Vacaciones

A los 13 años para las vacaciones de verano y luego de haber concluido la escuela primaria y pasado a la secundaria me fui por dos meses con mis dos hermanas (una de 16 y una de 11), mi tía recién divorciada y mi prima de 14 a Miramar en la costa atlántica argentina.

Yo estaba con todas las hormonas revueltas, y me recontra calentaba con las chicas en bikini en la playa. Esta era la época en que se ponía de moda por primera vez la TANGA y el COLALESS.

No paraba de hacerme la paja excitadísimo ante tantos culos y tetas que andaban dando vueltas por la playa.

Mi hermana mayor Laura siempre fue una bomba exuberante, con un culo y unas tetas tremendos, pero además con una cinturita de avispa que la hacía super atractiva a esa edad. Mi hermana menor Cecilia todavía era chiquita, pero mi prima Elena se había desarrollado y ya tenía lo suyo. Flaquita en biquini y para mi edad era una modelo de la revista Gente.

Un párrafo aparte merece mi tía divorciada Adriana. La tía Adriana, única hermana de mamá, la menor, era un infierno en dos patas. 1.78 de altura, piernas largas, carne firme para sus 39 años. Nunca voy a entender cómo el boludo de su ex marido la dejó. Las tetas de mi tía siempre fueron excepcionales. Cuando era chiquito siempre quería que me alzara para poder dormirme sobre ellas. Y ahora de grande tenía unas ganas locas de tocarlas, manosearlas y chuparlas.

La casa era un chalet, en la zona de playa. Tenía dos plantas. En la de arriba había un dormitorio grande que ocupaban las chicas, y en la de abajo había otro dormitorio más chico que ocupaba la tía Adriana. Yo dormía en el living en un sofa cama. Había un baño arriba y otro abajo. Yo compartía el baño con la tía Adriana y las chicas usaban el de arriba.

Al llegar de la playa la tía era siempre la primera en darse una ducha, porque después salía a hacer mandados para la cena. Yo me quedaba jugando a las cartas con Elena, mirando tele o escuchando música mientras mis hermanas se bañaban. No se podía usar los dos baños al mismo tiempo y después había que esperar un rato para que volviera a calentar el agua del termotanque. Como de costumbre, yo era el último en bañarme, habitualmente después de cenar.

Habitualmente la tía alicia usaba de entrecasa unos vestidos sin mangas y muy cortitos de tela de remera de algodón, sin corpiño. Tenía unas tetas de esas que se sujetan solas, con unos pezones negros y chiquitos que siempre parecían apuntarme a los ojos. Ella se daba cuenta que no podía quitarle los ojos de sus tetas pero nunca me hizo ningún comentario. Creo que lo encontraba halagador. La musculosa/vestidito era tan corta que cuando se agachaba mostraba el culo y sus bombachitas de encaje que se le metían en la raya. Se me para de recordarla.

Con Elena nos queríamos mucho, y pese a que no nos veíamos muy seguido siempre nos llevamos muy bien y tuvimos una relación muy cariñosa. Ahora que se había desarrollado eso no cambió, y siempre estábamos a los abrazos uno encima del otro. Nada sexual, cariño de primos.

El asunto era que cuando entraba a ducharme ahí estaba colgada en la ducha la bikini de la tía Adriana, que había dejado a secar. Los prmeros días no las tocaba, pero cuando ya no pude aguantarme más las agarraba y me masturbaba con ellas. las olía, las chupaba, hasta me las ponía y me tocaba como si la estuviera tocando a ella.

A la tercera semana me despierto una noche y veo la puerta entreabierta y la luz prendida del cuarto de la tía Adriana. Me asomo y veo que se había quedado dormida leyendo un libro solo con su bombachita. El maldito libro abierto sobre su cuerpo le tapaba la visión de las tetas que tanto quería ver desnudas. Me quedé sin hacer ruido en la puerta mirándola, mirando su entrepierna a través de su bombachita de encaje y me empecé a masturbar. Estaba muy excitado, pero por miedo a que se despertara y me descubriera me encerré en el baño y acabé en el inodoro. Al salir del baño la luz estaba apagada y la tía cubierta por la sábana. Me quedó la duda si me habría visto mirarla y peor aún si me habría visto con los calzoncillos en las rodillas, masturbándome por ella.

Otra noche después de cenar habíamos visto una película por tele y todas se fueron a la cama, menos yo, que aún debía darme una ducha. Me estaba poniendo champú en el pelo y mo noté que la puerta se abrió y se cerró. Al enjuagarme y abrir los ojos la vi a la tía Adriana, completamente desnuda mirándome y tocándose la entrepierna. Pegué una exclamación pero ella me hizo señas para que no hiciera ningún ruido, y corriendo la mampara se metió a la ducha conmigo.

Me dijo que me habïa visto la noche del libro, y que además había notado que tods las mañanas su bikini tenía "olor a hombre", algo que me dijo que en estos últimos meses luego de su divorcio extrañaba profundamente.

Yo estaba paralizado, excepto por mi amigo que, aunque cubierto por mis dos manos, se puso duro como el acero al tener una mujer hermosa desnuda a menos de 10 cm. Esto tampoco pasó desapercibido para Adriana.

Aunque yo me baño solo con jabón, ella tomó su esponja, la enjabonó y comenzó a frotarla por mi cuerpo. Primero el pecho, los brazos, las manos, y descubriendo mi pene erecto lo tomó entre sus manos y me dijo "Ya sos todo un hombre, Diego." Yo no lo podía creer, no sabía qué hacer, y entonces la tía tomó mis manos y las colocó sobre sus tetas. "¿Te gustan?" me dijo. "Noté que no podés dejar de verlas." Yo seguía en el más absoluto silencio, pero comencé a masajearle las tetas suavemente, jugando con sus hermosos pezones negritos, sintiendo cómo se ponían duros en mis manos. "¿Puedo?" le pregunté. Ella asintió y comencé a besarle la teta derecha, acariciándola suavemente con mis labios buscando llegar al pezón. Una vez que llegué al pezón sentí un estremecimiento y noté que ella se llevaba una mano a la conchita. "¿Puedo?" volví a preguntarle, y ella misma me guió llevando mi mano a su monte de venus y lentamente descendiendo hasta que mis dedos entraron en contacto con sus labios. Ella seguía sosteniendo mi pija dura con la otra mano, aunque sin masturbarme pero fue tal la excitación que acabé ahí, en su mano, y todo mi semen fue a dar a su pancita.

Moría de vergüenza, pero ella me calmó, besándome en los labios, con un beso húmedo y sensual, como nadie me había besado. En realidad era mi primer beso. Yo flotaba 15 cm sobre el suelo de la excitación. Aunque no estaba preparado para lo que vino después. Con su mano recogió todo lo que pudo del semen que se había estrellado contra su pancita y se lo metió en la boca, tragándolo. Y con esa misma mano me acarició la mejilla y volvió a darme un beso en la boca en el que pude sentir el sabor de mi leche adolescente.

No había manera de que se me bajara la erección, por lo que la tía me dijo que esta vez tuviera un poco de paciencia y no fuera tan ansioso. Y acariciando mis testículos se arrodilló frente a mí para poner mi verga en su boca. Yo trataba de pensar en cualquier otra cosa para no volver a pasar un papelón, pero por suerte me contuve y pude disfrutar del primer pete de mi vida. ¡¡y qué pete, mi vida!!

Mi tía me estaba lamiendo la cabeza de mi pija mientras me acariciaba los huevos. Lo hacía despacio, como para darme tiempo a acostumbrarme al placer y no volver a ser "la pistola más rápida del Atlántico". "Vamos a mi cama", me djo. Yo le contesté "Ni locos, mirá si baja alguna de las chicas y nos descubren". "No te preocupes", me respondió, "con el jugo de la cena les puse un Rivotril así que van a dormir como angelitos.

Yo enloquecido como perro con dos colas me sequé rápido con la toalla, la sequé a ella y nos fuimos, silenciosos y desnudos, a hacer el amor en la cama.

Inexperto total, esperé que ella tomara la iniciativa. Me hizo acostar boca arriba, y luego ella se montó sobre mi cuerpo y me abrazó besándome nuevamente. Sentía sus tetas frotando mi pecho y su sexo en contacto con el mío. sus labios eran suaves, y su lengua juguetona pedía que yo también utilizara la mía. Dejando de lado mi timidez le metí mi lengua en su boca y poco a poco fui encontrando el ritmo para complacerla. "Ahora me vas a coger en mi cama, como querías cuando te hiciste la paja en la puerta, mirándome desnuda".

Estábamos a punto de entrelazar nuestros sexos. Mi debut sexual y su imperiosa necesidad de volver a tener un hombre dentro suyo. "Tía, te quiero coger", le dije, y ella se incorporó y tomando mi pija la introdujo en su conchita húmeda y caliente. La sentí un poquito apretada, y ella me dijo: "Qué pedazo de verga tenés, Dieguito, tu tío Mario la tenía mucho más chica." Me infló el ego, y no atiné a responderle, solo sonreí, tratando de no volver a acabar rápido como en la ducha.

Lentamente comenzó a subir y bajar sobre mi verga, acariciando mi pecho y pidiéndome que acariciara sus tetas. Yo ràpido para complacerla comencé a masajear esas tetas que me tuvieron loco desde que llegué a Miramar hasta que vinieron mis padres a buscarme a mí y a mis dos hermanas.

Lo que empezó lento y cuidadoso se volvió un torbellino de lujuria, Adriana cabalgaba sobre mi falo y jadeaba como loca. Yo apretaba sus tetas, se las besaba y mordía salvajemente. Entonces sentí que la verga me ardía y que estaba pronto a acabar. "Voy a eyacular", le dije, y ella me dijo "Sí, sí, sí mi amor, acabemos juntos...", y sentí que su cuerpo temblaba y se contorsionaba mientras le llenaba la concha con mis jugos.

Cuando volvió la calma se acostó sobre mi, me besó durante un largo rato, luego se bajó y acostada a mi lado apoyó su cara en mi pecho, lo besó y me dijo. "Gracias, Dieguito, sos un toro. Andá a tu cama ahora." Loco de contento la besé, y me fui a mi cama caminando desnudo por el dormitorio.

Ella me gritó "Diego, esto lo vamos a repetir.
100% (7/0)
 
Categories: Sex Humor
Posted by nipcut1
12 months ago    Views: 650
Comments (2)
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nipcut1
retired
9 months ago
gracias
9 months ago
Muy bueno