Mi cuñada Viviana

Andaba haciendo tiempo por el centro de la ciudad, cuando me encontré con mi cuñada Viviana, la esposa del hermano de mi mujer.

La sorprendí mirando vidrieras y me acerqué por detrás y le susurré al oído

- Eres la mujer más hermosa que he visto esta mañana, te invito a tomar un café

- Eres tú? Me dijo al darse vuelta y reconocerme.

- Sí soy yo, y reitero el piropo porque luces muy bonita como siempre. Qué estás haciendo por aquí? –

- Tiempo entre un trámite y otro-

- Estamos en lo mismo, vamos a tomar un café y charlamos unos minutos-

Ya tomando el café la conversación giró por los lugares comunes. Los esposos, los hijos, el tiempo y hasta la carestía de la vida. De pronto se hizo un silencio de unos segundos en donde se quedó pensativa y me dijo

- Sabes, cuando te conocí y recién empezaba mi noviazgo con Alberto, me enamoré de ti. Y de qué forma! Casi rompo con él por eso. Si me hubieras insinuado algo largaba todo y me iba contigo-

- Bueno, bueno, bueno. Mira lo que vengo a enterarme a más de veinte años-Recuerdo que en esa oportunidad me caíste muy bien, físicamente y por tu personalidad. Lo que nunca me hubiera imaginado que despertaba ese sentimiento, haberlo sabido-

- Fueron cosas de muchacha voluble que no sabía bien que quería. Ahora, de pronto se me vinieron a la mente esos recuerdos. Y quieres que te diga una cosa, no sé porque te lo cuento-

- Y bueno, seguramente porque donde hubo fuego cenizas quedan, como dice el refrán, tú qué dices?- … Dije tomándola de una mano.

- Me lo preguntas en serio?-

- Claro que sí. Es una pregunta con toda la intención, porque la verdad es que hace rato que cuando te veo me trastorno un poco porque realmente me gustas mucho….Dije tirándome un lance.-

No supo que responder porque seguramente en su mente se debatía la alternativa de ser una fiel esposa o cumplir un sueño. Dudó unos segundos y me dijo

- Sea, volvamos el reloj veinte años para atrás, pero hoy no puedo porque me esperan en un ministerio por una cita que me costó meses conseguirla. Qué te parece el martes próximo después de almorzar?-

- Excelente. Tú tienes el número de mi celular y yo el tuyo. A qué hora te viene bien que te llame el martes por la mañana para cerrar la cita?-

- Alrededor de las doce, de acuerdo?-

No despedimos con un beso muy cercano a nuestras bocas que duró también más tiempo que lo normal, y marchamos cada uno por su lado.

Cuando nos despedimos me puse a recordar. Viviana era una mujer de esas que provocaban admiración al verla. Era un verdadero bombón que todavía, después de veintitrés años y dos hijos, los hombres se paraban para mirarla. Y yo no era la excepción, era apetecible desde todo punto de vista. Empecé a calentarme pensando en lo bien que lo iba a pasar.
Funcionaron los celulares como habíamos acordado. Pasé por ella en lugar convenido y para evitar cruces con terceros conocidos marchamos a un hotel alejado de nuestras zonas de residencia.
Debo reconocer que ambos estábamos nerviosos. Si bien sabíamos porqué y para que estábamos allí, costaba encontrar la actitud para iniciar el encuentro. Rompí el fuego invitándola a sentarse en un mullido sofá al tiempo que llenaba un par de copas con cava para hacer un brindis.
- Brindo por este encuentro que lleva una demora de veintitrés años pero con la alegría de estar juntos para cumplir un sueño-

- Y yo brindo por la felicidad y el amor que están por encima de cualquier prejuicio-
Chocamos las copas y bebimos un trago. Me acerqué a ella y tomándola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos para un beso suave exploratorio. Su boca se abrió y mi legua buscó la suya para el jugueteo amoroso. Nos dimos un beso que duró largo rato, suavemente primero y con furia después. Hacía mucho tiempo que no besaba ni me besaban con la pasión de ese momento. Ella tiró su cabeza hacia atrás y me permitió besar su cuello y hombros. Era una delicia.
Mientras nos besábamos con mucho ardor y nos decíamos palabras amorosas, poco a poco nuestros cuerpos fueron levantando temperatura. Las manos empezaron a actuar. Las de Viviana buscando mi entrepierna hasta encontrar mi verga que ya estaba dura como una piedra. Mis manos se escabulleron dentro de su camisa para encontrar sus senos y acariciarlos primero y apretarlos luego. Ni uno de los dos se atrevía a seguir adelante, parecíamos dos jóvenes principiantes en las lides amorosas. Mientras tanto seguíamos con los besos, cada vez más apasionados.

De a poco nos animamos. Empecé por ir desabrochando su camisa botón a botón, que por cierto me llevó más tiempo que lo normal dado mi nerviosismo. Ella hacía lo propio con mi camisa. En un momento nos las quitamos y empecé a admirar por encima de su corpiño las bellas tetas de Viviana. Bajé mis manos a sus piernas para acariciarlas mientras las subía por sus muslos buscando su cueva. Cuando llegué a mi meta me encontré con sus bragas húmedas de sus jugos. Aparté los bordes de la tanga y mis dedos rozaron su vagina en medio de los suspiros de mi cuñada.

Viviana, por su parte, ya había bajado la cremallera de mi pantalón y escabullendo una mano por mi bóxer tomó contacto con mi verga agarrándola con fuerza. Fue ella quien tomó la iniciativa pues sin soltar mi miembro de sus manos se agachó y lo metió en su boca iniciando una fabulosa mamada que aún hoy recuerdo. Primero probó hasta donde podía introducirla, luego retiró el prepucio y con su lengua me dio unas lamidas que me llevaron a un goce infinito. Eso no era todo, comenzó a chupar y succionar la cabezota al tiempo que con sus manos me hacía una paja lenta y continua que me aproximó al orgasmo y que me obligó a rogarle que se detuviera.

Le di un beso y le sugerí marchar al lecho. Nos desvestimos en tiempo record, ambos estábamos ansiosos por vernos desnudos. Viviana, como imaginaba cuando la veía vestida, lucía una bella figura que los dos partos y los años no habían deslucido. Sus carnes parecían firmes como sus senos. Sus piernas estaban bien formadas y remataban en un culo que siempre había sido el orgullo de Viviana y que no había perdido su antiguo esplendor. Su entrepierna lucía una pequeña y coqueta pelambre en forma de triángulo cuyo vértice parecía apuntar a su sexo. Se notaba que había trabajado la zona para embellecerla para la ocasión, y la verdad que lo había logrado.

Acostados retomamos los besos y las caricias. No pasó mucho tiempo y dada la calentura que teníamos, nos preparamos para el ritual de la penetración, aunque previamente me deslicé a su entrepierna para saborear su vagina. No voy a alardear de grandes conocimientos, pero de las conchas que me tocaron en mi vida, esta era la más bella. Por qué digo esto? Porque en primer lugar percibí un aroma afrodisíaco mezcla de un suave perfume que había colocado en las proximidades con el flujo de su vulva. Los labios de su cuca eran delgados y apartándolos dejaban ver un interior de un rosado tenue pringoso que invitaba a saborear. Su conducto sexual parecía reducido y estaba bien escondido en su parte inferior. Ese panorama me excitó sobremanera y mi lengua no podía parar de lamer esa belleza se regodeaba yendo y viniendo en esa vulva. Viviana, que parecía estar en otro mundo estaba con los ojos cerrados mordiéndose los labios y dejando salir de su boca suspiros de satisfacción.

- No sabes cuánto placer estás dándome….Me dijo entre labios….-

- Y vos no sabes el goce que me produce comer tu conchita. Es un regalo divino.-

- Si no paras, voy a acabar y quiero que me venga con tu verga adentro mío.

- Sea…. Dije interrumpiendo mi tarea y buscando nueva posición.-

Me coloqué en posición misionero y coloqué la punta de mi polla en la cuca que acababa de comer. Viviana vibró y con sus manos se aferró a mis brazos que la tenían tomada de su cintura. Me miró con una sonrisa como invitándome a seguir. Lo hice despacio gozando en cada milímetro que mi verga se introducía en ella favorecida por la lubricación de sus flujos y mi saliva. Todos mis sentidos estaban puestos en esa acción y el placer era inmenso. Ella me animaba pidiendo más penetración y diciéndome que la sentía meterse dentro de cueva y que ella la inundaba de goce. Sentí que mis testículos golpeaban su raya. Había llegado al final, ahora restaba moverme y moverme cada vez más fuerte y rápido. Viviana ya no hablaba, solo emitía sonidos ininteligibles pero que indicaban que estaba viviendo intensamente el momento.

Aguanté todo lo que se puede aguantar, pero a pesar mío, el orgasmo llegó. Una descarga fuerte y copiosa inundó su cueva mientras seguía con mis movimientos de cadera, con tal fortuna que Viviana llegó a su clímax unos segundos más tarde dando un grito tan fuerte que creo lo escuchó el hotel entero. Me desplomé sobre ella y nos abrazamos fuertemente tratando de no separar nuestros sexos, mientras nuestras bocas se volvieron a encontrar en un beso furioso.

Cuando al fin nos despegamos del abrazo, quedamos de espaldas tomados de la mano. Ahora llegaba el momento de las palabras.

- Viviana, esto fue fabuloso. Debes creerme que nunca había sentido tanta pasión con una mujer. Casi pierdo la respiración por tanto goce.-

- Recién ahora puedo hablar. Había perdido la voz y los sentidos. No estaba aquí. Estaba en una nube de placer de la cual no quería bajar. Fue un polvo maravilloso, tal como era mi ilusión.-

- Mira lo que nos hemos perdido en estos años, que necios estuvimos.-

- Por cierto que la historia no la podemos cambiar, nos queda por delante una vida y te prometo que la vamos a aprovechar…..Le dije…-

- Te tomo la palabra, pero dejemos eso para otro momento. He gozado tanto que quiero repetir el placer de tenerte dentro mío.-

Marchó al baño para higienizarse y volvió con una sonrisa luminosa y me señaló la puerta del lavabo. Allí fui para regresar lo más rápido que pude para acostarme junto a ella y comenzar a besarla nuevamente.

Le pedí que se colocara boca abajo y comencé una serie de besos que comencé en su cuello y orejas para ir descendiendo lentamente. Creo haber recorrido cada centímetro tanteando con mi lengua y labios degustando el sabor y aroma de esa piel suave y tersa. Mis manos también acompañaban acariciando su cuerpo. Me detuve con especial dedicación en su culo, hermoso y curvado. Separé sus cachetes y mi lengua recorrió repetidas veces su canal, dejando besos y lamidas, en especial en su agujerito marrón. Bajé por sus piernas hasta sus pies repitiendo el mismo ritual. Le pedí que se diera vuelta y ahora el recorrido comenzó en su cara. Al pasar por sus tetas me prendí a ellas y sus pezones para chuparlos con pasión. Seguí con su abdomen hasta llegar a su monte de Venus y entretenerme jugando con su pequeño bosque antes de atacar su hermosa panocha. Viviana percibiendo la llegada a su zona erógena abrió bien sus piernas para dejar su sexo expuesto a mis caricias. Puse todo el empeño y experiencia
para la tarea. Labios y lengua atacaron su vagina, vulva y clítoris dando y dándose un festín como nunca lo habían hecho. Fue el momento en el cual Viviana no pudo aguantar más y se derramó en un violento orgasmo cerrando fuerte sus piernas y gritando su goce.

No podía seguir y me detuve para volver a la posición junto a ella y abrazarla. Acaricié sus cabellos y la besé.

- Me agradó mucho lo que me hiciste, fue tan bueno que no pude aguantar y acabé derramándome.-

- Me encanta oír que te gustó. Debo decirte que yo también gocé contigo saboreando tus piel y tus lugares íntimos.-

- Ahora quiero que me montes y vos manejes el otro polvo que nos debemos.-

Me eché de espaldas con mi verga apuntando hacia arriba. Sin perder un segundo Viviana se montó arriba mío y comenzó a frotar su vagina sobre mi miembro acostado en mi vientre. Era un ejercicio que la calentaba porque podía masajear su clítoris con mi pene. Cuando estuvo bien calentita con una mano recuperó la verticalidad de la verga y la introdujo en su cueva, mientras cerraba sus ojos y suspiraba. Toda, lo que se dice toda estaba adentro facilitada por la lubricación de sus jugos.

Mientras eso sucedía, yo tomé sus dos senos en mis manos para magrearlos fuertemente y pellizcar ambos pezones que estaban duros como piedras. Por el resto, solo me quedaba un papel, quedarme quieto mientras ella comenzaba a cabalgarme con un sube y baja que poco a poco nos fue enloqueciendo de placer a ambos. Dejé sus tetas y tomándola de la cintura, empecé a acompañar sus movimientos con mis caderas buscando la penetración más profunda. Abrió sus ojos y quedamos mirándonos fijamente desafiándonos para ver quien gozaba más. Se veía venir el orgasmo, faltaba saber quién se derramaría primero. Fui yo. En cierto momento no me pude contener y dejé salir latigazos de leche en su coño. Viviana me pidió que siguiera un poco más y también me entregó sus jugos. Nos abrazamos fuerte y volvimos a la rutina del beso.

Así como estábamos nos empezamos a jurar amor eterno y volver a repetir este encuentro todas las veces que pudiéramos. Ambos sentimos que habíamos nacidos uno para el otro en el amor y que nada podía evitar nuestro amorío.

Todo lo bueno termina rápido cuando lo estamos disfrutando. El reloj, el tirano de siempre nos marcó que era hora de volver a nuestros mundos reales. De la mano como dos niños marchamos al baño para una ducha rápida. Nos vestimos en silencio y tomados de la mano fuimos hasta mi auto y regresar a casa.


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Categories: Mature
Posted by pepitito
2 years ago    Views: 829
Comments (4)
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1 year ago
muy buen relato, escribís muy bien, espero que ganes algun concurso y te publiquen los escritos.
2 years ago
maravillosa historia, y muy calentita, gracias!!!!
2 years ago
Buen relato! Que sabroso lo clandestino! saludos!
edgardo22
retired
2 years ago
exelente te felicito que bueno es cojer de esa manera