Suegrita linda


Hacía ya seis meses que había fallecido mi suegro, y mi suegra Celina había quedado con una depresión de la cual le costaba salir. Como vivía sola, con mi mujer entendíamos que los recuerdos la estarían perjudicando si seguía en su casa, por esa razón la invitamos a pasar una temporada con nosotros. La rutina de una casa con dos niños seguramente la iba a distraer.

Una mañana de verano la pasé a buscar con mi auto. Apareció en la puerta de su casa con dos valijas que pesaban bastante, señal que pasaría una larga temporada con nosotros. En el viaje traté de empezar una conversación, pero como respondía con monosílabos a mis preguntas, opté por callarme.

Así fue como Celina llegó a mi casa, para iniciar, según veremos, una nueva vida en la cual me vi implicado.

Pasaban los días y de a poco se fue soltando. La bulla y cariño de los nietos le fue llevando algo de alegría a su espíritu. Empezó a dejar los vestidos oscuros y a sonreír..

Nunca había tenido con ella una relación de profunda confianza, tal es así que no nos tuteábamos. Yo tenía para con ella un respeto absoluto y jamás le había insinuado nada fuera de lo convencional.

Con el correr de los días, empecé a notar que a medida que se soltaba de ropas, es decir que se ponía ropas más ajustadas e insinuantes, me sonreía y se contorneaba, claro está, en ausencia de mi esposa. Mi suegra tiene 58 años y está realmente guapa. No voy a mentir diciendo que es una diosa pero para su edad está muy bien físicamente. Un busto que supera los 90 centímetros con pechos poco caídos, caderas insinuantes dando marco a un culo redondo y sostenido, piernas largas pues ella mide cerca de 1,70 centímetros. Es de piel blanca y una cabellera larga de color rubio original, aunque ahora teñido para disimular las canas.

Los coqueteos, por así decirlo, siguieron y empezaron a calentarme, porque además nuestras conversaciones a solas, empezaron a rozar los temas del sexo donde ella expresaba libremente sus apetencias recordando al finado. Es así que me contó que había tenido una vida sexual intensa para su edad, con relaciones semanales en donde mi suegro hacía de las suyas. No dio más detalles pero lo insinuaba con sus gestos. Yo ya me imaginaba a mi suegra en bolas y mi suegro dándole por todos los agujeros.

Tanto llegó a calentarme esta mujer que empecé a vigilar sus movimientos dentro de la casa. Trataba de espiarla cuando se bañaba o cambiaba, cosas que eran más a menudo de lo que se puedan imaginar porque ella, a propósito, dejaba las puertas ligeramente abiertas. Mi calentura llegó al extremo que cada vez que podía, buscaba sus bragas entre la ropa sucia para oler los rastros de flujo vaginal que dejaba en ellos. La verdad es que sentía un placer intenso al solazarme con esos perfumes intensos y profundos que me ponían la verga como un mástil. Debo confesar que más de una vez me hice una paja derramando mi semen en sus bragas.

Llegó a un punto que ambos sabíamos que terminaríamos haciendo el amor, pero por obvias razones, ninguno tomaba la iniciativa. Todo quedaba a que ocurriera algo que lo facilitara. Y ese algo llegó un día.

Un matrimonio amigo nos invitó a pasar unos días a su campo, pero como tenía mucho trabajo no podía dejarlo. Mi suegra con la excusa de su duelo, se ofreció para quedarse conmigo y hacer las tareas del hogar en reemplazo de mi esposa. Ya veremos qué bien la reemplazó.

El día que mi mujer y los niños se marcharon, por la noche, luego de la cena que compartimos con Celina, nos quedamos mirando televisión. Pasaban una película que era un poco subida de tono, con escenas de dos amantes que hacían el amor. Si bien no eran escenas explícitas, la cámara jugaba con los cuerpos y daba a entender lo que estaba pasando. Terminada la película, cada cual marchó a su dormitorio.

Estaba por empezaba dormirme pensando en lo bueno que sería cogerme a mi suegra cuando siento unos pasos, la puerta de mi dormitorio que se abre y la veo parada en el marco de la misma. Lucía un camisón bastante transparente que traslucía bragas y corpiño de color negro.

• Alberto, no puedo dormir. Me da mucha vergüenza pero esa película que vimos me puso a mil y creo que a ti también, no es cierto? - Y sin dejarme responder agregó- Sería una pena que dejáramos pasar esta oportunidad. Te estuve observando lo cachondo que te pusiste y pensé que tal vez podríamos. Me harías muy dichosa si me invitaras a pasar la noche contigo.

• Celina, estoy gratamente sorprendido por tu propuesta y me alegro que me hayas ganado la iniciativa. Por supuesto que vamos a pasar la noche juntos. Y de qué forma!

• Te parecerá que estoy loca, pero muero por la presencia de un hombre junto a mí. Lo necesito tanto como respirar. La verdad es que en estos días no sé qué me pasa, siento mi cuerpo revolucionado como cuando tenía 15 años. Estoy muy caliente y repito, necesito que me hagan sentir mujer otra vez. Ya han pasado tantos meses de aguantar esta pena y quiero volver a sentir esas sensaciones en mi cuerpo. Cuando te veía, te imaginaba desnudo al lado mío y me mojaba toda de la calentura.


• Pues estamos en las mismas porque en estos días empecé a mirarte mejor y me di cuenta que tenías un cuerpo hermoso que merecía ser atendido por un macho. Tus miradas cada vez más atrevidas me pusieron a mil y no sabía cómo meterte mano por temor al rechazo y al papelón. Qué bueno que tomaste la iniciativa. Espero complacerte y que tengamos una velada extraordinaria.

Dicho lo cual, le tomé las cara con mis manos llevé mis labios a los suyos para darnos un profundo beso de lengua que terminó con el diálogo. Acto seguido encendí las luces y le pedí que se incorporara para quitarle camisón.

Debo confesar que tenía algún reparo en verla desnuda porque temía encontrarme con algún espectáculo que rebajara mi libido. Para mi satisfacción mis ojos se encontraron con un cuerpo bastante bueno para esa edad. Para rematar la buena imagen, vi con inmenso placer que sus bragas dejaban traslucir un chocho bastante peludo, tal como a mí me gustan. Mis fantasías comenzaban a hacerse realidad.

Con toda la suavidad que mi calentura lo permitía procedí a quitarle las prendas. Primero el camisón y luego su corpiño. Despacio le bajé las bragas y cuando las tuve en mis manos, llevé a mi nariz la parte de su entrepierna. Estaba toda mojada y despedía una fragancia afrodisíaca que me calentó mucho más. Mi suegra en pelotas era casi tan buena como me la había imaginado. Unas tetas grandes con unas aureolas color rosado y rematadas con dos pezones del tamaño de la punta de un dedo meñique que daban ganas de morderlo ahí mismo. La cintura, con unos kilitos de más anunciaba un culo redondo y liso, que misteriosamente no estaba caído. Y lo mejor, repito, era su vagina, rodeada de una abundante pelambre una vulva ansiosa por recibir atención

Enfrentados de rodillas sobre la cama nos miramos unos segundos para luego comenzar con lo tantas veces soñado. Celina me quitó el pijama y antes que yo pudiera hablar o hacer algo, se prendió con sus dos manos a mi verga para mirarla y mirarla durante un rato, como si fuera la primera vez que tuviera un pene en sus manos. Suspirando me dijo

• No sabes las ganas que tenía de tenerla en mis manos y darle una mamada. Hace tanto que no lo hago. Es unos de mis placeres preferidos meterme una buena verga en la boca para saborearla.

Me dio un suave empujón para dejarme tendido y se prendió a mi ariete llevándolo hasta su garganta. Luego empezó a dar una clase profesional de mamada que aun hoy recuerdo. Era un continuo lamer, chupar y succionar, al tiempo que con su mano subía y bajaba la piel de mi falo haciéndome una paja que por poco me hace acabar. Tuve que hacer un esfuerzo supremo para no derramarme en su boca.

• No sigas, te lo ruego que te voy a llenar la boca de leche. Me vas a hacer acabar y todavía no quiero.

• Es que con semejante aparato en mi boca, perdí toda noción. Me gusta tanto.

• Ahora es mi turno, quiero bajarme a ese bosque que tienes en la entrepierna y gozar chupando esa almeja.

La acomodé en la cama y me dispuse a comerle su vulva. Mis manos fueron acariciando su entrepierna y apartando la abundante pelambre que ocultaba la concha de mi suegra. Al dejarla al descubierto me encontré con una vulva rosada rodeada de unos labios color oscuro que con su calentura estaban hinchados ofreciéndose a mi voracidad. Los aparté con mis dedos y abrí camino para que mi boca se posara sobre esa cavidad para sorber los jugos que Celina empezaba a soltar por su calentura. Chupé y sorbí para su deleite y acto seguido puse a trabajar a mi lengua que comenzó a repasar su vulva por toda su extensión, con suaves y permanentes lamidas en uno y otro sentido. Mi experiencia en esos menesteres es mucha porque aprovechando que la naturaleza me dotó de una lengua ancha y larga, unos de mis mayores placeres es utilizarla para arrancarle a las damas repetidos orgasmos. Celina no fue la excepción y a poco de empezar mi tarea empezó a derramarse en mi boca con varios orgasmos seguidos. Fueron muchos y en cada uno de ellos lo anunciaba dando grititos de placer y empujando mi cabeza hacia su cueva.

Estuve un buen rato dándome ese festín hasta que mi lengua casi se acalambra. Celina quedó despatarrada en la cama pidiéndome un poco de calma.

• Eres un chupa conchas insaciable que casi me matas de un infarto. Llegó un momento que me faltaba el aire. Pero qué hermoso fue. Nunca me habían mamado de esa forma.

• Me alegro que te haya gustado, pero debo confesarte que yo también la pasé muy bien chupando esa cueva bien peluda. Fue delicioso.

• Y ahora que puedo esperar de tus habilidades?

• Ya te vas a enterar. Mira como tengo tieso a mi amigo esperando entrar en combate. Ya lo vas a sentir dentro ti.

Con toda suavidad la fui acomodando en la posición que me pareció más adecuada para esa situación. Le pedí que se pusiera de rodillas en la posición de la perra que va a ser montada. Le abrí bien los cachetes del culo, y me dediqué por unos momentos a lamerle la raya. Su viejo ojete empezó a recibir lamidas tras lamidas. Celina parece que no lo esperaba porque se vio sorprendida y pegó un respingo, aunque fue solo momentáneo porque enseguida comenzó a suspirar en señal de complacencia. Perforé con mi lengua el aro de su ojete varias veces para distenderlo por si prestaba la ocasión para perforarlo.

Mis dedos se fueron deslizando hacia su vulva que ya estaba mojada y preparada. Ella solo respiraba profundo y cada tanto dejaba escuchar algún suspiro. Me puse en posición y acomodando mi verga en su agujero la fui introduciendo lentamente. Avanzaba un poco y luego me retiraba, para volver a hacer el mismo movimiento repetidamente ganando lugar de a poco. Cuando mis testículos y mi pubis tocaron su raya me di por cumplido y empecé a darle pistón tomándola de su cadera. El mete y saca fue haciéndose más rápido al ritmo de mis bufidos y sus gritos pidiéndome que le diera más duro y que le llenara su cueva de mi leche. Aguanté gozando todo lo que pude y terminé descargándole mi semen con tres o cuatro latigazos que la llenaron de gozo.

Después de unos minutos de respiro, le dije

• Ahora suegrita a dormir cada uno en su cama, que mañana hay que trabajar y ya es tarde.

• Cómo? No me digas que ya se acabó la sesión! Me resisto a irme. Me quiero quedar acá junto a vos haciendo cucharita.

• De acuerdo, pero a portarnos bien, eh?
Se acomodó muy pegada a mi espalda. Por un rato la vieja calentona se quedó quietecita, pero pasados unos minutos comenzó a besarme la nuca y pasarme la lengua por mi cuello. De inmediato su mano buscó mi pecho e hizo caricias jugando con mi vello. De a poco, esa mano fue bajando lentamente hasta llegar a mi pelambre púbica y empezar a rozarme el pene, que hasta ese momento estaba dormido pero atento a lo que se venía.
Con mucha delicadeza esa mano se apropió del falo y empezó a acariciarlo. Un dedo buscó la punta del glande y jugueteó con él haciendo suaves frotes que al mismo tiempo que me empezaba a calentar mi ánimo, lograba una nueva erección.
• Ya te vas a dormir? No te gustaría seguir la fiesta? Mira que esta es una gran ocasión que tal vez no se repita, porque no la aprovechamos?

• La verdad es que tienes toda la razón. Yo pensaba dormir un rato y volver al ruedo por la mañana antes de levantarnos, pero me convenciste suegrita.
Volví a encender la lámpara y volteándola me dediqué a sobar y mamarle las tetas a las que no le había prestado atención hasta ese momento. La verdad que había sido un olvido imperdonable porque esas dos toronjas me ofrecieron un deleite completo. Mamé y lamí hasta el hartazgo, jugando con sus pezones que muy rápidamente se pusieron tiesos. Los besé, mordí y chupé con mucha pasión. A este punto Celina estaba resoplando en su renovada calentura y me pedía que la penetrase.
• Si te la voy a meter, y hasta el fondo pero en tu culito, mamita. Y no me digas que nunca lo hiciste por ahí porque no te voy a creer.

• Dale mi amor, dale que me gusta mucho.
Empecé a preparar el terreno introduciendo un par de dedos mojados con su propio jugo vaginal. Con movimientos circulares fui logrando que se dilatara el esfínter y cuando juzgué que todo estaba listo le coloqué la verga y pujé fuerte hacia su interior. Celina lanzó un grito de sorpresa y de dolor, aunque aguantó la embestida. Una vez adentro me mantuve quieto por un minuto esperando que sus músculos anales se acostumbraran a la presencia del intruso. Y le di con toda furia. Hacía mucho tiempo que no violaba un culo y aproveché la oportunidad para gozar en plenitud. Le di bomba un buen rato arrancando gritos de placer de ambas partes. Fue un polvo feroz en donde terminé de llenarle el culo con lo me quedaba de mis reservas de leche.
Quedamos ambos exhaustos y despatarrados en la cama, pero satisfechos. Como ya era tarde volvimos a ponernos en posición de cuchara pero esta vez con mi verga contra su culo. Así nos dormimos.
Nos despertamos temprano. Mejor dicho Celina se despertó y empezó a juguetear nuevamente logrando que mi verga se pusiera dura nuevamente. Miré el reloj, había tiempo para un polvo mañanero. Le pedí que se montara encima y sin mas remilgos me introduje en la cueva. Con mis manos la tomé de la cintura y la hice cabalgar sobre mi humanidad. En esa posición la que dominaba la situación era ella que aprovechó para que mi verga le llegara a lo más profundo de su almeja. Teniéndola de frente aproveché para chuparle sus tetas y magrearlas. Cuando ambos nos sentimos próximos a nuestros orgasmos en un acuerdo tácito acabamos a la vez en medio de sus gritos y mis bufidos. Fue una excelente manera de empezar el día.
No hubo tiempo para más. Baño, ducha , desayuno y partida para mis obligaciones. Claro está que para aprovechar esos días, regresaba temprano y nos pasamos encamados todo el tiempo disponible. Creo que mi suegra pasó los mejores días de su vida.

95% (22/1)
 
Categories: AnalHardcoreMature
Posted by pepitito
2 years ago    Views: 1,493
Comments (4)
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9 months ago
que buena historia y ya no le das de cenar?
2 years ago
Rica historia
edgardo22
retired
2 years ago
buena yo me coji a mi suegra en condiciones similaraes
2 years ago
notable historia