mi lengua pasa por toda su extensión y hasta que la última gota fue engullida no me quedo tranquilo. Después duermo sobre el pecho de mi papu, hasta la mañana.
Todas las noches son así, discusión, sábanas y frazadas, mi culo lleno de guasca. Pero sabíamos que no duraría para siempre. Una tarde, que Carlos no estaba y yo llegaba del trabajo, se terminó. La mujer estaba muy alterada, me dio un bolso con mi ropa y comenzó a tirar ropa por la ventana. Salí a la vereda con mi bolso mirando a todos lados. La gente curioseaba.
Y la ropa caía y Carlos llegaba. Yo salí a su encuentro y nos besamos. Y en ese beso fuimos uno solo. Y la gente alrededor se convertía en hojas para nosotros. Y más hojas caían y se arremolinaban alrededor nuestro. Pero nuestro beso era infinito. Y los árboles quedaban pelados de hojas y nos seguíamos besando. No había gente, eran hojas que caían. Y la escarcha cubría la corteza de los árboles y seguíamos unidos en un único beso, por siempre.
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Posted by samy15
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Cada vez que lo vuelvo a leer me mato a pajas...
1 year ago
Es la segunda vez que lo leo y nuevamente, al igual que la primera vez, me hice dos pajas; a mitad del relato y al final del mismo...
Uno de los mejores...
1 year ago
EXCELENTE...
1 year ago
Me ha gustado el relato