el viaje

Ocurrió ya hace mucho tiempo.

Tuve que realizar un viaje nocturno. Entonces no existían los trenes de alta velocidad y muchos desplazamientos se realizaban en trenes expresos en horarios nocturnos y cuya duración, dependiendo de las distancias, era interminable. Estos trenes disponían de unos compartimentos para seis personas, con sus butacas reclinables y una puerta de acceso que los separaba del pasillo de tránsito.

Me acomodé en el asiento que tenía asignado y me dispuse a intentar pasar las horas del viaje lo más entretenido posible. Al poco de estar colocado, entró en el compartimento otra persona. Se trataba de un hombre joven, también, pero, por su aspecto, bastante más mayor que yo por entonces.

Tras los saludos de rigor, se acomodó en el asiento enfrente del mío. El tren se puso en marcha y no volvimos a cruzar ninguna palabra más. Me preparé a intentar dormir un poco y cerré los ojos.

No se cuanto tiempo pasó, pero me quedé dormido un poco. Cuando abrí los ojos, el joven estaba ojeando una revista porno y pude observar como, con una de sus manos, se tocaba por encima del pantalón. Me mantuve un tiempo observando, sin poder apartar la vista de ese bulto que iba creciendo de forma considerable.

No puedo valorar que pasó entonces por mi cabeza, ya que no consideré las repercusiones o problemas que me podía traer lo que a continuación iba a hacer. Estaba en un lugar público y en cualquier momento podía ser sorprendido por cualquier otro pasajero o por el personal del tren además de la posible reacción negativa del joven, pero me levanté, corrí las cortinillas de la ventanilla y de la puerta y me puse de pie delante de él. A continuación, me bajé la cremallera de mi pantalón y saqué mi polla que ya estaba dura y tiesa.

El levantó los ojos y se encontró con mi miembro a la altura de su cara. Hubo unos segundos en los que nos miramos sin decir palabra, hasta que él simplemente dijo: "¿ puedo?". "por supuesto", le contesté, y acto seguido dirigió su mano hasta mi polla comenzando a masajearla.

Cuando ya estaba a punto de correrme, dejó el masaje y acercó su cara hasta mi rabo, sacando su lengua y comenzando a lamerme la polla desde los huevos hasta el capullo, muy despacio, para terminar metiéndosela dentro de la boca y comenzando a realizarme una mamada impresionante. Me corrí en su boca.

Ya vaciado, me senté y le pedí que se levantara. Desabroché su pantalón y lo bajé junto a sus calzoncillos encontrándome una polla de un tamaño impresionante. Era la mayor polla que había visto hasta entonces, pero eso no me supuso ningún problema para cogerla entre mis manos y metérmela en mi boca. La chupé... la lamí con deleite. Un capullo grande y sonrosado, con su sabor salobre tan característico. Me apliqué con dedicación hasta que se derramó dentro de mi boca.

Fue una lástima el no poder ir más allá, pero el sitio no era el más indicado, así que, al encontrarme otra vez empalmado, le pedí que, por lo menos, me la volviese a mamar, a lo que accedió sin problemas. Volvió a dedicarle un tiempo considerable a su labor, terminando por correrme nuevamente.

Nos recompusimos la ropa y no volvimos a hablar en todo el trayecto.

Llegamos a destino. Cada uno marchó por su lado, pero aún me pregunto que tal hubiese sido sentir ese miembro tan espectacular dentro de mí.
100% (11/0)
 
Categories: First TimeGay Male
Posted by maridropys
1 year ago    Views: 674
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1 year ago
q biuen viaje
1 year ago
Me gustan estas historias pues me recuerdan cosas similares que pasé hace algunos años y todavía tengo erecciones cuando vienen a mi mente. Buena historia, besos.