La profesora de ingles y mi suegra ( Parte III - F

Mi suegra


Mi relato había sido minucioso y apoyado con gestos. Utilicé el vocabulario que hubiera usado para relatárselo a otro hombre. Mi suegra Cecilia me escuchó sin interrumpir siguiendo con mucha atención mis palabras y mis gestos. Yo la notaba un tanto nerviosa porque se revolvía en el sillón cruzando sus piernas a cada rato. Cada tanto se cruzaba de brazos y se apretaba sus senos y más de una vez sus manos se deslizaron a su entrepierna en un gesto espontáneo. No había duda que se le había disparado el morbo y estaba muy caliente, ya que cuando quiso decir algo tuvo que mojarse los labios varias veces porque los tenía resecos. Cuando al fin pudo hablar, poniéndose de pié, me dijo

- Esa mujer era una abusadora y corruptora de jóvenes. Habría que haberla denunciado por lo que te hizo. –

- Ni soñando. Vaya a saber porque esa mujer se había calentado conmigo como lo podía haber hecho cualquier mujer de su edad. Como tú misma, suegrita! -

- Que dices? Insinúas que yo haría tal cosa? –

- Y porque no? Al final se trata de un hombre y una mujer en busca de algo maravilloso que es el sexo bien realizado. Yo siempre le quedé agradecido a esa señora porque me hizo debutar de una manera casi amorosa y no como la mayoría de mis amigos de esa edad que debutaron con una prostituta que los atendía cada cinco minutos sin un mínimo gesto de amabilidad ni de higiene. Yo fui un afortunado, y te digo más, ella me marcó para siempre porque tengo mucha predilección por las mujeres de mucha mayor edad que la mía. Con ellas me siento muy bien.-

- Vos estás loco.

- No entiendo tu posición. Hablas como esas mujeres que no han conocido las bondades del sexo y se oponen a todo. Te pregunto seriamente Cecilia y perdóname la franqueza con que te voy a hablar. Vos estás siendo bien follada por tu marido?-

- Pero como me preguntas eso?. Eres un irrespetuoso.-

- Te lo pregunto porque tus respuestas son de alguien que no conoce la pasión del sexo o bien la extraña sobremanera. Es más, días pasados yo te vi cuando después de ducharte y depilarte, te masturbabas con una furiosa intensidad que no paró hasta que acabaste en un brutal orgasmo. Y no lo niegues, porque te vi.-

- Con que me espías? No te da vergüenza? Soy tu suegra, no te olvides.-

- No, no me olvido. Y por eso te pregunto, para que me hiciste contar la historia de mi profesora sino por morbo? Que buscabas? Calentarte para masturbarte? O acaso piensas que no me di cuenta del estado en que estabas cuando me escuchabas arrobada, poco faltaba para que te cascaras tu aparato vaginal. O acaso estás buscando otra cosa?-

Sintió el impacto de mis palabras y se calló. Me miró fijo a los ojos y comprendí que era mi momento. Me levanté y fui a su encuentro, la abracé fuerte y comencé a besarla muy despacio en su cuello al tiempo que le susurraba al oído

- Tranquila Ceci, yo comprendo lo que te está pasando. Sientes que los años pasan y no has logrado tener una satisfacción con tu hombre. No te avergüences porque eso le pasa a muchas mujeres de tu edad. Tu todavía estas para merecer, solo falta que te lo propongas y aparecerá el hombre indicado.-

- Es que no sé lo que me pasa. A veces tengo los mismos deseos que tenía a los 15 años y mi marido no es capaz de satisfacerlos. Además tengo miedo de salir a buscarlo por allí porque si me descubren se vienen abajo tantos años de matrimonio y la tranquilidad familiar. Ya no estoy para esos líos. Es difícil, muy difícil sobrellevarlo cuando una se siente plena sexualmente..-

Mientras me decía esto yo sentía que se me pegaba más a mi cuerpo buscando mi reacción, que por supuesto encontró. La apreté fuerte y le hice sentir mi verga en su entrepierna que ya estaba dura como una piedra. Ella entonces, comenzó a suspirar y sollozar al mismo tiempo. Parecía, valga las comparaciones, una jovencita a punto de perder su virginidad. Por un lado el deseo y por el otro los mandatos de la sociedad y la familia.

Llegados a este punto, razoné que no había retorno y me decidí. Le tomé el rostro con ambas manos y con mi boca busqué la suya para encontrarnos con un beso de lengua que duró unos minutos. Luego la tomé de la mano y nos volvimos a sentar en el sillón para besarnos desenfrenadamente, mientras nuestras manos buscaban darle rienda suelta a la pasión. Sentí un fuerte apretón en mi verga, al tiempo que mis manos comenzaban a jugar con los pechos de Cecilia. Alcancé a sacarlos de su encierro y mi boca se pegó a ellos para sorberlos y besarlos. Pasaba de uno a otro en forma permanente. Cecilia bajó el cierre de pantalón y liberó a la bestia que asomó en toda su dimensión. Lo tomó con una mano descapullándolo para luego agacharse y meterlo en su boca y lamerlo.

Fue entonces que la invité a pasar a su dormitorio. Calculé que aún faltaban un par de horas para el regreso de mi mujer. Tomé el resguardo de dejar la llave puesta en la cerradura para evitar una llegada inoportuna.

Parados junto a la cama nos abrazamos y comenzamos a besarnos apasionadamente. Cecilia estaba totalmente entregada a la pasión, no cesaba de besarme, acariciarme y susurrar palabras cariñosas. Las manos fueron buscando, como es natural, los sitios deseados hasta que la caldera de la pasión llegó a su punto máximo y comenzamos a desvestirnos el uno al otro.

Mientras yo le levantaba el sweater que llevaba y dejaba ver su corpiño blanco, ella me quitaba la camisa. Yo desabroché su pollera, la que cayó a sus pies poniendo en evidencia unas bragas del mismo color. Cecilia desabrochó mi cinturón y bajó el pantalón hasta mis pies. Sin perder un momento nos dejamos caer en la cama al tiempo que nos librábamos de nuestros calzados y medias.

Nos volvimos a abrazar y besar. No podía despegarme de su boca ya que su lengua viboreaba en mi boca y buscaba la complicidad de mi lengua para el disfrute. Mis manos se deslizaron hacia su espalda y con algún esfuerzo logré desabrochar su sostén el que dejó nuevamente a mi merced un par de tetas en forma de pera rematadas con unos pezones duros como piedra que me reclamaban atención.

Comencé con uno de ellos. Mis dos manos se aferraron a esa fenomenal teta para empezar un juego que empezó con toqueteos suaves hasta que la llevé a mi boca para degustar su sabor chupándola intensamente. Encontré su pezón duro y lo chupé y mordí arrancando de Cecilia unos suspiros profundos. Seguí el juego con el otro seno dándole las mismas atenciones que a su gemelo.

Volví sobre su rostro para volver a besarlo y deslizarme luego por todo su cuerpo empezando por su cuello y bajando lentamente por su cuerpo. Me detuve nuevamente con sus tetas, seguí luego con su estómago, su ombligo, su pelvis cubierta por una rizada mata de pelos que refregué en mi cara, mientras se me colaban entre los dientes algunos pendejos. Llegué hasta su entrepierna. Con ambas manos separé sus muslos y me encontré frente al tesoro más preciado de Cecilia. Una vulva protegida por un par de labios pardos que escondían otros interiores rosados y una cueva húmeda de jugos que se escapan de la misma y que me señalaban el bruto estado de calentura de mi suegra.

Ella ya no hablaba. Solo se escuchaban de ella un matiz de suspiros, gemidos y jadeos, a pesar de que aún no habían empezado a trabajar mis labios y mi lengua. Puse todo mi empeño y experiencia para comerme esa concha. El morbo de estar gozando a mi suegra y la calentura que fui tomando me empujaron a hacerle una mineta digna de los mejores coños. Comencé besando esos húmedos labios transitándolos de arriba hacia abajo en repetidas oportunidades, hasta que mi lengua entró en acción buscando los lugares más profundos de su cueva y regodeándose con los jugos que Cecilia, ya en el sumun de su calentura, dejaba salir. En mi recorrida por esos bajos llegué hasta su ojete para lamerlo y punzarlo en varias ocasiones para sorpresa de mi suegra que no esperaba esa caricia. Desanduve el camino. Mi lengua que no conoce fatiga cuando está trabajando una concha de su agrado se debatió varios minutos dentro hasta que en la búsqueda de sus zonas más erógenas encontró escondido el viejo clítoris de mi suegra. Fue solo tocarlo un par de veces para que Cecilia se derramara en un violento orgasmo que la hizo temblar al tiempo que gritaba desaforadamente. En sus gritos me decía cosas como

- Me estas matando, estoy gozando como una perra, dame más. Quiero que me comas la panocha como a la profesora, esto es demasiado, creo que me estoy desmayando de placer.-

- Ahora me tienes que coger como te cogiste a la profesora. Necesito que me cojas, sabes?-

- Todo a su tiempo querida suegra. Todo a su tiempo. Ahora tienes que calmarte un poco que tengo mucho para vos. Calma Ceci, calma-

- No doy más, no te das cuenta? Quiero sentir tu pija dentro mío y que me llenes la cueva de leche.-

No podía hacerme el distraído. La veterana estaba fuera de sí, me abrazaba, besaba, tomó mi picha y la sacudía con tal fuerza que me estaba produciendo algo de dolor cuando me descapullaba. Se la llevó a la boca y se dio un festín chupando y lamiendo, mientras que con sus manos me hacía una hermosa paja que me estaba llevando al delirio. Había llegado el momento esperado de cogerme a mi veterana suegra.

La acosté de espaldas, puse una almohada bajo sus nalgas para tener una mejor posición de ataque y me dispuse a penetrarla. Mi pene estaba durísimo como pocas veces antes, no cabían dudas que el morbo me acentuaba el deseo. Abrí sus piernas y le coloqué la punta en su entrada jugando con los labios externos y rozando el clítoris. Cuando sus gemidos clamando que la clavara me parecieron suficientes, empecé a meter el ariete lentamente. Cecilia tenía los ojos cerrados, sus labios apretados y su respiración profunda. Sentí cierta resistencia a la penetración y supuse que a pesar de la calentura y los jugos derramados el viejo conducto se sentía sorprendido después de tanto tiempo. Seguí hasta sentir que mis testículos chocaban con sus nalgas. Ese fue el disparador para que empezara a mover mis caderas con un permanente mete y saca que empezó lento para ir creciendo hasta que no pude más y me descargué con una seguidilla de chicotazos que le llegaron a lo más profundo de su cueva.

Cecilia de los gemidos pasó al descontrol total. Me tomó de mis caderas y me empujaba hacia ella para tratar meter toda mi verga en su cueva, mientras me gritaba cosas soeces que ya no recuerdo pero que me calentaron mucho más. Recibida mi descarga y como si lo hubiera estado conteniendo, se corrió con otro orgasmo que le duró varios segundos y que la dejaron casi inconciente.

Su estado de desenfreno era total y no podía despegarme de ella que me pedía que no se la saque y que siguiera cogiéndola. Me pedía algo que ya no podía satisfacerla, antes más bien, mi falo fue perdiendo su rigidez y poco a poco se deslizaba fuera de su vagina.

- Tranquila mujer, tranquila. Ya habrá más. Ahora relájate un poco. Descansemos unos minutos y volvemos. Al menos yo lo necesito.-

- Quiero más, no me dejes con esta calentura que me está matando.-

- Ya, ya, mujer. Ponte de espaldas que quiero recostarme al lado tuyo.-

Logré que me hiciera caso, aunque su respiración era entrecortada denotando que le costaba volver a su estado normal. Yo pensaba que se le había despertado la furia del sexo a esa edad. Decidí pasar otra vez a lo mío. Comencé con el recorrido habitual de bajar besando y chupando, desde el cuello hasta la zona pélvica. Volví a zambullirme en su panocha chupando y lamiendo como lo había hacho minutos antes. Fui recibido con un suspiro profundo y palabras de agradecimiento. Metí labios y lengua con furia volviendo a socavar ese rincón que realmente me gustaba cada vez más. La lengua reemplazó por un rato mi pene flácido haciendo su tarea de entrar y salir de la cueva en repetidas oportunidades y lograr que otra vez Cecilia se derramara con otro orgasmo.


Mientras esto ocurría, mi herramienta comenzaba volver a la vida. Le hice tomarla con una mano invitándola a que volviera a chupar para lograr una erección total. Mi suegra tomó la iniciativa y volvió a satisfacerme con unas chupadas de gloria. Cuando ya estaba bien al palo, le dije

- Ahora Cecilia te la voy a meter por la retaguardia, vas a ver que lo bueno que es.-

- Estás loco, mi culo no se lo di a nadie, y no voy a empezar a esta edad. No me gusta. Es asqueroso. Y además me han dicho que duele mucho y yo no quiero pasarla mal.-

- Así que eres virgen del orto? Qué regalito me ha deparado el destino. Lo voy a disfrutar mucho, porque no te voy a perdonar. Además vos querías gozar como la profesora y en eso le vas a llevar ventaja porque nunca me dejó cogerla por ahí, y de la forma que yo te voy a coger, te garantizo goce total y nada de dolor.-

Con toda la delicadeza del mundo, la puse con su culo hacia mí e inicié el operativo. Antes fui al baño para volver con una crema para ayudarme, que unté en su esfínter y en mis dedos. Empecé con uno muy despacio y observando su reacción. Como no pasaba nada anormal comencé a moverlo en forma circular buscando dilatar el músculo que maneja el esfínter. Luego fue otro y casi de inmediato el tercero. Todos haciendo el movimiento de las agujas del reloj y entrando y saliendo. Las respuestas de Cecilia a todo esto era un silencio complaciente y gemidos de goce. No cabían dudas que le gustaba.

Después de un rato del juego de los dedos, llegó el de la verdad. La puse de cara a la cama y le pedí que levantara ligeramente su culo, me aproximé con mi falo en mano y lo coloqué en su entrada. Presioné suavemente introduciendo la cabeza en ese agujero hasta ese momento virgen. No hubo quejas, así que seguí yendo hacia adentro suave y despacio hasta que no quedara afuera ni un milímetro. Cuando me sentía pleno dentro de su ojete empecé el bombeo, despacio primero para tomar ritmo después. Ahora era yo quien perdía la conciencia y agarrado de su cadera intentaba ir a lo más profundo arremetiendo una y otra vez, hasta que sentí que me venía. Se lo dije y me respondió que ella también estaba llegando al clímax. No aguanté más y me derramé con lo que me quedaba en los testículos. Fue un polvo sensacional, ambos gozamos al máximo.

De a poco, la fui sacando cuando mi verga ya decaía. Le abrí los cachetes y me quedé un rato largo mirando ese ojete dilatado que de a poco iba liberando mi semen que se deslizaba por sus piernas. Entonces pregunté

- Que tal suegra? Cómo la pasaste? Te gustó?-

- Fantástico, no me dolió para nada y sinceramente gocé muchísimo. La sentía toda dentro de mí y no lo podía creer. Hasta me hiciste acabar otra vez!-

- Yo te lo había prometido que sería así y la verdad es que estuvo genial haberte hecho el agujero por primera vez.-

- Espero que esta no haya sido la primera y la última, no?-

- Por supuesto que habrá más, todo es cuestión de encontrar la oportunidad. Yo te lo prometo.-

El tiempo, eterno tirano, ya se había acabado y estaba por regresar mi mujer. Decidimos vestirnos rápidamente y esperar su llegada. Entre tanto, Cecilia me seguía preguntando de la profesora. Era evidente que se le había fijado la historia y quería competir con la misma.

Hubo otras oportunidades más en el curso de un par de años donde mi suegra siguió disfrutando de una verga joven. Y yo? Yo también, dándome el gusto de seguir gozando con una mujer mucho mayor.-


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Categories: AnalMatureTaboo
Posted by pepitito
3 years ago    Views: 925
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