Carmen otra vez en mi vida


Estando en mi oficina y revisando la correspondencia que había recibido, me di con un sobre que llevaba la inscripción Personal y Reservado, razón por la cual había pasado por la manos de mi asistente sin que fuera abierto.

Dentro del sobre me encontré con una nota muy escueta que sólo decía…. Seguramente no tendrás idea de quién te escribe. Si me llamas por teléfono (dejaba un número) te lo diré. Espero tu llamado preferentemente por la mañana de 10 a 12 horas. CT…

Como imaginarán me picó la curiosidad al ver que la letra de la nota, parecía de una mujer. Esperé pacientemente hasta las 11 horas y llamé.

• Hola, soy César, recibí una nota pidiendo llamar a este número.
• Hola César, soy Carmen tu antigua mucama. Te acuerdas de mí?
• Hola Carmen, que sorpresa, cómo no me voy a acordar de ti. Siempre recuerdo los maravillosos momentos que pasamos juntos.
• Precisamente a mí me ha pasado lo mismo y por eso te mandé la nota. Han pasado más de cinco años de la última vez que nos vimos y me gustaría verte nuevamente. Te gustaría venir a mi casa a tomar un café? Tengo muchas cosas para contarte.
• Por supuesto. Dime el día y la hora y allí estaré.
• Te parece pasado mañana a las 17?
• Perfecto. Sin dudas iré.

Me dio su dirección, un departamento en un lugar no muy lejano de mi oficina. Colgué y me puse a recordar. Carmen había sido mucama en mi casa y por una casualidad que creo haber contado en relatos anteriores, llegamos a tener una intensa relación íntima.

El día y la hora indicada me encontraron tocando timbre en la dirección señalada. Cuando abrió la puerta no pude menos que sorprenderme pues me di con una mujer madura pero con un cuerpazo espectacular.

Luego de los saludos, besos y abrazo de rigor, nos sentamos en la sala y allí empezó a contarme que había sido de su vida después que dejara su trabajo en mi casa. Me dijo que al poco tiempo de salir de mi casa se había separado y luego divorciado de su marido porque no lo soportaba más. Los hijos la acompañaron en la decisión y que la diosa fortuna la había tocado en esos días de infortunio, pues siendo flamante divorciada se había sacado la lotería con un suculento premio que le permitió reordenar su vida.

Con el dinero habido se había comprado el departamento en que vivía y otros cuatro más para vivir de rentas. Su tiempo lo ocupaba en organizar reuniones de venta de cosméticos que le daban un buen ingreso y le permitían disponer de tiempo libre. Iba desde hace dos años a un gimnasio donde había dejado los kilos que tenía demás y embellecido su cuerpo.

Sobre lo último no había dudas que el cambio había sido radical. Frente a mi tenía una mujer de 47 años con una estampa de mujer joven y que, como es obvio, me empezó a calentar las entrañas recordando los viejos tiempos.

Mientras saboreamos un exquisito café, divagamos un rato más con referencias a mi familia y sus hijos. Estos, según me contó, habían elegido la carrera militar y no vivían con ella.

De a poco fuimos desandando el tiempo y recordando los momentos de intensa pasión que habíamos pasado. Me confesó que nunca los había olvidado porque hasta ese momento, yo había sido el hombre que mejor la había tratado en lo personal y más particularmente en lo que se refería al sexo. Por eso me había mandado la nota con la esperanza de revivir en mí el deseo de vernos.

Quedaba claro a estas alturas que el camino hacia la pasión quedaba despejado. Nos miramos a los ojos y quedó dicho todo, era el momento del amor. Me acerqué a ella y busqué sus labios que se abrieron para que nuestras lenguas se reencontraran entrelazándose en una de búsqueda recíproca. Nuestros cuerpos se juntaron en un abrazo cerrado y ansioso. Rápidamente sus manos comenzaron a desabrochar mi camisa para darle paso a su boca que con una pasión desatada empezó a besar mi cuello y todo mi pecho, deteniéndose en mis tetillas para succionarlas, aumentando más, si se pudiera, mi estado de excitación. Mientras esto ocurría no cesaba de susurrar en mis oídos lo mucho que me había extrañado y la desesperada necesidad que tenía de ser totalmente mía.

Su ansiedad no tenía límites pues de inmediato desabrochó mi cinturón en la búsqueda de mi falo que ya estaba ansioso por participar. Bajó el cierre del pantalón y con un movimiento rápido liberó mi virilidad. La tomó entre sus manos y lentamente, como quien desea prolongar el éxtasis del momento, lo llevó a sus labios para darle un suave y prolongado beso. Sus manos, aferradas a mi verga se comenzaron a mover muy despacio de arriba hacia abajo, su boca se abrió para darle entrada a ese mástil y su lengua con movimientos lentos circulares alrededor del glande me producía un enorme placer. Imposible detallar lo que luego pasó, aunque intentaré.

Mientras sus manos jugaban con mi verga y testículos, la boca y la lengua comenzaron a trabajar sobre ellos, dándome besos, lamidas, chupones y también suaves mordiscos. Era un juego mortal para mi inútil resistencia pues por un lado quería prolongar al infinito ese inmenso goce, por otra parte sentía que mi orgasmo estaba casi al llegar. Gemí, imploré y pedí que se detuviera pero Carmen fue implacable y continuó chupando y sorbiendo mi pene hasta que no aguanté más y dando un grito me derramé en su boca con fuertes latigazos de semen que mi amante recibió en su boca saboreándolos y tragándoselos sin desperdiciar gota alguna.

La tarea bucal de Carmen había sido demoledora. Quedé en un estado de inconciencia y abatido después de haber recibido tan generosa atención, de modo que demoré en volver a mi estado consciente. Entretanto ella me acariciaba el cuerpo y me llenaba la cara de besos. Pasaron más de diez minutos, según creo, cuando pude volver a este mundo. La abracé fuerte y le agradecí con innumerables besos la pasión con que me había hecho vibrar.

Todo esto ocurrió sentado en la sala y ella vestida. Cuando me vio lúcido me tomó de las manos y me invitó a ir al dormitorio. Me apresuré a desvestirla apenas entramos. Quité su camisa y la pollera para encontrarme con un cuerpo mucho más juvenil del que yo recordaba. Lucía ropa interior negra, tal como a mí me gustaba y lo había recordado. Me quité lo que faltaba de ropa y nos tendimos en la cama abrazándonos y comiéndonos las respectivas bocas con intensos besos.

Era el momento de tomar la iniciativa y así lo hice. Le quité sus prendas interiores y después de admirar su cuerpo por unos segundos me puse a la tarea de recorrerlo íntegramente con besos y caricias. Lo hice lentamente y deteniéndome en sus zonas erógenas. Recordé que sus pezones eran su punto débil por lo que mi lengua paseó por toda la superficie de sus tetas para detenerme en ellos para lamerlos y chuparlos mientras mis manos amasaban ambos senos.

Bajé con mi juego bucal hasta llegar a su pelvis. No lucía la pelambre de otros tiempos. Ahora había allí un triángulo delicadamente cuidado aunque conservaba los rulos que me habían fascinado en los viejos tiempos. Su panocha ya dejaba caer unas gotas de donde salía un perfume de mujer en celo que me puso a mil. Abrí bien sus piernas para que esa vulva se me ofreciera en todo su esplendor y dando rienda suelta a mi instinto me zambullí para comer esa almeja deseada escondida detrás de unos rosados labios carnosos.

Todavía tengo las sensaciones de esa comida de coño. Nunca supe la razón de mi desesperación pero hundí mi cara sobre su panocha y mis labios comenzaron a besar ese tesoro. Mi lengua se apresuró a tomar parte del juego y se deleitó mil y una veces saboreando sus jugos mientras hurgaba dentro de su cueva y martillaba dentro de la cavidad y a su clítoris. Era un frenesí del que no podía parar. Mi cara estaba mojada de sus jugos y continuaba aferrado a su sexo ya fuera chupando, mamando, besando y hasta mordiendo. Ese desenfreno siguió hasta que Carmen que venía manifestando su goce con suspiros y profundos gemidos, aferrando mi cabeza a su coño se vino en un orgasmo intenso que no cesaba mientras su cuerpo se convulsionaba. Hube de detenerme para recostarme junto a ella y abrazarla, devolviendo los besos y caricias que previamente había recibido.

Cuando por fin volvimos a la quietud, dijo

• Amor, tu boca y tu lengua me han llevado al cielo. Ya casi me había olvidado de lo que era gozar de esta forma.
• Carmen, tu panocha siempre fue mi delirio. Volver a sentirla en mi boca es lo más agradable que me pasó en la vida.
• Cuanto me hacía falta volver a sentir estas sensaciones que me provocas. Mi mente y mi cuerpo te reclamaban,
• Carmen, y también ahora me doy cuenta de que me hacías falta. No te das una idea del placer que me da estar junto a ti nuevamente.
• Supongo que no te marcharás rápido.
• Por supuesto que no, hay mucho camino por recorrer en esta tarde de placer.

Nos tendimos pegados mi pecho a su espalda. Mientras una de mis manos acariciaba sus tetas y pezones, la otra jugaba con su cabello mientras besaba su cuello y mordía su oreja susurrándole lo mucho que me había gustado degustar su vulva y el orgasmo que me había regalado.

Le pedí que se pusiera boca abajo y empecé con las yemas de mis dedos a acariciar suavemente su cuerpo desde el cuello hasta sus pies. Lo hacía lentamente recorriendo cada centímetro de ese cuerpo de formas casi perfectas que la gimnasia había modelado. Carmen siempre había tenido un buen culo, pero ahora me parecía que lucía mucho mejor. Allí me detuve con mis caricias para besarlo y pasar la lengua por su raja y picotear con mi lengua su esfínter. Pareció que había descubierto otra zona erógena de mi amiga porque emitiendo suaves gemidos me pedía más y más.

Vuelta de espaldas volví a mirar sus tetas por algunos segundos y las encontré hermosas. Dos sabrosos y pequeños melones rematados por unos pezones que estaban duros como la piedra. Carmen, con sus manos los tomó y los ofrecía a mi lujuria. No resistí el deseo y volví a ellos para sentir en mi boca el placer de chuparlos y lamerlos. Se hincharon aún más y parecían que iban a reventar cada vez que mi lengua pasaba sobre ellos.

Ya estábamos muy excitados y ambos sentíamos la necesidad de descargar nuestros apetitos nuevamente. Me monté sobre ella abriéndole sus piernas para tener, no solo la vista de su hermoso coño sino también para ofrecerlo a mi verga que buscaba refugio en esa hermosa cueva. Entré despacio como el ladrón que entra a una casa. Su vagina estaba húmeda de sus jugos que facilitaron la penetración. Fue suave como un susurro. Primero la cabeza y luego el resto. Despacio gozando cada milímetro de avance. Carmen me animaba gimiendo y pidiendo la totalidad de la verga.

• La quiero toda adentro, papi, hasta el fondo. Necesito sentirla bien adentro y que me derrames todo tu leche.
• En eso estoy, mi amor. Ya llego.
• Este momento es el que yo tanto esperaba. Quiero que me hagas vibrar.

Me volví a enloquecer con esos pedidos, y empecé con mis embates. Mi verga iba y venía por esa cueva con un ritmo cada vez más intenso, Carmen, para que yo sintiera su entrega, con sus músculos vaginales apretaba mi pene haciendo mucho más placentero el roce de mi ariete en las paredes de su concha. El goce que sentíamos era total y lo aumentábamos diciéndonos cosas guarras que nos calentaban mucho más. Mis idas venidas eran acompañadas por ella que moviendo sus caderas ayudaba para que la llegada fuera más profunda, mientras sus manos me apretaban la espalda hundiéndome sus uñas. De pronto Carmen me anunció entre jadeos que se ya no podía más y que se aproximaba al orgasmo y pidiéndome acabar al unísono. Fue escucharla, y tomándola fuertemente con mis manos en su cintura dejé escapar los restos de mi semen en su vulva. Ambos nos estremecimos haciendo vibrar nuestros cuerpos como si hubiéramos recibido un rayo. Cuando nos aquietamos quedé tendido sobre ella besándola en su cuello dándole gracias por tan maravillosa prueba de amor.

La intensidad de los polvos que nos habíamos brindado nos había dejado hecho trizas de cansados. Nos tendimos de espaldas tomados de la mano y volvimos a charlar.

• Resultó, verdad?
• Qué cosa?
• Nuestra cita. A eso me refiero. Digo que resultó tal como lo había soñado tantas veces después de que nos alejamos hace años. Tenía deseos de sentirme vibrar con tus caricias y con la forma de como tú haces el amor. No solo satisfaces el deseo sexual sino que lo haces con una suavidad y ternura que colmas los deseos de cualquier mujer.
• Debo confesarte que yo también he sentido vibrar todos mis sentidos con tu entrega. Además no imaginaba cuando llegué lo hermosa que estás con ese cuerpo fabuloso que parece el de una veinteañera.
• Ahora que te encontré te a resultar difícil escapar a estos encuentros.
• Y quien quiere escapar? Seré como un soldado siempre listo para estos combates cada vez que me lo pidas, que no será ahora porque me has dejado seco y hecho un trapo con tus encantos.

La conversación duró mucho más tiempo recordando tiempos idos. Se acordó de aquel encuentro en el hotel que tenía el sillón del ginecólogo y me preguntó si todavía existía. De la primera vez, cuando la sorprendí masturbándose con mis calzoncillos en sus narices y cuando armamos un encuentro en mi casa, familia ausente, donde nos encamamos casi todo un día. Los recuerdos amargos los ignoramos. Estábamos tan felices que no nos dimos cuenta que el reloj que tiraniza todo lo bueno nos llamaba a despedirnos.

A su pedido, hubo un espacio para ducharnos juntos que por supuesto sirvió para lavarnos y también acariciarnos un poco más. Nos vestimos, sirvió dos copas de whisky para terminar de celebrar el encuentro y nos despedimos prometiendo una nueva visita que, demás está en señalar no demoró. Finalmente, abrazos y muchos besos y un hasta luego.

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Categories: HardcoreMature
Posted by pepitito
1 year ago    Views: 198
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