Carmen y el sillón del ginecólogo

En una charla entre amigos amigos, uno de ellos comentó sobre un hotel por horas que tenía un par de habitaciones con un sillón apto para sexo oral sumamente cómodo. Explicó que se trataba de un sillón similar a los que usan los ginecólogos para revisar a las pacientes, aunque éste tenía un confort superior que permitía que la mujer se desparramara sobre él abierta de piernas ofreciendo su concha al apetito masculino.

Después de aquellos dos primeros encuentros con mi mucama Carmen que ya relaté, hubo unos cuantos más que por repetidos, estaban transformando la relación en algo rutinario con la consecuente pérdida de interés de mi parte. Por ello, decidí que tal vez dicho artefacto nos daría la oportunidad de renovar los placeres del inicio de la relación teniendo en cuenta mi predilección a degustar conchas. Con esa idea en mente me puse de acuerdo con ella para acordar otra salida pecadora. Reservé la habitación del sillón ginecológico del albergue de marras, y allí marchamos una tarde con mi amante.

No bien entrados al cuarto, y luego de las caricias y besos de rigor, marchamos al baño para darnos una ducha rápida como era nuestra costumbre. Contrariamente a lo que había sido tradicional en nuestros encuentros, durante la ducha solo nos limitamos a limpiarnos mutuamente sin avances cariñosos en nuestros genitales. Yo me reservaba el ímpetu sexual para darle rienda suelta con el nuevo juguete.

El susodicho sillón era, tal como me habían dicho, un remedo del sillón ginecológico aunque tenía algunas importantes diferencias de confort. Tapizado en una tela suave, era regulable en altura para ajustarse a las necesidades del usuario, quien a su vez tenía a su disposición una silla ajustable para poder operar con la comodidad que la situación requería. Estaba ubicado cerca del baño en una habitación que también tenía una cama matrimonial amplísima, hidromasaje y otras delicias.

Antes de seguir con este relato debo volver a recordarles que el cunnilingus es una de las actividades sexuales que más me colma de satisfacción, la cual es aún mayor, si la vagina a devorar está rodeada de un delicado pelambre. Dar placer a la mujer es una forma de sentir placer. Además cuando le meto bocado a una vagina siento que puedo poner a jugar todos mis sentidos para hacer más placentero el goce.

Cuando Carmen vio el sillón no imaginó su utilidad. Mirándome incrédula me preguntó

- ¿Y ese artefacto para qué sirve?
- Ya te voy a explicar. Tengo la impresión que se va transformar en algo que vas a adorar.

La tomé de la mano, la abracé muy fuerte besándola profundamente, y la llevé a echarse en el sillón. Una vez recostada con sus piernas bien abiertas y sus pies sobre los brazos extendidos del artefacto, se dio rápida cuenta de lo que avecinaba y sus ojos tomaron un brillo singular.

Antes de sentarme en mi ubicación, para calentar la situación, me acerqué a su rostro para acariciarla y darle besos, que prologué sobre sus dos senos y pezones para bajar luego a su zona pélvica. Cumplido el paso previo me senté en mi posición y me dispuse a tomar la iniciativa.

Tenía ante mí un espectáculo inenarrable que recomiendo vivamente. Carmen bien abierta de piernas exhibía debajo de una cuidada pelambre en todo su esplendor, una panocha que se abría a todos mis sentidos. Me detuve en su contemplación durante varios minutos porque el panorama de esa concha me fascinó. Mis ojos se solazaron mirando esa maravilla de la naturaleza que solo los hombres sabemos apreciar. El impacto de esa contemplación me aturdió por unos momentos; reaccioné y con mis manos fui acariciando sus piernas hasta llegar al vértice del amor, me detuve y pasé a jugar con su pelambre púbica haciéndole rulos y jalando muy despacio de sus pelos. Apoyé mi cabeza para refregarla sobre esa zona para besar y chupar sus pendejos. Empezaba el tránsito a la gloria.

Como su vagina estaba seca después del baño, le pedí que con sus dedos se masturbara unos minutos para que se volviera a lubricar con sus jugos. Cuando la almeja ya estaba suficientemente mojada, reemplacé sus dedos por los míos. Los hundí en su cueva buscando su punto G que pronto estuvo a mi alcance para poder acariciarlo con intensidad a total satisfacción de Carmen que suspirando daba las gracias por el toqueteo.

Lograda esta primera batalla, mi cara se apoyó luego en su sexo para que mi boca comenzara a sorber sus jugos y degustarlos. La excitación a la que había sido sometida esa vulva fue respondida por una abundante regada. Sus jugos sabían a néctar, y manaban con ese olor tan particular y propio de cada mujer. Una dicha!

Mi lengua comenzó repetidamente a operar lamiendo la superficie de su vulva con movimientos ascendentes y descendentes. Estuve un buen rato en eso, para luego abrir con mi mano sus labios y poder deslizar la lengua en su interior. Nomás empezar con eso, oigo a Carmen que acezante, me anuncia su primer orgasmo. Oírla gozar de esa manera fue un acicate para retomar la tarea con mayor empeño. Ahora era el tiempo de lamer y chupar los nuevos jugos que manaron de su orgasmo. Yo seguía y seguía en medio de los jadeos de Carmen que se revolvía en el sillón y buscaba con sus manos alcanzar mi cara para apretarme sobre su sexo. No tardó mucho en derramarse con otro orgasmo mientras me pedía más y más. Estaba en un estado de permanente excitación y lujuria.

Me detuve un minuto para recuperar mi propia respiración. Mi cara estaba toda mojada por sus jugos y mi saliva. De pronto se me ocurrió algo más. Mojé un par de dedos en su cueva y los introduje de a uno en su ojete. Pegó un brinco sobre el sillón y la tuve que contener con mi otra mano para volver a la carga con mi lengua. Ahora era mi lengua en su vulva y mis dedos en su culo haciendo un mete y saca continuo. Carmen jadeaba al tiempo que me pedía que parara porque no se podía contener. De hecho volvió a acabar en mi boca. Yo no podía parar, estaba locamente desatado chupando y lamiendo esa almeja que se ofrecía mí con toda su inmensidad sexual.

Y todavía faltaba más. Con mi mano descapullé su clítoris y lo empecé a morder suavemente y chuparlo. Más goce para Carmen que no paraba de decirme que se estaba volviendo loca de placer. Hubo otros dos orgasmos más, uno seguido de otro. En un acto final la tomé de sus caderas fuertemente, apoyé mi cara en su sexo y se lo mordí. Fue una mordida no muy fuerte pero firme. Me salió de adentro como una forma de terminar la tarea. Creo que Carmen ni se dio cuenta porque seguía en éxtasis.

Me detuve incorporándome a su lado. Ella estaba ahora desparramada en el sillón literalmente destrozada físicamente. Comencé a acariciarla y besarla para que volviera a recuperar sus sentidos. Cuando su respiración se hizo normal, me miró con una expresión de amor y satisfacción y me dijo

- Me destrozaste! Nunca en mi vida había recibido una carga de sensaciones sexuales tan fuertes. Creo que debo haber acabado como diez veces. Ya no tengo fuerzas ni para pararme-
- Fue algo sensacional. Verte gozar de esa manera me hizo bien y me puso a mil. ¿Mira como tengo mi verga? Está dura como una piedra y está queriendo tomar parte en la fiesta-
- ¿Ya mismo? ¿No me vas a dar un minuto de paz? Vas a acabar conmigo-
- Te espero aunque el amigo me está pidiendo buscar un poco de placer en tu deliciosa conchita-

Esperé unos minutos acariciándola para que calmara su estado de excitación. Mientras tanto calculaba como iba a realizar mi ataque. Como en la posición que ella estaba en el sillón era ideal para una penetración de parado, me situé frente a su chocha y le apoyé por un segundo la cabeza de mi pene en la raja para que tomara nota de lo que se venía.

Tenía cerrados los ojos, los abrió y con una sonrisa cómplice me dijo

- ¿Y ahora me vas a meter ese pedazo? Mira como está de duro. No tienes piedad de mi-
- ¿Y qué esperabas? Yo también tengo derecho a un rato de goce-

Luego de cubrir la cabeza de mi verga con una pomada de xilocaína apoyé la herramienta en su raja y comencé a deslizarla suavemente a los largo de la misma con un movimiento continuo. Apoyé la cabezota en su clítoris y jugué largo rato con él, mientras Carmen volvía a recuperar su estado de calentura máxima acompañando con quejidos y jadeos. Apunté sobre la vagina y deslicé la cabeza de mi verga dentro de ella, logrando que mi amante se volviera a derramar. Era evidente que ese era su día de máximo goce.

La pomada me ayudaba a retardar el orgasmo y permitía prolongar la mutua excitación. De a poco fui deslizando mi verga dentro de su cueva aprovechando que estaba totalmente lubricada por sus repetidos orgasmos. Llegué hasta el final de mis posibilidades y empecé a serruchar acompasadamente mientras mis testículos golpeaban una y otra vez su culo. La cara de Carmen lo decía todo. Estaba como enloquecida de placer porque mis repetidas acometidas no le daban respiro.

Batallé unos cuantos minutos mientras Carmen me pedía que acabara de una vez porque se estaba yendo de orgasmo en orgasmo. Aguanté todo lo que pude, pero finalmente comencé a sentir los cosquilleos propios de una inminente acabada.
Esta llegó con varios latigazos de semen que salieron de lo más profundo de mis testículos inundando su cueva. Ahora el que gritaba en forma incontenible era yo porque desde mi verga ascendían por todo mi cuerpo múltiples sensaciones de placer con espasmos que me convulsionaron al máximo.

Cuando terminé de regarme en Carmen, casi caigo al suelo. Tuve que apoyarme en el sillón donde estaba ella. Como pude me desplacé hasta la cama y desde allí le pedí que se reuniera conmigo.

Estábamos prácticamente agotados. Casi ni podíamos hablar del cansancio que nos produjo la violenta sesión de sexo que habíamos tenido utilizando el dichoso sillón. Sin embargo todavía había más. Se me había puesto entre ceja y ceja que le tenía que hacerle el culo. No podía desaprovechar la ocasión.

Cuando sentí que su respiración se normalizaba y daba señales de vida, comencé a besarla en las zonas que yo sabía le calentaban mucho. Ella reaccionó tal cual yo esperaba. Me devolvió las caricias y empezó a masajearme la verga, dando a entender que ella también quería más. Le susurré al oído lo que tenía en mente y no solo le encantó la idea sino que me dijo que esperaba que se lo propusiera.

En la habitación había un sillón con apoyabrazos muy anchos, preparados precisamente para la tarea en la cual yo me preparaba. Mi verga nuevamente daba muestras de vigor y se mostraba dura como en las mejores ocasiones. Era el momento del ataque final.

La acomodé en el sillón ofreciendo su retaguardia a pleno. Le pedí ayuda para que separar los cachetes y comencé a deslizar mi lengua por toda la raya. Iba y venía con pausados movimientos mientras ya escuchaba a Carmen que empezaba a suspirar profundamente. Apoyé la lengua en su ojete y comencé a escarbarlo buscando su dilatación, al tiempo que con la boca le inundaba la raya con mis besos. Llegó el turno de mis dedos que convenientemente lubricados con sus jugos vaginales, los fui metiendo de uno para ir abriendo camino.

En eso estaba cuando mi mucama me anunció la llegada de otro orgasmo que le produjo nuevas convulsiones acompañados con sus gritos. Yo estaba muy motivado y seguí con mi tarea con toda diligencia. Apoyé mi tronco en el agujero ansiado y despacio, casi imperceptiblemente fui entrando en sus entrañas. Me sentía en la gloria perforando ese ojete. Cuando el amigo llegó a su punto de máxima, la tomé por la cadera y empecé a moverme al tiempo que le decía

- La tienes toda adentro, dime que te gusta así te rompo ese culo que tienes-
- Te voy a llenar de leche las tripas. ¿Te gustas las lavativas de leche?-
- Me moría si hoy no te hacía el culo. Hacía días que soñaba con esto-

Carmen me escuchó y luego dijo
- Dame todo lo que tengas que me gusta sentir esa verga en mi culo-
- Rómpelo si quieres, es todo tuyo-
- Te voy a exprimir esa verga para sacarte toda la leche que tienes-

Lo dijo y lo hizo. Apretó los músculos del esfínter con movimientos espasmódicos, que apresuraron mi orgasmo. Nuevamente me derramé y como le había prometido le inundé con mi leche su conducto anal. Esta vez el goce fue solo mío y fue sensacional. Un polvo como hacía tiempo no me echaba en un culo.

Carmen se levantó de su posición cuando la liberé de mi verga en su culo, y tomándola en sus manos la llevó a su boca para sacarme los últimos restos de semen que salían de mi aparato, regalándome al mismo tiempo con una sonrisa de felicidad.

Ahora si quedamos acabados físicamente. Solo nos quedó un resto de energías para arrojarnos a la cama para descansar por unos minutos antes de marchar al baño para darnos la ducha final.

Así fue como conocí y utilicé el sillón del ginecólogo, gran invento de la humanidad, que adopté como juguete en todos los nuevos encuentros.

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Categories: AnalHardcoreMature
Posted by pepitito
3 years ago    Views: 532
Comments (1)
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edgardo22
retired
2 years ago
excelente esos sillones son geniales