Mi complaciente hijita...parte uno

Mi complaciente hijita- Parte 1

Mi esposa Adriana de 40 años de edad y yo de 42, tenemos 20 años de matrimonio y durante este tiempo hemos procreado un hijo varón de 19 años y una hija que se llama Ashley de 18 años de edad. Usualmente mi hijo desde pequeño a sentido más confianza con su madre y al contrario, mi hija se siente más en confianza conmigo platicándome cuanta duda a tenido.
Adriana y yo hemos tenido buen sexo durante todo este tiempo y siempre tratamos de improvisar algo nuevo para darle sabor a nuestra relación, mi esposa es linda y nuestra hija Ashley salió igual de bella que su mamá, desde pequeña a mi hija se le empezó a desarrollar su cuerpo rápidamente dando signos de que se convertiria con el paso del tiempo en una mujer muy guapa y deseable.
Hace cinco años fuimos a vacacionar al puerto de Veracruz a disfrutar del mar y del clima veraniego, ahí fué cuándo por primera vez comenzé a notar como se estaba transformando el cuerpo de niña de Ashley en el cuerpo de toda una bella señorita, en ese entonces mi hija tendría unos 13 años de edad. Llegando a la playa nos vestimos con ropa apropiada pero cuando las vi salir del vestidor a mi hija y a mi esposa me quedé perplejo ante semejante espéctaculo ya que ambas se habían puesto unos diminutos trajes de baño los cuales dejaban muy poco a la imaginación, el pequeño pedazo de tela del bikini rojo de Adriana trataba de ocultar sus grandes y redondas nalgas y dejaba al descubierto sus bien torneadas piernas mientras por su lado el bikini blanco de Ashley dejaba apreciar su delicado cuerpo con un bien respingado culito y unas tetitas que a pesar de que estaban en pleno desarrollo dejaban entrever sus oscuros pezoncitos.
Lo que estaban viendo mis ojos para mi sorpresa, tuvo un efecto inmediato e inconciente en mi pene ya que tuve una erección como hacía tiempo no la había tenido, para que nadie se diera cuenta de esto coloqué una toalla sobre mi pierna ocultando mi verga erecta y así transcurrió gran parte de la tarde, yo tomando cerveza bien fria y deleitándome la púpila observando los lindos cuerpos de mis dos lindas mujercitas jugueteando en la arena de la playa. Comenzaba atardecer y decidimos irnos a la alberca privada que tenía nuestra cabaña para quitarnos la sal y la arena que comenzaban a picar en nuestros cuerpos, los cuatro nos metimos a la alberca y a mi hijo se le ocurrió un juego, el juego consistia en tratar de quitarle la pelota al oponente y dársela a su compañero, Adriana y yo eramos pareja de juego y mis hijos formaban la pareja contraria. Entre chapuzones, gritos y risas el juego transcurrió sin mayor novedad, nos divertiamos de lo lindo y yo no desaprovechaba el momento para admirar las tetitas de mi hija, ver como se mecian al movimiento del agua era alucinante y animado bajo los efectos de las cervezas que había estado tomando esa tarde, cada vez que me acercaba a Ashley para tratar de quitarle la pelota la manoseaba discretamente por debajo del agua, le alcanzaba a manosear las piernas y luego la abrazaba por detrás pretendiendo querer quitarle la pelota pero lo que realmente hacía era restregarle mi verga sobre su nalguitas, obviamente por encima de su bikini; ni Adriana ni mi hijo se daban cuenta de esto ya que todo era muy rápido, además de que todos mis movimientos eran por debajo del agua y también ayudaba que estaba comenzando a oscurecer por lo cuál la visibilidad no era muy buena.
Me dí cuenta de que las primeras veces que rozé con mi bulto el culo de mi hija, esta se retiraba inmediatamente, me imagino que le daba verguenza; pero conforme el juego fué transcurriendo y los roces se intensificaban noté que ya Ashley no se me retiraba cuándo la abrazaba por detrás, más bien ella inclinaba su cuerpo hacia adelante como tratando de alejar la pelota de mi para que no se la quitara pero con este movimiento de cuerpo lo que ella hacía inconcientemente era restregar con más fuerza su trasero contra mi verga permitiéndome sentir sus nalgas firmes y duritas, hasta el punto de sentir por momentos que me derramaria ahi mismo en la alberca...ja ja ja
Después de un buen rato de haber estado “jugando” en la piscina era hora de irnos a nuestra cabaña a bañarnos y alistarnos para ir a cenar. Mi hijo y yo vestimos casual, playeras y unos pantalones cortos, Adriana mi mujer se puso una blusa blanca casi transparente que hacía notar el pequeño sostén que traía debajo de esta, su falda subía un poco más arriba de la rodilla lo cuál permitia apreciar sus tremendas piernotas y la cuál al llegar a la región de la cadera hacía que su cintura se le marcara de maravilla. Ashley por su lado, se recojió su cabello y calzando unas sandalias se puso un vestido de una sola pieza que delineaba muy bien su juvenil pero ya escultural cuerpecito. Al ir caminando por el malecón podía observar como la gente en su mayoría varones se nos quedaban viendo, no tanto a nosotros los hombres si no al par de damas que nos acompañaban.
Adriana y Ashley caminaban delante de nosotros y de hecho ellas no aparentaban ser madre e hija si no más bien lucían como hermanas, incluso noté que Ashley ya estaba casi de la misma estatura que mi esposa; yo veia como mi esposa con picardia caminaba muy sensual, moviendo exageradamente su cuerpo y a cada paso que daba sus nalgas se movian en un vaivén hipnótico y seductor, a leguas se veia que ella quería darse a notar y vaya que lo estaba logrando. Pero lo que más me tenía embobado era ver como debajo del vestido de mi hija se estremecian sus nalgas paraditas, a cada paso que ella daba su vestido se movía delatando el cimbrar de sus nalgas por lo cuál no era muy difícil de deducir que mi hija traía puesta una tanguita a la cuál le resultaba imposible poder contener el tremendo volumen de carne de sus nalguitas.
Entramos a un restaurant-bar de esos que tienen música para bailar, pedí un vino tinto para mi esposa y para mi y mientras cenabamos veiamos divertido como algunas parejas un poco pasadas de copas bailaban y se metian mano sin pudor alguno, aunque el restaurant se decia ser familiar, la mayoria de gente que había ahí eran hombres de diversas edades los cuales sin disimulo alguno admiraban a mi mujer y a mi hija pero estas ni se inmutaban por esta situación, de hecho cuando ellas tuvieron que ir al sanitario, a su paso más de uno las invitó a bailar a lo cuál ellas se rehusaron con una sonrisa muy pícara y siguiendo su camino hacía el baño caminaban tomadas de la mano moviendo coquetamente sus traseros dejando al montón de hombres con la boca abierta incluido yo.
Ellas regresaron a la mesa y minutos más tarde mi hijo y yo tuvimos que hacer uso del baño por lo cuál dejamos a Adriana y Ashley solas en la mesa, no creí que hubiera riesgo alguno pero que equívocado estaba! Al regresar del baño no las vimos en la mesa, al voltear a buscarlas encontré a mi esposa sentada en la barra del bar muy alegre charlando sentada entre dos tipos los cuales le habían invitado un trago y ella lo degustaba encantada de la vida cruzando las piernas para por momentos dejar ver su diminuta prenda de ropa interior que traía puesta. Por otro lado sorprendí a mi hija bailando con el hijo de unos de los hombres con los cuales estaba charlando mi esposa, este la tomaba por la cintura y la hacía girar al ritmo de la música, movimiento que provocaba que su vestido se le subiera y sin pudor alguno mostrara sus piernas hasta dejar ver por momentos sus apretadas nalgas y su diminuta tanguita blanca.
Aunque la escena era muy sugestiva y me tenía muy excitado fuí por ellas ya que no quería que otro hombre fuera el ganón, ellas a regañadientes accedieron a irse del lugar y a pesar del ruego de ellas y de los hombres del bar que trataban de convencerme de no llevarmelas de ahí al fin lo logré.
No perderé el tiempo narrándoles la tremenda cojida que le dí a mi esposa esa noche debido a la excitación causada de observar a mi hija luciendo su culito y de haber visto lo fácil que puede ser mi mujer para llevarsela a cojer...je je je.
Transcurrió el tiempo, mi hijo terminó su bachillerato y se fué a estudiar a otra ciudad, mi esposa seguia manteniendo su cuerpo en muy buena forma y seguia siendo muy complaciente en la cama, mi hija por su lado había crecido y tal como lo había pronósticado desde que ella era pequeña, se convirtió en una escultural señorita, muy linda y con un cuerpo super-sensual. Tetas de muy buen tamaño que muy dificilmente pueden ser abarcadas con la palma de la mano, piernas preciosas que hacen juego con su cadera y una cinturita de avispa espectacular, todo esto rematado con lo mejor de ella...su trasero! Nalgas amplias, paraditas y muy firmes, el culo de mi hija es otro nivel. Me encanta verla cuando se pone jeans de mezclilla, guauuu!! que perfil de culo tiene! Dan ganas de meterle lengua a esas nalgotas y besarselas completamente.
El momento esperado por mi llegó un dia que se hizo una reunión familiar para celebrar la mayoría de edad de Ashley, esta reunión tuvo lugar en la casa de unos parientes que viven en la misma ciudad que nosotros, disfrutamos de una buena comida y por supuesto que el licor corrió por doquier incluida mi hija la cuál al cumplir su mayoria de edad estaba probando por vez primera bebidas alcohólicas, de mi esposa ni hablar ya que en ocasiones especiales le encanta beber de más.
La fiesta se hizo larga y los efectos de los tragos comenzaron a causar efecto en cada uno de los ahí presentes sobre todo en mi hija la cuál yo veia que trataba de comportarse a la altura de las circunstancias pero el licor había podido más que ella y por momentos yo notaba como la minifalda que vestia se le recorria sobre sus muslos dejando ver su diminuta prenda interior que se podia apreciar era de color blanco sin que ella aparentemente se diera cuenta de esto, pero los varones ahí presentes no perdiamos detalle del “show” que nos estaba dándo mi linda hija a sus primos, tios y a mi cada vez que cruzaba las piernas y dejaba al descubierto sus chuladas de chamorros.
Llegó el momento en que le dije a mi esposa que lo mejor era llevar a Ashley a la casa ya que se le habían pasado las copas a lo cuál mi vieja me dijo que la fiesta estaba muy divertida y que queria quedarse ahi más tiempo así que me dijo que mejor la llevara yo que estaba en mejor estado y que después me regresara a continuar con el convivio.
Muy obediente eso hice, subí a Ashley al auto y comenzé a manejar, durante el trayecto ella iba semi-adormilada y su corto vestido se le iba subiendo sobre sus muslos, yo trataba de concentrarme en mi manejo pero no podía dejar de admirar las lindas piernas de mi hija así que animado por los efectos del licor puse mi mano derecha sobre su pierna y espere a ver como ella reaccionaba, mi hija ni se inmutó razón por la cuál le empeze a masajear la pierna hasta poco a poco aproximarme a su vagina, como ella seguia dejándome meterle mano yo más animado acerqué un par de dedos y recorriéndole hacía un lado su diminuta tanga le empezé a acariciar su muy bien depilado bizcochito y le deslize un par de dedos en su fresca y húmeda rajadita lo cuál me indicaba que ella estaba excitada también. Noté que ella jadeaba un poco pero seguía sin tratar de impedirme de que la siguiera manoseando, durante un buen trayecto del camino así nos fuimos, yo ya estaba calientísimo y hasta mis testículos me empezaban a doler signo inequívoco de que los tria cargadisimos de leche y necesitaban ser ordeñados.
Haciendo un gran esfuerzo retiré mi mano de su panochita y al pasar mis dedos embarrados de sus liquidos vaginales por mi nariz despedian un delicioso aroma, ese aroma característico de la vagina de la mujer pero con un toquesito diferente que le daba la juventud de mi pequeña hija. Con mi mano la tomé de su brazo izquierdo y atrayéndola hacía mi le coloqué su manita sobre mi pantalón, justo en la región donde estaba mi verga; ella no intentó retirar su mano, con delicadeza comenzó a masajearme mi herramienta. La verdad no se como hize para manejar el auto ante ese placer que estaba teniendo y más aún cuando liberé mi verga de su guarida permitiéndole a Ashley que sintiera en carne propia el tamaño y grosor de mi parada verga. Ella demostrando que no tenía experiencia alguna en el arte del sexo y guiandose solo por el instinto de mujer cachonda que seguramente heredó de mi esposa, me la empezó a mover arriba y abajo muy sabroso, ví su bello rostro y ella seguía con sus ojos cerrados y su cabeza apoyada en la ventanilla del auto pero sin parar de mover su mano sobre mi miembro.
A esas horas de la mad**gada las calles lucian desiertas y al parar en un semáforo aproveché para que ella inclinara su cabezita sobre mis piernas pretendiendo que estuviera en una posición más cómoda, lo que mi hija creo que no se había dado cuenta es de que mi verga ya estaba fuera de mi pantalón y sólo a unos centimetros de su carita, yo le acariciaba su cabezita y muy lentamente se la fuí moviendo en dirección a dónde estaba la punta de mi verga, ella entre balbuceos me preguntaba que haciamos a lo que le respondí que se habia portado mal en el convivio al beber demasiado alcohol y la tendría que castigar, Ashley preguntó cuál iba a ser su castigo a lo que yo le ordené que abriera un poco los ojos y viera el dulce que tenía delante de ella el cuál debería chupar completamente, ella no dijo nada y muy obediente con cierta timidez acercó su carita a mi verga que yo sentia a punto de estallar y más aún cuándo ella sacó su lenguita y me la empezó a lamer, tal como una niña lo hace con una paleta.
Pasaba toda su lengua de arriba a abajo y por momentos la punta de su lengua la hacía girar alrededor de la cabeza de mi pene haciendome sentir en la gloria, luego ella por iniciativa propia fué abriendo sus labios intentando meterse mi enorme verga en su boquita, yo dejé que siguiera chupándomela como ella quisiera al fin y al cabo era mi hija, así continuamos el resto del camino hasta llegar a nuestra casa y aunque por momentos sentia la necesidad de vaciarme en su boca hice un esfuerzo sobre humano para no hacerlo ya que en mi cabeza estaba la idea de darle verga por vez primera a mi hija y ser yo el hombre con quien ella perdiera su virginidad esa noche.
Llegamos a casa e inmediatamente la bajé del auto y cargándola entramos y la llevé a la habitación matrimonial donde mi esposa y yo tantas noches de sexo habiamos tenido. Encendí la luz para poder apreciar en todo su esplendor el cuerpazo espectacular de mi hija que esa noche sería mio sin duda alguna, ella lucía muy sensual con su cabello largo esparcido sobre la cama, la ayude a quitarse sus zapatillas y le baje el cierre de su falda la cuál fuí bajando mientras ella me ayudaba meneando su cuerpo hasta quitársela completamente y dejando al descubierto la parte inferior de su cuerpo la cuál estaba cubierta solo por una linda tanguita blanca la cuál trataba de ocultar el preciado tesorito que tenía guardado entre sus piernas.
Acto seguido comenzé a desabotonarle su blusa, mis dedos temblorosos por la ansiedad del momento batallaban con los botones hasta que logré quitársela dejando a la vista su sostén el cuál trataba de soportar la presión que sus grandes senos ejercían sobre el. Girándola un poco sobre su costado le quité el sostén y al ver sus melones casi desamayo de la impresión causada de ver ese par de enormes tetas coronadas con unos grandes pezones de color rosa pálido, noté que a ella le llegó un momento de conciencia ya que se quiso tapar sus senos con las manos pero yo mostrandome muy estricto le recordé que estaba castigada y por lo tanto tenía que obedecerme asi es que le ordené que quitara sus manos para dejarme ver sus tetas y así lo hizo, pero no sólo le acaricié las tetas si no que me agaché sobre ella y se las comenzé a chupar con deleite, recorriendo cada centimetro con mi lengua y jugueteando con sus pezones los cuales estaban ya en ese momento muy paraditos lo cuál significaba que ella estaba muy excitada. Siendo yo un hombre maduro y con bastante experiencia no me fué difícil provocar que mi hija se calentara hasta el punto de que ella comenzó a gemir y a pedirme que no parara de chupárselas.
Mientras yo seguia mamándole sus tetas al mismo tiempo me iba despojando de mi pantalón y de mi ropa interior hasta quedar desnudo, lentamente fui bajando por su cuerpo sin dejar de besárselo hasta llegar muy cerca de su aromática vaginita, con sabiduria la despojé de su diminuta tanga quedando de esta manera completamente desnuda y dejando ver su suculenta rajadita la cuál ella tenía perfectamente depilada, ni un solo vello púbico se dejaba notar y su rica vaginita se asemejaba mucho a como ella la tenía cuando era muy pequeña de edad.
Ese rico aroma de su panocha era muy embriagante por lo cuál no me pude contener y sin recato alguno le empezé a dar una tremenda mamada, mi hija solo respingaba y gemia haciendome saber que lo estaba disfrutando al máximo; yo me esforzaba por no quedarle mal y trataba de hacerla gozar lo más posible dándole lengua a sus labios vaginales y a su lindo capullito rosado que alcanzaba a asomarse de su vagina. Tanto mi hija como yo teníamos los ánimos a tope y el corazón muy acelerado, a Ashley ya se le estaba pasando el efecto que el licor ingerido había causado en ella pero más sin embargo parecia estar encantada con lo que estabamos haciendo, me decía que me queria mucho, que siempre había sido un buen padre con ella y lo que me confesó me dejó perplejo, me dijo que desde hacía tiempo se las había ingeniado para espiarnos a su mamá y a mi cuando teniamos relaciones sexuales y que desde entonces se le habia quedado muy grabado en su mente la grande y venosa verga que tengo esperando algún dia ella poder disfrutarla. Mi pija estaba que reventaba ya que esta confesión me había excitado a más no poder y comenzaba a salir de la punta de la verga liquido un liquidito transparente que no era semen por lo cual ya la tenía perfectamente lubricada asi como lo estaba la panochita de Ashley debido a la saliva que con mi mamada le había dejado ahí entremezclada con sus fluidos vaginales síntoma claro de que mi mamada le había provocado un orgasmo. Me acomodé de rodillas sobre la cama y coloqué a mi hija a gatas en la clásica posición “doggy style” ya que mi experiencia con mujeres anteriormente me habia enseñado que esa posición para cojer es la ideal cuando de desquintar a una mujer se trata, además de que esa posición me permitiria si todo salia como lo tenia pensado, cumplir con otras malévolas intenciones que mi mente enajenada por la lujuria había tramado.
Agarré bien mi verga y coloqué la cabezota grande, roja y brillosa de mi pene en la entrada de la vagina de mi hija, confieso que estuve a punto de arrepentirme de cojermela ya que por todo mundo es sabido que está mal que un padre se coja a su propia hija, más sin embargo mi calentura se impuso a la cordura y sin mayores remordimientos me agaché sobre su culo y le puse un poco más de saliva a su rajita, me acerqué tanto a su parte trasera que incluso pude distinguir el olor de panochita y el de su ano también, que delicia! A pesar de que tenía en mi buró de la recámara algunos condones no los quise utilizar, estaba convencido de que para la estrenada del bizcocho de mi hijita valdría la pena no usar nada de barreras, entonces poco a poco fui deslizando mi verga dentro de la húmeda y caliente vagina de Ashley la cual por primera vez sentia una verga dentro, mi hijita comenzó a gemir cada vez más conforme le iba ensartando mi verga, ella se agarraba con deseperación a las sabanas y se mordia los labios tratando de resistir el dolor que mi pija seguramente le estaba causando en su apretada vagina, yo por respuesta la sujeté firmemente de sus caderas admirando como estaban completamente a mi disposición sus maravillosas nalguitas, me sujeté firmemente de ellas de manera tal que le fuera imposible zafarse de mi palo.
Al caso le habría metido la mitad de mi verga cuando noté que algo obstruia el paso de mi pene en esa cavidad, sabia bien que eso era el hímen, esa pequeña telita que era prueba de que mi dulce hija todavía era virgen. Agarrando aire y profundamente dominado por la lujuria le susurré al oido que le iba a dolor un poquito y dándo un pequeño pero firme empujoncito con mi cadera rompí esa telita y entonces ella pegó un fuerte grito a la vez que comenzaba a llorar un poco, pocos segundos después las sábanas empezaban a mancharse de sangre confirmándome que lo que yo tanto había soñado lo había logrado, desvirgar a mi bella hija Ashley, convertirla en mujer y quitarle su inocencia quizas suene mal pero les aseguro que ella lo comenzó a gozar tanto como yo lo estaba haciendo. Pocos minutos después ya pasado el dolor ella empezo a mover sus caderas ritmicamente causando que sus respingadas nalgas pegaran contra mi velludo pubis tratando ella con este movimiento de meterse más y más trozo de mi erecta verga, yo le acariciaba su redondo culo y de vez en cuando le daba unas buenas nalgadas hasta dejársela rojas.
Seguro estoy de que el hombre que se llegue a casar con mi hija se llevará una muy buena puta para la cama ya que Ashley según pude comprobar esa noche empezó a mostrar ser muy buena para culear, claro que en mi tuvo un buen maestro pero ella misma hizo su parte, conforme seguiamos cojiendo me sugeria cambiar de posiciónes, me pidió que le mostrara como cojer en posición de “misionero”, cojermela en esta posición fue genial ya que me permitia metérsela bien adentro, absolutamente toda hasta que mis pelotas rebotaban en sus nalgas y a la vez yo podía meter mis manos por debajo de su cuerpo para agarrarla de las nalgas y asi poder sentirselas durotas y bien firmes. No se diga cuándo lo hicimos yo recostado de espaldas en la cama y ella montándose sobre mi al puritito estilo “palo encebado”, esa posición me permitia admirar completamente la belleza de Ashley, ver su linda carita con algo de sudor, sus lindos ojos bien abiertos incrédula por tanto placer que su propio padre le estaba proporcionando, de frente a mi cabalgándome, moviendo sus tetas que se bamboleban a cada salto de ella sobre mi verga, era el delirio total y sinceramente deseaba que esa sesión de puro sexo con mi hija nunca terminara pero a mis 42 años de edad ya le había dado una muy buena cojida y era el momento de descargar todo el semen acumulado, le pedí que se pusiera de pie de bruces sobre la cama de manera que su delicioso culito quedara bien paradito de frente a mi que ya estaba de pie detrás de ella, con lo lubricado que estabamos no me costó ningún trabajo deslizarle de un solo empujón toda mi verga, la empeze a bombear con todas mis fuerzas, muy rápidamente sabedor de que el momento del clímax se acercaba, ella jadeaba como una perra cachonda y yo bufaba como toro en celo, tratando de que esa cojida le quedara grabada para siempre en su memoria. Por unos breves instantes pensé en ponerme un condón por si las dudas pero al sentir venir el montón de mocos me fué imposible desenchufarme de la vagina de mi hija aventándole muy dentro de su panochita una enormidad de semen, comenzé a gritarle que puta tan sabrosa era y ella por su parte gritaba que le diera toda mi leche!! Nunca antes con ninguna otra mujer había derramado tanta cantidad de semen, inclusive ni con mi esposa Adriana en nuestra noche de bodas. Continuará...

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Categories: Taboo
Posted by monarchone
1 year ago    Views: 3,035
Comments (2)
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4 months ago
Me encantó tu historia. Me hubiera gustado ser yo.
1 year ago
una buena historia