Un trio: la suma de 1+1

Estimado lector, si buscas una historia tórrida sexo doloroso, violaciones, sexo con miembros de la propia familia o alguna cosa similar, te incito amablemente a que abandones la lectura en este punto y busques otros relatos más acorde a tus gustos. Leyendo a ratos relatos eróticos de otra gente, he decidido compartir alguna de mis experiencias para que disfrutéis comparando. No digo en ningún momento que lo que yo relato sea mejor, sino solo algo distinto.

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Supongo que tendré que remontarme un poco en el tiempo para que se entienda mejor lo que en este texto acontece, siendo la calurosa noche de un sábado de mayo (ya se sabe que la primavera... je, je, je) a eso de las 2 a.m. y en una zona extremadamente concurrida de pubs, el escenario de fondo.
Esa noche había bebido considerablemente, estaba muy animado. Había llegado allí con unos amigos, los típicos chicos "popers", de los que escuchan la música a todo trapo mientras beben en el capó del coche. Pero yo siempre hacia igual, llegado a un punto de la noche, me iba a saludar a mis amigos "heavys" a otro pub, y me quedaba un largo rato con ellos. Esa noche no fue distinta, y cuando abrí las puertas del pub, emergió una tremenda humareda y el estruendo del heavy metal que estremeció cada fibra muscular de mi ser, y me empujó a entrar pegando salto acompañado del típico alarido a modo de saludo a mis colegas.
Estaban los de siempre, sin entrar en nombres que no importan, era una cuadrilla peculiar, con los que también compartía muchos buenos ratos jugando a rol de mesa, rol online, videojuegos y wargames, pero sobre todo eran amigos míos de toda la vida. Esa noche también habían venido algunos amigos que hacía tiempo que no veía. Javi, al verme sonrió, se le iluminó la mirada, se tiró a mis brazos, y apretó tan fuerte que me sacó el aire de los pulmones. Al soltarme me encorvé un poco y me puse a toser. Se agacho a mi oído para pedirme disculpas, pero se emocionó de nuevo y abrazó mi cabeza, dándome un gran beso. Yo todo aquello lo acusé al alcohol (¿y quién no da besos a sus amigos cuando va bebido?). Insistió ansioso a que saliéramos que quería estar conmigo un rato y charlar, mientras yo vi algo inusual en el local, había una hermosa chica de pelo castaño, bastante alta y con una figura muy sugerente. Él se percató de que pasaba, y me dijo que era el cumpleaños de ella, que era amiga suya de toda la vida, y que si salíamos fuera me la presentaría con más calma, cosa que yo accedí a hacer.
Mientras estábamos fuera, seguíamos bebiendo, riendo y jugueteando, hasta que mi respiración se contuvo cuando ella se giró y le propinó un tremendo beso en la boca a él. Pensé que mi corazón se paraba un instante, sumido en un profundo y punzante dolor intercostal, mientras que ellos se separaban... ¿eran novios? No, ya que seguido se giró y se acercó para besarme a mí. Yo no era de los que les gusta compartir, pero esperaba ser competitivo al menos, así que cogí aire rápido, la medio rodeé con mis brazos para no agobiarla, y la bese hasta que tuve que respirar. En otras situaciones me hubiera dado asco y me hubiera apartado, pero Javi se veía muy buen chico, me caía genial y sus “babas” no me daban asco alguno. Los besos a ambos continuaron un largo rato en aquel banco, alternado ella entre uno y otro, hasta que de repente ella me se gira y me dice: "Ahora quiero que le beses él". Supongo que por seguir con el juego, por el alcohol y por la afinidad que sentía por Javi, me acerqué a él cuando ella se echó para atrás en el banco. Aun así estaba medio dudando, a lo que ella agarró mi mano y se estrujó una teta con ella, en ese momento fui yo quien le dijo a Javi: "¿A qué esperas?”. Ella movió su cabeza con un gesto en plan: "adelante, vamos", el cogió valor inclino su cara angelical hacia a mí, y me dio un pico con vergüenza.
Pese a la corta duración del beso, sus instintos le delataron de forma evidente, justo después de echarse atrás, se puso en pie para acomodarse el paquete, cosa que durante más de 20 besos con Susana no había hecho. Sólo podía significar una cosa: se había empalmado con ese beso.
Estaba con una cumpleañera golosa, y mi recién descubierto amigo gay. Pese a que todo estaba claro; casi transparente, me encontraba aturdido y confuso. No me pude contener y después de un par de rondas más de besos con ella, le insinué a él que se acercara de nuevo, el respondió poniéndose completamente rojo y confirmando mis sospechas. Le bese en la boca. Al terminar puse mi mano en su noca para que no se apartara, y le susurré al oído: “Tranquilo cariño, que no diré nada", y al soltarle le guiñé un ojo con bastante picarda. Cabe destacar que yo era 1000% heterosexual; y que si es cierto que me horrorizaba la idea de un hombre besándome o frotando su polla contra la mía, no me importaba en absoluto hablar con gays, estar con ellos, o incluso dormir con alguno mientras me respetara.
Esa noche hice mi primer trio. Ambos nos pusimos condón, aunque realmente sólo lo usé yo (recordad que era heterosexual). La sola idea de ver a Susana desnuda por poco hace que me corra. Su cara era la de una chica normal, no era ni la más guapa ni la más fea de entre las que había estado antes, y su pelo era de color castaño y largo hasta casi la cintura. Era casi 10cm más alta que yo, y no estaba delgada, pero tampoco tenía una barriga de gorda ni estaba oronda en absoluto. Tenía una buena cintura, pero estaba más que conforme porque tenía unas caderas de escándalo, un par de tetas que no me cambian en ambas manos y pronto comprobaría que tenía unas nalgas en las cuales podía enterrar literalmente mi polla. Empezamos alrededor de las 4 de la mañana y tuvimos sexo hasta bien entrada la mañana.
Para mí aquel trío era un poco extraño, teniendo en cuanta que ambos querían poseerme a mí, me besaban, me lamían, y ambos querían que los penetrara. Yo por mi parte, también los besé, y no tuve ningún reparo en chuparle la verga a Javi, cosa que hizo que se corriera casi en el acto, dejándome algo más libre para darme placer con el cuerpo exuberante de Susana. Magreé sus carnes prietas y le hice el amor, mientras Javi lamia mi polla penetrando sus labios vaginales. A él ni le importaba estar lamiendo el condón, ni haberse corrido ya. Parece que me deseaba desde hacía ya tiempo, y que toda su atención, afecto y cuidados hacia a mí eran por ello.
Al terminar decidimos quedarnos a dormir en su casa. Yo no podía imaginarme que lo que seguiría a continuación sería una rutina: ella se fue a lavarse, mientras yo estaba tumbado en la cama, Javi retiraba con cuidado el condón de mi polla, se levantaba, iba al cuarto de baño, lo tiraba por el retrete (no se debe hacer, pero no queríamos que sus padres se enteran si lo veían en la basura) y volvía conmigo a la cama, se acomodaba contra mi polla aun algo dura, y me limpiaba todos los restos con su lengüita como si de un perrito o un gatito se tratara. Cuando se relamió todo el esperma que tenía, él se limpiaba con un clínex el semen de su corrida (muchas veces incluso se esperaba para correrse mientras me limpiaba). Y acto seguido, se acurrucaba contra mí, apoyando su cabeza ladeada contra mi pecho, jugando con mis tetitas, dándome besos por el pecho y acariciando por completo mi cuerpo desnudo. Ella salía de la ducha, con aire petulante de superioridad y se acostaba a un lado de la cama, y si me acercaba o la tocaba, me soltaba frases como: “dejameeeeeeee, estoy cansada, necesito dormir”. Hubiera dado por fracasada aquella experiencia si no hubiera sido por el extremo afecto demostrado por mi chico, que además de hacerme sentir feliz después de semejante polvazo, insistió mucho en repetirlo más veces. Yo apoyé la moción: Susana estaba tremendamente buenorra, y aunque fuera una borde total después del coito, me daba igual sabiendo que tenía el amor de mi nene gay.
Las semanas y las quedadas iban pasando y todo se volvía cada vez más natural. A los ojos de todos Susana era la novia de Javi, cosa que era perfecto para mantener la tapadera (Javi es del típico pueblo que, por mucho que insiste en querer ser ciudad, es un lugar donde todos se conocen, todos rumorean y todos cuchichean de los demás), entre semana yo quedaba con Susana para ir al cine y tratar de conocernos mejor para afianzar más una posible relación, y los fines de semana quedábamos en el chalet de Javi para follar como posesos.
Todo iba bien, hasta que 3 semanas después, para complacer a Javi decidí penetrarle el culo. No estuvo ni bien ni mal, pero desató la envidia de protagonismo de Susana, que también lo quiso experimentar. Con sólo nombrarlo, la saque de golpe e iba a penetrarla a ella, pero me detuvo. Javi era un chaval muy curioso y limpio, incluso me contó que siempre que se ducha se hace una pequeña lavativa anal para estar “preparado”, pero ella se negaba a que la penetrara con el mismo condón que a él. Veloz me cambié el condón (para desagrado de Javi) y empecé a juguetear con aquel ano virgen, que no estaba ni la centésima parte de limpio el de él. Cuando la penetré noté que le dolió bastante, porque dio un grito contenido, pero aun así fingió un rato como que gozaba para que no le penetrara a él. Al rato, noté que realmente le gustaba, y ella empezó a gozar más de lo que realmente deseaba, gimió resopló y empezó a follarme ella a mí. Apretaba su culo tan fuerte para meterse mi polla más y más dentro, tanto que llego el punto de que me hacía daño al aplastarme los testículos entre sus nalgas. Javi estaba tan nervioso que el pobre ya no sabía ni dónde meterse, ni que pintaba allí, pero por suerte era un chico con recursos, decidido, y empeñado en estar conmigo a toda costa sin importar el precio, así que se calzó un condón, y empezó a follar a Susana por el coño. Al terminar volvimos a la rutina, pero no pude evitar preguntarle: “¿Te has vuelto hetero chiquitín?” Su respuesta me dejó tan asombrado que le di un abrazo y un sonoro beso, me dijo: “Es que… imaginé mi verga frotándose contra la tuya separados por escasos centímetros de carne, sintiendo cada uno de tus embates, y notando tus huevos entrechocar contra los míos y… necesitaba probarlo”.
Justo después vino una fase crítica, un bache nuevo en la relación. Al salir del baño, esta vez Susana salió enfadada y gritándome: “¿Cómo me has podido hacer esto?” yo estaba estupefacto, le pedí explicaciones, y me dijo respondió que había forzado el culo de una señorita, que ya no se sentía una chica decente, yo la había transformado en una guarra, una puta cualquiera… se empezó a vestir amenazando con terminar con todo. Javi la agarró del brazo, la saco al balcón y habló con ella. Tras 15 o 20 minutos ambos entraron más calmados y sonriendo, dormimos y olvidamos el tema.
La 2 semanas siguientes se repitieron escenas similares, cada vez ligeramente más violentas (en una ocasión me llego a propinar una bofetada, que me giró por competo la cara), aunque por fin aceptó que el sexo anal le encantaba más y más, hasta convertirla en una completa viciosa sin ningún tipo de autocontrol.
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Todo lo narrado anteriormente era simplemente para poder entender con claridad la raíz y naturaleza del problema latente, Javi estaba relegado a un segundo plano, obligado siendo gay, a tenerse que conformar con penetrar la vagina de una mujer, a lamer mi polla penetrándola a ella, y a contentarse con algunos besitos y caricias casi furtivas. TODO porque me amaba hasta la médula. No quería dar señales de ello, pero nuestra relación estaba acusando mucho su estado anímico: apenas sonreía si no estaba a mi lado, y a todas horas estaba deprimido; falto de cariño.
El colmo llego un día ya entrado en verano. Estábamos en su casita; él con sus 17 añitos y yo con mis 21, los dos en la piscina. Esa semana Susana no pudo quedar conmigo los dos últimos días, por lo que yo quedé con él para jugar y divertirnos (al fin y al cabo también era mi pareja). Él era más bajito que yo, quedando su frente a escasos centímetros de mi boca, y muy delgadito, aunque de musculatura marcada. Su piel era la más blanca que había visto nunca, pero lo que le hacía especial, era su cara. Tenía unos brillantes y claros ojos azules, de un azul tan claro que era casi adictivo mirarle, una sonrisa maravillosa y un hoyuelo que se marcaba cuando reía. No me gustaban los hombres, pero juro que podría haberme pasado mirando aquella carita preciosa durante horas sin apartar un segundo la vista. Él tomaba el sol como siempre, secándose el agua de un chapuzón que se había dado hacía ya rato. Yo por mi parte seguía en el agua, yendo y viniendo sin cesar, y tratando de provocarle para que volviera a sumergirme y jugara conmigo.
Poco después salieron sus padres diciendo que se iban a comprar cena y a dar un paseo, y que nos esperáramos para cenar, pero que llegarían tarde. Ambos plantamos las orejas, era hora de subir arriba y jugar al ordenador tranquilamente y sin que nos m*****aran.
Salí y me sequé por las escaleras con la toalla, mientras él se enrollaba ya con la suya. La casa era de dos pisos, y se comunicaban arriba y abajo sólo por el exterior. Arriba había una pequeña cocina, un cuarto de baño, su habitación, una salita con balcón y un estrecho y corto pasillo. Cuando llegamos arriba, él se quitó el bañador medio seco, y se puso un calzoncillito slip blanco. Yo viendo aquello le dije: “Que cara ¿no?, ¿Tú sí y yo no?” el correspondió a esto con una cara sonriente de complicidad, ambos sabíamos la realidad, el con 17 años usaba ropa más estrecha y pequeña que la gente de su edad, y más de una vez él ya había probado de prestarme algo de ropa, pero tratar de probármela era como ver la transformación del increíble Hulk. Me fui al portátil, conecté el router y enchufé el pc. Cuando terminó de secarse bien, se sentó a mi lado, frente al pc de mesa, dejándome a mí jugar con el portátil. Yo empecé a jugar WoW, mientras que él me comentaba cosas de un nuevo ejército de wargames, exagerando a menudo para llamar mi atención y le hiciera caso. Se percató de que no valía la pena, me dijo que iba a por algo para beber y salió de la habitación para ir a la cocina.
Poco después salí yo porque me estaba meando, así que cruce el corto pasillo y entre al cuarto de baño antes de que él lo hiciera en la cocina. Como tenía muchas ganas de jugar me apresuré a salir, y la escena que vi al salir, me rompió el corazón y desplomó mi alma.
Era Javi, saliendo de la cocina, cabizbajo, pensativo, con cara triste y apesadumbrada. Nunca antes lo vi así, cuando estaba conmigo todo eran sonrisas y cariño, pero ahora que estaba sólo, estaba suspirando y casi gimoteando, me amaba tanto que estaba sacrificando su propio ser, su identidad sexual por estar conmigo. Estaba claro que yo era el culpable de aquello. Había dejado que un chico gay maravilloso tuviera sólo las migajas del sexo y cariño de una relación. No sentí pena, sino ira. Deseaba que me dieran el más que merecido puñetazo en la cara que con tanto empeño me había ganado a pulso. Quise reaccionar como una persona normal, ir hacia él, besarle, abrazarle y pedirle perdón, haciéndole una promesa que seguramente olvidaría o no sería capaz cumplir… ¿Y todo? ¿Para qué? Para dejarme de sentir culpable… No, no debía de ser tan egoísta. Él me necesita, pero me NECESITA. Mis palabras sólo conseguirían aplacar mi mala conciencia. Él necesitaba que actuara, que le demostrara que la relación también iba con él. Necesitaba a su novio.
No lo pensé dos veces y me dirigí hacia él súbitamente. Él traía dos pequeños tetrabriks de zumo y ni se percató de que estaba acercándome, ni de mi cara de enfado, hasta que casi chocó conmigo. Él estaba demasiado sumido en sus pensamientos, tratando de darle alguna salida a su situación actual, que se encontraba estancada conmigo. Cuando me vio cara a él, se sobresaltó por un segundo, y estuvo a punto de decir algo, pero no le dejé. Agarre fuertemente su brazo y lo empujé contra la pared del angosto pasillo, estampando su pecho contra éste. Ahora si que se asustó de verdad. Trató de preguntar, pero sin dejarle terminar la frase, apuntalé todo mi cuerpo contra el suyo, apretando mi paquete aún medio mojado contra aquel pequeño slip. Le cogí por ambos brazos a la altura de sus muñecas, y los pues en aspa, mientras le propinaba un mordico en el cuello. El dio un gritito que se ahogó en el justo instante que solté el bocado y le propiné un lametazo ascendente que terminó tras su oreja. En ese momento aquel grito se convirtió en un sonoro espasmo corporal, mezcla de un bufido y un suspiro de escalofrío. Las piernas no dejaban de temblarle, primero por el terror, luego por la excitación. Solté sus manos y le di la vuelta mientras que me agachaba para verle la polla muy cerca. Él aprovecho para bajar los brazos. Yo subí de golpe y empujé mis manos contra su cuello, obligándole a apoyar su cabeza contra la fría pared, pero sin llegar a estrangularlo ni a causarle daño alguno. Me acerqué a su oreja y le dije: “si vuelves a bajar los brazos te doy una paliza”.
Tenía clarísimo que jamás de los jamases osaría ponerle un dedo encima a aquella hermosa criatura a la que deseaba amar aunque fuera en contra de mi puta naturaleza heterosexual, pero era un juego. Sabía que él era muy tímido y bastante sumiso, por lo que necesitaba un poquito de caña para ponerle a tono, pero siempre de broma, controlando la fuerza y siempre sin dolor.
Volví a bajar, esta vez lentamente, arrastrando mis manos por su torso y su abdomen desnudo, notando sus escalofríos y unos espasmos propios de una terrible excitación, mientras daba unos tiernos besos al bajar. Cuando llegué a la altura de su polla, súbitamente traté de arrancarle el slip de puesto, aunque solo conseguí desgarrarlo en parte debido a la goma del elástico. Esto le excito tanto, que puso tan dura su polla como una piedra.
La verdad sea dicha, Javi tenía problemas serios por el tamaño de su pene: un pueblo metiche, un solo colegio, las duchas de la escuela, y él con un pene erecto que apenas sobrepasa los 11cm de largo. Él era gay, entre otras cosas, por el trauma causado por el daño que le habían hecho 2 novias de relaciones anteriores que tubo. A diferencia de los demás chicos, él no usaba slips de baño; no por miedo a que se le salga la polla si se le planta, sino porque ni se le marca el bulto cuando lo usa, siempre toma el sol, casi nunca se zambulle el agua, y siempre se ducha con agua caliente (hasta en pleno verano), porque siente un verdadero terror a que aún se le encoja más.
A mí nunca me importó eso, y ahora aún menos. Era su polla; la de él, la de la persona a la que deseaba darle placer con toda mi alma: no deseaba ninguna otra (aún más teniendo en cuenta que era heterosexual, no olvidéis eso). La sostuve con una mano. Estaba caliente, dura y muy rígida. La punta circuncidada estaba algo seca, a excepción un hilito de líquido preseminal que descendía lentamente por su tronco hasta media altura.
No lo pensé dos veces y le di un beso en la polla, empapándome los labios con parte de aquel líquido. Javi viendo aquello no pudo contener un sonoro oufffffffffffffff, y un estremecimiento que me obligó colocar un brazo por detrás de sus muslos, y apretarlos contra mi cálido pecho. Acto seguido metí la punta de su polla en mi boca, jugueteando con mi lengua en su glande, lubricándolo con mi saliva para que al sacarlo estuviera más apetecible, jugoso e hinchado. Él no podía creerlo, estaba disfrutando y gimiendo como nunca. Su tamaño me permitía juguetear mucho con ella. Su verga era preciosa, y sinceramente la hacía apetecible el que me la pudiera meter hasta el fondo de la boca y lamer sus testículos al mismo tiempo. Tras cuatro o cinco veces de mamar su verga, noté como borboteaba en el fondo de mi garganta su semen. Estaba tan sobreexcitado el pobrecito que ni pudo articular palabra para avisarme de que se iba a correr. Seguí mamando un poco más hasta recolectar toda su lechita, notando como su verguita se estaba contrayendo con cada chorro de aquel dulce semen denso como la nata. Sentí 6 chorros que inundaron toda mi boca. Me apresuré a sacarla de mi boca y a subir hasta poner mi garganta cerca de su oreja. Nada más llegar, tragué toda la carga de semen en tres veces, sintiendo como él se estremecía de gusto cada vez que oía aquel sonido de “gluck” que hacia mi tráquea al dejar paso a aquella cantidad de leche que casi me impedía respirar.
Como yo aún estaba erecto, aproveché que él trato de volver a bajar los brazos para rodearme. Le dije: “¿Me estás vacilando?” y a continuación lo cagué como un saco sobre mi hombro y lo llevé a la sala, dejándolo caer a peso y desde corta altura sobre los cojines mullidos del sofá de escay de color beis. Él no entendía ahora que pasaba, habíamos tenido sexo, ahora tocaban los arrumacos. “¿Por qué me traes aquí?” me preguntó. Yo le pegue la vuelta a su cuerpecito, y le propiné algunos azotes… eran tan suaves y sin fuerza, que él no pudo contenerse y se burló de mí entre carcajadas diciendo: “¡AH! ¡NO! ¡PARA POR FAVOR! ¡ME MATAS! ¡NO LO ARÉ MÁS, LO JURO!” yo en ese momento le propiné una buena palmada de verdad, que le hizo decir: “Auuuuuuuuu”, entonces se giró, nos miramos, y nos reímos los dos.
Le volví a girar y traté de empalmarle de nuevo. Acostumbrado a la escasez y precariedad de sexo, con una mamada su organismo estaba desentrenado y le costó reaccionar, pero empecé a mamársela succionando fuerte y acariciarme las tetitas, el abdomen… y poco a poco se volvió a empalmar del todo. Llevaba rato pajeándole y mamándole la polla, jugando con sus testículos, lamiéndolos, metiéndolos en mi boca, y me dijo que parara, que no podía más. que le daba gusto pero que le dolía ya demasiado.
Comprendí que si no hacía algo esto terminaba, así que le volví dar la vuelta, y le propiné algunos azotes más, alternado algunos suaves, con pellizcos, magreos, masaje y algún azote duro que le puso la piel de su culito roja como una manzana a comparación de su blanca piel e hinchó sus redondeadas nalgas, lo que las hizo aún más apetecibles. La excitación que tenía él y el sumo cuidado y cariño que le proporcionaba yo, eran suficientes como para que el daño fuera nulo, pero suficiente como para que la polla le dejara de doler, ahora sólo sentía sus nalgas, cosa que yo le recordaba con algún que otro pellizco mientras se la seguía mamando de nuevo como si hubiera nacido sólo para ello. Llegado el momento me dijo: “Me corro, me corrooooo… ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!” y expulsó 4 chorros de semen, esta vez mucho más escaso, que salpicaron mi mano, su entrepierna, su abdomen y uno de sus muslos. Lamí el esperma de mi mano de un lengüetazo, y después proseguí con el de su entrepierna y con el resto, hasta dejarlo bien limpito. Acercó su mano a mi paquete eminentemente empalmado y me dijo: “¿Y tu amor mío?”, yo sonreí aviesamente y le repliqué: “¿Te crees que ya te terminado contigo?”.
Volví nuevamente a voltearlo, solo que esta vez le aupé el culo, dejando su pene ya flácido colgando libremente. Me posicioné detrás de su culo, y sabiendo que estaría más limpio que mi boca, sin ningún reparo me amorré a su ano. Lo recorrí con la puntita de mi lengua en círculos, y luego empecé a empujarlo suavemente mientras oía los gemidos de Javi. Aparte mi cara y repetí lo mismo con mi dedo pulgar, pero al retirarlo, introduje dos de mis dedos a fondo y de golpe. Javi tuvo que morder el cojín para evitar dar un berrido, pero pegó un salto en el sofá que consiguió sobresaltarme. Aun así con todo, mis dedos seguían en su culo, y empecé a sacarlos mientras hacía un leve esfuerzo de abrirlos. El roce de las puntas de mis dedos tratado de abrirse y separarse mientras salían suave y lentamente, producía de nuevo placer en Javi, que volvía a estremecerse, a gemir y a temblar de nuevo. Los metí y saqué numerosas veces, abriéndolos más y más, en busca de dilatar su ano, de abarcar todo su esfínter con mis dedos, y de proporcionarle mucho placer a mi nene. Arqueaba mis falanges, giraba la muñeca, abría y separaba mis dedos en diferentes direcciones y constantemente presionaba su nervio prostático con la yema de mis dedos. Javi estaba en un estado próximo al éxtasis, en un continuo vaivén de placer que casi lo dejaba inconsciente a causa del agotamiento. Le agarré nuevamente la polla para comprobar si estaba empalmado. Estaba solo a medias, pero me di cuenta de que la posición era la ideal para ordeñarle la polla… literalmente. Dicho y hecho, como si fuera el pezón de una ubre de vaca, aferré su polla, la apretaba con mi mano, la estiraba, la contraía, y volvía a estirarla y contraerla en su piel una y otra vez. Me di cuenta de que tenía el capullo muy seco, y necesitaría lubricarlo.
Escupí en mi mano derecha, pero mi saliva estaba demasiado pegajosa a causa de la cantidad semen que había ingerido, así que al ponérsela sobre la polla, al poco se secó y acrecentó el problema. Sin sacar los dedos de mi mano izquierda de su trasero ni dejar de ordeñarle la polla con la derecha, me acerqué y le susurré al oído: “Voy a por un poco de crema al cuarto de baño. Si te mueves un solo centímetro te volveré a azotar”. Pensaba levantarme, ir, y al volver azotarle igualmente, así que sólo se trataba de una excusa, pero me agarró del hombro como pudo debido a su postura y me respondió entre gemidos y resoplidos: “¡NO! Como pares, el que te mato soy yo”. Eso me puso tan a tope que no casi me corro con oírle decir eso. Le metí un tercer dedo en ese prieto ano, forzándolo un poco más cuando noté que ya estaba demasiado dilatado para jugar sólo con dos, y Javi volvió a emitir bufidos, soplidos y respiraciones pausadas propias de un orgasmo. Sin más aviso que un: “¡Me corro!” cuando ya había empezado a eyacular.
Soltó un par de pequeñas gotas de semen minúsculas sobre el sofá, que rápidamente fueron recogidas por mí, amorrándome a la verga del torito que estaba ordeñando para sorber su rica leche y provocarle un orgasmo más notorio y prolongado.
Sin poder decir ni hacer nada, mi niño se desplomó sobre el sofá en la misma posición en la que se encontraba. Estaba francamente destrozado. En su vida jamás había soñado con un sexo tan continuado, fogoso y destrozador, así que quedó desfallecido hasta el borde de quedar casi en un estado de inconsciencia. Lo agarré entre mis fuertes brazos, marcados por las horas que ya había estado ejercitándolos en la piscina, y me lo lleve a la cama, donde lo tumbé boca arriba. Él estaba demasiado cansado como si quiera para besarme o abrazarme, e incluso parecía que le dolían cada una de aquellas pesadas y ahogadas respiraciones que daba. Entonces me acerqué a su oído y le dije: “Descansa y duerme un poco amor mío. Yo te ayudare a que te relajes”. Él no entendió muy bien lo que quería decir con eso de ayudarle a dormir. Él esperaba que yo me abrazara a él, cosa que hice, pero no de la forma que él esperaba…
Me había recostado ligeramente sobre el lateral de mi cuerpo, mis muslos rozaban su brazo derecho, y mi boca estaba a la altura de su polla. Él manoseo mis muslos ligeramente mientras yo seguía lamiendo y chupando su polla; ahora flácida por completo. Solo cerró los ojos y trató de relajarse y descansar un poco mientras yo le masajeaba las ingles, el abdomen, el pecho… y se durmió.
Pasaron los minutos y ya oía su respiración más profunda, sentía que él estaba en el mundo de los sueños, y deseaba que fuera así durante un rato, para que recupera fuerzas y despertarle con una de sus mayores fantasías juveniles: despertar porque tu pareja te estaba mamando la polla y estás a punto de correrte.
Casi fue así, pasados los tres cuartos de hora largos, él se desperezó un poco, estirando aquel cuerpito tan bonito que tenía, bostezó, y lo primero que me dijo fue: “Que bien he dormido. Te amo”. Me sentía casi satisfecho. Había sido capaz de demostrar a mi amigo que realmente me importaban sus sentimientos, y que me había comportado como un auténtico cretino por no saber cómo corresponderle como se merecía por nuestra distinta condición sexual. Se incorporó parcialmente para agarrarme nuevamente del paquete y empezar a desabrocharlo mientras me decía: “Déjame que te dé un premio por ser tan buen amante”.
A todo esto yo no había dejado de mamarle la polla, y ya estaba dando signos de empalmarse otra vez. Separé mis labios de su glande y le dije: “¿Qué tal si nos corremos juntos?”. A Javi le entusiasmó la idea, y se dejó llevar. Le puse en posición “perrito” de cara a los pies de la cama, porque así quedaba mirando a un espejo colgado en la pared cercana del dormitorio. No lo hice tanto por él de que viera mi rostro, sino por mí, que adoraba ver esa carita de ángel gesticular y demostrar todo el placer que estaba recibiendo.
Me incorporé y me saqué el bañador con velocidad, mientras miraba su ano. Javi me provocó aún más si cabe abriendo y cerrando su ano, que seguía ligeramente dilatado de nuestros juegos anteriores. Di un fuerte resoplido de caballo en celo al ver aquella imagen. Ese ano enrojecido palpitando, ese culito deseoso de que le dieran “chupete”. Con sumo cuidado le fui metiendo la polla, que la verdad entraba sin demasiada dificultad hasta la mitad.
“¿A qué esperas para hacerme gozar como una perra? ¿No me has dado bastante placer? Ahora quiero que me folles duro…” Aquellas palabras que escuché de la boca de mi novio, me pusieron tan caliente que notaba como si se me creciera la polla aún más dentro de su culo por sobrexcitación. Se me fue toda la sangre a la verga, hasta el punto de que se me nublaba la vista del constante bombeo que empecé a propinarle. Javi estaba gritando unos gemidos tan fuertes, que cualquiera que le oyera pensaría que estaban follando un par de bestias salvajes. El frenesí y el sudor eran patentes en aquel mete y saca interminable. Ambos notábamos como el golpeteo de nuestros testículos al entrechocar empezaba a ser casi de un dolor insoportable, pero no podíamos parar. En ese momento me di cuenta de que no solo le embestía yo con todo el peso de mi cuerpo, empotrándole toda mi polla hasta el fondo de su recto, sino que Javi por su parte a ratos se alejaba y acercaba a mí, follándome también, y a ratos contoneaba y agitaba sus caderas en círculos, transformando su culo en una batidora de mi polla.
Ni cinco minutos pude aguantar, estaba infinitamente avergonzado por ello. Con todo aquel sexo pasional y brutal estaba al borde de inundar su trasero con un torrencial chorro de semen. Levanté la mirada para ver a Javi por el espejo y decirle que estaba a punto de correrme dentro de su culo, cuando al hacerlo intuí en su expresión que estaba teniendo un orgasmo. Deslice mi mano hacia su polla, y note los pequeños goterones de semen que estaban siendo proyectados hacia todas direcciones debido al incontrolable bamboleo de su miembro. Sin articular palabra me corrí en el interior de sus entrañas. La excitación desmedida provocada por sentir aquel orgasmo anal de Javi me rompió los esquemas, y literalmente mi pene explotó de placer dentro de su culo. Cuando retiré mi polla de su esfínter, me sorprendió el chorro de semen que salió a presión de su interior, que impacto en mi abdomen y de deslizo por mi cuerpo, bañando mi polla y terminando por escurriéndose por la cara interior de mis muslos posicionados en cuclillas. Javi que notó lo que había hecho sin darse cuenta, rápidamente se giró muy asustado para pedirme perdón, pero se tranquilizó y no dijo nada al ver que yo lamía y restregaba sobre mi piel todo aquel semen chorreante.
Instintivamente nos pusimos en posición de un 69, limpiándonos mutuamente y disfrutando de nuestras corridas. Cuando yo terminé la suya, me apresuré a decirle: “Oye no seas avaricioso. Yo he ya terminado, ¿compartimos el mío? La expresión de la cara de Javi lo decía todo, estaba que no cabía de gozo en él. Y empezó a sorber mi semen y pasármelo con la boca, a volcarlo y restregarlo sobre mis pezones y juguetear con su lengua en mis testículos.
Bien limpitos los dos a base de buenos lengüetazos, tocaba la parte preferida de ambos. Se estiró a mi lado, y como siempre ladeo su cabeza sobre mi pecho, abrazándome con toda la fuerza del amor que me procesaba, mientras nos acariciábamos y nos besábamos.
“Te quiero”, me dijo Javi, a lo que yo le contesté: “Tú también significas mucho para mí”. Se hizo un silencio amoroso que perduró largo mientras seguíamos abrazados y acariciándonos. Luego nos duchamos juntos y arreglamos la casa un poco.
Ambos sabíamos en el fondo la verdad: cuando llegara el día siguiente y mis ojos se posaran sobre las carnes de aquella diosa de la lujuria llamada Susana, mi pobre Javier volvería a sufrir el destierro cruel que suponía ser gay y tratar de tener sexo con una pareja hetero. Pero nada ni nadie jamás podría arrebatarnos esos momentos, ni las casi tres horas y media que duró todo lo acontecido. Nunca podríamos olvidar que durante tiempo, ambos fuimos completamente felices.
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Este relato va dedicado a todos aquellas personas que entienden que el tamaño del pene no es importante frente al deseo que sientes por darle placer a la persona que más amas, a las personas que saben que el sexo es para amarse y no para los follarse, y también para toda aquella gente que a sufrido por un amor imposible. Nada más que decir queda, salvo que lo acontecido es una historia basada en hechos reales, y que espero que hayáis disfrutando de la lectura, al menos tanto como yo al rememórala escribiéndola. Un beso a todos y espero leer vuestros comentarios. (si veo que la aceptación es grata y favorable, prometo contar más).
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Categories: AnalGay MaleGroup Sex
Posted by luken28
1 year ago    Views: 1,576
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1 year ago
Lo que daria por ser Javi! Aun estando Susana, aun de tener una polla de 11 cm, no me importaria ser el, si con eso te tengo. Muy buen relato. Pero como es tuyo, no podria ser de otra forma. TQM.
1 year ago
saber que el sabor de sus babas son el impulso que enciende el motor de la pasión
amar a otro por compasión es cruel se debería amar por que la otra persona llena el ser por completo
una historia bella de un amor que se consuma
gracias por compartir
besos
1 year ago
muy buena historia
1 year ago
Una historia muy bonita. Desde luego si yo tuviera entre mis brazos a un chaval como Javi, no me importaría que su polla sólo midiese 11 cm. Claro que el tamaño no lo es todo.
1 year ago
Que buena historia