Malena

Estaba tomando un café en el Florida Garden de Florida y Paraguay, leyendo La Nación cuando una señora se acerca y me da un beso en la mejilla. "Hola Marcelo, tanto tiempo. Qué bueno verte otra vez". Se sienta en mi mesa a mi lado y pide un cortado a Carlitos, el mozo de bigotes.

"Me vas a disculpar, pero no te conozco, y no soy Marcelo, son Diego". La señora cambió su expresión y se ruborizó. "Ay! Qué vergüenza. Disculpe, pero lo confundí con mi sobrino que vive en Mar Del Plata. Soy realmente muy parecidos." "No hay de qué", le respondí y mientras ella comenzaba a levantarse noté que no había mesas libres y se lo hice notar. "Por favor, sentate. Te invito ese cortado.

Esta señora, la tía de Marcelo, tendría unos 60 años. Era menudita, canosa y muy atractiva para su edad. Llevaba un trajecito color verde claro y debajo una remera blanca en cuyo escote se podían ver las pecas que seguramente ocultaba el maquillaje de su rostro. Me pareció muy atlética para su edad. Una de esas adoradoras del sol que están bronceadas durante los 12 meses del año.

"Gracias, Diego. Qué vergüenza. Venía de hacer pilates y cuando pasé por la vidriera y te vi estaba seguro que eras mi sobrino. Bueno, mi nombre es María Elena Ramírez, pero me dicen Malena." Y estiró su mano para estrechar la mía. Tomando su mano fui yo ahora quien le dio un beso en la mejilla. "Diego Renard, encantado, Malena. ¿Cantás tango?"

"Te vas a reir, pero sí, canto tango desde chica, y estoy en un show para turistas en un bodegón de San Telmo, mi hijo y unos amigos tocan en la orquesta que me acompaña. Hacemos repertorio de guardia vieja y estamos todos los jueves, viernes y sábados a medianoche".

Malena, con sus sesenta pirulos tenía una mirada joven, con su bolsito de pilates y sus historias de tango. Se acomodó en la silla, sacándose el saco del trajecito y quedando solo con una remera sin mangas que mostraba más pecas en los brazos. No usaba corpiño, y la verdad es que no lo necesitaba porque prácticamente no tenía nada de tetas. Chata como una tabla. Con su pelo completamente blanco.

"Seguro que vos eras pelirroja, no? Digo, por las pecas", dije acariciando suave e insolentemente el antebrazo de Malena mientras Carlitos traía su cortado. "Sí, soy Ramírez por mi marido pero Kushenkova de soltera, de ascendencia ucraniana."

"Y don Ramírez también se dedica al tango?" "Falleció hace dos años", me dijo. "A partir de su muerte comencé a cantar profesionalmente como una fuente extra de ingresos. "Cuanto lo siento" le dije tomando su mano.

"Te gusta el tango, Diego? Venite esta noche a escucharme. Tomá esta tarjeta. Te reservo una mesa si querés. Ahora tengo que irme porque estoy apuradísima. Te espero esta noche. Y gracias por el café." Se levantó, se puso el saco, tomó su bolso deportivo y me dio un beso. Esta vez en la comisura de mis labios.

Una rusa tanguera. Total, estoy al p**o esta noche. Voy a ver si invito a alguien para ir. Llamé al celular de Silvia, me atendió desde Pinamar. Llamé a Vicky, Punta de Este. Mercedes, le llegaron parientes de Italia. Iba a tener que ir solo. Por lo menos vería un buen show y me tomaría unos champancitos helados.

A las 10 y media de la noche llegué al Julio Sosa, me presenté al muchacho de la puerta, quien resultó ser el bandoneonista de la orquesta de Malena. Me preguntó si venía acompañado, y me dijo que estaría en la mesa de Malena con una pareja de turistas si no me m*****aba. Eran un matrimonio francés. Jean y Michelle, de treintipico de años y no hablaban nada de castellano. Entre mi poco francés y haciendo esfuerzos con el inglés pudimos conversar durante la cena. Ella era maestra en una escuela de Lyon, y el era ingeniero mecánico en una subsidiaria de Peugeot. Estaban recorriendo sudamérica y estaban encantados con las playas de Brasil y la vida nocturna de Buenos Aires.

Los turistas pidieron bife de chorizo con ensaladas, y yo me incliné por un plato de pescado, para variar. Tomamos tres botellas de Malbec entre los tres. Y digo ente los tres porque Michelle no se quedaba atrás a la hora de tomar. Llegó el postre, bajaron las luces y empezó la música.

El primer tema fue instrumental. Uno de Piazzolla, creo que verano porteño. Me sorprendió la calidad de la banda, pero claro que si era un show para turistas tenía que tener nivel internacional.

"Acaricia mi ensueño el suave murmullo de tu suspirar..." entró Malena cantando. Tacos altísimos, medias de red, un vestidito negro sin mangas suelto y muy pero muy corto, una cinta negra atada a su cuello y un sombrerito funyi de medio lado. "C'est mon amie", les dije a los franceses. "Oui, Oui, Malená. Elle est tres bonne" dijo Michelle.

Después de la primera parte del show Malena se acercó a saludarme. "Qué percanta, qué linda estás, pecosa" le dije, y le di un beso de comisura, como el que ella me había dado al despedirse esa misma mañana. Ella estrechó las manos de los franceses y se sentó a la mesa. Inmediatamente el mozo trajo cuatro copas de Champagne y brindamos por el tango, por Argentina y por l'amour. Malena se excusó y fue a prepararse para la segunda parte del show.

Jean y Michelle preguntaron si era mi novia, y les expliqué cómo nos habíamos conocido esa mañana. A Michelle le había parecido romántico y comenzó a besar a Jean, lo que me puso un poco incómodo, especialmente cuando Jean le masajeaba una teta a Michelle y Michelle le acariciaba la entrepierna a Jean. Por suerte la sala estaba en penumbras y nuestra mesa estaba ubicada de manera que el resto de los espectadores no vieran este otro show.

Le elogié a Jean las tetas de su esposa, y el sonriendo me dijo que ella era muy exhibicionista, y que le encantaba desnudarse en lugares públicos, especialmente después de haber tomado bastante alcohol. Michelle me mostró orgullosa sus tetas, levantando su remera, y yo se lo agradecí, pero pidiendo que mantuviera las formas dentro del restaurante. Michelle se acercó a mi oído y me dijo que estaba segura que esta noche Malena y yo terminaríamos haciendo el amor. Luego se acercó un poco más, y lamiendo sensualmente mi oido me dijo que nos iban a invitar a su suite del hotel y se iba a encargar de todo.

Me quedé inmóvil mientras Michelle seguía lamiendo mi oreja. Bueno no del todo inmóvil, porque una parte de mi cuerpo se movía, agrandándose y buscando extenderse dentro de la restricción de mis pantalones. Cuando por fin dejó de lamer mi oreja notó mi erección y comenzó a acariciarme el bulto. No podía mirar a Jean a la cara mientras su esposa me franeleaba la verga, pero sin embargo noté que él me lanzaba una sonrisa de aprobación. "Estos franceses y su obsesión por el sexo" pensé, mientras volvían los acordes del dos por cuatro.

Llegó la hora de la milonga, y todos salían a la pista. Michelle me dio un piquito y se dio vuelta para salir a bailar con Jean, dejándome solo con mi erección. "Vení Malevo a bailar con esta percanta" era la voz de Malena que venía a sacarme a milonguear, y yo que seguía con la verga dura. Bueno, era inevitable, así que allá fui y le apoyé mi erección a mi pareja de baile.

"Guau!" fue la expresión de Malena. "Parece que estás contento de verme". La petisita, que ya no lo era tanto sobre esos tacos, clavó su mirada en mi bulto y con un signo de aprobación me abrazó, apoyando su mejilla contra la mía.

Entonces noté que se había cambiado el vestido. Ahora usaba uno color vino tinto, más largo pero con un tremendo tajo por el que asomaba su pierna, también pecosa. "¿Habrá alguna parte del cuerpo de esta chiquita que no tenga pecas?" pensé esperando que la respuesta fuera negativa. "Porteña, no tengo la menor idea de cómo se milonguea, así que si querés mantener tu integridad física vayamos con cuidado y despacito.

La rusita me guió por toda la pista, indicando que me parara de tal o cual manera mientras ella hacía todo el trabajo, maravillando a los turistas presentes. De repente noté que los hombres me envidiaban y las mujeres me deseaban.

Entre la gente encontré la cara cómplice de Michelle, que mientras se frotaba contra el muslo de su marido me guiñó un ojo y me dio valor para avanzar sobre Malena.

Entonces, mientras bailábamos... Bueno, mientras Malena bailaba a mi alrededor extendí mi pierna derecha hacia adelante y tomándola del culo la alcé metiendo mi pierna entre las suyas para quedar cara a cara y la besé, un beso corto, porque ella se deslizó frotando su sexo contra mi pierna, desde la cintura hasta por debajo de la rodilla, quedando con una rodilla contra el suelo y su otra pierna elegantemente doblada. Su mano izquierda tocandome el culo y su mano derecha y su cara apoyadas sobre mi bulto, que por suerte ya había disminuido su erección. Eran los últimos acordes del tema, y la ovación para Malena (¿y para mí?) fue espectacular.

Malena me felicitó, me dio un piquito, y se excusó. "Tengo que hacer la última parte del show. Vuelvo en un ratito". Seguía la milonga y de repente me encontré rodeado de tres japonesas que estaban sin pareja. Todas querían bailar conmigo, así que una por una se turnaron, y mientras bailaba con una las otras bailaban entre ellas. Todas querían que las hiciera hacer el truco de agarrarlas por el culo y deslizarlas por mi pierna. Así que bauticé el movimiento como "La Gran Diego".

Después de tocar culos de japonesas y ser frotado por sus conchitas durante cuatro temas, finalmente terminó la participación de Malena en el show, y luego de una gran ovación se acercó para decirme que se iba a cambiar, y que nos encontraríamos en la suite de Jean y Michelle para seguir la fiesta. Otro piquito.

Pedimos la cuenta y nos dijeron que estaba todo pago. Dejé propina a los mozos y tomamos un remis rumbo al Four Seasons. Michelle, excitadísima, me decía que ya estaba todo listo, y que lo íbamos a pasar bárbaro en el hotel. Que Malena estaba muerta conmigo y no sé cuántas otras cosas más que ya no le podía entender porque el alcohol nos nublaba un poco nuestra forma de hablar y entender el francés.

Jean se dirigió a la conserjería del hotel y Michelle y yo fuimos directo a la suite. A penas se cerró la puerta del ascensor se sacó el vestido y quedó completamente desnuda. Una mujer esplendida, con tetas naturales y firmes como las de una adolescente, poco culo pero unas piernas fabulosas. Pensé que iba a tener suerte, pero no fue así, ella simplemente quería ser admirada y solo se abrazó a mí cuando al abrirse la puerta del ascensor nos encontramos con un grupo de cuatro muchachos que comenzaron a gritarle obscenidades. Los dos sonreímos, yo la tomé por la cintura y nos metimos en la suite. La inquieta Michelle, exitada por la situación, me contaba cómo me la tenía que coger a Malena. Y mientras hablaba sus tetas saltaban hacia todos lados. Representaba las posiciones con una candidez total, mientras mi cerebro estallaba sin poder entender una palabra de francés, a esta altura.

Por suerte entraron Jean y Malena, quien ya había llegado y llevaba el mismo sencillo trajecito verde de la mañana, lo que contrastaba con el lujo de la suite. A cara lavada por fin pude ver sus pecas en la frente, mejillas y nariz. A Malena parecía no sorprenderla encontrarse con Michelle totalmente desnuda, incluso la abrazó efusivamente cuando se saludaron. Jean tomó su cartera y su saco y los colocó sobre una silla. Michelle amagó a ayudarla a desnudarse pero ella se negó. "Estos franceses" me dijo, sonriendo.

Llegó el Champagne, y Jean puso música de tango, así que seguimos la milonga. Muy interesante ver a Michelle bailando desnuda, un espectáculo aparte.

Decidí concentrarme en Malena, le agradecí por el show, la felicité y la llené de elogios. Todo eso antes de ofrecerme a contar todas las pequitas de su cuerpo. Ella sonrió y dijo que iba a tardar una eternidad. "Tengo todo el tiempo del mundo, y además traje los anteojos" le dije. Ella se rió y mostrandome su hombro me dijo "Podés empezar por acá".

Seguíamos bailando, y yo acariciaba su hombro con mi mano mientras le daba besitos sensuales cuando de repente vemos a Michelle de rodillas mamándole la pija a Jean, quien tenía sus pantalones por los tobillos. "¿Querés ver este espectáculo?" dijo Malena. "Me encantaría, es una pareja muy sensual" le dije, "Pero qué te parece si nosotros armamos nuestra propia función? Vamos a la recámara". Abrimos una puerta y nos encontramos con un escritorio. Abrimos otra puerta y era el dormitorio de los anfitriones. La tercera puerta nos llevó al segundo dormitorio. No tan lujoso como el principal pero no estaba nada mal. Malena volvió corriendo a buscar nuestras copas y la botella de champagne y al volver cerró la puerta detrás suyo. "Le pongo llave?" dijo. "No, dejémosla abierta por si quieren venir a espiarnos" respondí. "¿Alguna vez hiciste el amor con público, Diego?" preguntó. "No, pero siempre hay una primera vez para todo."

Mi sexy señora canosa y yo estábamos a punto de coger. La alcé, porque sin tacos era realmente muy petisita, y comencé a besarla. Rápido volaron por los aires su remera sin mangas blanca y su pantalón verde. Y también su tanguita de encaje. "Malevo, cogeme. Haceme tuya acá mismo." Me desvestí y ella agarró mi pija dura y me dijo "Así que esta era la verga que me apoyaste en la pista de baile". Le comenté cómo fue que Michelle comenzó a excitarme, diciendo que iba a arreglar todo para que pudiéramos coger esta noche, y mientras le contaba Malena me masturbaba con suavidad. "Vamos a la cama", me dijo. Y acostados se puso mi pija en su boca y comenzó a chuparla. "Mñmncontame másmñmnm" me dijo sin sacarse mi pija de su boca. Entonces le conté cómo me había mostrado sus tetas, cómo se había desmudado en el ascensor, cómo había estado varios minutos con ella desnudos sin tener sexo con ella.

"Sos un buen tipo, cualquier otro se la cogía en seco en el ascensor" dijo Malena, y yo coincidí. "En otra circunstancia", pensé. "Me enseñás un poco de pilates, nena? Dicen que aprendés a ser muy flexible, no?" Sin sacarse mi verga de su boca se colocó en una posición ideal para un 69 y empecé a comerme la conchita de mi señora canosa de 60 años (luego me enteré que tenía 63). Totalmente peladita, con unos importantes labios exteriores que me pidió le mordiera y estirara, y un clítoris protuberante, ideal para masturbar. Mientras frotaba el clítoris con mi pulgar metía la lengua dentro de su vagina, lo más profundo que podía, sintiendo los escalofríos y convulsiones en el cuerpo de la rusita. y ella se metía cada vez más mi pija en su boca. Aunque no lograba tragársela toda.

Lamiendo vigorosamente su clítoris la hice llegar a su primer orgasmo. Todo su cuerpito comenzó a palpitar, jadeando y respirando agitada. "Malená, Diegó" se oyó por un parlante. Eran los franceses, diciendo que nos estaban viendo por un circuito cerrado de cámaras, y que pusiéramos el canal 485 de nuestra pantalla gigante para verlos a ellos en su habitación.

Malena se cubrió de vergüenza, pero cuando prendí la televisión pudimos ver a Jean acostado boca arriba y a Michelle cabalgando sobre su pija dura. Los dos saludándonos. Malena saludó y se animño a destaparse. "Allez, Malená" le gritaba la sexópata francesa incitándola a que se sentara sobre mi pija, que Michelle ya había franeleado en el restaurante.

Malena tomó coraje y se sentó sobre mi verga. Primero despacio, porque su conchita estrecha tuvo que adaptarse a mi grosor, pero luego comenzó a cabalgarme, igual que Michelle hacía con Jean. Malena se dio vuelta para decirme "Estos franchutes no nos estarán filmando, no?" a lo que yo le respondí "Estate totalmente segura que nos filman. En el menor de los casos quedará en su archivo personal, y en el peor se hará viral por internet. Eso sí, de cualquier manera quiero mi copia. Así que si vamos a ser pornstars, más vale que lo hagamos bien.

Me la cogí por detrás, hicimos el misionero, varias posiciones de sexo oral, primer plano de mi acabada sobre el pechito chato de Malena. Mientras tanto Michelle se metía la verga gruesa de Jean en el culo y gritando de placer dijo "¿Intercambianos?" Malena me miró y lanzó un fulminante "Ni loca", así que agradecimos la propuesta y seguimos cada uno con su pareja.

Luego de un buen rato en el que Malena tuvo cinco orgasmos y yo acabé tres veces nos quedamos abrazados, casi dormidos, cuando se abrió nuestra puerta dejando entrar a Michelle. "Jean se durmió. Puedo quedarme con ustedes?" y entró a la cama por el lado de Malena, abrazándola. Estaba muy contenta por la noche y nos dijo que le había encantado vernos coger, que le gustábamos mucho y que quería pedirle permiso a Malena para probar de mi leche. Malena accedió, entonces Michelle se colocó entre las piernas de Malena y empezó a chuparle la comcha tomando todos mis jugos, y luego me besó, pasándome una mezcla de sabores de mi semen, su conchita y probablemente también el semen de su marido.

Luego nos ofreció sus tetas para que se las chupáramos, y mientras Malena chupaba tímidamente su teta derecha yo me hacía un festín con la izquierda. De esas tetas increíbles salía leche de verdad. Una perversión muy sensual por parte de la francesa.

Michelle se puso en cuatro patas sobre la cama, dejando ver su cola en la que, oh sorpresa, había un dilatador anal. Como había notado que no tuvimos sexo anal se ofreció para dilatarle el culito a Malena. Con mucha paciencia y saliva fue usando el dilatador para agrandarle el agujero a mi rusita pecosa. Luego de un rato, en el que me ofreció su conchita para mantener mi verga caliente, la cola de Malena estaba lista para ser penetrada, y su mente estaba confiada que no le iba a pasar nada. La preparación de la francesa fue estupenda, porque con un poco de lubricación pude meterle toda la pija de un saque y culearla bien profundo.

Mientras me culeaba a Malena, Michelle se ubicó para lamerle la conchita. Cada vez que embestía con mi verga la francesa pasaba de lamer el clítoris de mi rusita a lamer el tronco de mi falo, y las veces que se salía del culo de Malena me lo chupaba con deleite francés. (Debo reconocer que dejé que se saliera del culo de Malena varias veces solo para que la garganta profunda francesa se lo devorara hasta mis huevos). Esta iba a ser mi cuarta acabada, y me estaba costando bastante, así que Michelle nuevamente nos organizó, colocando a Malena en cuatro, a mí montándola desde atrás estilo perrito, y ella metiendo dos dedos en mi culo y masajeando mi próstata.

La excitación fue tal que el volumen de semen que acabé en el culo de Malena pareció ser mayor que el de las tres primeras eyaculaciones juntas. Todo gracias a los servicios de la francesa masajista de próstatas. Mi eyaculación fue acompañada de un grito de placer ensordecedor, y Malena también cayó extenuada. Pero la francesa no se detenía nunca, y comenzó a lamer el culo de Malena, recogiendo todo el semen que pudo, que esta vez, bueno, digamos que no era del todo puro. Una vez que pareció tener toda la leche que podía juntar se levantó y viendo el televisor dijo que había despertado a Jean con mi grito, así que se iba a darle mi lechita en la boca. Que lo miráramos por la tele.

Desde esa noche cojemos Malena y yo todos los jueves, y una vez cada dos meses recibimos una invitación para pasar una semana en St. Tropez con nuestros amigos Jean y Michelle.

Dicen que si uno busca con paciencia en una página porno francesa, bajo las categorías maduras, anal y menage a trois se encuentra nuestro video. Si lo consiguen, Malena, Michelle, Jean y Diego les deseamos todos feliz masturbación.

100% (8/0)
 
Categories: MatureVoyeur
Posted by nipcut1
11 months ago    Views: 537
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nipcut1
retired
11 months ago
Esta es ficción, pero tengo un par de veteranas en vista que les tengo unas ganas locas.
11 months ago
Hmmm... Las "viejitas" de más de 60 son unas cogedores impresionantes...