¿No te follaste a tu suegra?


Quien más quien menos, todos hemos soñado cogernos a nuestra suegra. Bueno, no generalizo, simplemente me estoy refiriendo a aquellas suegras que a criterio del yerno merecen ser folladas. Están los que se sienten atraídos por sus culos, sus tetas o el conjunto en general, y los que desatan su pasión solo por el morbo de transarse a la madre de tu pareja. Sea como fuere el deseo siempre está presente.

Por su parte, según tengo entendido, las suegras, señoras que van generalmente de los 50 a 60 años, llegan al sexo con sus yernos no solo por el morbo de competir con su hija, sino muchas veces por necesidad fisiológica. Forman parte de un matrimonio de muchos años, en donde el marido ha perdido el gusto a follarse su mujer, y cuando lo hace, lo hace solo por obligación y de manera muy convencional.

Lo raro de la situación es que aunque suegra y yerno sientan una gran atracción sexual por el otro, se hace muy difícil dar el primer paso por temor al rebote, al consecuente ridículo y a las consecuencias que éste puede traer a la familia. Generalmente los deseos recíprocos necesitan de una situación fortuita que rompa las inhibiciones y aúne las pasiones.

Yo he tenido suerte con mi suegra, y creo que ella conmigo. Ella no es viuda ni separada, su esposo vive con ella y se llevan todo lo bien que pueden, aunque desde el punto de vista del sexo, ella vivía insatisfecha desde hace varios años, según me fui enterando. En repetidas ocasiones nos cruzamos miradas provocadoras y más de una vez algún toqueteo insinuante que no pasaba a mayores.

Mi suegra, mujer de 57 años, es una señora de buen parecer. Todo el mundo dice que no representa los años que tiene porque lleva un físico que si bien no es abundante, tiene lo suyo mantenido con frecuentes sesiones de gimnasio. Y lo suyo es un culo redondo y sostenido, y un par de tetas tamaño 95 que las hacen apetecibles. No llega a los 170 centímetros y luce unas piernas estilizadas que hacen al conjunto. En resumen, bien valía tener una aventura con ella.

Y como dije, se necesitó de un acontecimiento infrecuente y mucho de azar para que mi querida suegra Elena y yo, acabáramos compartiendo la dicha del sexo. Qué pasó? Pues que motivada por un pelea con mi suegro, estando yo solo en mi casa pues mi mujer había salido por unas horas, se aparece un buen día Elena, sollozando y con un ataque de nervios.

• Elena, que te pasa? Que ha sucedido?

• Pues que me peleado con mi esposo, dijo entrecortadamente.

• No te puedo creer, y que ha pasado para que estés en este estado? Te ha pegado?

• No nada de eso. Es que discutimos, nos levantamos la voz, nos insultamos y me mandó a la puta calle.

• No puede ser. Ven aquí. Dije, mientras la abrazaba y le acariciaba la cabeza para contener su angustia.

Se abrazó fuertemente a mí, mientras entre sollozos preguntó por mi mujer. Al responderle que no se encontraba sentí que quedaba más aliviada. La llevé de una mano a sentarse en un sillón y yo me hice a su lado tomándole las manos y abrazándola. Así nos quedamos varios minutos hasta que se tranquilizó. Fue entonces que me miro a la cara y cediendo a un impulso me dio un fuerte beso cercano a mi boca, al tiempo que me agradecía el interés por ella.

Le tomé el rostro con mis manos y le devolví su beso, pero esta vez en sus labios. Me miró un tanto sorprendida pero lo aceptó de buena gana sonriendo. Ya no lloraba ni gemía, se había tranquilizado.

Había ocurrido. Saltamos el cerco que nos inhibía. Y ahora que hacer, me preguntaba. Debo hacer algo rápido me dije. Y allí fui.

Continué con mis besos en su cuello y hombro, esperando una reacción suya. No hubo otra respuesta que sus brazos apretándose más a mí y profundos suspiros que interpreté como aceptación de la situación. Alentado por ello mis manos dejaron su cintura y se posaron en sus pechos para magrearlos. Era la última prueba que hacía; la falta de rechazo a mis caricias era la vía libre que esperaba. Del magreo pasé a meter mano debajo de su corpiño para liberar una teta y comenzar a pasar mi lengua sobre ella.

Con mucho disimulo miré mi reloj. Tenía más de un par de horas hasta el regreso de mi esposa, aunque no debía perder tiempo. Y no lo perdí. Mientras me solazaba chupando los pechos de Elena, mis manos bajaron hacía sus rodillas para levantar su pollera y buscar los muslos para acariciarlos y al mismo tiempo deslizarme hacia el vértice de su entrepierna. Sentí que Elena en respuesta, con una mano trataba de buscar mi verga.

Empujándola suavemente la tendí de espaldas sobre el sillón. Ya tenía la pollera a la altura de su cintura dejando ver unas bragas de color celeste. Me agaché para tomar posición y abrí bien sus piernas para tener un completo panorama de su panocha. Al acercar mi cara percibí ese aroma a sexo femenino que actúa en mí como un potente afrodisíaco. Pude ver que sus bragas estaban mojadas en la parte que cubre su cueva. Elena ya había empezado a verter sus jugos esperando mi ataque. Le bajé los calzones y ante mi vista quedó expuesta su veterana vagina.

Era como alguna vez me lo había imaginado. Rodeada de una profusa pelambre que tuve que apartar para dejar al descubierto un par de labios gruesos y oscuros que brindaban espléndido marco a una vulva rosada cubierta por un espeso líquido color ocre que caía gota a gota de su interior. Mientras que con una mano sostenía sus labios exteriores, acerqué mi boca a ese recinto rosado y comencé a deslizarla por su interior. Saboreé sus jugos y los sorbí porque su sabor un tanto acido me resultó grato al paladar. Mi lengua inquieta se paseaba por todo el interior de su cueva arrancando profundos gemidos de mi suegra y con avidez propia de la situación buscó hasta encontrar el clítoris escondido en sus pliegues. No más tocarlo, Elena se sacudió y su cuerpo se estremeció. Fue como si una corriente eléctrica hubiera pasado por su cuerpo. Comenzó a gemir diciendo palabras incomprensibles pero que indicaban que estaba gozando. Sus manos empujaron fuertemente mi cabeza hacia su coño buscando mayor intensidad en el jugueteo vaginal.

Alterados por la tremenda situación a la que habíamos llegado, nos miramos y como si lo hubiéramos acordado previamente, nos levantamos y tomados de las manos nos dirigimos al dormitorio. Sin hablarnos nos despojamos de nuestras prendas con la velocidad del rayo y en un abrir y cerrar de ojos estábamos desnudos sobre la cama en posición para realizar un 69. Con decisión tomó mi verga y se la llevó a la boca y prácticamente la deglutió. Su lengua comenzó a lamer todo el recorrido de mi pene para detenerse en el glande y darle unas chupadas en donde hizo jugar también sus labios y el interior de sus mejillas en un trabajo de succión que debo confesar nunca me habían hecho. Era un verdadero delirio y hube de esforzarme al máximo para no acabarle en la boca.

Por mi parte, retomé la acción sobre su pilosa vagina. Ahora mi lengua, larga y ancha, como un ariete buscó adentrarse en el interior para removerlo. Elena no cesaba de derramar su flujo que escapándose de su vulva caía en mi boca y se desparramaba sobre mi cara. Creo que llegué hasta los lugares más profundos, la suavidad de su interior era como una caricia para mi lengua que respondía, inquieta y curiosa escarbando por todos los sitios. Mamé, chupé y bebí jugos hasta que empecé a cansarme un tanto por falta de aire y otro poco porque la lengua se me acalambraba. Me detuve por un momento y me concentré en profundizar las sensaciones eróticas que Elena me prodigaba con su mamada. Era el paraíso del placer.

Todo esto sucedía sin intercambio de palabras entre nosotros. Los sonidos que se escuchaban eran solo gemidos, suspiros y algún que otro grito en voz baja. La concentración en lo que ambos hacíamos produciendo placer al otro, era máxima. Rompiendo el silencio le susurré

• Elena, no doy más del deseo. Si no te follo, me muero
• Es lo que estoy esperando. Las caricias que me diste me han puesto en un estado de calentura y necesito una buena verga que me haga sentir una verdadera mujer otra vez.

• Ven, ponte encima y gocemos.

Me puse de espaldas, ella no dudó y se montó. Con una mano fue guiando mi verga hacia su cueva y cuando la tuvo en la puerta, se fue dejando caer hasta que mi ariete entró completamente. La miré. Estaba con los ojos cerrados y los labios apretados gozando la situación. La tomé de sus nalgas y la animé a que se moviera. Y empezó un sube y baja lento pero permanente. Cada acometida era celebrada con un gemido mientras movía la cabeza acompañando el movimiento de su cadera. Mis manos se ocuparon de inmediato de sus tetas que acompasadamente también saltaban. Las apreté, sobé, estrujé, pellizqué sus pezones mientras le repetía a viva voz que me gustaba como me estaba cogiendo.

Mientras cabalgaba sobre mi humanidad con mi picha clavada hasta el fondo, Elena debe haberse corrido como seis veces. Yo me daba cuenta porque cada tanto aceleraba sus movimientos, jadeaba más intensamente, arqueaba el cuerpo mientras me repetía que gozaba como una puta. Yo aguantaba como podía. Me refiero a mis ganas de llenarle la cueva con mi esperma. Quería prolongar el placer y goce de ese momento el mayor tiempo posible. Pero los embates de mi suegra eran tan feroces y profundos que mi pobre verga ya no podía retener más tiempo mi descarga. Le avise que me venía y ella me respondió que lo haríamos al mismo tiempo. Y así fue. Derramé varias veces mi leche en su cueva y parecía que con cada latigazo se me iba todo mi ser. Fue memorioso y no recuerdo otro polvo, como aquel primero con mi suegra.

Habiéndome entregado sus jugos, Elena se dejó caer sobre mi pecho para abrazarnos y besarnos intensamente. Duramos un buen rato así prendidos, mientras nos decíamos palabras lujuriosas referidas al hecho consumado. Nos separamos y ya más sosegados entablamos un diálogo

• Que buen trabajo me hiciste. Y como aprovechaste que llegué con las defensas bajas, eh picarón?

• Elena querida, convengamos que el deseo mutuo venía desde hace tiempo, no? Hoy le dimos vida a algo que ambos queríamos concretar y no nos animábamos, verdad?

• Esa así, y que bueno que lo logramos. Hace tiempo que deseaba hacer el amor contigo, y que mi hija me perdone por ello.

• Debo decir que se cumplieron mis fantasías y de la mejor manera. Nunca me había tenido un polvo como el de recién. Lo has hecho de maravilla.

• Y tú, me has compensado de los malos momentos que tengo con el vejete ese de tu suegro, que en buena hora me echó a tus brazos.

• Pues gracias y aprovechemos el momento.

La abracé y le di un beso de lengua, mientras sentía que mi verga se estaba reponiendo. Elena también se dio cuenta y la tomó en sus manos para masajearla y acompañar su endurecimiento. Le susurré al oído lo que proponía hacer y aceptó con gusto.

La puse boca abajo y con mis dedos busqué el agujero anal. De su propia vagina, encharcada con sus jugos y mi semen, unté mis dedos para meterlos suavemente preparando la situación para la penetración. Primero el dedo mayor que abrió camino a los otros dos para preparar el terreno. Ya con el primer dedo Elena comenzó a gozar según la delataban los suspiros que se escapaban. Cuando el esfínter estuvo lo suficientemente dilatado para recibir mi verga, coloqué la punta de ésta en medio de su negro agujero y pujé despacio para no causar ningún trauma. No hizo falta porque la muy putona se tragó toda la picha en un par de movimientos. Lo bueno es que frunciendo sus músculos anales me apretaba el miembro haciendo masajes que poco a poco me pusieron a mil, y pegando unos aullidos de placer me derramé en el ojete de mi suegra, que me acompañó con otro orgasmo.

Despacio fui retirando mi miembro de su agujero, y al sacarlo del todo empezaron a caer las gotas de la leche que le había derramado. Junté un par de gotas y se las di a beber. Por la cara que puso, creo que le gustó.

Si hay algo tirano en este mundo es el reloj. Cuando uno mejor la está pasando pareciera que las agujas corren más rápido. Era tarde, se nos habían ido más de dos horas y estábamos en peligro del regreso de mi mujer. Pasamos de urgencia al baño para una limpieza rápida, con el tiempo justo antes que oyéramos el ruido de la puerta abriéndose. No hubo tiempo ni para un beso más. Solo miradas cómplice que resumían todo lo vivido y la promesa de repetirlo. De hecho así fue, pero eso es algo que queda para un relato futuro.

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Categories: AnalMatureTaboo
Posted by pepitito
2 years ago    Views: 1,331
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1 year ago
Buen relato...muy morboso...
1 year ago
Muy bien hecho, no hay que perdonar a nadie, palo y a la bolsa.
edgardo22
retired
2 years ago
buen trabajo asi hay que cojerce una veterana
2 years ago
yo quiero con tu suegra.-
2 years ago
buen relato, asi comenzo mi relacion con mi cuñada!